viernes, 10 de octubre de 2014

Leccion 283


LECCIÓN 283 – 10 de Octubre

Mi verdadera Identidad reside en Ti.

1. Padre, forjé una imagen de mí mismo, y a eso es a lo que llamo el Hijo de Dios. 2Mas la creación sigue siendo como siempre fue, pues Tu crea­ción es inmutable. 3No quiero rendirle culto a ningún ídolo. 4Yo soy aquel que mi Padre ama. 5Mi santidad sigue siendo la luz del Cielo y el Amor de Dios. 6¿Cómo no va a estar a salvo lo que Tú amas? 7¿No es acaso infinita la luz del Cielo? 8¿No es Tu Hijo mi verdadera Identidad, toda vez que Tú creaste todo cuanto existe?
2. Ahora todos somos uno en la Identidad que compartimos, ya que Dios nuestro Padre es nuestra única Fuente, y todo lo creado forma parte de nosotros. 2así, le ofrecemos nuestra bendición a todas las cosas y nos unimos amorosamente al mundo, el cual nuestro perdón ha hecho que sea uno con nosotros.

Comentario

“Reside” significa “vive o mora”, pero también significa “permanece sin cambio”. Pienso que éste es el significado que tiene esta lección: “Mi verdadera Identidad permanece sin cambio en Ti”. (Al menos así es como lo estoy oyendo hoy). “Forjé una imagen de mí mismo” (1:1). Ésta es la postura del Curso de lo que tradicionalmente se ha llamado “la Caída”. Desde el punto de vista tradicional judeocristiano, el hombre fue creado inocente y sin pecado, pero cayó en el pecado y, de este modo, corrompió su naturaleza para siempre (“pecado original”). La postura del Curso es que todo lo que realmente sucedió fue que imaginamos que habíamos cambiado, inventamos una falsa imagen de nosotros y pensamos: “yo soy esto”. ¡Pero lo que verdaderamente somos, no ha cambiado en absoluto! Nuestra verdadera Identidad permanece sin cambio, a pesar de nuestra invención de ídolos. La creación sigue siendo ahora tal como siempre ha sido, porque la creación de Dios no puede cambiar (1:2).

Hay una gran diferencia entre haber corrompido nuestra naturaleza y únicamente pensar que lo hemos hecho. Desde el punto de vista antiguo, teníamos un problema real que sólo podía solucionarse por intervención sobrenatural de Dios. Se había cometido un pecado real y se tenía que pagar con un castigo real. El pecado contra un Dios infinito exigía un pago igualmente infinito, y por eso el Hijo infinito de Dios tenía que morir por nosotros, y luego Dios tenía que crear una “nueva naturaleza”, y de algún modo meterla en la humanidad (“nacer de nuevo”). Aquellos que no recibían esta nueva vida estaban condenados al infierno.

Desde la postura presentada por el Curso, no se ha cometido ningún pecado real, y la perfección original de la creación de Dios permanece sin cambio. Todo lo que tenemos que hacer es reconocer nuestra falsa identificación y cambiar nuestra mente acerca de ella. Cuando abandonamos los ídolos o falsas imágenes [“No quiero rendirle culto a ningún ídolo” (1:3)], se descubre la naturaleza de Cristo dentro de nosotros y se manifiesta sin haber sido manchada por nuestra locura.

Yo soy aquel que mi Padre ama, eso no ha cambiado (1:4). “Mi santidad sigue siendo la luz del Cielo y el Amor de Dios” (1:5). ¿Cómo podría lo que Dios creó como la luz del Cielo ser destruido y convertirse en oscuridad? Si Dios creó todo lo que existe, ¿cómo podría yo ser algo distinto? (1:8). Yo no puedo ser otra cosa distinta.

Cada vez que hoy me dé cuenta de que estoy juzgando algo de mí, o que algo no me gusta, o reprochándome algo, o sintiéndome culpable por lo que soy, que me recuerde a mí mismo que nada de lo que estoy viendo es mi verdadera Identidad. Mi verdadera Identidad permanece en Dios y es parte de Él. La supuesta otra identidad es un ídolo, no voy a adorarla, no voy a inclinarme ante ella, ni atribuirle un gran poder, ni a tener miedo de ella. Eso no es lo que yo soy. Me aquietaré un instante e iré a mi hogar.

Al reconocer esta verdadera Identidad, tengo que darme cuenta de que por la naturaleza de Lo Que es, debe compartirse con toda la creación. Todo forma parte de mí, y yo formo parte de todo, pues venimos de la misma Fuente (2:1). Cuando reconozca que todo es parte de esta Identidad compartida, otros aspectos de mi único Ser, “ofreceré mi bendición a todas las cosas y me uniré amorosamente al mundo” (2:2).

No hay comentarios:

Publicar un comentario