martes, 1 de julio de 2014

Leccion 182

Leccion 182, Un Curso de Milagros
JULIO
LECCIÓN 182 – 1 de Julio

Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.

1.  Este mundo en el que pareces vivir no es tu hogar. 2en algún recodo de tu mente sabes que esto es verdad. 3El recuerdo de tu hogar sigue rondándote, como si hubiera un lugar que te llamase a regresar, si bien no reconoces la voz, ni lo que ésta te recuerda. 4No obstante, sigues sintiéndote como un extraño aquí, proce­dente de algún lugar desconocido. 5No es algo tan concreto que puedas decir con certeza que eres un exilado aquí. 6Es más bien un sentimiento persistente, no más que una leve punzada a veces, que en otras ocasiones apenas recuerdas, algo que descartas sin ningún miramiento, pero que sin duda ha de volver a rondarte otra vez.
2. No hay nadie que no sepa de qué estamos hablando. 2Sin embargo, hay quienes tratan de ahogar su sufrimiento entrete­niéndose en juegos para pasar el tiempo y no sentir su tristeza: 3Otros prefieren negar que están tristes, y no reconocen en abso­luto que se están tragando las lágrimas. 4Hay quienes afirman incluso que esto de lo que estamos hablando son ilusiones y que no se debe considerar más que como un sueño. 5Sin embargo, ¿quién podría honestamente afirmar, sin ponerse a la defensiva o engañarse a sí mismo, que no sabe de lo que estamos hablando?
3. Hoy hablamos en nombre de todo aquel que vaga por este mundo, pues en él no está en su hogar. 2Camina a la deriva enfras­cado en una búsqueda interminable, buscando en la oscuridad lo que no puede hallar, y sin reconocer qué es lo que anda buscando. 3Construye miles de casas, pero ninguna de ellas satisface a su desasosegada mente. 4No se da cuenta de que las construye en vano. 5El hogar que anda buscando, él no lo puede construir. 6El Cielo no tiene sustituto. 7Lo único que él jamás construyó fue un infierno.
4. Tal vez pienses que lo que quieres encontrar es el hogar de tu infancia. 2La infancia de tu cuerpo y el lugar que le dio cobijo son ahora recuerdos tan distorsionados que lo que guardas es simple­mente una imagen de un pasado que nunca tuvo lugar.3Mas en ti hay un Niño que anda buscando la casa de Su Padre, pues sabe que Él es un extraño aquí. 4Su infancia es eterna, llena de una inocencia que ha de perdurar para siempre. 5Por dondequiera que este Niño camina es tierra santa. 6Su santidad es lo que ilumina al Cielo, y lo que trae a la tierra el prístino reflejo de la luz que brilla en lo alto, en la que el Cielo y la tierra se encuentran unidos cual uno solo.
5. Este Niño que mora en ti es el que tu Padre conoce como Su Hijo. 2Este Niño que mora en ti es el que conoce a Su Padre. 3Él anhela tan profunda e incesantemente volver a Su hogar, que Su voz te suplica que lo dejes descansar por un momento.4Tan sólo pide unos segundos de respiro: un intervalo en el que pueda volver a respirar el aire santo que llena la casa de Su Padre. 5Tú eres también Su hogar. 6Él retornará. 7Pero dale un poco de tiempo para que pueda ser lo que es dentro de la paz que es Su hogar, y descansar en silencio, en paz y en amor.
6. Este Niño necesita tu protección. 2Se encuentra muy lejos de Su hogar. 3Es tan pequeño que parece muy fácil no hacerle caso y no oír Su vocecilla, quedando así Su llamada de auxilio ahogada en los estridentes sonidos y destemplados y discordantes ruidos del mundo. 4No obstante, Él sabe que en ti aún radica Su protección. 5Tú no le fallarás. 6Él volverá a Su hogar, y tú lo acompañarás.
7. Este Niño es tu indefensión, tu fortaleza. 2Él confía en ti. 3Vino porque sabía que tú no le fallarías. 4Te habla incesantemente de Su hogar con suaves murmullos. 5Pues desea llevarte consigo de vuelta a él, a fin de poder Él Mismo permanecer allí y no tener que regresar de nuevo a donde no le corresponde estar y donde vive proscrito en un mundo de pensamientos que le son ajenos. 6Su paciencia es infinita. 7Esperará hasta que oigas Su dulce Voz dentro de ti instándote a que lo dejes ir en paz, junto contigo, a donde Él se encuentra en Su casa, al igual que tú.
8. Cuando estés en perfecta quietud por un instante, cuando el mundo se aparte de ti y las vanas ideas que abrigas en tu desaso­segada mente dejen de tener valor, oirás Su Voz. 2Su llamada es tan conmovedora que ya no le ofrecerás más resistencia.3En ese instante te llevará a Su hogar, y tú permanecerás allí con Él en perfecta quietud, en silencio y en paz, más allá de las palabras, libre de todo temor y de toda duda, sublimemente seguro de que estás en tu hogar.
9. Descansa a menudo con Él hoy. 2Pues Él estuvo dispuesto a convertirse en un Niño pequeño para que tú pudieras aprender cuán fuerte es aquel que viene sin defensas, ofreciendo única­mente los mensajes del amor a quienes creen ser sus enemigos. 3Con el poder del Cielo en Sus manos, los llama amigos y les presta Su fortaleza para que puedan darse cuenta de que Él quiere ser su Amigo. 4Les pide que lo protejan, pues Su hogar está muy lejos, y Él no quiere regresar a él solo.
10. Cristo renace como un Niño pequeño cada vez que un pere­grino abandona su hogar. 2Pues éste debe aprender que a quien quiere proteger es sólo a este Niño, que viene sin defensas y a Quien la indefensión ampara. 3Ve con Él a tu hogar de vez en cuando hoy. 4Tú eres un extraño aquí, al igual que Él.
11. Dedica algún tiempo hoy a dejar a un lado tu escudo que de nada te ha servido, y a deponer la espada y la lanza que blandiste contra un enemigo imaginario. 2Cristo te ha llamado amigo y her­mano. 3Ha venido incluso a pedirte ayuda para que lo dejes regre­sar a Su hogar hoy, íntegro y completamente. 4Ha venido como lo haría un niño pequeño, que tiene que implorar la protección y el amor de su padre. 5Él rige el universo, y, sin embargo, te pide incesantemente que regreses con Él y que no sigas convirtiendo a las ilusiones en dioses.
12. Tú no has perdido tu inocencia. 2Y eso es lo que anhelas, 3lo que tu corazón desea. 4Ésa es la voz que oyes y la llamada que no se puede ignorar. 5Ese santo Niño todavía sigue a tu lado. 6Su hogar es el tuyo. 7Hoy Él te da Su indefensión, y tú la aceptas a cambio de todos los juguetes bélicos que has fabricado. 8Y ahora el camino está libre y despejado, y el final de la jornada puede por fin vislumbrarse. 9Permanece muy quedo por un instante, regresa a tu hogar junto con Él y goza de paz por un rato.

Comentario

Otra lección acerca del instante santo. Date cuenta de que el hilo conductor acerca de los “instantes”, “momentos”, e “intervalos” de silencio, quietud y retirar la atención del mundo, empezó en la Lección 181, continúa durante casi todas las lecciones hasta la Lección 200, el final de la serie. Hasta la tercera o la cuarta vez que hice estas lecciones no me di cuenta de que todas eran instrucciones acerca de dedicar conscientemente cortos periodos de tiempo cada día para entrar en el instante santo. Los temas parecen ser diferentes, pero la diferencia está en el obstáculo a nuestra consciencia de la presencia del amor que se está teniendo en cuenta. El propósito siempre es el mismo: un corto tiempo en el que se deja de lado ese obstáculo, y la experiencia de la nueva consciencia que viene al eliminar ese obstáculo por un momento.

El obstáculo que hoy se tiene en cuenta es la tentación de encontrar satisfacción en este mundo, o de sentirnos en nuestro hogar en él. Nos pasamos la mayor parte de nuestra vida intentando adaptarnos al mundo, o adaptar el mundo a nosotros. Nos parece normal intentar estar cómodos aquí, y emplear un montón de esfuerzos en ese intento. Esta lección nos pide que dejemos ese esfuerzo a un lado, sólo por un momento, y que reconozcamos la voz del niño dentro de nosotros que nos está pidiendo ir al hogar, al hogar del Cielo. Necesitamos reconocer que “Este mundo en el que pareces vivir no es tu hogar” (1:1). Y, reconocer que esto es así, para dedicar tiempo cada día para dejar a este Niño dentro de nosotros “descansar por un momento” (5:3) y, “unos segundos de respiro…  volver a respirar el aire santo que llena la casa de Su Padre” (5:4).

Esta lección es quizá la más hermosa y poética de todo el Libro de Ejercicios. Algunos hemos oído, quizá, la conmovedora lectura de Beverly Hutchinson de esta lección en el casete de “La Canción Olvidada”. Me resulta difícil oírla sin llorar, y no me importa hacerlo. Las lágrimas son buenas, pero no son suficiente; necesitamos oír la petición y satisfacerla: “Descansa a menudo con Él hoy” (9:1). “Ve con Él a tu hogar de vez en cuando hoy” (10:3). “Permanece muy quedo por un instante, regresa a tu hogar junto con Él y goza de paz por un rato” (12:9).

El pensamiento de la lección de hoy ha tenido un efecto muy poderoso en mi vida. A veces cuando me siento más hundido (deprimido, apagado, desanimado), me basta con sentarme en quietud y silencio diciendo: “Quiero ir a mi hogar”, para que desaparezca ese estado de ánimo y dejar que la paz de Dios llene mi mente por completo.

Otras frases, hacia el final de la lección, han tenido un efecto igual de poderoso en mí:

Tú no has perdido tu inocencia. Y eso es lo que anhelas, lo que tu corazón desea. Ésa es la voz que oyes y la llamada que no se puede ignorar.   (12:1-4)

Cuando recuerdo estas palabras, siempre me sorprende el efecto calmante que tienen en mí. No me había dado cuenta, hasta repetirlas, lo profundamente que creía que yo había perdido mi inocencia, que la causa de mi depresión era una creencia escondida en mi propia pérdida de inocencia. De repente me doy cuenta de que, sí, que esto es lo que anhelo, esto es lo que deseo de todo corazón.

Si puedes, justo ahora mientras lees esto, “Permanece muy quedo por un instante y  ven al hogar
junto conmigo. ¡Es tan fácil hacerlo! ¿Por qué retrasarlo un instante más?

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