viernes, 25 de julio de 2014

Leccion 206


LECCIÓN 206 – 25 de Julio

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (186) De mí depende la salvación del mundo.

2Se me han confiado los dones de Dios porque soy Su Hijo. 3Y deseo otorgarlos allí donde Él dispuso que se dieran.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre.
6Pues aún soy tal como Dios me creó.

Comentario

No soy un cuerpo, soy el Hijo de Dios. Soy espíritu, dotado con los regalos de Dios. No soy lo que aparento ser, tampoco lo que durante la mayor parte de mi vida he pensado que yo era. Soy un ser espiritual que está teniendo una experiencia humana, y mi misión aquí (si quiero aceptarla) es dar los regalos de Dios dondequiera que Él me pida que los dé. Y eso abarca a todo el mundo.

El Curso pide un repaso de todas las ideas que tengo acerca de mí mismo. He pensado que yo era una especie de alma pobre y perdida, que va de un sitio para otro sola y asustada. He pensado que yo estaba necesitado y que no tenía recursos. Me he sentido huérfano; como si no encajara en ningún sitio, no importa cuántos lugares haya visitado, o lo que haya intentado para solucionarlo. Me he sentido deprimido, intentando salir de ello.

Ahora, llega este libro, un mensaje de Dios para mí, y me dice que de mí depende la salvación del mundo. Soy una figura central en el plan de todos los siglos. Todo depende de mí, y eso parece atemorizante. Y sin embargo, tengo para dar al mundo los regalos que lo salvarán. Puedo darle mi amor. Puedo darle mi confianza. Puedo darle mi amabilidad, mi ternura y mi misericordia. Puedo dar a aquellos a mi alrededor mi comprensión y mi fe en ellos. Con mi perdón puedo liberarles de la culpa.

Ésta es una idea tan sorprendente de lo que soy que al principio parece ridícula. Al principio, pienso que verme a mí mismo de este modo es el colmo de la arrogancia. Y sin embargo… y sin embargo, si así es como Dios me creó, si para ser esto es para lo que me creó, lo que es arrogante es rechazar la tarea que se me ha dado. Él no me pide que me coloque por encima de nadie. Al contrario, Él me pide que demuestre que todos tienen los regalos de Dios también, que son como yo.

Dios me pregunta: “¿Estás listo ya para ayudarme a salvar el mundo?” (C.2.9:1). Todo el Cielo espera ansiosamente mi decisión. ¿Diré: “Sí”? Me atreveré a decir, de corazón y con comprensión, cada palabra: “De mí depende la salvación del mundo”.

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