lunes, 1 de diciembre de 2014

Leccion 335

LECCIÓN 335

Elijo ver la impecabilidad de mi hermano.

1. Perdonar es una elección. 2Nunca veo a mi hermano tal como es, pues eso está mucho más allá de la percepción. 3Lo que veo en él es simplemente lo que deseo ver, pues eso es lo que quiero que sea verdad. 4A eso es a lo único que respondo, por mucho que parezca que es a los acontecimientos externos. 5Elijo lo que deseo contemplar, y eso, y sólo eso, es lo que veo. 6La impecabilidad de mi hermano me muestra que quiero contemplar la mía propia. 7Y la veré, puesto que he decidido ver a mi hermano en la santa luz de su inocencia.
2. ¿De qué otro modo podría restituírseme Tu recuerdo, sino viendo la inocencia de mi hermano? 2Su santidad me recuerda que él fue creado uno conmigo y semejante a mí. 3En él encuentro mi Ser, y en Tu Hijo encuentro asimismo el recuerdo de Ti


Comentario, de Patricia Besada
Esta lección reafirma la idea que Jesús quiere que elijamos y que plantea al final de la lección anterior. Ahora elegimos la impecabilidad de nuestro hermano en lugar del pecado porque elegimos ver la inocencia en nosotros mismos.
Más allá de la percepción se encuentra mi realidad como Cristo, sin embargo dentro del sueño puedo percibir pecado o impecabilidad dependiendo del maestro que escoja y de la lección que quiera aprender: aquella que refuerce mi sueño de individualidad o aquella que me ayude a despertar del sueño.

Mi práctica diaria se ve sostenida, anclada y fortalecida gracias a la amorosa compañía del Dr. Wapnick.

La forma en que te veo, querido hermano, querida hermana, deriva de la forma en la que me veo.
La proyección da lugar a la percepción – insiste el Curso al repetir.

Veo cosas reales, importantes, valiosas porque las he juzgado como reales, importantes y valiosas.
Mi individualidad es aún valiosa, y eso me comanda a verte como individuo.
Y tu individualidad es mi objetivo.
Puedo proyectar sobre ti la agonía, dolor y tristeza de ser una persona separada con una existencia finita.

Hoy puedo mirar toda esta dinámica sin juzgarme malamente.
Ahora la decisión es mía.
Prolongar el especialismo del ego o aceptar el perdón del Espíritu Santo
No le doy más permiso a la interpretación del ego.
Ya he tenido suficiente.
Y esta nueva interpretación que amanece en mí, me deja verte libre de pecado.
Esto es lo que restaura el recuerdo de Dios en mí.

El recuerdo de Cristo, que deshace los obstáculos que nos separan.
El recuerdo de Cristo, que desvanece el velo del olvido.

Mi Identidad ya alborea.
Y en mi corazón sólo palpita agradecimiento.
Bendiciones,
patricia

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