martes, 11 de noviembre de 2014

Leccion 315

LECCIÓN 315

Todos los regalos que mis hermanos hacen me pertenecen.

1. En cada momento de cada día se me conceden miles de teso­ros. 2Soy bendecido durante todo el día con regalos cuyo valor excede con mucho el de cualquier cosa que yo pudiera concebir. 3Un hermano le sonríe a otro, y mi corazón se regocija. 4Alguien expresa su gratitud o su compasión, y mi mente recibe ese regalo y lo acepta como propio. 5todo el que encuentra el camino a Dios se convierte en mi salvador, me señala el camino y me ase­gura que lo que él ha aprendido sin duda me pertenece a mí también.
2. Gracias, Padre, por los muchos regalos que me llegan hoy y todos los días, procedentes de cada Hijo de Dios. 2Los regalos que mis hermanos me pueden hacer son ilimitados. 3Ahora les mostraré mi agradecimiento, de manera que mi gratitud hacia ellos pueda conducirme a mi Creador y a Su recuerdo.


Comentario, de Patricia Besada
El Juicio Final acerca del mundo no es condenatorio ya que el Hijo de Dios, más allá del sueño, se da cuenta que no existe ningún mundo.
Es como si fuera un adulto mirando los soldados de juguetes con los que juega un niño. Algunos buenos, otros malos, algunos ganadores y otros perdedores. El adulto no comparte estas percepciones porque sabe que son ilusiones. El niño puede creer que está involucrado en algo serio, pero el adulto sabe que son fantasías.
Esto es lo que sucede cuando perdonamos y es el significado del Juicio Final que le pone fin al miedo y a la condena.

Los ejemplos del Dr Wapnick facilitan que mi entendimiento sea cada vez más claro, más simple.

Dar y recibir. Un principio que solo puedo abrigarlo desde la unidad de nuestra Identidad.
Dar y recibir los regalos de mis hermanos.

Regalos, oportunidades de perdón que fluyen de la relación especial con mi hermano.
Regalos, el perdón de mi hermano que me permite elegir de nuevo.
Yo hago esto por ti, hermano mío.
Y vos haces lo mismo por mí.

No importa la enorme vastedad de la ilusión, somos Uno mi querido hermano, y esto es lo único que hemos venido a hacer.
Ver en todos la luminosa gloria del Amor.
Una línea en particular de esta lección, toca mi corazón.
Si Jesús dice que un  hermano le sonríe a otro, y su corazón se regocija, siento que está justificado que yo todavía tenga esperanzas.
Si un hermano puede cambiar y donde antes existía solo el ataque, ahora vive el perdón, esto significa que yo también puedo perdonar.
No hay alegría que aguarde con tanta esperanza como la de saber que he sido perdonada.
Bendiciones,
patricia

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