miércoles, 8 de octubre de 2014

Leccion 281


LECCIÓN 281 – 8 de Octubre

Nada, excepto mis propios pensamientos, me puede hacer daño.

1. Padre, Tu Hijo es perfecto. 2Cuando pienso que algo o alguien me ha hecho daño, es porque me he olvidado de quién soy y de que soy tal como Tú me creaste. 3Tus Pensamientos sólo pueden proporcionarme felici­dad. 4Si me siento triste, herido o enfermo, es porque he olvidado lo que Tú piensas, y he implantado mis absurdas ideas en el lugar donde a Tus Pensamientos les corresponde estar, y donde están. 5Nada, excepto mis propios pensamientos, me puede hacer daño. 6Los Pensamientos que pienso Contigo sólo pueden bendecir, 7y sólo ellos son verdad.
2. Hoy no me haré daño a mí mismo. 2Pues me encuentro mucho más allá de cualquier dolor. 3Mi Padre me puso a salvo en el Cielo y vela por mí. 4yo no quiero atacar al Hijo que Él ama porque lo que Él ama es también objeto de mi amor.

Comentario

Si soy perfecto, nada puede hacerme daño, me haría imperfecto. Nuestro razonamiento nos dice que nuestra vida sería perfecta si estuviera libre de dolor, y por lo tanto no debemos ser perfectos. El Curso razona en la dirección contraria: somos perfectos, el dolor significaría imperfección, por lo tanto, el dolor debe ser un tipo de ilusión. “Cuando pienso que algo o alguien me ha hecho daño, es porque me he olvidado de quién soy y de que soy tal como Tú me creaste” (1:2). En otras palabras, sólo pensamos que hemos sido heridos. Si recordásemos quién somos realmente, no podríamos ser heridos.

Otro modo de pensar en esto es decir que nada puede hacer daño a mi verdadero Ser, sólo mi ser ilusorio puede ser herido, y únicamente por mis propios pensamientos. ¡De acuerdo, somos muy buenos inventando esas malditas ilusiones! Pero eso es todo lo que son: ilusiones.

El dolor viene cuando pongo mis propios pensamientos en el lugar que les corresponde a los Pensamientos de Dios (1:4). La causa está siempre en mis pensamientos y no en otro sitio, nada de fuera de mi mente puede hacerme daño. Cuando me siento atacado, siempre soy yo atacándome a mí mismo. Ni siquiera los pensamientos no amorosos de mis hermanos pueden hacerme daño si mi mente está pensando los Pensamientos de Dios con Él. Al comienzo del Texto se nos dice:

En realidad eres perfectamente invulnerable a toda expresión de falta de amor. Estas expresiones pueden proceder de ti o de otros, de ti hacia otros, o de otros hacia ti. La paz es un atributo que se encuentra en ti. No puedes hallarla fuera de ti mismo. (T.2.I.5:6-9)

Lo que yo soy está “mucho más allá de cualquier dolor” (2:2). El Espíritu Santo es nuestro Maestro para ayudarnos a recordar que esto es lo que somos. Como nos dice la Lección 248:

Lo que sufre no forma parte de mí. Yo no soy aquello que siente pesar. Lo que experimenta dolor no es sino una ilusión de mi mente. (L.248.1:3-5)

No sólo el dolor es una ilusión, la ilusión del dolor se experimenta mediante una ilusión de mí mismo. Son mis pensamientos, concretamente mis pensamientos acerca de mí, lo que causa esta ilusión. Cuando pienso que soy lo que Dios no creó, experimento dolor.

Que las palabras “Hoy no me haré daño a mí mismo” ocupen mi mente hoy, Padre mío.

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