jueves, 23 de octubre de 2014

Leccion 296


LECCIÓN 296 – 23 de Octubre

El Espíritu Santo habla hoy a través de mí.

1. El Espíritu Santo necesita hoy mi voz para que todo el mundo pueda escuchar Tu Voz y oír Tu Palabra a través de mí. 2Estoy resuelto a dejar que hables a través de mí, pues no quiero usar otras palabras que las Tuyas, ni tener pensamientos aparte de los Tuyos, pues sólo los Tuyos son verdaderos. 3Quiero ser el salvador del mundo que fabriqué. 4Pues ya que lo condené, quiero liberarlo, de manera que pueda escapar y oír la Palabra que Tu santa Voz ha de comunicarme hoy.
2. Hoy sólo enseñaremos lo que queremos aprender, y nada más. 2De este modo, nuestro objetivo de aprendizaje queda libre de conflictos, lo cual nos permite alcanzarlo con facilidad y rapidez. 3¡Cuán gustosamente viene el Espíritu Santo a rescatarnos del infierno cuando permitimos que a través de nosotros Sus ense­ñanzas persuadan al mundo para que busque y halle el fácil sen­dero que conduce a Dios!

Comentario

Cuando permito que el Espíritu Santo vea a través de mí, (la lección de ayer), compartiendo Su percepción, también habla a través de mí.

No es que yo me convierta en el regalo de Dios al mundo en el sentido del ego, el profeta que tiene la respuesta para toda la humanidad. No, no es eso. Pero Él sí habla a través de mí. Él habla la palabra de bienvenida, de reconocimiento, de aprecio y de gratitud. A través de mí, el Espíritu Santo les comunica a mis hermanos: “Estás a salvo. Eres pleno. Eres amado”.

Habiendo condenado al mundo, ahora quiero liberarlo. Habiendo cubierto a todos con culpa, con una pesada capa, ahora quiero quitar esa culpa de todos. ¿Por qué quiero conceder esta liberación a todos sin excepción? Porque la quiero para mí mismo, y ésta es la única manera de tenerla. Si mi hermano muere culpable, yo lo hago con él. ¡Qué privilegio tan grande tengo, de eliminar la culpa de aquellos a mi alrededor, de hacerles saber que son libres!

A través de mí (y de ti) el Espíritu Santo convence al mundo para que busque y encuentre el camino a Dios. Yo soy Su representante aquí en la tierra, un embajador del Reino de los Cielos. A aquellos que todavía no han aprendido a escuchar Su Voz, yo Le represento, hablando Sus palabras, manifestando Su actitud y Su Amor a cada persona con la que me encuentro. Ésa es mi función. Ése es mi único propósito. Eso es mi vida.

Quiero ser el salvador del mundo que fabriqué. Pues ya que lo condené, quiero liberarlo, de manera que pueda escapar y oír la Palabra que Tu santa Voz ha de comunicarme hoy. (1:3-4)

¿Estoy dispuesto a salvar mi mundo? A veces me doy cuenta de que quiero dejarlo, dejar que se convierta en ruinas y acabar con ello. El Curso es muy claro acerca de esto: no puedo escapar al Cielo yo solo y dejar al mundo detrás. No puedo alcanzar el Cielo sin mis hermanos.

El sentimiento de cansancio hacia el mundo, la sensación de “¡estoy tan harto de todo este lío!” esconde mi propio juicio a mí mismo. Profundamente culpable por mi continua separación de mi Padre, quiero echarle la culpa al mundo. Quiero decir: “Es este lugar agotador el que me impide tener paz”. La paz está aquí, la paz es ahora. La paz, y el mismo Cielo, están en mí, dondequiera que yo voy. No necesito huir, y no es necesario cambiar nada.

“El Espíritu Santo necesita hoy mi voz” (1:1). Vivimos en una conspiración de silencio. Hay muchos, más de los que sabemos, que han visto el Cielo. Nosotros estamos entre ellos. Sin embargo, tenemos miedo de hablar porque tenemos miedo de que la gente se ría de nosotros, que piensen que estamos locos.

¿Cuántas veces hemos deseado, anhelado profundamente, que alguien se atreviera a decir (en medio del miedo, del sufrimiento, de la pérdida y del terror): “Estoy en paz. La paz de Dios es muy real para mí”. Hoy seré yo el que contestará a ese anhelo. “Hoy sólo enseñaremos lo que queremos aprender, y nada más” (2:1)

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