martes, 8 de julio de 2014

Leccion 189


LECCIÓN 189 – 8 de Julio

Siento el Amor de Dios dentro de mí ahora.

1. Hay una luz en ti que el mundo no puede percibir. 2con sus ojos no la podrás ver, pues estás cegado por él. 3No obstante, tienes ojos con los que poder verla. 4Está ahí para que la contem­ples. 5No se puso en ti para que se mantuviese oculta de tu vista. 6Esta luz es un reflejo del pensamiento con el que practicamos ahora. 7Sentir el Amor de Dios dentro de ti es ver el mundo reno­vado, radiante de Inocencia, lleno de esperanza y bendecido con perfecta caridad y amor.
2. ¿Quién podría sentir temor en un mundo así? 2Dicho mundo te da la bienvenida, se regocija de que hayas venido y te canta ala­banzas mientras te mantiene a salvo de cualquier peligro o dolor: 3Te ofrece un hogar cálido y tranquilo en el que permanecer por un tiempo. 4Te bendice a lo largo del día, y te cuida durante la noche, cual silencioso guardián de tu sueño santo. 5Ve en ti la salvación, y protege la luz que mora en ti, en la que ve la suya propia. 6Te ofrece sus flores y su nieve como muestra de agrade­cimiento por tu benevolencia.
3. Éste es el mundo que el Amor de Dios revela. 2Es tan diferente del mundo que ves a través de los enturbiados ojos de la malicia y del miedo, que uno desmiente al otro. 3Sólo uno de ellos puede percibirse en absoluto. 4El otro no tiene ningún significado.  5aquellos que ven surgir del ataque un mundo de odio listo para vengarse, asesinar y destruir, les resulta inconcebible la idea de un mundo en el que el perdón resplandece sobre todas las cosas y la paz ofrece su dulce luz a todo el mundo.                                                                   .
4. Sin embargo, el mundo del odio es igualmente invisible inconcebible para aquellos que sienten dentro de sí el Amor de Dios. 2Su mundo refleja la quietud y la paz que refulge en ellos; la tranquilidad y la inocencia que ven a su alrededor; la dicha con la que miran hacia afuera desde los inagotables manantiales de dicha en su interior. 3Contemplan lo que han sentido dentro de sí, y ven su inequívoco reflejo por todas partes.
5. ¿Cuál de ellos quieres ver? 2Eres libre de elegir. 3Mas debes conocer la ley que rige toda visión y no dejar que tu mente se olvide de ella: contemplarás aquello que sientas en tu interior. 4Si el odio encuentra acogida en tu corazón, percibirás un mundo temible, atenazado cruelmente por las huesudas y afiladas garras de la muerte. 5Mas si sientes el Amor de Dios dentro de ti, con­templarás un mundo de misericordia y de amor.
6. Hoy pasamos de largo las ilusiones, según intentamos llegar hasta lo que es verdad en nosotros y sentir su infinita ternura, su Amor que sabe que somos tan perfectos como él mismo, y su visión, el don que su Amor nos ofrece. 2Hoy aprenderemos el camino, 3el cual es tan seguro como el Amor mismo, al que nos conduce. 4Pues su sencillez nos protege de las trampas que las descabelladas complicaciones del aparente razonar del mundo tienen como propósito ocultar..
7. Haz simplemente esto: permanece muy quedo y deja a un lado todos los pensamientos acerca de lo que tú eres y de lo que Dios es; todos los conceptos que hayas aprendido acerca del mundo; todas las imágenes que tienes acerca de ti mismo.2Vacía tu mente de todo lo que ella piensa que es verdadero o falso, bueno o malo; de todo pensamiento que considere digno, así como de todas las ideas de las que se siente avergonzada. 3No conserves nada. 4No traigas contigo ni un solo pensamiento que el pasado te haya enseñado, ni ninguna creencia que, sea cual sea su proce­dencia, hayas aprendido con anterioridad. 5Olvídate de este mundo, olvídate de este curso, y con las manos completamente vacías, ve a tu Dios.
8. ¿No es acaso Él Quien sabe cómo llegar a ti? 2Tú no necesitas saber cómo llegar a Él. 3Tu papel consiste simplemente en permitir que todos los obstáculos que has interpuesto entre el Hijo y Dios el Padre sean eliminados silenciosamente para siempre. 4Dios hará lo que le corresponde hacer en gozosa e inmediata respuesta. 5Pide y recibirás. 6Mas no vengas con exigencias, ni le señales el camino por donde Él debe aparecer ante ti. 7La manera de llegar a Él es simplemente dejando que Él sea lo que es. 8Pues de esa forma se proclama también tu realidad.
9. Así pues, hoy no elegiremos el camino por el que vamos a Él. 2Pero sí elegimos dejar que Él venga a nosotros. 3con esta deci­sión descansamos. 4Su Amor se abrirá paso por su cuenta en nues­tros corazones serenos y en nuestras mentes abiertas. 5Es induda­ble que lo que no ha sido negado se encuentra ahí, si es que es verdad y puede alcanzarse. 6Dios conoce a Su Hijo y sabe cómo llegar a él. 7No necesita que Su Hijo le muestre el camino. 8tra­vés de cada puerta abierta Su Amor refulge hacia afuera desde su hogar interno e ilumina al mundo con inocencia.
10. Padre, no sabemos cómo llegar a Ti. 2Pero te hemos llamado y Tú nos has contestado. 3No interferiremos. 4Los caminos de la salvación no son nuestros, pues te pertenecen a Ti. 5es a Ti a donde vamos para encontrarlos. 6Nuestras manos están abiertas para recibir Tus dones. 7No tenemos ningún pensamiento que no pensemos contigo, ni abrigamos creencia alguna con respecto a lo que somos o a Quién nos creó. 8Tuyo es el camino que queremos hallar y seguir. 9Y sólo pedimos que Tu Volun­tad, que también es la nuestra, se haga en nosotros y en el mundo, para que éste pase a formar parte del Cielo. 10Amén.

Comentario

En este punto del Libro de Ejercicios, en cualquier momento que veamos la palabra “ahora”, deberíamos verla como una referencia probable del instante santo. La palabra “sentir” o “experimentar” también tiene significado, dirige nuestra atención al terreno de la experiencia, como opuesto a la comprensión de las ideas. Dados estos dos puntos, podemos darnos cuenta de que esta lección trata de entrar en el instante santo en el que sentimos o experimentamos el Amor de Dios dentro de nosotros.

“Hay una luz en ti que el mundo no puede percibir” (1:1). Al igual que ayer, la lección de hoy empieza refiriéndose a la luz que está dentro de nosotros, desde nuestra creación. No es algo visible para los ojos del cuerpo (1:2), pero es visible para otro tipo de visión. Ver esta luz significa lo mismo que sentir el Amor de Dios (1:7). Se nos está llevando a experimentar esta otra clase de visión.

Podemos ver “a través de los enturbiados ojos de la malicia y del miedo” (3:2), o con una mente llena de la experiencia de la Presencia del Amor dentro de ella; vemos un mundo preparado para atacarnos, o un mundo que se extiende para bendecirnos. Cada una de estas imágenes del mundo hace que la otra no se pueda ver (3:5, 4:1).

Si estoy viendo “un mundo de odio listo para vengarse” (3:5), la descripción del mundo que se da en el párrafo 2 parece que no es más que ilusión. Las personas que se encuentran con la enseñanza del Curso por primera vez ponen esta objeción o protesta. Por ejemplo, una vez le oí decir a un hombre que había asistido a una charla sobre el perdón: “¡Vosotros tenéis que estar locos! Todo lo que tenéis que hacer es andar por las calles de Nueva York, y no podéis mantener que el amor es todo lo que existe”. Él estaba viendo un mundo de odio listo para el ataque, en su mente no había sitio para ver nada más.

Si estoy viendo un mundo de odio, ¿cómo puedo ver un mundo de amor? Ningún razonamiento lógico cambiará mi mente. Lo que es necesario es algo que cambie lo que mi mente está viendo dentro de sí misma, porque el mundo que veo no es más que un reflejo de eso, “la imagen externa de una condición interna” (T.21.In.1:5). Si estoy viendo un mundo de ataque es porque dentro de mí estoy viendo una mente que ataca. “Contemplan lo que han sentido dentro de sí, y ven su inequívoco reflejo por todas partes” (4:3). El instante santo puede cambiar, y cambia, esa percepción de sí mismo. “Siento el Amor de Dios dentro de mí ahora”. Esa experiencia cambiará literalmente el modo en que veo el mundo. “Mas si sientes el Amor de Dios dentro de ti, con­templarás un mundo de misericordia y de amor” (5:5).

Por esa razón se nos pide que dejemos a un lado todos los pensamientos acerca de lo que nosotros somos (7:1), y que nos aquietemos y permitamos que algo distinto entre en nuestra mente. Se nos pide que dejemos a un lado todas las conclusiones que hemos sacado de todas las cosas, para permitir -por un momento al menos- que todo ello sea borrado, y venir “con las manos completamente vacías” a Dios (7:5). Al pedirnos que olvidemos incluso “este curso”, la lección no está diciendo que la comprensión intelectual del curso no sea útil, sino que únicamente algo que vaya más allá de la inteligencia puede darle la vuelta a nuestra percepción equivocada. Incluso nuestra comprensión del Curso tiene que estar equivocada cuando se basada en el miedo y en la idea del yo que nos hemos inventado. Podemos utilizar equivocadamente esa comprensión imperfecta para decirle a Dios el modo en que debe venir a nosotros. Por eso, se nos pide que dejemos incluso esto a un lado, y que Le permitamos a Dios que venga de cualquier modo que Él quiera.

 Olvidar el Curso no es una orden para siempre, sino sólo un consejo temporal para practicarlo en nuestros momentos de quietud, planeados para permitir un tipo de experiencia diferente. Es sólo parte del proceso de eliminar los obstáculos a la experiencia de que somos Amor, pues incluso nuestra “comprensión” del Curso basada en nuestro ego puede impedir la experiencia de su verdadero significado. Por eso se nos dice, cuando busquemos el instante santo, que dejemos de lado cualquier suposición de que entendemos algo. Deja que todo esté abierto al cambio. Si estamos dispuestos a hacerlo así, “Su Amor se abrirá paso por su cuenta” (9:4).

No podemos forzarnos a ver el mundo de manera diferente. Pero, si podemos por un momento vernos a nosotros mismos de modo diferente, y sentir el Amor de Dios dentro de nosotros, cambiará el modo en que vemos el mundo porque el modo en que vemos el mundo es el modo en que nos vemos a nosotros mismos.

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