lunes, 30 de junio de 2014

Leccion 181


LECCIÓN 181 – 30 de Junio

Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

1. Confiar en tus hermanos es esencial para establecer y sustentar tu fe en tu propia capacidad para trascender tus dudas y tu falta de absoluta convicción en ti mismo. 2Cuando atacas a un her­mano, proclamas que está limitado por lo que tú has percibido en él. 3No estás viendo más allá de sus errores. 4Por el contrario, éstos se exageran, convirtiéndose en obstáculos que te impiden tener conciencia del Ser que se encuentra más allá de tus propios erro­res, así como de sus aparentes pecados y de los tuyos.
2. La percepción tiene un enfoque. 2Eso es lo que hace que lo que ves sea consistente. 3Cambia de enfoque, y, lo que contemples, consecuentemente cambiará. 4Ahora se producirá un cambio en tu visión para apoyar la intención que ha reemplazado a la que antes tenías. 5Deja de concentrarte en los pecados de tu hermano, y experimentarás la paz que resulta de tener fe en la impecabilidad. 6El único apoyo que esta fe recibe procede de lo que ves en otros más allá de sus pecados. 7Pues sus errores, si te concentras en ellos, no son sino testigos de tus propios pecados. 8no podrás sino verlos, lo cual te impedirá ver la impecabilidad que se encuentra más allá de ellos.
3. En nuestras prácticas de hoy, por lo tanto, lo primero que vamos a hacer es dejar que todos esos insignificantes enfoques den paso a la gran necesidad que tenemos de que nuestra impeca­bilidad se haga evidente. 2Damos instrucciones a nuestras mentes para que, por un breve intervalo, eso, y sólo eso, sea lo que bus­quen. 3No vamos a preocuparnos por objetivos futuros. 4Lo que vimos un instante antes no nos preocupará en absoluto dentro de este lapso de tiempo en el que nuestra práctica consiste en cam­biar de intención. 5Buscamos la inocencia y nada más. 6la busca­mos sin interesarnos por nada que no sea el ahora.
4. Uno de los mayores obstáculos que ha impedido tu éxito ha sido tu dedicación a metas pasadas y futuras. 2El que las metas que propugna este curso sean tan extremadamente diferentes de las que tenías antes ha sido motivo de preocupación para ti. 3Y también te has sentido consternado por el pensamiento restric­tivo y deprimente de que, incluso si tuvieses éxito, volverías ine­vitablemente a perder el rumbo.
5. ¿Por qué habría de ser esto motivo de preocupación? 2Pues el pasado ya pasó y el futuro es tan solo algo imaginario. 3Preocupa­ciones de esta índole no son sino defensas: para impedir que cam­biemos el enfoque de nuestra percepción en el presente. 4Nada más. 5Vamos a dejar de lado estas absurdas limitaciones por un momento. 6No vamos a recurrir a creencias pasadas, ni a dejar que lo que hayamos de creer en el futuro nos estorbe ahora. 7Damos comienzo a nuestra sesión de práctica con un solo propósito: ver la impecabilidad que mora dentro de nosotros.
6. Reconoceremos que hemos perdido de vista este objetivo si de alguna manera la ira se interpone en nuestro camino. 2Y si se nos ocurre pensar en los pecados de un hermano, nuestro restringido foco nos nublará la vista y nos hará volver los ojos hacia nuestros propios errores, que exageraremos y llamaremos "pecados". 3De modo que, por un breve intervalo, de surgir tales obstáculos, los transcenderemos sin ocuparnos del pasado o del futuro, dando instrucciones a nuestras mentes para que cambien de foco, según decimos:

4No es esto lo que quiero contemplar.
5Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

7. Y nos valdremos asimismo de este pensamiento para mante­nernos a salvo a lo largo del día. 2No estamos interesados en metas a largo plazo. 3Conforme cada uno de los obstáculos nuble la visión de nuestra impecabilidad, lo único que nos interesará será poner fin, por un instante, al dolor que, de concentrarnos en el pecado experimentaríamos, y que, de no corregirlo, persistiría.
8. No vamos en pos de fantasías. 2Pues lo que procuramos con­templar está realmente ahí. 3conforme nuestro foco se extienda más allá del error, veremos un mundo completamente impecable. 4cuando esto sea lo único que queramos ver y lo único que busquemos en nombre de la verdadera percepción, los ojos de Cristo se volverán inevitablemente los nuestros. 5El Amor que Él siente por nosotros se volverá también el nuestro. 6Esto será lo único que veremos reflejado en el mundo, así como en nosotros mismos.
9. El mundo que una vez proclamó nuestros pecados se convierte ahora en la prueba de que somos incapaces de pecar. 2nuestro amor por todo aquel que contemplemos dará testimonio de que recordamos al santo Ser que no conoce el pecado, y que jamás podría concebir nada que no compartiese Su impecabilidad. 3Éste es el recuerdo que queremos evocar hoy cuando consagramos nuestras mentes a la práctica. 4No miramos ni hacia adelante ni hacia atrás. 5Miramos directamente al presente. 6Y depositamos nuestra fe en la experiencia que ahora pedimos. 7Nuestra impeca­bilidad no es sino la Voluntad de Dios. 8En este instante nuestra voluntad dispone lo mismo que la Suya.


Comentario

Esta lección no trata de animar una ceguera ingenua a los defectos de la gente. No dice que dejes la casa y el coche abiertos ni el dinero en el suelo de la calle, confiando en que nadie te lo va a robar. Sino que habla de lo que está más allá de los errores (sus egos) para ver su perfecta inocencia. Habla de ser consciente de los errores de una persona (teniéndolos en cuenta con fines prácticos), mientras que al mismo tiempo los pasamos de largo manteniendo su perfecta inocencia en nuestra mente. No viendo los errores como pecados que tienen que ser condenados y castigados. Como mi amiga Lynne dijo una vez acerca de un hombre que había sido grosero con ella: “Puedo amar a una serpiente de cascabel, pero eso no significa que tenga que dormir con ella”.

El obstáculo que esta lección nos está ayudando a vencer (aunque sea por poco tiempo) es nuestra atención a los pecados de nuestros hermanos. La lección nos dice que no busquemos los errores de la gente, sino lo que está bien. El asunto es que, al centrarnos en los errores de otros, no podemos ver su verdadero Ser y, de ese modo, tampoco no podemos ver el Ser dentro de nosotros. Si no puedo pasar por alto los errores de mis hermanos, no puedo pasar por alto los míos. “La percepción tiene un enfoque” (2:1). Necesitamos cambiar nuestro enfoque, nuestra atención. “Deja de concentrarte en los pecados de tu hermano, y experimentarás la paz que resulta de tener fe en la impecabilidad” (2:5). Recuerda el propósito de estas veinte lecciones: eliminar un obstáculo y, así, experimentar algo diferente, en este caso “la fe en la perfecta inocencia”.

Como dijo la Introducción, ¡no estamos intentando hacer esto todo el tiempo! (todavía no) ¿Tienes a alguien a quien no puedes perdonar? ¿Qué tal si tratas de perdonarle, sólo durante cinco minutos? Sólo durantes unos momentos estate dispuesto a abandonar tus juicios sobre él, olvidar el pasado y olvidar el futuro, y buscar la inocencia en él, verle como un santo Hijo de Dios, merecedor de todo Su Amor. ¿Qué tal si intentas, aunque sólo sea durante cinco minutos, desear esta experiencia? No te preocupes por el hecho de que en el último mes, o año, o el tiempo que haya sido, has querido matarle; no te preocupes por el hecho de que dentro de diez minutos estarás imaginándote que le llegará lo que se merece. Quizá te lo imaginarás. “¿Por qué habría de ser esto motivo de preocupación? (5:1). Las preocupaciones por el pasado o por el futuro “no son sino defensas: para impedir que cam­biemos el enfoque de nuestra percepción en el presente” (5:3). Si, aunque sólo sea por unos instantes, nos permitimos a nosotros mismos experimentar lo que se siente al buscar la inocencia, dejando de lado sus pecados, esa experiencia será suficiente para motivarnos a seguir adelante por ese camino.

Os animo a todos y a mí mismo a mantener estas instrucciones en la mente, no sólo para la lección de hoy, sino para el resto del Libro de Ejercicios. Cuando te sientas para un instante de quietud, dejas de lado todo lo que sentías un momento antes, y no te preocupas por cómo te sentirás después. “No estamos interesados en metas a largo plazo” (7:2). Todo lo que buscamos es la experiencia de un instante de liberación, porque eso es todo lo que se necesita. En cualquier momento del día podemos pararnos y decir: “En este instante nuestra voluntad dispone lo mismo que la Suya” (9:8). Ese instante es todo lo que se necesita.

En cierta manera, pensamos que podemos cambiar del ego más completo a la inmediata espiritualidad. Pensamos que si pasamos cinco minutos con Dios por la mañana, debería cambiarse completamente de inmediato. Nuestra resistencia es demasiado grande para que suceda eso, hemos aprendido demasiado bien las lecciones del ego, y desaprenderlas necesita esfuerzo. El ego nos dice que “No está funcionando, porque ‘perdonamos’ a nuestro hermano en esos cinco minutos por la mañana y pasamos la mayor parte del día imaginando modos de hacerle sufrir”. Pero algo está sucediendo, el ego está intentando hacernos sentir culpables porque sabe que algo está sucediendo. Esos cinco minutos, en los que dejamos de lado nuestro juicio, nos traen una experiencia de paz interior que nunca antes habíamos conocido, y conocemos algo que es bueno cuando lo vemos o sentimos. Nuestra motivación para perdonar crecerá cada vez más. La experiencia de “poner fin, por un instante, al dolor que, de concentrarnos en el pecado experimentaríamos” (7:3) será un alivio tan grande que lo buscaremos una y otra vez, hasta que crezca y se extienda a toda nuestra mente durante todo el tiempo. Todo lo que se necesita es estar dispuesto a practicarlo.

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