martes, 14 de octubre de 2014

Leccion 287


LECCIÓN 287 – 14 de Octubre

Tú eres mi única meta, Padre mío, sólo Tú.

1. ¿Adónde querría ir sino al Cielo? 2¿Qué podría sustituir a la felicidad? 3¿Qué regalo podría preferir a la paz de Dios? 4¿Qué tesoro querría buscar, hallar y conservar que pudiera compararse con mi Identidad? 5¿Cómo iba a preferir vivir con miedo que con amor?
2. Tú eres mi meta, Padre mío.2¿Qué otra cosa aparte de Ti podría desear? 3¿Qué otro camino iba a desear recorrer sino el que conduce a Ti? 4¿Y qué otra cosa sino Tu recuerdo podría significar para mí el final de los sueños y de las sustituciones fútiles de la verdad? 5Tú eres mi única meta. 6Tu Hijo desea ser como Tú lo creaste. 7¿De qué otra manera, sino, podría esperar reconocer a mi Ser y volverme uno con mi Identidad?

Comentario

Esta lección es muy elevada. Es algo que diría una persona que ya vive en el Mundo Real, una oración del corazón de Cristo dentro de mí. Son los pensamientos del corazón de Cristo, expresados en palabras, es el modo de pensar que busco escuchar todo el tiempo. Y por eso es verdad para mí, puedo decir estas palabras con honestidad, aunque sé que a menudo escucho al ego, que persigue cualquier meta menos a Dios.

Si siento que no puedo decir con honestidad: “Tú eres mi única meta, Padre mío, sólo Tú”, entonces que mire con honestidad y sin miedo a las otras metas que todavía valoro. Que me pregunte a mí mismo: “¿Qué podría sustituir a la felicidad? ¿Qué regalo podría preferir a la paz de Dios?” (1:2-3). Está claro que cualquier otra meta es una locura. Cualquier meta que me distraiga de la paz de Dios no es digna de mí.

Si tengo otra meta, no puedo decir: “Sólo Tú”, entonces lo que deseo es ir a otro lugar distinto del Cielo, estoy buscando un sustituto de la felicidad, estoy buscando algo que creo que es preferible a la paz de Dios, estoy buscando encontrar y conservar algo que creo que es mejor que mi propia Identidad, estoy eligiendo vivir con miedo en lugar de con amor.

Es así de sencillo.

En el Curso Jesús me asegura que no tengo por qué sentir vergüenza de reconocer estas cosas acerca de mí. Reconocer mis falsas metas es el comienzo de la sabiduría. Todo lo que necesito es reconocer lo que estoy haciendo, qué otras metas estoy eligiendo, y el poder de todas esas cosas desaparecerá. Fingir amar sólo a Dios mientras que secretamente tenemos otras metas es una garantía segura de fracaso y de infelicidad. El reconocimiento honesto de esas otras metas, y de mi responsabilidad por elegirlas, es el camino seguro a la liberación de ellas.

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