viernes, 24 de octubre de 2014

Leccion 297


LECCIÓN 297 – 24 de Octubre

El perdón es el único regalo que doy.

1. El perdón es el único regalo que doy, ya que es el único regalo que deseo. 2todo lo que doy, es a mí mismo a quien se lo doy. 3Ésta es la sencilla fórmula de la salvación. 4Y yo, que quiero salvarme, la adoptaré, para regir mi vida por ella en un mundo que tiene necesidad de salvación y que se salvará al aceptar yo la Expiación para mí mismo.
2. Padre, ¡cuán certeros son Tus caminos; cuán seguro su desenlace final y cuán fielmente se ha trazado y logrado cada paso de mi salvación mediante Tu Gracia! 2Gracias a Ti por Tus eternos regalos, y gracias a Ti también por mi Identidad.

Comentario

¿Qué quiero tener? Sea lo que sea, darlo es el modo de tenerlo. Y cuanto más avanzo, más me doy cuenta de que “El perdón es el único regalo que… deseo” (1:1).

¿Qué puedo querer sino liberarme de la carga del juicio a mí mismo? ¿Qué puedo querer fuera de esto? Liberarme del juicio a mí mismo es reconocer mi perfección y que nada me falta, tal como Dios me creó. Es reconocer que nada de lo que he hecho, pensado o dicho, ha disminuido lo más mínimo mi valía y hermosura a la vista de Dios.

Si esto es lo que quiero, voy a darlo hoy, porque “Todo lo que doy, es a mí mismo a quien se lo doy” (1:2). Voy a extender este reconocimiento a todos con los que me encuentre hoy: que nada de lo que han hecho, pensado o dicho, ha disminuido lo más mínimo su valía y hermosura a mi vista.

Cada paso de mi salvación ya se ha dado (2:1). No se ha pasado nada por alto. No hay razón para estar inquieto o ansioso, preocupado acerca de si lo conseguiré o cuándo lo conseguiré. Lo conseguiré. Sí, lo haré. Eso es todo lo que necesito saber. Ya se ha logrado, y puedo hacer este viaje ilusorio (imaginario) en paz, sabiendo que en la realidad ya se ha acabado

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