domingo, 31 de agosto de 2014

Leccion 243


LECCIÓN 243 – 31 de Agosto

Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra.

1. Hoy seré honesto conmigo mismo. 2No pensaré que ya sé lo que no puede sino estar más allá de mi presente entendimiento. 3No pensaré que entiendo la totalidad basándome en unos cuan­tos fragmentos de mi percepción, que es lo único que puedo ver. 4Hoy reconozco esto. 5así quedo eximido de tener que emitir juicios que en realidad no puedo hacer. 6De esta manera, me libero a mí mismo y a todo lo que veo, de modo que pueda estar en paz tal como Dios nos creó.
2. Padre, hoy dejo que la creación sea lo que es. 2Honro todos sus aspec­tos, entre los que me cuento. 3Somos uno porque cada aspecto alberga Tu recuerdo, y la verdad sólo puede derramar su luz sobre todos nosotros cual uno solo.

 Comentario

Intentar la práctica de hoy me mostrará que mi mente está juzgando constantemente.  Por supuesto, el objetivo final es abandonar todo juicio y permitir al Espíritu Santo que juzgue por nosotros. Abandonar todo juicio es un factor muy importante para dejar el ego de lado: “El ego no puede sobrevivir sin hacer juicios, y, por consiguiente, se le abandona” (T.4.II.10:3).

“Hoy seré honesto conmigo mismo” (1:1). El Curso nos enseña que abandonar todo juicio es ser honestos con nosotros mismos. Esta lección también se expone en el Manual:

Es necesario que el maestro de Dios se dé cuenta, no de que no debe juzgar, sino de que no puede. Al renunciar a los juicios, renuncia simplemente a lo que nunca tuvo. Renuncia a una ilu­sión; o mejor dicho, tiene la ilusión de renunciar a algo. En reali­dad, simplemente se ha vuelto más honesto. AI reconocer que nunca le fue posible juzgar, deja de intentarlo” (M.10.2:1-5).

Por eso abandonar los juicios es simplemente ser honesto acerca del hecho de que no puedo juzgar. Para juzgar con exactitud tendría que saber muchas cosas que están “más allá de mi presente entendimiento” (1:2). Tendría que conocer “la totalidad” de lo que mi limitada percepción me está diciendo. Y no puedo conocer eso. Así que cualquier juicio que yo haga tiene que ser una ilusión, no más válida que una simple adivinación.

A pesar de ello, ¡obsérvate a ti mismo haciéndolo! Nuestra mente cataloga a cada persona que vemos de manera automática. Examinamos su ropa, si está bien arreglada, su atractivo sexual, lo apropiado de su comportamiento, la manera de andar, y así sucesivamente. Nos levantamos, vemos el sol en el cielo y decimos: “¡Qué día más estupendo!”, o vemos la lluvia y decimos: “¡Qué día más horrible!”. Leemos un libro y le decimos a un amigo: “¡Es un libro maravilloso!”. Le damos el primer mordisco a un alimento y al instante lo juzgamos. La mente ego parece que no hace otra cosa que juzgar. Sólo obsérvate a ti mismo.

Eso no va a parar de la noche a la mañana, si es que alguna vez lo abandona. Sin embargo, lo que podemos hacer es darnos cuenta de estos juicios que están sucediendo constantemente y darnos cuenta de que no significan nada. Podemos decirle al ego: “Gracias por compartir”, y elegir que no queremos saber lo que algo significa o cómo reaccionar a ello, a pesar de lo que nos diga el ego. En lugar de eso, podemos volvernos a nuestro Guía interno. Podemos dejar “que la creación sea lo que es” (2:1) sin nuestra continua interferencia. Podemos llevar nuestros juicios al Espíritu Santo y pedirle que sane nuestra mente. Y, quizá lo más importante de todo,  podemos desear que ese juicio sea deshecho. A fin de cuentas, ese deseo es todo lo que se necesita:

La visión no sería necesaria si no se hubiese concebido la idea de juzgar. Desea ahora que ésta sea eliminada completamente y así se hará. (T.20.VIII.1:5-6)

Deshacer no es tu función, pero sí depende de ti el que le des la bienvenida o no. (T.21.II.8:5)

No te preocupes por cómo pueden ser deshechos tus juicios. Únicamente desea que sean deshechos, dale la bienvenida al deshacimiento. Eso es todo, y el Espíritu Santo lo hará por ti.

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