viernes, 8 de agosto de 2014

Leccion 220


LECCIÓN 220 – 8 de Agosto

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (200) No hay más paz que la paz de Dios.

2Que no me desvíe del camino de la paz, pues ando perdido por cualquier otro sendero que no sea ése. 3Mas déjame seguir a Aquel que me conduce a mi hogar, y la paz será tan segura como el Amor de Dios.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre.
6Pues aún soy tal como Dios me creó.

Comentario

Vernos como un cuerpo es estar en conflicto. La paz sólo puede encontrarse en Dios. Buscar la paz en el mundo físico está condenado al fracaso, porque el cuerpo es una expresión de conflicto.

La oración de esta lección de repaso habla de no desviarnos del “camino de la paz”. ¿Qué significa eso? Está claro que se refiere a cualquier estado no pacífico de la mente, cualquier pensamiento de enemistad, ira, odio o ataque. El Curso nos pide vigilancia mental, observar nuestros pensamientos en busca de cualquier cosa que se oponga a la paz y, tan pronto como se encuentre un pensamiento así, llevarlo a la Presencia del Espíritu Santo para que sea sanado. Se nos dice que pensemos lo siguiente: “No es esto lo que yo quiero. Quiero la paz de Dios”. Así que cuando notemos que nuestros pensamientos tienden al conflicto respondemos. Quizá oramos: “Que no me desvíe del camino de la paz”.

Sin embargo, desviarme del camino de la paz incluye más que el ataque abierto. El ego puede disfrazar el ataque de maneras muy ingeniosas, ciertamente el Curso ve incluso nuestras relaciones de amor especial, nuestro falso perdón, y nuestros intentos de empatía como ataques disfrazados. Si no hay más paz que la paz de Dios, entonces buscar la paz por algún otro camino es un aferrarse al ataque. Si únicamente hay un camino a mi meta, y elijo no seguir ese camino, estoy eligiendo la dirección opuesta a mi meta. Se trata de buscar paz por medio de la guerra, lo que es imposible. Por ejemplo, el ego a menudo busca una paz ilusoria por medio de la fuerza, intentando dominar la situación física o mentalmente. No podemos encontrar la paz intentando atemorizar al mundo para que obedezca. Siguiendo esa dirección, no nos estamos encaminando a la paz, nos hemos perdido.

El camino a la paz de Dios es seguir al Espíritu Santo, “seguir a Aquel que me conduce a mi hogar”. Cuando intentamos solucionar nuestros problemas por nuestra cuenta, no estamos siguiendo el camino a la paz:

El ego siempre intenta perpetuar el conflicto. Es sumamente ingenioso en encontrar soluciones que parecen mitigar el conflicto, ya que no quiere que el conflicto te resulte tan intolerable que decidas renunciar a él.   (T.7.VIII.2:2-3)

Intentar utilizar nuestro propio ingenio para resolver el conflicto es otro modo de desviarnos del verdadero camino a la paz.

Hoy, cuando parezca que surge un problema, que recuerde la lección: “No hay más paz que la paz de Dios”. Que busque de inmediato la paz, pero no a mi manera: Que me vuelva al Espíritu Santo dentro de mí y Le pida que Él me guíe.

Cuando sientas que la santidad de tu relación se ve amenazada por algo, detente de inmediato y, a pesar del temor que puedas sentir, ofrécele al Espíritu Santo tu consentimiento para que Él cambie ese instante por el instante santo que preferirías tener. Él jamás dejará de complacer tu ruego.   (T.18.V.6:1-2)

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