domingo, 7 de diciembre de 2014

Leccion 341

LECCIÓN 341

Tan sólo puedo atacar mi propia impecabilidad, que es lo único que me mantiene a salvo.

1. Padre, Tu Hijo es santo. 2Yo soy aquel a quien sonríes con un amor y con una ternura tan entrañable, profunda y serena que el universo te devuelve la sonrisa y comparte Tu Santidad. 3Cuán puros y santos somos y cuán a salvo nos encontramos nosotros que moramos en Tu Sonrisa, y en quienes has volcado todo Tu Amor; nosotros que vivimos unidos a Ti, en completa hermandad y Paternidad, y en inocencia tan perfecta que el Señor de la Inocencia nos concibe como Su Hijo: un universo de Pensa­miento que le brinda Su plenitud.
2. No ataquemos, pues, nuestra impecabilidad, ya que en ella se encuentra la Palabra que Dios nos ha dado. 2en su benévolo reflejo nos salvamos.

Comenzando con esta Lección 341, las próxima diez difieren de lo que estamos acostumbrados a ver en la Parte II. Primero, el título de la lección se incrementa, comenzando con dos líneas en lugar de una para luego cambiar a tres en la Lección 347. En segundo lugar, cada lección comienza con una plegaria a Dios, la parte dominante de la lección. De esta forma, la cantidad de palabras que Jesús dice decrece mientras él incrementa lo que le decimos a Dios en nuestra oración.
Todos los días, la mirada generosa del Dr. Wapnick fortalece mi práctica.

Ya sé, ya sé que la sonrisa de Dios es una metáfora.
Pero es una imagen que hace más fácil mi aceptación de la verdad.

Yo soy feroz juzgando los efectos del error, el Espíritu Santo sonríe y mira en dirección a la verdad.
He llorado hasta consumirme, el Espíritu Santo me invita deponer mis sueños de ataque.
Y nadie que ataca puede amar.

Y hoy vuelvo a elegir.
Que sea mía la Visión de la inocencia de mis hermanos.
Sólo así las cadenas del ataque desaparecen y la perfecta hermandad es posible.
Bendiciones,
patricia

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