lunes, 23 de junio de 2014

Leccion 174

Comentario

Párrafo 6 de la Introducción al Quinto Repaso:

En este párrafo, Jesús habla en la primera persona: “Yo te acompaño en esta jornada” (6:1). Un aspecto del Curso que parece recibir menos atención que muchas otras es la presencia personal del autor en nuestras vidas. Sin duda, muchos de nosotros,, sintiendo que nos hemos “escapado” de lo que nos parecía un fondo cristiano lleno de prohibiciones, que daba mucha importancia a “un salvador personal” y la adoración de Jesús como el único Hijo de Dios, nos sentimos incómodos con la idea de tener a Jesús a nuestro lado al hacer este viaje. Se parece demasiado a lo que dejamos atrás.

En la Clarificación de Términos en el Manual para el Maestro, se nos recuerda que “se han hecho amargos ídolos de aquel que sólo quiere ser un hermano para el mundo” (C.5.5:7). Una relación que puede necesitar sanación es nuestra relación con él, podemos traer muchas “ideas sombrías” del pasado que deforman la imagen que tenemos de él. Aquí en el Manual, se nos pide: “Perdónale tus fantasías, y comprende lo mucho que amarías a un hermano así” (C.5.5:8). Sin embargo, el Curso trata este asunto con dulzura, como hace con todos estos asuntos. “Es posible leer sus palabras y beneficiarse de ellas sin aceptarle en tu vida. Mas él te ayudaría todavía más si compartieses con él tus penas y alegrías” (C.5.6:6-7). Así que, si esta idea de tener una relación con él te produce inquietud o incluso desagro, quédate en paz, es normal.

Jesús se ofrece a compartir tus dudas y tus miedos para hacerse más cercano a nosotros. Sabemos que él entiende por lo que estamos pasando porque él también lo ha pasado antes. Aunque él ha llegado a un lugar donde la duda, la inseguridad y el dolor no significan nada, él lo entiende cuando las sentimos. No tenemos que sentir que nos estamos acercando a una figura lejana, elevada y poderosa, que con un gesto de su mano quiere acallar nuestra inseguridad por ser poco importante. Él ve lo que nosotros vemos. Él es consciente de todas las ilusiones que nos causan terror, y la realidad que parecen tener para nosotros. Pero él tiene en su mente “el camino que lo condujo a su propia libera­ción, y que ahora te conducirá a ti a la tuya junto con él” (6:5). Él es como un hermano mayor que ha terminado el viaje, pero que ahora ha regresado para llevarnos al hogar con él. Él sabe que el Hijo de Dios no está completo hasta que hayamos caminado el mismo camino que él. Él está con nosotros ahora, mostrándonos el camino.


En mis momentos de quietud hoy, que yo sea consciente de su presencia. Cuando entro en la Presencia de Dios, que yo sea consciente de uno que está a mi lado, quizá sujetando mi mano si me siento temeroso. Que yo esté deseoso de llevarle mi inseguridad y dolor a él, para que yo pueda vencerlos. Tal como recibo la gracia de él permitiéndome dejar a un lado mis miedos y dudas, que yo aprenda a dar tal como recibo. Que yo salga de este instante con él para compartir con los que me rodean lo que he recibido. Que actúe de representante de Dios en el mundo, para perdonar los “pecados” de aquellos que me rodean, calme sus mentes, y les ofrezca la paz que a mí se me ha dado.

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