lunes, 14 de julio de 2014

Leccion 195


LECCIÓN 195 – 14 de Julio

El amor es el camino que recorro con gratitud.

1. Para aquellos que contemplan el mundo desde una perspectiva errónea, la gratitud es una lección muy difícil de aprender. 2Lo más que pueden hacer es considerar que su situación es mejor que la de los demás. 3tratan de contentarse porque hay otros que aparentemente sufren más que ellos. 4¡Cuán tristes y lamentables son semejantes pensamientos! 5Pues, ¿quién puede tener motivos para sentirse agradecido si otros no los tienen? 6¿Y quién iba a sufrir menos porque ve que otro sufre más? 7Debes estarle agradecido únicamente a Aquel que hizo desaparecer todo motivo de sufrimiento del mundo.
2. Es absurdo dar gracias por el sufrimiento. 2Mas es igualmente absurdo no estarle agradecido a Uno que te ofrece los medios por los cuales todo dolor se cura y todo sufrimiento queda reempla­zado por la risa y la felicidad. 3Ni siquiera los que están parcial­mente cuerdos podrían negarse a dar los pasos que Él indica, ni dejar de seguir el camino que Él les señala a fin de escapar de una prisión que creían que no tenía salida a la libertad que ahora perciben.
3. Tu hermano es tu "enemigo" porque lo ves como el rival de tu paz: el saqueador que te roba tu dicha y no te deja nada salvo una negra desesperación, tan amarga e implacable que acaba con toda esperanza. 2Lo único que puedes desear ahora es la venganza. 3Lo único que puedes hacer ahora es tratar de arrastrarlo a la muerte junto contigo, para que sea tan impotente como tú, y para que en sus ambiciosas manos quede tan poco como en las tuyas.
4. No le das gracias a Dios porque tu hermano esté más esclavi­zado que tú, ni tampoco podrías, en tu sano juicio, enfadarte si él parece ser más libre. 2El amor no hace comparaciones. 3la grati­tud sólo puede ser sincera si va acompañada de amor.4Le damos gracias a Dios nuestro Padre porque todas las cosas encontrarán su libertad en nosotros. 5Es imposible que algunas puedan libe­rarse mientras otras permanecen cautivas. 6Pues, ¿quién puede regatear en nombre del amor?
5. Da gracias, por lo tanto, pero con sinceridad. 2deja que en tu gratitud haya cabida para todos los que se han de escapar con­tigo: los enfermos, los débiles, los necesitados y los temerosos, así como los que se lamentan de lo que parece ser una pérdida, los que sienten un aparente dolor y los que pasan frío o hambre y caminan por el camino del odio y la senda de la muerte. 3Todos ellos te acompañan. 4No nos comparemos con ellos, pues al hacer eso los separamos en nuestra conciencia de la unidad que com­partimos con ellos y que ellos no pueden sino compartir con no­sotros también.
6. Le damos las gracias a nuestro Padre sólo por una cosa: que no estamos separados de ninguna cosa viviente, y, por lo tanto, somos uno con Él. 2nos regocijamos de que jamás puedan hacerse excepciones que menoscaben nuestra plenitud o inhiban o alteren en modo alguno nuestra función de completar a Aquel que es en Sí Mismo la compleción. 3Damos gracias por toda cosa viviente, pues, de otra manera, no estaríamos dando gracias por nada, y estaríamos dejando de reconocer los dones que Dios nos ha dado.
7. Permitamos, entonces, que nuestros hermanos reclinen su fati­gada cabeza sobre nuestros hombros y que descansen por un rato. 2Damos gracias por ellos. 3Pues si podemos dirigirlos a la paz que nosotros mismos queremos encontrar, el camino quedará por fin libre y franco para nosotros. 4Una puerta ancestral vuelve a girar libremente; una Palabra -hace tiempo olvidada- resuena de nuevo en nuestra memoria y cobra mayor claridad al estar nosotros dispuestos a escuchar una vez más.
8. Recorre, pues, con gratitud el camino del amor. 2Pues olvida­mos el odio cuando dejamos a un lado las comparaciones. 3¿Qué podría ser entonces un obstáculo para la paz? 4El temor a Dios por fin es obliterado, y perdonamos sin hacer comparaciones. 5así, no podemos elegir pasar por alto sólo ciertas cosas, mientras retenemos bajo llave otras que consideramos "pecados". 6Cuando tu perdón sea total tu gratitud lo será también, pues te darás cuenta de que todas las cosas son acreedoras al derecho a ser amadas por ser amorosas, incluyendo tu propio ser.
9. Hoy aprendemos a pensar en la gratitud en vez de en la ira, la malicia y la venganza: 2Se nos ha dado todo. 3Si nos negamos a reconocer esto, ello no nos da derecho a sentirnos amargados o a percibirnos como que estamos en un lugar donde se nos persigue despiadadamente y se nos hostiga sin cesar, o donde se nos atropella sin la menor consideración por nosotros o por nuestro futuro. 4La gratitud se convierte en el único pensamiento conque sustituimos estas percepciones descabelladas. 5Dios ha cuidado de nosotros y nos llama Su Hijo. 6¿Puede haber algo más grande que eso?
10Nuestra gratitud allanará el camino que nos conduce a Él y acortará la duración de nuestro aprendizaje mucho más de lo que jamás podrías haber soñado. 2La gratitud y el amor van de la mano, y allí donde uno de ellos se encuentra, el otro no puede sino estar.3Pues la gratitud no es sino un aspecto del Amor, que es la Fuente de toda la creación. 4Dios te da las gracias a ti, Su Hijo, por ser lo que eres: Su Propia compleción y la Fuente del amor junto con El. 5Tu gratitud hacia Él es la misma que la Suya hacia ti. 6Pues el amor no puede recorrer ningún camino que no sea el de la gratitud, y ése es el camino que recorremos los que nos encaminamos hacia Dios.

Comentario

La gratitud se ve en esta lección tanto desde un lado oscuro como desde un lado de luz. Primero la lección considera que muy a menudo, cuando nuestra manera de pensar está dirigida por el ego, nuestra gratitud es realmente una especie de ataque a los demás. Luego, habla de la verdadera gratitud, que sólo tiene lugar cuando va unida al amor (4:3).

El lado oscuro de la gratitud procede del ego. Ésta es la gratitud que ora: “Gracias a Dios que no soy como los demás, gracias a Dios yo estoy mejor”. Es el tipo de gratitud basado firmemente en las comparaciones. Es el agradecimiento que sentimos cuando tenemos una casa mayor que los demás, un coche mejor, una esposa más atractiva. Es un tipo de agradecimiento que depende de que otros tengan menos, que sufran más que nosotros. Procede de la idea que considera a nuestro hermano como el rival de nuestra paz (3:1), y se alegra cuando él sufre. Este tipo de “gratitud” no es más que una forma de venganza. Y si nos examinamos a nosotros mismos con honestidad, descubriremos que caemos en ese tipo de falso agradecimiento más a menudo de lo que nos damos cuenta.

La verdadera gratitud es algo muy diferente. “Le damos las gracias a nuestro Padre sólo por una cosa: que no estamos separados de ninguna cosa viviente, y, por lo tanto, somos uno con Él” (6:1). “Le damos gracias a Dios nuestro Padre porque todas las cosas encontrarán su libertad en nosotros. Es imposible que algunas puedan libe­rarse mientras otras permanecen cautivas” (4:4-5). Este agradecimiento da “gracias por toda cosa viviente, pues, de otra manera, no estaríamos dando gracias por nada” (6:3).

Hoy me siento feliz de que los regalos que he recibido les pertenezcan a todos. Me siento agradecido por cada cosa viviente, por cada persona con la que me encuentro. Me alegro de que todos vayan conmigo, de que ninguno se quede fuera. Estoy agradecido de que cada uno de los que leéis esto sea parte de mí, de que ninguno de vosotros puede perder vuestra herencia y con ello perderla yo. Reconozco que si alguien pierde, yo pierdo; y doy gracias a Dios porque “todas las cosas son acreedoras al derecho a ser amadas por ser amorosas”, pues todas son parte de mi propio Ser (8:6).

Hoy, si siento que el mundo me da la lata, o que me atropella sin miramientos o sin ninguna consideración, elegiré reemplazar esos pensamientos absurdos con gratitud (9:1-4). “Dios ha cuidado de nosotros y nos llama Su Hijo. ¿Puede haber algo más grande que eso?” (9:5-6).

Otra palabra para la gratitud es el “aprecio”. Os ofrezco estos pensamientos del Curso acerca del aprecio:

El único regalo idéntico que se les puede ofrecer a los Hijos idénticos de Dios, es apreciarlos completamente.  (T.6.V(A).4:7)

Honrar a tus hermanos es el único regalo apropiado para quie­nes Dios Mismo creó dignos de honor, y a quienes honra. Mués­trales el aprecio que Dios siempre les concede, pues son Sus Hijos amados en quienes Él se complace.  (T.7.VII.6:1-2)

En el Reino no hay idólatras, sino un gran aprecio por todo lo que Dios creó, debido al sereno conocimiento de que cada ser forma parte de Él.  (T.10.III.6:1)

Dios sabe que Su Hijo es tan irreprochable como Él Mismo, y la forma de llegar a Él es apreciando a Su Hijo.  (T.11.IV.7:2)

La única reacción apropiada hacia un hermano es apreciarlo. Debes estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las perci­bes correctamente, son capaces de traer amor a tu conciencia.  (T.12.I.6:1-2)

En el instante santo compartimos la fe que tenemos en el Hijo de Dios porque juntos reconocemos que él es completamente digno de ella, y en nuestro aprecio de su valía no podemos dudar de su santidad. Y, por lo tanto, le amamos.  (T.15.VI.2:5-6)


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