domingo, 15 de junio de 2014

Leccion 166


LECCIÓN 166 – 15 de Junio

Se me han confiado los dones de Dios.

1. Se te ha dado todo. 2La confianza que Dios tiene en ti es infi­nita. 3Él conoce a Su Hijo. 4Él da sin hacer excepciones y sin reser­varse nada que pudiera contribuir a tu felicidad. 5Sin embargo, a menos que tu voluntad sea una con la Suya, no podrás recibir Sus dones. 6Mas ¿qué podría hacerte pensar que hay otra voluntad aparte de la Suya?
2. He aquí la paradoja que sirve de fundamento a la fabricación de este mundo. 2Este mundo no es la Voluntad de Dios, por lo tanto, no es real. 3No obstante, aquellos que creen que lo es no pueden sino creer que hay otra voluntad, la cual produce efectos opuestos a los que Él dispone. 4Esto es claramente imposible, mas la mente de aquel que contempla el mundo y lo juzga como real, sólido, digno de confianza y verdadero cree en dos creadores, o mejor dicho en uno: él mismo. 5Mas nunca en un solo Dios.
3. Todo aquel que alberga creencias tan extrañas como éstas no puede aceptar los dones de Dios, 2pues se ve obligado a creer que aceptarlos, por muy evidentes que se vuelvan, por muy grande que sea la urgencia con la que se le exhorta a reclamarlos como propios, es verse presionado a traicionarse a sí mismo. 3Por lo tanto, tiene que negar la existencia de dichos dones, contradecir la verdad y sufrir para preservar el mundo que él mismo construyó.
4. He aquí el único hogar que cree conocer. 2He aquí la única seguridad que cree poder encontrar. 3Sin ese mundo que él mismo construyó se siente como un paria, sin hogar y preso del miedo. 4No se da cuenta de que en ese mundo es donde en verdad es presa del miedo y donde no tiene un hogar; donde es un paria que en su vagar se ha alejado tanto de su hogar, y por tanto tiempo, que no se da cuenta de que se ha olvidado de dónde vino, adónde va, e incluso de quién es en realidad.
5. No obstante, los dones de Dios lo acompañan en su solitario e insensato vagar, aunque él no se dé cuenta. 2No puede perderlos. 3Pero no ve lo que se le ha dado. 4Continúa errante, consciente de la futilidad que le rodea por todas partes, viendo cómo lo poco que tiene no hace sino menguar, conforme él sigue adelante sin ir a ninguna parte. 5Pero aun así, continúa deambulando en la miseria y en la pobreza, solo, aunque Dios está con él, y en posesión de un tesoro tan grande que, ante su magnitud, todo lo que el mundo ofrece no tiene ningún valor.
6. Su aspecto da lástima, está cansado y rendido, viene hara­piento, y los pies están ensangrentados por los abrojos del camino que ha venido recorriendo. 2No hay nadie que no se haya identifi­cado con él, pues todo el que viene aquí ha seguido la misma senda que él recorre, y se ha sentido derrotado y desesperanzado tal como él se siente ahora. 3Mas, ¿es su situación realmente trá­gica, si te percatas de que está recorriendo el camino que él mismo eligió, y que no tiene más que darse cuenta de Quién camina a su lado y abrir sus tesoros para ser libre?
7. Este es el ser que has elegido, el que forjaste para reemplazar a la realidad. 2Éste es el ser que defiendes ferozmente contra toda muestra de razón, toda prueba, así como contra todos los testigos que te pueden demostrar que eso no es lo que tú eres. 3No les haces caso. 4Sigues el camino que te has trazado, cabizbajo, no vaya a ser que captes un atisbo de la verdad, te libres del auto­engaño y quedes en libertad.
8. Te retraes temerosamente no vaya a ser que sientas el toque de Cristo sobre tu hombro y percibas Su amorosa mano apuntando hacia tus dones. 2¿Cómo podrías decir entonces que la pobreza te acompaña en el exilio? 3Él te haría reír de semejante percepción de ti mismo. 4¿Cómo podrías entonces seguir teniendo lástima de ti mismo? 5¿Y qué pasaría entonces con toda la tragedia que pro­curaste para aquel que Dios dispuso que gozase únicamente de dicha?
9. Tu miedo ancestral te ha salido al encuentro ahora, y por fin la justicia ha dado contigo. 2Cristo ha puesto Su mano sobre tu hom­bro, y ya no te sientes solo. 3Piensas incluso que el miserable yo que creíste ser tal vez no sea tu verdadera Identidad. 4Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la tuya. 5Tal vez los dones que Él te ha dado son reales. 6Tal vez tu plan de mantener a Su Hijo sepultado en el olvido y de seguir por el camino que elegiste reco­rrer separado de tu Ser no lo ha engañado del todo.
10. La Voluntad de Dios no se opone a nada. 2Simplemente es. 3No es a Dios a Quien has aprisionado con tu plan de querer perder tu Ser. 4Él no sabe nada de un plan tan ajeno a Su Voluntad. 5Hubo una necesidad que Él no entendió, y Él simplemente dio una Res­puesta. 6Eso es todo. 7Y tú, a quien se le ha dado esa Respuesta, no tienes necesidad de nada más.
11. Ahora vivimos, pues ahora no podemos morir. 2El deseo de morir ha recibido respuesta, y la vista mediante la cual se contem­plaba a la muerte ha sido sustituida por una visión que percibe que tú no eres lo que pretendes ser. 3Uno que marcha a tu lado le ofrece a cada uno de tus temores esta piadosa respuesta: "Eso no es cierto". 4Cada vez que el pensamiento de pobreza te oprime, Él te recuerda todos los dones que posees, y cuando te percibes solo y atemorizado, te recuerda que Él siempre está a tu lado.
12. Y te recuerda también algo más que tú habías olvidado. 2Pues al tocarte ha hecho que seas igual que Él. 3Los dones que posees no son sólo para ti. 4Ahora tienes que aprender a dar lo que Él vino a ofrecerte. 5Esta es la lección que está implícita en lo que Él da, pues Él te ha salvado de la soledad que quisiste forjar para ocul­tarte de Dios. 6Él te ha recordado todos los dones con los que Dios te bendijo. 7Te habla asimismo de aquello en lo que se ha de con­vertir tu voluntad cuando los aceptes y reconozcas que son tuyos.
13. Los dones de Dios te pertenecen, y se te han confiado para que se los des a todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino del que tú te has escapado. 2Ellos no entienden que lo único que están haciendo es ir en pos de sus deseos. 3Ahora eres tú quien les tiene que enseñar. 4Pues has aprendido de Cristo que hay otro camino que pueden recorrer. 5Les puedes enseñar esto demos­trándoles la felicidad que colma a aquellos que sienten el toque de Cristo y que reconocen los dones de Dios. 6No permitas que tus pesares te tienten a no ser fiel a tu cometido.
14. Tus suspiros no harían ahora sino truncar las esperanzas de aquellos que cuentan contigo para su liberación. 2Tus lágrimas son las suyas. 3Si enfermas, no haces sino impedir su curación. 4Tus temores no hacen sino enseñarles que los suyos están justifi­cados. 5Tu mano se convierte en la que otorga el toque de Cristo; tu cambio de mentalidad se convierte en la prueba de que quien acepta los dones de Dios jamás puede sufrir por nada. 6Se te ha encomendado liberar al mundo de su dolor.
15. No lo defraudes. 2Conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecerle a todo el mundo. 3Dios te ha confiado Sus dones. 4¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo! 5Ésa es tu misión ahora. 6Pues Dios les ha encomendado a todos los que reciben Sus dones que a su vez los den. 7Él ha compartido Su gozo contigo. 8Áhora tú vas a com­partirlo con el mundo.

Comentario

Esta lección continúa con el tono general de la anterior, intentando convencernos para continuar moviéndonos adelante, dejando atrás la ilusión acerca de nosotros mismos con la que hemos estado contentos. Empieza con la idea de que Dios confía tanto en nosotros que Él nos lo ha dado todo. Todo. Él conoce a Su Hijo, y debido a que conoce a Su Hijo, nos da todo sin excepción. Su confianza en nosotros no tiene límites. Dudamos de nuestra propia seguridad, pero podemos depender de Dios.

Confío en la confianza que Dios tiene en mí.

De lo que tenemos miedo es que esa confianza en Dios es “traicionarnos” a nosotros mismos (3:2). Estamos apegados a este mundo que hemos inventado.

Admitir que no es real es traicionarme a mí mismo. Si he avanzado más allá del punto de creer que yo puedo crear como Dios, que puedo hacer un mundo que de algún modo es perfecto, al menos puedo aferrarme a la idea de que puedo deshacer lo que Dios creó, que puedo destruir el mundo y destrozar su perfección. Que se me diga que mis acciones, mis pecados, mis negaciones, mis dudas, y todas las cosas por el estilo, no tienen ningún efecto es humillante para mi ego. Por eso contradigo la verdad del Cielo para mantener lo que yo he inventado.

Hay una parte de nosotros que quiere ser “una figura trágica”, como un héroe o una heroína en una ópera (6:1 y siguientes). Queremos poder decir: “Mira lo noblemente que soporto las adversidades de una suerte atroz”. Pensamos, sin darnos cuenta de ello, que sin la “suerte atroz” perderíamos nuestra nobleza.

Cuando escucho a mi ego, así es como quiero verme a mí mismo. ¡Una figura tan trágica! Pobrecito, tan cansado y agotado. ¡Mira a su vestimenta gastada! ¡Cuánto tiene que haber pasado! Y sus pies… están sangrando. ¡Oh! ¡Pobrecito!

Todos podemos identificarnos con esta figura. “No hay nadie que no se haya identifi­cado con él, pues todo el que viene aquí ha seguido la misma senda que él recorre, y se ha sentido derrotado y desesperanzado tal como él se siente ahora” (6:2). Sabes de qué está hablando esto. Has estado ahí, quizá estás ahí ahora. Sabes lo que significa la “derrota y desesperación”, también las has sentido.

Mas, ¿es su situación realmente trá­gica, si te percatas de que está recorriendo el camino que él mismo eligió, y que no tiene más que darse cuenta de Quién camina a su lado y abrir sus tesoros para ser libre?   (6:3)

¿Es “él”, el héroe trágico (tú y yo), realmente trágico? ¿O es sólo un tonto? ¿Está únicamente cometiendo un error tonto? Cuando ves que está eligiendo su camino y podría elegir de otro modo, ¿puedes considerar trágico su sufrimiento?

“Éste es el ser que has elegido, el que forjaste para reemplazar a la realidad” (7:1). Esto, amigos, es el ego que hemos elegido ser. Es la manera en que nos hemos visto a nosotros mismos. Éste es el ser que estamos defendiendo. Ésta es la persona en la que nos hemos convertido, y negamos todas las pruebas y testigos que demuestran que esto no es nosotros.

Jesús nos pide que abandonemos el papel de víctimas y que reconozcamos: “No soy víctima del mundo que veo” (L.31, encabezamiento), y que reconozcamos:

Soy responsable de lo que veo. Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar. Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí.   (T.21.II.2:3-5)

Te ves a ti mismo como esta figura trágica, pero la respuesta de Jesús es: “Él (Cristo) te haría reír de semejante percepción de ti mismo” (8:3).

Me gustaría pensar en eso por un rato. ¡Jesús quiere hacerme reír! Jesús es un humorista frustrado. Bueno, quizá frustrado no; mira lo que consigue a través de Marianne Williamson. ¡Él quiere que nos riamos de nuestro ego! Quiere que vea el humor de mi situación, defendiendo la tragedia cuando yo he elegido a propósito lo que soy.

¿Cómo podrías entonces seguir teniendo lástima de ti mismo? ¿Y qué pasaría entonces con toda la tragedia que pro­curaste para aquel que Dios dispuso que gozase únicamente de dicha?  (8:4-5)

La lástima de sí mismo y la tragedia simplemente desaparecen, eso es lo que sucede. Cuando te ríes de la “lamentable imagen” del ego, la tragedia desaparece.

El párrafo siguiente describe muy bien dónde algunos de nosotros estamos en este mismo momento, justo empezando a darnos cuenta de que no somos el ego. Esta lección está escrita en muchos niveles; en primer lugar como hemos visto, dirigiéndose a la persona que se esconde en la ilusión del ego de tragedia; luego en las siguientes frases, la persona que ha empezado a darse cuenta de que el miserable ego no es su verdadera Identidad; y finalmente, en el párrafo 11, la persona que ha visto claramente y ha aceptado que “tú no eres lo que pretendes ser” (11:2).

En el párrafo 9, vemos a la persona que está a medio camino: sintiéndose hundida, asustada, casi bajo el ataque de Dios, a Quien normalmente ha evitado durante toda su vida. Escuchemos nuestras respuestas cuando Jesús intenta hacernos reír, y ver en todo ello la divertida verdad.

Primero, sentimos la presencia de Dios, de Quien nos hemos estado escondiendo: “Tu miedo ancestral te ha salido al encuentro ahora, y por fin la justicia ha dado contigo” (9:1).

Nuestra reacción: ¡Caray! ¡Es Dios! ¡Me la he cargado!
Jesús: Es ridículo tener miedo de Dios, es absurdo pensar que Él es tu Enemigo y que quiere hacerte daño. ¡Qué idea más tonta, tener miedo de Dios!
La lección: “Cristo ha puesto Su mano sobre tu hom­bro” (9:2)
Nuestra reacción: ¿Qué ha sido esa sensación extraña? Oh, Cristo, ¿ha sido Cristo? ¿Esa Voz en mi mente es la Suya? Debo estar volviéndome loco.
Jesús: Es tu hermano, y quiere llevarte de vuelta al hogar. ¡Qué locura tener miedo de Él!
La lección: “…y ya no te sientes solo” (9:2).
Nuestra reacción: No estoy seguro de que me guste la idea de tener a alguien siempre conmigo, vigilándome
Jesús: ¡Qué reacción más divertida! Yo soy tu Consuelo y tu Maestro, no tu juez. Es ridículo pensar que prefieres estar solo.
La lección: “Piensas incluso que el miserable yo que creíste ser tal vez no sea tu verdadera Identidad. Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la tuya” (9:3-4).
Nuestra reacción: ¡No puedo creer que haya empezado a dudar de estas cosas en las que he creído toda mi vida! ¡Debo estar loco!
Jesús: Por otra parte, ¿Quién es más probable que tenga razón: tú o Dios? ¡Sé honesto!
La lección: “Tal vez los dones que Él te ha dado son reales” (9:5).
Nuestra reacción: ¡Sí, y quizá son sólo imaginaciones mías!
Jesús: Pero ¿y si estos regalos son de verdad reales? ¿No es una locura no investigarlo?
La lección: “Tal vez tu plan de mantener a Su Hijo sepultado en el olvido y de seguir por el camino que elegiste reco­rrer separado de tu Ser no Le ha engañado del todo” (9:6).
Nuestra reacción: Sí, quizá Le ha engañado. Quizá lo he fastidiado tanto que ni siquiera Dios puede arreglarlo.
Jesús: ¡Ahora si que tiene eso gracia! ¿Tú, burlándote de Dios? Sí, seguro, ése es un modo de pensar brillante. Dios decide que Él quiere algo, ¿y tú vas a impedir que suceda?
Nuestra reacción: Pero si no me burlé de Él, entonces todavía debo ser lo que Él dispuso que yo fuera. No estoy seguro de querer dejar de creer en lo que yo siempre he pensado que soy. Me siento amenazado.
Jesús: En ese caso, no pasa nada. Sigue con la imagen de ti que siempre has tenido; estoy seguro de que verdaderamente has disfrutado ser de ese modo. ¿Verdad? Dios no se pelea con ello.
La lección: “La Voluntad de Dios no se opone a nada. Simplemente es” (10:1-2).

No estás luchando contra Dios, y Dios no está luchando contra ti. Él no lucha, Él no se opone. Él simplemente es. Estás luchando contra la realidad misma. Pensar que estás separado de Dios es tan inteligente como una gota de agua que decide que ya no forma parte del océano. Es como un león que decide que quiere ser un ratón. Estás intentando ser lo que no eres, eso es lo que te produce tanta tensión, cuando sólo da risa. La lucha es únicamente por tu parte, contra un enemigo imaginario. Tú eres la Respuesta a todas tus preguntas. No hay nada aquí de lo que tener miedo. La verdad acerca de ti es maravillosa, no temible.

En el resto de la lección, Jesús habla de tres cosas que necesitamos saber. Primero, todos los regalos que Dios nos ha dado, es decir, el Ser real que somos, completo, sano y que lo tiene todo. Segundo, Su Presencia con nosotros, nuestro Compañero de viaje. Y tercero, que los regalos que tenemos son para darlos y compartirlos; tenemos un propósito aquí, dar estos regalos a “todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino del que tú te has escapado” (13:1).

En cierto sentido ésas son las tres fuerzas principales de Un Curso de Milagros. Primero, aprender la verdadera naturaleza del Ser, la santidad y alegría de nuestro propio Ser. Segundo, e igualmente importante hasta que dejemos este mundo, es el conocimiento seguro de Su Compañía en el camino, la ayuda que necesitamos para lograrlo. Y finalmente, que la naturaleza de la que nos hemos dado cuenta es la de Dador y Amante; para saber que tenemos el regalo, debemos darlo. Tenemos que enseñar al mundo mostrándole “la felicidad que colma a aquellos que sienten el toque de Cristo” (13:5).

Nuestra misión es simplemente: ser felices. “Tu cambio de mentalidad se convierte en la prueba de que quien acepta los dones de Dios jamás puede sufrir por nada” (14:5).

Conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecerle a todo el mundo…  ¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo! Ésa es tu misión ahora.   (15:2, 4-5)

Reconoce Sus regalos. Siente Su toque. Y comparte Sus regalos con el mundo a través de tu felicidad. Ésas son las tres etapas de avanzar hacia delante.

Otra manera de decirlo: Abandona el papel de víctima y toma la responsabilidad como la fuente de tu vida. Elige el Cielo en lugar del infierno, pídele a tu Compañero Su ayuda. Y sé la prueba viviente de la realidad del Cielo con tu alegría radiante y tu negación a sufrir por nada

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