jueves, 14 de agosto de 2014

Leccion 226


LECCIÓN 226 – 14 de Agosto

Mi hogar me aguarda. Me apresuraré a llegar a él.

1. Puedo abandonar este mundo completamente, si así lo decido. 2No mediante la muerte, sino mediante un cambio de parecer con respecto al propósito del mundo. 3Si creo que tal como lo veo ahora tiene valor, así seguirá siendo para mí. 4Mas si tal como lo contemplo no veo nada de valor en él, ni nada que desee poseer, ni ninguna meta que anhele alcanzar, entonces ese mundo se ale­jará de mí. 5Pues no habré intentado reemplazar la verdad con ilusiones.
2. Padre, mi hogar aguarda mi feliz retorno. 2Tus Brazos están abiertos y oigo Tu Voz. 3¿Qué necesidad tengo de prolongar mi estadía en un lugar de vanos deseos y de sueños frustrados cuando con tanta facilidad puedo alcanzar el Cielo?

Comentario

Hogar. ¡Qué palabra más sugerente! “Voy a mi hogar”. A veces sólo con pensar en ir al hogar, incluso en sentido abstracto, puede hacer que surjan en nosotros profundas emociones, felices, aunque para algunos una vida desgraciada en el hogar ha ensombrecido esta palabra. Incluso entonces, aunque nuestro hogar “real” haya sido desgraciado, seguimos llenos de un profundo deseo del hogar como debería ser. Nuestro verdadero hogar está en Dios. Nuestros deseos del hogar están basados en nuestro deseo de este hogar espiritual en Dios.

¿Cómo puedo “ir al hogar”? Hay canciones que expresan la idea de que vamos al hogar, al Cielo, cuando morimos: canciones espirituales como “Ir al Hogar”. Pero el Curso aquí es muy, muy claro. Habla de abandonar este mundo y dice: “No mediante la muerte, sino mediante un cambio de parecer con respecto al propósito del mundo” (1:2).

Mientras pensemos que el propósito del mundo está en el mundo mismo, que la felicidad y la libertad y la satisfacción se encuentran aquí en el mundo, nunca lo abandonaremos. Ni siquiera al “morir”. Las cadenas que nos atan al mundo son mentales, no físicas. Lo que nos aprisiona al mundo es el valor que le damos. Si le doy valor al mundo “tal como lo veo ahora” (1:3, también 1:4), me tendrá apresado aunque mi cuerpo se desmorone. Pero si ya no veo en este mundo “tal como lo contemplo” nada que quiera conservar o conseguir, entonces estoy libre.

Literalmente hablando, ¡hay todo un mundo de significado en esas palabras “tal como lo veo ahora” y “tal como lo contemplo”! Tal como el ego lo ve, este mundo es un lugar de castigo y de aprisionamiento, y al mismo tiempo un lugar donde vengo a buscar lo que parece “faltarme” a mí. Mientras le dé valor a ese castigo y aprisionamiento, quizá no para mí sino para otros sobre los que he proyectado mi culpa, estaré encadenado al mundo, y no iré al hogar. Mientras piense que me falta algo y continúe buscándolo fuera de mí, dándole valor al mundo por lo que creo que puede ofrecerme, estaré encadenado al mundo, y no iré al hogar.

“Mi hogar me aguarda”. Nuestro hogar no se está construyendo. Está preparado y esperando, la alfombra roja extendida, todo está listo, los Brazos de Dios están abiertos y oigo Su Voz (2:2). El hogar está a mi alcance ahora mismo, sólo con elegirlo. Que esté dispuesto a mirar a lo que me impide elegirlo, porque ésos son los obstáculos que me impiden encontrarlo. ¿Todavía deseo con nostalgia que venga mi príncipe (o princesa) azul? ¿Todavía tengo cosas que quiero hacer antes de estar listo para ir? ¿Todavía encuentro placer cuando los malvados (en mi opinión) sufren? Si este mundo pudiera desaparecer dentro de una hora, ¿qué lamentaría? ¿Estaría dispuesto a irme? Si una brillante cortina apareciese en la entrada y una Voz dijera: “Cruza este portal y estarás en el Cielo”, ¿lo cruzaría? ¿Por qué no?

Esto no es una fantasía. La Voz nos está llamando, y el Cielo está aquí ahora. Podemos cruzar el portal en cualquier momento que lo elijamos. Si no estamos sintiendo el Cielo, estamos eligiendo no hacerlo, y se nos ha encomendado el trabajo de descubrir lo que nos retiene en esta aula de aprendizaje. Para eso es el mundo: para enseñarnos a abandonarlo.

¿Qué necesidad tengo de prolongar mi estadía en un lugar de vanos deseos y de sueños frustrados cuando con tanta facilidad puedo alcanzar el Cielo? (2:3)

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