viernes, 12 de diciembre de 2014

VIII. La realidad inmutable

VIII. La realidad inmutable
1. Las apariencias engañan, pero pueden cambiar. 2La realidad, en cambio, es inmutable. 3No engaña en absoluto, y si tú no pue­des ver más allá de las apariencias, te estás dejando engañar. 4Pues todo lo que ves cambiará; sin embargo, antes pensabas que era real, y ahora crees que es real nuevamente. 5De este modo, la realidad se ve reducida a formas y se la considera susceptible de cambiar. 6La realidad, no obstante, es inmutable. 7Esto es lo que hace que sea real y lo que la distingue de todas las apariencias. 8Tiene que estar más allá de toda forma para poder ser ella misma. 9No puede cambiar.
2. El milagro es un medio para demostrar que todas las aparien­cias pueden cambiar precisamente porque son apariencias y por­que carecen del atributo de inmutabilidad que la realidad entraña. 2El milagro da fe de que te puedes salvar de las apariencias al demostrar que éstas pueden cambiar. 3En tu hermano reside una inmutabilidad que está más allá de cualquier apariencia o engaño. 4Mas se ve nublada por tus cambiantes ideas acerca de él, que tú percibes como su realidad. 5Lo que constituiría un sueño feliz con respecto a él adopta la forma de una apariencia en la que él goza de perfecta salud, se encuentra completamente inmune a cualquier clase de carencia y está perfectamente a salvo de cualquier clase de desastre. 6El milagro es la prueba de que él no está limitado por ninguna clase de pérdida o sufrimiento, ya que todo ello puede cambiar tan fácilmente. 7Esto demuestra que nunca fueron reales y que no pudieron haber surgido de su reali­dad. 8Pues ésta es inmutable, y no hay nada en el Cielo o en la tierra que pueda jamás alterar sus efectos. 9Es evidente, en cam­bio, que las apariencias son irreales precisamente porque pueden cambiar.
3. ¿Qué es la tentación, sino el deseo de hacer que las ilusiones sean reales? 2No parece ser el deseo de hacer que lo que es real no lo sea. 3Sin embargo, es una afirmación de que algunas clases de ídolos ejercen una poderosa atracción que los hace más difíciles de resistir que aquellos que tú preferirías que no fuesen reales. 4Toda tentación, por lo tanto, no es más que esto: una plegaria para que el milagro no ejerza influencia sobre algunos sueños, y para que, en vez de ello, mantenga su irrealidad oculta y les otor­gue realidad. 5El Cielo no responde a tal oración, ni tampoco se te puede conceder un milagro para sanar las apariencias que no te gustan. 6Has establecido límites. 7Lo que pides se te concede, pero no por el Dios que no conoce límites. 8Sólo tú te has limitado a ti mismo.
4. La realidad es inmutable. 2Los milagros no hacen sino mostrar que lo que tú has interpuesto entre la realidad y tu conciencia es ilusorio y que no es en modo alguno una interferencia. 3El costo de la creencia de que algunas apariencias están más allá de cual­quier esperanza de cambio es que el milagro no se obra a través de ti de manera consistente. 4Pues has pedido que no tenga el poder de sanar todos los sueños. 5No hay milagro que no se te pueda conceder si realmente deseas la curación. 6Pero no se te puede conceder ninguno a menos que la desees. 7Si eliges lo que quieres sanar, habrás coartado la libertad de concederle Sus dones al Hijo de Dios a Aquel que otorga todos los milagros. 8Cuando el Hijo de Dios cae en la tentación, niega la realidad. 9Y de este modo, se convierte voluntariamente en esclavo de lo que eligió a cambio.
5. Precisamente porque la realidad es inmutable, existe en ella un milagro que sana todas las cosas cambiantes y te las ofrece para que las veas en una forma que te brinda felicidad y que está libre de temor. 2Se te concederá poder ver a tu hermano de esta manera. 3Pero no mientras quieras que sea de otra manera con respecto a ciertas cosas. 4Pues eso sólo significaría que no lo quie­res ver curado e íntegro. 5El Cristo en él es perfecto. 6¿Es esto lo que quieres contemplar? 7No dejes entonces que haya sueños acerca de él que tú prefieras ver en lugar del Cristo en él. 8Y verás al Cristo en él porque permitiste que Él viniera a ti. 9Y cuando Él se te haya aparecido, tendrás la certeza de que eres como Él, pues Él es lo inmutable en tu hermano y en ti.
6. Eso es lo que contemplarás cuando decidas que no hay nin­guna apariencia que prefieras conservar en lugar de lo que tu hermano realmente es. 2No dejes que la tentación de preferir un sueño permita que la incertidumbre se presente ahí. 3No te sien­tas culpable y temeroso cuando un sueño acerca de lo que él es te tiente. 4Pero no le atribuyas a ese sueño el poder de reemplazar lo inmutable en tu hermano en la percepción que tienes de él. 5No hay falsa apariencia que no desaparezca, si en lugar de ella pides un milagro. 6No hay dolor del que él no se pueda liberar, sólo con que desees que él sea lo que no puede sino ser. 7¿Por qué habrías de temer ver a Cristo en él? 8Pues en todo lo que ves no haces sino contemplarte a ti mismo. 9Y conforme él sane, tú te liberarás de la culpabilidad, pues lo que él aparenta ser es la imagen que tú tienes de ti mismo.

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