lunes, 16 de junio de 2014

Leccion 167

LECCIÓN 167 – 16 de Junio

Sólo hay una vida y ésa es la vida que comparto con Dios.

1. No existen diferentes clases de vida, pues la vida es como la verdad. 2No admite grados. 3Es la única condición que todo lo que Dios creó comparte. 4Y al igual que todos Sus Pensamientos, no tiene opuesto. 5La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. 6La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. 7La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno.
2. En este mundo parece haber un estado que es lo opuesto a la vida. 2Tú lo llamas muerte. 3Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. 4Es la idea subya­cente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. 5Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. 6Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve sus­piro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte. 7Por lo tanto, niegan que vives.
3. Tú crees que la muerte es algo que sólo tiene que ver con el cuerpo. 2Sin embargo, es sólo una idea, y no tiene nada que ver con lo que se considera físico. 3Los pensamientos se encuentran en la mente. 4Éstos pueden entonces aplicarse según lo dicte la mente. 5es en su punto de origen donde debe efectuarse el cam­bio si es que éste ha de tener lugar. 6Las ideas no abandonan su fuente. 7El énfasis que este curso ha puesto en esta idea se debe al papel central que ocupa en nuestros intentos de que cambies de parecer con respecto a ti mismo. 8Es la razón de que puedas curar. 9Es la causa de la curación. 10Es la razón de que no puedas morir. 11Su veracidad te estableció como uno con Dios.
4. La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Crea­dor. 2Es la creencia de que las condiciones cambian y de que las emociones varían debido a causas que no están bajo tu control, que no son obra tuya y que tú jamás puedes cambiar.3Es la creen­cia fija de que las ideas pueden abandonar su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo dife­rente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma.
5. La muerte no puede proceder de la vida. 2Las ideas permane­cen unidas a su fuente. 3Pueden extender todo lo que su fuente contiene. 4En este sentido, pueden ir mucho más allá de sí mis­mas. 5Pero no pueden dar origen a lo que jamás se les dio.6Tal como fueron concebidas, así será como ellas a su vez conciban. 7Tal como nacieron, así es como darán a luz. 8Y de allí de donde provinieron, allí mismo regresarán.
6. La mente puede pensar que duerme, pero eso es todo. 2No puede cambiar su estado de vigilia. 3No puede hacer un cuerpo, ni tampoco habitar en un cuerpo. 4Lo que es ajeno a la mente no existe porque no tiene una fuente. 5La mente crea todas las cosas que existen, pero no puede otorgarles los atributos que no posee, ni tampoco cambiar su propio estado eterno de plena conciencia. 6No puede dar lugar a lo físico. 7Lo que parece morir no es sino la señal de que la mente está dormida.
7. Lo opuesto a la vida tan sólo puede ser otra forma de vida. 2Como tal, se puede reconciliar con lo que la creó porque no es realmente un opuesto. 3Su forma puede cambiar, así como apa­rentar ser lo que no es. 4Mas la mente es mente, tanto si está des­pierta como dormida. 5No es lo opuesto a nada que ella misma haya creado, ni a lo que parece hacer mientras cree estar dormida.
8. Dios sólo crea mentes despiertas. 2Él no duerme, y Sus creacio­nes no pueden poseer algo que Él no les confiera, ni dar lugar a condiciones que Él no comparte con ellas. 3El pensamiento de muerte no es lo opuesto a los pensamientos de vida.4Libres para siempre de toda oposición, los Pensamientos de Dios son eterna­mente inmutables, y tienen el poder de extenderse inmutable­mente para siempre, aunque dentro de sí mismos, pues son omnipresentes.
9. Lo que parece ser lo opuesto a la vida es meramente un sueño. 2Cuando la mente elige ser lo que no es y asumir un poder que le es ajeno y que no posee, un estado foráneo al que no puede adap­tarse o una condición falsa que no forma parte de su Fuente, simplemente parece que se va a dormir por un rato. 3sueña al tiempo: un intervalo en el que lo que parece acontecer en reali­dad nunca ha sucedido, los cambios ocurridos carecen de funda­mento y los acontecimientos que parecen tener lugar no están en ninguna parte. 4Cuando la mente despierta, sencillamente conti­núa siendo como siempre fue.
10. Seamos hoy criaturas de la verdad, y no neguemos nuestro santo patrimonio. 2Nuestra vida no es como nos la imaginamos. 3¿Quién podría cambiar la vida sólo porque cierre los ojos, o porque haga de sí mismo lo que no es al estar dormido y ver en sueños algo opuesto a lo que él es? Hoy no pediremos la muerte en ninguna de sus formas. 5Tampoco dejaremos que ni siquiera por un instante cosas imaginarias que aparentemente se oponen a la vida moren allí donde Dios Mismo estableció el Pensamiento de vida eterna.
11. Hoy procuraremos mantener su santo hogar tal como Él lo esta­bleció y como Su Voluntad dispone que sea eternamente. 2Él es Dueño y Señor de lo que hoy pensamos. 3Y en Sus Pensamientos, que no tienen opuesto, entenderemos que sólo hay una vida, y ésa es la vida que compartimos con Él, con toda la creación, así como con sus pensamientos, los cuales Él creó como una unidad de vida que no puede separarse con la muerte ni abandonar la Fuente de vida de donde provino.
12. Compartimos una sola vida porque tenemos una sola Fuente desde la que nos llega la perfección, la cual permanece por siem­pre en las santas mentes que Él creó perfectas. 2Somos ahora tal como siempre hemos sido y como seremos siempre.3La mente que duerme no puede sino despertar, según ve su propia perfec­ción reflejando al Señor de la Vida tan perfectamente que se funde con lo que allí se ve reflejado. 4Y ahora ya no es un simple reflejo, 5sino que se convierte en aquello que refleja y en la luz que hace que el reflejo sea posible. 6La visión deja ahora de ser necesaria. 7Pues una mente despierta es aquella que conoce su Fuente, su Ser y su Santidad.

Comentario

Aquí hay una repetición, o quizá una afirmación que anticipé cuando al escribir sobre la Lección 163, dije: “La creencia en la muerte es sólo otra forma de la “diminuta y alocada idea de la que el Hijo de Dios olvidó reírse” (T.27.VIII.6:2). Esta lección dice que la muerte “es sólo una idea, y no tiene nada que ver con lo que se considera físico” (3:2). Más adelante dice: “La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Crea­dor” (4:1). Ésa es la esencia de la idea de la muerte: la separación de la vida.

Ésta es la razón por la que podemos decir: “La muerte no existe. Es simplemente imposible: Dios es Vida, y lo que Él crea tiene que estar vivo. Dejar de vivir sería separarse de Dios, para convertirse en Su opuesto. Puesto que Dios no tiene opuestos, la muerte no existe.

La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno. (1:5-7)

“Las ideas no abandonan su fuente” (3:6). Esta idea es muy importante para el Curso. Las ideas existen sólo en la mente del que las piensa. Las ideas no se pierden de la mente, ni tienen una existencia independiente, ni se sustentan a sí mismas, tampoco son capaces de oponerse a la mente que las creó. Simplemente no hacen eso.

Yo soy una idea en la Mente de Dios. Yo soy el pensamiento de “mí”. No puedo separarme de  la Mente de Dios, ni vivir independientemente de Él, ni depender únicamente de mí, ni puedo tener una voluntad que se oponga a la de Dios. Sencillamente no puedo hacerlo. Únicamente puedo imaginar que lo estoy haciendo.

(La muerte) Es la creen­cia fija de que las ideas pueden abandonar su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo dife­rente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma.   (4-3)

Yo no puedo hacer eso, no puedo abandonar mi Fuente ni adquirir cualidades que no están en esa Fuente. Por lo tanto, no puedo morir.

Necesitamos ver que, como dijo la Lección 163 (párrafo 1), la muerte toma muchas formas. La “atracción de la muerte”, de la que se habla en la sección “Los Obstáculos a la Paz” (T.19.IV), refleja todas esas formas. Esta lección añade unas pocas más:

Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. Es la idea subya­cente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve sus­piro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte. Por lo tanto, niegan que vives.   (2:3-7)

¿Qué es la muerte? Cualquier sentimiento que no sea de suprema felicidad. Cualquier respuesta a algo en nuestra vida que no sea perfecta alegría. ¿Podemos ver que cualquier cosa menor que la suprema felicidad y alegría perfecta es una negación de la vida y una afirmación de la muerte? Ser menos que perfectamente dichoso es afirmar que hay algo distinto a Dios, distinto a la Vida, distinto al Amor, “otra cosa” que disminuye el radiante Ser de Dios.

No estoy defendiendo convertirnos en un feliz idiota, que camina negando el dolor y el sufrimiento en nuestra vida y en las vidas de los que nos rodean, afirmando frenéticamente: “Todo es perfecto. Nada de esto es real. Es una ilusión, no le hago caso. Únicamente existe Dios”

Más bien a lo que animo es a lo contrario. Estoy sugiriendo que necesitamos empezar a darnos cuenta simplemente de cuánta influencia tiene sobre nosotros la idea de la muerte. Necesitamos darnos cuenta de esos ligeros suspiros de cansancio, esas punzadas de ansiedad, y reconocer que la idea de la muerte está detrás de todas ellas, la idea de que la separación de Dios es real, que existe algo distinto a Dios, que se opone y anula Su resplandor. Necesitamos darnos cuenta de que creemos que somos ese “algo distinto”, o al menos parte de ello. Darnos cuenta, y decirle a Dios: “Ya estoy otra vez creyendo en la muerte. Me estoy sintiendo separado de Ti. Y sé, por lo tanto, que este sentimiento no significa nada, porque sólo hay una vida, y la comparto Contigo”.

Únicamente cuando reconoces que tú eres responsable de esos pensamientos de muerte, es cuando puedes entender verdaderamente que no tienen realidad, excepto en tu propia mente. Afirmar que no tienen realidad sin primero hacerte responsable de ellos es una negación enfermiza. Los deja sin una fuente, y tienen que tener una fuente. Así que tu mente atribuye una fuente imaginaria a Dios o a algún otro sitio fuera de ti, y ya estás de vuelta al pensamiento de separación otra vez, porque no existe nada fuera de Dios o fuera de ti. Al gritar: “¡Es una ilusión!” sin saber que tú eres el ilusionista, haces de la idea de la muerte algo real, algo contra lo que luchar y reprimir.

Reconocer los pensamientos de muerte como ilusorios no precisa que ejerzas violencia contra tu mente. Ver más allá de la ilusión es la cosa más natural del mundo cuando sucede de manera natural, como resultado de hacerte responsable de la ilusión. Ver el mundo como una ilusión no necesita esfuerzos coordinados y continuos. No es algo que puedes intentar hacer. Si lo intentas, lo estás haciendo al revés.

El mismo principio sirve cuando la gente dice: “Estoy intentando ver el Cristo en él”. No puedes intentar ver el Cristo en una persona, simplemente lo ves o no. Cuando tienes los ojos abiertos y nada se interpone, ¡no tienes que intentar verle! Simplemente Le ves.

La visión espiritual es lo mismo. Cristo está ahí, en cada persona, y puedes verle ahí. El problema es, si has levantado muchas barreras defensivas, muchas pantallas, que tapan tu vista. Estás viendo el reflejo de tus propias ideas en lugar de ver quién es la persona, que es Cristo.

Por lo tanto, el camino a la visión espiritual, el modo de ver a Cristo en un hermano, es darse cuenta de todas las pantallas que estás levantando, todas las ilusiones que estás proyectando desde tu propia mente, y que impiden la visión. Por raro que parezca, no ves al Cristo en un hermano con mirarle, entrecerrando los ojos y fingiendo que es un ser amoroso; ves al Cristo en él mirando a tu propia mente, tus propios pensamientos, que son el obstáculo a la visión.

Quizá de algún modo tienes miedo de la persona. Te parece una amenaza en algún modo, quizá dispuesto a atacarte físicamente, o a robarte tu dinero. En lugar de intentar verle a través de esa imagen de él como una mala persona, mira a la imagen en sí y pregunta de dónde vino. Con la ayuda del Espíritu Santo, verás que se formó completamente en tu propia mente. Es la suma de tus propios juicios solidificados en una opinión. Es la manera en que te has enseñado a ti mismo a ver a tu hermano. Y eso es todo.

Sabes, o deberías saber, que no puedes juzgar. No puedes tener toda la información. Así que, puedes volverte al Espíritu Santo y decir: “Reconozco que mi opinión de este hermano es mi propia invención. Está basada en  la idea de la muerte, de algo separado de Dios y distinto a Él. Como tal, sé que es sólo un mal sueño. No significa nada. Mi hermano no es lo que yo pienso que es, y yo no soy una mala persona por tener este pensamiento, únicamente estoy cometiendo un error. Quiero abandonarlo, y puesto que yo soy la fuente, puedo abandonarlo”.

Puedes seguir sintiendo miedo. La diferencia no está en si el miedo desaparece, a veces desaparecerá. La diferencia está en que, si el miedo (o cualquier sentimiento o juicio del que se trate) está presente, eres consciente de que tú lo estás inventando y que no es real. Esto abre la puerta a que surja en ti un tipo diferente de visión.  Si lo que has estado viendo es una ilusión, tiene que haber algo más, otra manera de ver que es real.

La visión de Cristo, que es como el Curso llama esta manera de ver, puede que no entre de repente en tu vista después de una sola aplicación de este proceso mental. Probablemente no lo hará. Tenemos montones y montones de barreras levantadas contra esa visión, y puede que hayas reconocido una de las muchas cosas que te impiden ver al Cristo en tu hermano. Eso es normal. Has entendido que esta barrera concreta es una ilusión, y afirmado que hay otra manera de ver a tu hermano. Eso es todo lo que tienes que hacer. ¡No tienes que intentar buscar la otra manera! Cuando estés listo, cuando las barreras se hayan reconocido como algo que tú te inventas, la visión sencillamente estará ahí.

Sencillamente “estará ahí” porque ya está ahí. El Cristo en ti se reconoce a Sí Mismo en tu hermano. El proceso es parecido a dejar de escuchar la interferencia en una radio que tiene filtros electrónicos. Hay una señal de radio que quieres oír, pero las interferencias y mucho ruido  te impiden escucharla. Identificas la interferencia, la aíslas, electrónicamente “das instrucciones” a tu equipo para que no las escuche, y finalmente te llega la señal clara.

Lo que haces en el proceso que el Curso recomienda (mirar al ego y sus pensamientos de muerte, identificarlos, y decidir no hacerles caso porque vienen de una fuente que no es de fiar) es dejar de escuchar la interferencia. Continúa haciendo eso, y la señal clara de la visión de Cristo te llegará. Está ahí, en ti, justo en este momento. Sólo que no puedes “escucharla” por todo el ruido que el ego está haciendo.


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