martes, 7 de octubre de 2014

Leccion 280


LECCIÓN 280 – 7 de Octubre

¿Qué límites podría imponerle yo al Hijo de Dios?

1. Aquel que Dios creó ilimitado es libre. 2Puedo inventar una prisión para él, mas sólo en ilusiones, no en la realidad. 3Níngún Pensamiento de Dios ha abandonado la Mente de su Padre; 4ningún Pensamiento de Dios está limitado en modo alguno;5ningún Pensamiento de Dios puede dejar de ser eternamente puro. 6¿Puedo acaso imponerle límites al Hijo de Dios, cuando su Padre dispuso que fuese ilimitado y semejante a Él en libertad y amor?
2. Hoy quiero rendir honor a Tu Hijo, pues sólo así puedo encontrar el camino que me conduce hasta Ti. 2Padre, no le impondré límite alguno al Hijo que Tú amas y que creaste ilimitado. 3El honor que le rindo a él Te lo rindo a Ti, y lo que es para Ti es también para mí.

Comentario

El Curso me está pidiendo que no niegue a nadie la libertad sin límite en la que Dios nos creó. Descubro en mí lo que parece una tendencia natural a compararme con otros y a encontrarme de algún modo superior a ellos. Yo soy más inteligente. Mis opiniones son más correctas. O mis relaciones son superiores. O yo soy más ético, más compasivo, más comprensivo, más honesto conmigo mismo. Tengo mayor integridad. Éstas son formas en las que, a veces, me he sentido superior a otros. Otros tienen otros niveles de comparación. Pero en general pienso que todos tenemos esta tendencia de sentirnos en cierto modo superiores al resto de la raza humana.

Esto es lo que el Curso llama especialismo. Es un modo de ver a otros con limitaciones que, creemos, que no existen para nosotros. La llamada del Curso a ver a nuestros hermanos tan libres como nosotros contradice este modo de pensar que nos hemos enseñado a nosotros mismos. La lección dice: “Puedo inventar una prisión para él, mas sólo en ilusiones, no en la realidad” (1:2). Todos somos Pensamientos iguales de Dios, ninguno de nosotros ha abandonado la Mente del Padre, ninguno de nosotros está limitado en absoluto, salvo en ilusiones.

Como estudiantes de Un Curso de Milagros se nos pide “rendir honor” (2:1) al Hijo de Dios dondequiera que Le encontremos. Se nos pide reconocer al Cristo en cada uno de los que se nos envíe para que le encontremos o conozcamos. Que hoy reconozca que las limitaciones que veo son ilusiones mías; de hecho, son mi creencia en mis propias limitaciones, disfrazadas quizá con otra forma, y proyectadas sobre mis hermanos. Yo encuentro mi propia libertad al honrarla en otros. Que hoy me recuerde a mí mismo: “Éste es el santo Hijo de Dios, mi hermano, una parte de mí”. Únicamente al hacerlo así encontraré a mi Ser, y reconoceré al Cristo tal como Dios Le creó.

En un lugar el Curso hace una afirmación muy fuerte. Dice que si realmente reconociera Quién es mi hermano “apenas podrías contener el impulso de arrodillarte a sus pies” (L.161.9:3). Sí, continúa diciendo que en lugar de eso, tomaré su mano porque en esta visión que ve a mi hermano de este modo, yo soy igualmente glorioso. Somos el Cristo. Quien somos es magnífico, tan lejos de la idea que tenemos de nosotros mismos que al verla nuestra inclinación sería adorarle, sólo que en ese mismo instante reconoceremos la misma magnificencia en nosotros. ¡Que Dios nos conceda esa visión!

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