miércoles, 27 de agosto de 2014

Leccion 239

LECCIÓN 239 – 27 de Agosto
 Mía es la gloria de mi Padre.

1. No permitamos hoy que la verdad acerca de nosotros se oculte tras una falsa humildad. 2Por el contrario, sintámonos agradeci­dos por los regalos que nuestro Padre nos ha hecho. 3¿Sería posi­ble acaso que pudiéramos advertir algún vestigio de pecado de culpa en aquellos con quienes Él comparte Su gloria? 4¿Y cómo podría ser que no nos contásemos entre ellos, cuando Él ama a Su Hijo para siempre y con perfecta constancia, sabiendo que es tal como Él lo creó?
2. Te damos gracias, Padre, por la luz que refulge por siempre en no­sotros. 2la honramos porque Tú la compartes con nosotros. 3Somos uno, unidos en esa luz y uno Contigo, en paz con toda la creación y con nosotros mismos.

Comentario

No permitamos hoy que la verdad acerca de nosotros se oculte tras una falsa humildad (1:1).

Una cosa de la que ahora me doy cuenta al hacer el Libro de Ejercicios es que cuando usa las palabras “nosotros” y “nosotros mismos”, no se refiere sólo a nosotros como estudiantes del Curso. La palabra “nosotros” incluye a Jesús”. Después de todo, es Jesús quien está hablando a lo largo de todo el libro. Este “nosotros” no es en sentido general. Jesús se está identificando a sí mismo con nosotros, y a nosotros con él.

La “verdad acerca de nosotros” es la verdad acerca de ti, de mí y de Jesús. Al darme cuenta de esto, tengo una sensación de su unión conmigo que nunca antes había tenido. Y veo en todo ello un propósito, centrar toda la atención en la igualdad de él, de mí, y de todos mis hermanos.

Cuando veo señales de pecado y culpa “en aquellos con quienes Él comparte Su gloria” (1:3), los estoy viendo en mí mismo. ¡Eso es falsa humildad! Cuando veo a mi hermano como culpable o pecador es porque yo me estoy considerando a mí mismo de la misma manera., y de ese modo estoy ocultando la verdad acerca de mí. La culpa puede tomar aparentemente una forma santa: “Todos somos sólo unos pobres estudiantes del Curso, débiles y frágiles, que fallamos continuamente” Y esa culpa, esa falsa humildad, oscurece tu gloria y la mía.

Es cierto que todos somos estudiantes, que todos estamos en los peldaños más bajos de la escalera y comenzando a darnos cuenta de todo lo que verdaderamente somos. Es una espiritualidad falsa fingir lo que todavía no estamos sintiendo. Pero es falsa humildad dar importancia continuamente a nuestra debilidad al juzgarnos o concentrarnos en nuestros fallos. Todos tenemos ego, pero también todos compartimos la misma gloriosa Filiación. Necesitamos dedicar tiempo, de vez en cuando, dando gracias por “la luz que refulge por siempre en no­sotros… Somos uno, unidos en esa luz y uno Contigo, en paz con toda la creación y con nosotros mismos” (2:1,3).

Aquello que pienso de mis hermanos es lo que pienso de mí. La manera en que veo a mis hermanos es la manera en que me veo a mí mismo.

Parece que es la percepción la que te enseña lo que ves. Sin embargo, lo único que hace es dar testimonio de lo que tú enseñaste. Es el cuadro externo de un deseo: la imagen de lo que tú querías que fuese verdad.   (T.24.VII.8:8-10)

¿De qué otra manera podrías poner de manifiesto al Cristo en ti, sino contemplando la santidad y viéndolo a Él en ella? (T.25.I.2:1). En otras palabras, tú manifiestas al Cristo en ti al contemplar a tus hermanos y ver al Cristo en ellos.

La percepción te dice que te pones de manifiesto en lo que ves (T.25.I.2:2).

La percepción es la elección de lo que quieres ser, del mundo en el que quieres vivir y del estado en el que crees que tu mente se encontrará contenta y satisfecha… Te revela lo que eres tal como tú quieres ser. (T.25.I.3:1,3)

Si no oculto la verdad de mi propia gloria, no puedo ocultar la de mi hermano. “Lo que es lo mismo no puede tener una función dife­rente” (T.23.IV.3:4). Si niego la verdad en mi hermano, me la estoy negando a mí mismo. La estoy negando en él porque la estoy negando en mí mismo. Cuando mentalmente me separo de alguien, y le rebajo al juzgarle, estoy viendo únicamente lo que mi mente me está haciendo a mí mismo. Estoy ocultando mi propia gloria, y por lo tanto juzgando a otro, proyectando fuera la culpa. Mi juicio sobre otro puede convertirse en un espejo que me muestra que me he olvidado de lo que verdaderamente soy. Me puede hacer recordar, y elegir de nuevo, recordar mi Ser como Hijo de Dios, “en paz con toda la creación y conmigo mismo” (2:3).

1 comentario:

  1. Todos somos creados como Hijos de Dios. Cada uno de nosotros decidimos ser o no ser como Dios nos creo. Dios siempre está con nosotros cuando lo aseptamos y cuando no lo aseptamos también está y estará con nosotros eternamente. La desicion es nuestra para vivir bien con El o para vivir mal en nuestro mundo. Amen

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