sábado, 9 de agosto de 2014

Segunda Parte del Libro de Ejercicios

SEGUNDA PARTE

Introducción

1. Las palabras apenas significarán nada ahora. 2Las utilizaremos únicamente como guías de las que no hemos de depender. 3Pues lo único que nos interesa ahora es tener una experiencia directa de la verdad. 4Las lecciones que aún nos quedan por hacer no son más que introducciones a los períodos en que abandonamos el mundo del dolor y nos adentramos en la paz. 5Ahora empezamos a alcanzar el objetivo que este curso ha fijado y a hallar la meta hacia la que nuestras prácticas han estado siempre encaminadas.
2. Lo que nos proponemos ahora es que los ejercicios sean sólo un preámbulo. 2Pues aguardamos con serena expectación a nuestro Dios y Padre. 3Él nos ha prometido que Él Mismo dará el paso final. 4Y nosotros estamos seguros de que Él cumple Sus prome­sas. 5Hemos recorrido un largo trecho, y ahora lo aguardamos a Él. 6Continuaremos pasando un rato con Él cada mañana y cada noche, mientras ello nos haga felices. 7No vamos a considerar el tiempo ahora como una cuestión de duración. 8Dedicaremos tanto tiempo como sea necesario a fin de lograr el objetivo que perse­guimos. 9No nos olvidaremos tampoco de nuestros recordatorios de cada hora, y recurriremos a Dios siempre que nos sintamos tentados de olvidarnos de nuestro objetivo.
3. Durante el resto de los días venideros seguiremos utilizando un pensamiento central para introducir nuestros períodos de descanso y para calmar nuestras mentes, según lo dicte la necesi­dad. 2No obstante, no nos contentaremos únicamente con practi­car los demás instantes santos con los que concluye este año que le hemos dedicado a Dios. 3Diremos más bien algunas palabras sencillas a modo de bienvenida, y luego esperaremos que nues­tro Padre Se revele a Sí Mismo, tal como ha prometido que lo hará. 4Lo hemos invocado y Él ha prometido que Su Hijo recibirá respuesta siempre que invoque Su Nombre.
4. Ahora venimos a Él teniendo únicamente Su Palabra en nues­tras mentes y en nuestros corazones, y esperamos a que Él dé el paso hacia nosotros que nos ha dicho, a través de Su Voz, que no dejaría de dar una vez que lo invitásemos. 2Él no ha dejado solo a Su Hijo en su locura, ni ha traicionado la confianza que éste tiene en Él. 3¿No le ha hecho acaso Su fidelidad acreedor a la invitación que Él espera para hacernos felices? 4Le extenderemos esa invita­ción y Él la aceptará. 5Así es como transcurrirán nuestros momen­tos con Él. 6Expresaremos las palabras de invitación que Su Voz sugiere y luego esperaremos a que Él venga a nosotros.
5. La hora de la profecía ha llegado. 2Ahora es cuando las anti­guas promesas se honran y se cumplen sin excepción. 3No queda ningún paso que el tiempo nos pueda impedir dar. 4Pues ahora no podemos fracasar. 5Siéntate en silencio y aguarda a tu Padre. 6Él ha dispuesto que vendrá una vez que hayas reconocido que tu voluntad es que Él venga. 7Y tú nunca habrías podido llegar tan lejos si no hubieses reconocido, por muy vagamente que fuese, que ésa es tu voluntad.
6. Estoy tan cerca de ti que no podemos fracasar. 2Padre, Te entre­gamos estos santos momentos como muestra de agradecimiento por Aquel que nos enseñó a abandonar el mundo del pesar a cam­bio del que Tú nos diste como sustituto. 3Ahora no miramos hacia atrás. 4Miramos hacia adelante y fijamos la mirada en el final de la jornada. 5Acepta de nuestra parte estas humildes ofren­das de gratitud, mientras contemplamos, a través de la visión de Cristo, un mundo que está más allá del que nosotros construimos y que aceptamos como sustituto total del nuestro.
7. Y ahora aguardamos en silencio, sin miedo y seguros de Tu llegada. 2Hemos procurado encontrar el camino siguiendo al Guía que Tú nos enviaste. 3Desconocíamos el camino, pero Tú no te olvidaste de nosotros. 4sabemos que no Te olvidarás de nosotros ahora. 5Sólo pedimos que Tus promesas de antaño se cumplan tal como es Tu Voluntad. 6Al pedir esto, nuestra voluntad dispone lo mismo que la Tuya. 7El Padre y el Hijo, Cuya santa Voluntad creó todo lo que existe, no pueden fracasar en nada. 8Con esta certeza daremos estos últimos pasos que nos llevan a Ti, y descansaremos confiadamente en Tu Amor, el cual jamás defraudará al Hijo que Te llama.
8. Y así damos comienzo a la parte final de este año santo que hemos pasado juntos en busca de la verdad y de Dios, Quien es su único creador. 2Hemos encontrado el camino que Él eligió para que nosotros lo siguiésemos, y decidimos seguirlo tal como Él quiere que hagamos. 3Su Mano nos ha sostenido. 4Sus Pensamien­tos han arrojado luz sobre las tinieblas de nuestras mentes. 5Su Amor nos ha llamado incesantemente desde los orígenes del tiempo.
9. Quisimos privar a Dios del Hijo que Él creó para Sí. 2Quisimos que Dios cambiara y fuera lo que nosotros queríamos hacer de Él. 3creímos que nuestros desquiciados deseos eran la verdad. 4Ahora nos alegramos de que todo esto haya desaparecido y de que ya no pensemos que las ilusiones son verdad. 5El recuerdo de Dios despunta en los vastos horizontes de nuestras mentes. 6Un momento más y volverá a surgir. 7Un momento más, y nosotros que somos los Hijos de Dios, nos encontráremos a salvo en nues­tro hogar, donde Él desea que estemos.
10. A la necesidad de practicar casi le ha llegado su fin. 2Pues en esta última etapa llegaremos a entender, que sólo con invocar a Dios, toda tentación desaparece, 3En lugar de palabras, sólo necesitamos sentir Su Amor. 4En lugar de oraciones, sólo necesitamos invocar Su Nombre. 5en lugar de juzgar, sólo necesitarnos aquie­tarnos y dejar que todas las cosas sean sanadas. 6Aceptaremos la manera en que el plan de Dios ha de terminar, tal como aceptamos la manera en que comenzó. 7Ahora ya se ha consumado. 8Este año nos ha llevado a la eternidad.
11. Las palabras tendrán todavía cierta utilidad. 2Cada cierto tiempo se incluirán temas de especial relevancia, cuya lectura debe preceder a la de nuestras lecciones diarias y a los períodos de experiencia profunda inefable que deben seguir a éstas.3Estos temas especiales deberán repasarse cada día hasta que se te ofrezca el siguiente. 4Debes leerlos lentamente y reflexionar sobre ellos por un rato antes de cada uno de esos santos y benditos instantes del día. 5He aquí el primero de estos temas especiales.


Comentario
SEGUNDA PARTE DEL LIBRO DE EJERCICIOS. INTRODUCCIÓN

La Introducción a la Segunda parte del Libro de Ejercicios es la última serie de instrucciones para la práctica de los siguientes 140 días. Las instrucciones finales cubren las últimas cinco lecciones, y no cambian mucho realmente. Puesto que estaremos siguiendo esta serie de instrucciones cada día durante los próximos cuatro meses, necesitamos prestar mucha atención y fijarlas en nuestra mente.

El Libro de Ejercicios está planeado para entrenarnos en crear la costumbre de la práctica diaria que durará hasta que en nuestra vida nuestro compromiso con Dios se convierta en una forma de vivir momento a momento. Para unos pocos, esta feliz costumbre puede formarse en un solo año de hacer el Libro de Ejercicios, aunque no conozco a nadie que lo haya logrado. Para la mayoría de las personas, la costumbre de la práctica está todavía muy poco formada después de hacer una sola vez el Libro de Ejercicios. A muchos les resulta útil repetir el Libro de Ejercicios, y encuentran su clara estructura un apoyo necesario para continuar desarrollando la costumbre que desean.

No te desanimes si al leer la descripción de la práctica diaria, te das cuenta de que todavía estás lejos de “estar a la altura” de lo que se pide. Esta forma de práctica diaria es el objetivo, angustiarte porque no estás a la altura ahora es como disgustarse porque no puedes tocar el piano a la perfección después de unas pocas semanas de práctica. Crear la costumbre lleva tiempo. Sencillamente haz lo más que puedas cada día, y practica perdonarte a ti mismo cuando no haces lo que te habías propuesto. Hagas lo que hagas, ¡sigue con ello! No permitas que el ego te quite la motivación de practicar al señalarte lo poco que estás haciendo. No seguir las instrucciones al completo no es motivo para dejar de practicar; es motivo para volver a la práctica con renovadas energías tan pronto como puedas.

El propósito de la práctica es volver a entrenar a nuestra mente, para que escuchar la Voz de Dios sea habitual y natural, para que se convierta en algo que hacemos incluso sin pensar en ello. El propósito es responder a cada pensamiento del ego sin miedo, y al instante llevarlo al lugar santo en nuestra mente en el que nos encontramos con Dios. La meta a largo plazo de nuestra práctica, con el Libro de Ejercicios y después, es llegar al punto en el que la vida se convierte en un instante santo continuo, en el que nunca dejamos de pensar en Dios. La meta a corto plazo de la práctica del Libro de Ejercicios es crear la costumbre de la práctica diaria necesaria para alcanzar la meta a largo plazo (ver L.135.19:1, L.135.18:1, L.rIII.In.11:2, L.194.6:2).

Entonces, ¿cuál es el modelo de práctica diaria que el Libro de Ejercicios establece para sus últimos 140 días?

1. Pasar tiempo con Dios cada mañana y cada noche, “mientras ello nos haga felices” (2:6). El resultado que se pretende es “tener una experiencia directa de la verdad” (1:3), o una experiencia de “descanso” y “calma” (3:1), y la presencia de Dios (4:1, 4:6). En resumen, buscamos un instante santo, ciertamente esta Introducción llama “instantes santos” a nuestras prácticas de la mañana y de la noche dos veces (3:2, 11:4), o “periodos en los que abandonamos el mundo del dolor y nos adentramos en la paz” (1:4). El Curso a estas experiencias de instantes santos las llama “el objetivo que este curso ha fijado” y “la meta hacia la que nuestras prácticas han estado siempre encaminadas” (1:5).

Así pues, nuestras sesiones de práctica de la mañana y de la noche se proponen acercarnos al instante santo, y “dedicaremos tanto tiempo como sea necesario a fin de lograr el objetivo que perse­guimos” (2:8). La duración de la práctica es a voluntad, quizá hasta media hora o más si lo necesitamos o así lo queremos.

2. Recordatorios a cada hora (2:9): Durante el día hacemos una pausa cada hora para recordarnos a nosotros mismos la lección, usando el pensamiento del día para “calmar nuestras mentes, según lo dicte la necesi­dad” (3:1). Pero el recordatorio de cada hora no es únicamente repetir las palabras, es un instante en el que “esperaremos que nues­tro Padre Se revele a Sí Mismo, tal como ha prometido que lo hará” (3:3). Lo ideal serían dos o tres minutos de quietud, tal vez con los ojos cerrados, para poner toda nuestra atención en nuestro objetivo y en nuestros pensamientos, llevando cualquier resentimiento o disgusto al Espíritu Santo para que lo sane (L.153.17 y L.193.12). Cuando no es posible una pausa tan extensa, por un momento dirigimos nuestros pensamientos a Dios y reafirmamos nuestro objetivo, con esto es suficiente.

3. Recordatorios frecuentes: Entre horas, aunque no se habla de ello en esta Introducción a la Segunda Parte, se señaló en la Introducción al repaso que acabamos de completar, y suponemos que se da por sentado que continuaremos haciéndolos.

4. Respuesta a la tentación: Cada vez que nos sintamos “tentados de olvidarnos de nuestro objetivo” (2:9), necesitamos llamar a Dios. Que la tentación es “olvidarnos de nuestro objetivo” supone que el resto del tiempo ¡lo estamos recordando! En cualquier momento en que nos demos cuenta de que nuestra mente se ha olvidado de nuestro objetivo, Le llamamos a Dios para que nos ayude a llevar nuestra mente a Él.

Ésta es una práctica espiritual rigurosa. Se necesita esfuerzo para crear esta costumbre. Pero los resultados se merecen con creces el esfuerzo. Todo el propósito del Libro de Ejercicios ha sido traernos a esta clase de experiencia directa de la verdad. Sin esta experiencia directa, las ideas del Texto serán sólo ideas huecas.

Hay más detalles acerca de cómo pasar nuestras sesiones más largas de la mañana y de la noche. Las palabras concretas de la lección del día son de menor importancia, sólo se les dedica media página. Las palabras de la lección ya no son el centro de atención (1:1), no son más que “guías de las que no hemos de depender” (1:2). El objetivo más importante es la experiencia directa de la verdad, o el instante santo. Leer la lección del día y repetir su pensamiento central es sólo el comienzo (2:1), una vez que hemos utilizado las palabras para dirigir nuestra mente, dedicamos el tiempo a esperar a que Dios venga a nosotros (3:3, 4:6), en “los períodos de experiencia profunda e inefable que deben seguir a éstas” (11:2). La mayor parte del tiempo se pasa en silenciosa espera y dispuestos a recibirle, sin pensamientos ni palabras.

Si miras adelante en la Segunda Parte, verás que cada lección tiene una corta oración a Dios. No se explica cómo usar estas oraciones, pero creo que las siguientes palabras dan las instrucciones:

“Diremos más bien algunas palabras sencillas a modo de bienvenida, y luego esperaremos que nues­tro Padre Se revele a Sí Mismo, tal como ha prometido que lo hará” (3:3). “Así es como transcurrirán nuestros momen­tos con Él. Expresaremos las palabras de invitación que Su Voz sugiere y luego esperaremos a que Él venga a nosotros” (4:5-6).

Yo creo que esas “palabras de invitación” que nos sugiere La Voz de Dios son las oraciones que se dan en cada lección. Las oraciones son sugerencias de cómo invitar a Dios a que nos hable, de darle la bienvenida. Verdaderamente decir estas palabras de corazón puede ser una poderosa herramienta   para traernos experiencias directas con Dios.  

En lugar de palabras, sólo necesitamos sentir Su Amor. En lugar de oraciones, sólo necesitamos invocar Su Nombre. Y en lugar de juzgar, sólo necesitarnos aquie­tarnos y dejar que todas las cosas sean sanadas. (10:3-5)

Así pues los periodos de la mañana y de la noche no están planeados para pensar en las ideas del Curso, ni para orar por nosotros o por otros, ni para decidir cómo solucionar nuestros problemas. Están dedicados a ser momentos de experiencia, y no de pensamiento. Únicamente sentir el Amor de Dios. Únicamente repetir Su Nombre siendo conscientes de nuestra unión con Él. Permanecer muy quedos, abandonando todo, dejando que todas las cosas sean sanadas, como un paciente tumbado muy quieto  mientras el Sanador sana. Siéntate en silencio y aguarda a tu Padre” (5:5).

Hay palabras de ánimo en esta Introducción, asegurándonos que no podríamos haber llegado tan lejos si la meta no fuera nuestra voluntad; si en nuestro corazón no quisiéramos que Dios venga y Se nos muestre a Sí Mismo. Ésta es nuestra voluntad, en caso de que tengamos dudas, o que miremos a lo que se nos pide y dudemos de si lo queremos de verdad o no. Lo queremos.

Jesús dice: “Estoy tan cerca de ti que no podemos fracasar” (6:1). “Pues ahora no podemos fracasar” (5:4). Él repasa el camino que hemos recorrido, desde nuestro demente deseo de dejarle a Dios sin el Hijo que Él creó, a nuestro reconocimiento de que las ilusiones no son verdad. Nos dice que el final está cerca. Pienso que es importante darse cuenta de que está hablando en el contexto de miles de años; “cerca” es una palabra comparativa y probablemente no se refiere a días, o semanas, o meses.  Él dice aquí que “A la necesidad de practicar casi le ha llegado su fin” (10:1). Sin embargo en el Manual (Capítulo 16) deja claro que la práctica es parte de la costumbre de toda la vida del maestro de Dios. “Casi le ha llegado su fin”, también se compara con los billones de años que hemos pasado en la separación. Estamos muy cerca de la meta, ¡en ese contexto! 

Una última cosa acerca de nuestra práctica diaria para los próximos cuatro meses, en la que deberíamos fijarnos cuidadosamente: Se nos pide que leamos una de las secciones de “¿Qué es?” cada día, antes de nuestro momento de quietud de la mañana o de la noche. Así, cada sección se leerá diez veces. Y se nos pide que cada vez que la leamos, lo hagamos “lentamente” y que pensemos en ella durante un rato.

Por lo tanto, junto con los comentarios de la lección del día que viene a continuación, incluiré mis pensamientos para ese día sobre la sección “¿Qué es?” que corresponda. Pienso comentar, generalmente,  sólo unas pocas frases acerca de la sección “¿Qué es?” cada día, completando la sección entera durante el periodo de los diez días.

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