martes, 9 de diciembre de 2014

IV. La verdad que yace

9 DE DICIEMBRE
IV. La verdad que yace tras las ilusiones
1. Atacarás lo que no te satisfaga, y así, no te darás cuenta de que fuiste tú mismo quien lo inventó. 2Tu batalla es siempre con las ilusiones. 3Pues la verdad que yace tras ellas es tan hermosa y tan serena en su amorosa dulzura, que si fueses consciente de ella te olvidarías por completo de tus defensas y te apresurarías a echarte en sus brazos. 4La verdad jamás puede ser atacada. 5Y tú sabías esto cuando inventaste los ídolos. 6Los concebiste precisa­mente para olvidarte de este hecho. 7Lo único que atacas son las ideas falsas, nunca las verdaderas. 8Los ídolos son todas las ideas que concebiste para llenar la brecha que tú crees se formó entre lo que es verdad y tú. 9Y las atacas por lo que crees que ellas representan 10Pero lo que yace tras ellas no puede ser atacado.
2. Los dioses que inventaste -opresores e incapaces de satisfa­certe- son como juguetes infantiles descomunales. 2Un niño se asusta cuando una cabeza de madera salta de una caja de resorte al ésta abrirse repentinamente, o cuando un oso de felpa, suave y silencioso, emite sonidos al él apretarlo. 3Las reglas que él había establecido para las cajas de resorte y para los osos de felpa le han fallado y le han hecho perder el "control" de lo que le rodea. 4Ahora tiene miedo, pues pensó que las reglas lo protegían. 5Ahora tiene que aprender que las cajas y los osos no lo engaña­ron, ni violaron ninguna regla, y que lo ocurrido no quiere decir que su mundo se haya vuelto caótico y peligroso. 6Es él quien estaba equivocado. 7No comprendió bien qué era lo que lo man­tenía a salvo y pensó que eso lo había abandonado.
3. La inexistente brecha se encuentra repleta de juguetes de innu­merables formas. 2Cada uno de ellos parece violar las reglas que estableciste para él. 3Sin embargo, ninguno de ellos fue jamás lo que tú pensabas que era. 4Y así, no pueden sino dar la impresión de que violan las reglas de seguridad que estableciste, toda vez que éstas son falsas. 5Mas tú no estás en peligro. 6Puedes reírte de los muñecos que saltan de cajas de resorte y de los juguetes que emiten sonidos, de la misma manera en que lo hace el niño que ya ha aprendido que no suponen ningún peligro para él. 7Sin embargo, mientras le guste jugar con ellos, seguirá percibiéndo­los como si respetaran las reglas que él estableció para su propio deleite. 8Por lo tanto, todavía habrá reglas que dichos juguetes parecerán violar y como consecuencia de ello él se asustará. 9Mas ¿está él realmente a merced de sus juguetes? 10¿Y pueden éstos realmente suponer una amenaza para él?
4. La realidad obedece las leyes de Dios y no las reglas que tú mismo estableces. 2Son Sus leyes las que garantizan tu seguridad. 3Las ilusiones que creas con respecto a ti no obedecen ninguna ley. 4Parecen danzar por un rato, al compás de las leyes que tú promulgaste para ellas. 5Mas luego se desploman para no levan­tarse más. 6No son más que juguetes, hijo mío, de modo que no lamentes su pérdida. 6Su danza jamás te brindó felicidad alguna, 8pero tampoco eran cosas que pudiesen asustarte o mantenerte a salvo si respetaban tus reglas. 9Las ilusiones no deben ni apre­ciarse ni atacarse, sino que simplemente se deben considerar como juguetes infantiles, sin ningún significado intrínseco. 10Ve significado en una sola de ellas, y lo verás en todas. 11No veas significado en ninguna, y no podrán afectarte en absoluto.
5. Las apariencias engañan precisamente porque son apariencias y no la realidad. 2No les prestes atención sea cual sea la forma que adopten. 3Lo único que hacen es distorsionar la realidad y produ­cir temor, debido a que ocultan la verdad. 4No ataques lo que tú mismo hiciste a fin de ser engañado, pues eso demostraría que has sido engañado. 5El ataque tiene el poder de hacer que las ilusiones parezcan reales. Mas en realidad no hace nada. 7¿Quién podría tener miedo de un poder que no tiene efectos reales? 8¿Qué podría ser dicho poder, sino una ilusión que hace que las cosas parezcan ser como él mismo? 9Observa calmada­mente sus juguetes, y comprende que no son más que ídolos que no hacen sino danzar al compás de vanos deseos. 10No los vene­res, pues no existen. 11Cuando atacas, no obstante, te olvidas de esto. 12El Hijo de Dios no necesita defenderse de sus sueños. 13Sus ídolos no suponen ninguna amenaza para él. 14El único error que comete es creer que son reales. 15Mas ¿hay algo que las ilusiones puedan lograr?
6. Lo único que las apariencias pueden hacer es engañar a la mente que desea ser engañada. Mas tú puedes tomar una deci­sión muy simple que te situará por siempre más allá del engaño. 3No te preocupes por cómo se va a lograr esto, pues eso no es algo que puedas entender. 4Pero sí verás los grandes cambios que se producirán de inmediato, una vez que hayas tomado esta sim­ple decisión: que no deseas lo que crees que un ídolo te puede dar. 5Pues así es como el Hijo de Dios declara que se ha liberado de todos ellos. 6Y, por lo tanto, es libre.
7. ¡Qué paradójica es la salvación! 2¿Qué otra cosa podría ser, sino un sueño feliz? Lo único que te pide es que perdones todas las cosas que nadie jamás hizo, que pases por alto lo que no existe y que no veas lo ilusorio como si fuese real. 4Se te pide únicamente que permitas que se haga tu voluntad y que dejes de buscar las cosas que ya no deseas. 5Y se te pide también que permitas que se te libere de los sueños de lo que nunca fuiste y desistas de tu empeño de querer sustituir la Voluntad de Dios por la fuerza de los deseos vanos.
8. Llegado este punto, el sueño de separación empieza a desvane­cerse y a desaparecer. 2Pues aquí la brecha inexistente comienza a percibirse libre de los juguetes de terror que tú inventaste. 3Esto es lo único que se te pide. 4Alégrate en verdad de que la salvación no pida mucho, sino de que pida tan poco. 5En realidad no pide nada. 6Y aun en las ilusiones sólo pide que el perdón sea el substi­tuto del miedo. 7Ésa es la única regla para tener sueños felices. 8La brecha se vacía de todos los juguetes de temor, poniéndose así de manifiesto su irrealidad. 9Los sueños no sirven para nada, 10y el Hijo de Dios no tiene ninguna necesidad de ellos. 11No le ofrecen ni una sola cosa que él pudiera jamás desear. 12El Hijo de Dios se libera de las ilusiones por su propia voluntad y simplemente se le restaura a lo que él es.13¿Qué podría ser el plan de Dios para su salvación, sino un medio para darse a Sí Mismo Su Hijo?

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