jueves, 7 de agosto de 2014

Leccion 219


LECCIÓN 219 – 7 de Agosto

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (199) No soy un cuerpo. 2Soy libre.

3Soy el Hijo de Dios. 4Aquiétate mente mía, y piensa en esto por un, momento. 5Luego regresa a la tierra, sin confusión alguna acerca de quién es aquel a quien mi Padre ama eter­namente como Su Hijo.

6No soy un cuerpo. 7Soy libre.
8Pues aún soy tal como Dios me creó.

Comentario

Bueno, no tenemos mucha elección hoy. Tenemos que echarle otra mirada al hecho de que no somos un cuerpo.

Pienso que la creencia de que soy un cuerpo es lo que me pone aquí en este mundo, con un cuerpo. Puedo decir que creo que no soy un cuerpo y que entiendo lo que estoy diciendo, pero todavía sigo con un cuerpo. Eso me muestra que mis palabras no coinciden completamente con la profunda creencia de mi mente. La razón por la que el Curso nos ha hecho repetir esta idea durante los últimos veinte días (empezó con la Lección 199) no se debe a que ya la creamos y no la necesitemos; está claro que el Curso reconoce que nuestra creencia de que somos un cuerpo está profundamente enterrada dentro de nosotros, y que la repetición es necesaria para deshacer esa creencia. Recuerda que en la Lección 199 se sugería que hiciéramos de esta idea una parte de nuestra práctica de cada día. Nuestra identificación con nuestro cuerpo es una idea que no resultará fácil sacar.

Es interesante la unión de las palabras “No soy un cuerpo” con las palabras “Soy libre”. Si yo hubiera escrito el Curso, probablemente habría dicho: “No soy un cuerpo. Soy espíritu”, o algo así. ¿Por qué crees que Jesús pone juntos estos dos pensamientos?

El cuerpo es algo que aprisiona. Todos nosotros somos esclavos de nuestro cuerpo. Piensa en cuánto tiempo y energía de nuestra llamada vida en este mundo dedicamos al cuidado del cuerpo. Lo alimentamos, trabajamos para darle alojamiento y vestirlo, lo lavamos, dedicamos habitaciones de nuestra casa únicamente para cuidar de sus necesidades de eliminación y limpieza, compramos todo tipo de artilugios para adornarlo. Nos cortamos las uñas cada semana. Fijamos citas para los cortes de pelo. Mira a la sección de libros de cocina en una librería para hacerte una idea de lo que nos ocupamos del aspecto de la alimentación. Mira en los supermercados, en las tiendas de ropa, en las zapaterías. La mayoría de las tiendas en los centros comerciales están relacionadas con el cuidado del cuerpo. Mira a los gastos que dedicamos al cuidado de la salud y hospitales.

¿Y si no soy un cuerpo? ¿Y si tanto derroche de esfuerzo y atención estuviera mal dirigido? ¿Y si nos estamos concentrando en lo que no tiene importancia? ¿Y si el centro de atención de nuestra vida empezara a cambiar del cuidado del cuerpo al cuidado del espíritu? ¿Si eso sucediera cómo sería mi vida y la tuya? ¿Y si fuera tan constante en buscar instantes santos como en atiborrarme de comida? ¿Y si empezara a hacer pausas varias veces al día para alimentar mi espíritu con la misma frecuencia que dedico a comer, ir al baño, o cuidar el cuerpo? Nos resulta muy fácil decirle a un amigo: “¿Te apetece una taza de café?” ¿Y si nos resultara igual de fácil decirle: “¿Te apetece pasar unos minutos de meditación conmigo?”

Al pensar en esto queda muy claro lo poco equilibradas que están nuestras vidas y lo centradas que están en nuestro cuerpo. Me hace darme cuenta de cuánto nos queda todavía por recorrer. Y puesto que el cambio empieza en la mente, sólo con recordarme a mí mismo tan a menudo como pueda “No soy un cuerpo”, es un buen modo de empezar el gran cambio. Quizá sea útil algo tan sencillo como dejar que mis comidas sean un recordatorio para decir una oración, no porque rezar con la comida la haga mejor, sino porque me ayuda a recordar que necesito el alimento espiritual tanto, o más que el alimento físico. Cada vez que me haga consciente de que estoy dedicando tiempo y esfuerzo al cuidado del cuerpo, que eso me recuerde cuidar también de mi espíritu.

Piensa también en la libertad que tendremos cuando nos demos cuenta de que el cuerpo no es gran cosa. Lo que yo soy no es algo que se desgasta, envejece y muere. Lo que yo soy no es “una vela corta” como lo llamó Shakespeare, sino una eterna estrella brillando en el cielo por toda la eternidad. El cuerpo se merece cuidado porque es un instrumento útil para la situación en la que nos encontramos, pero no más que eso. Como un coche es bueno para el propósito que sirve. Pero el cuerpo no es “yo” como el coche tampoco es “yo” (aunque los anuncios de coche digan lo contrario). Piensa en toda la ansiedad y preocupación constante que se nos quitaría de encima si podemos pensar de este modo. Cambiar nuestra forma de pensar acerca de ello se merece todo el esfuerzo que sea necesario.

1 comentario:

  1. Que gran aporte son los comentarios... de nuevo y siempre GRACIAS
    Feliz dia a todos ! :) GLORIA IN EXCELSIS DEO

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