miércoles, 11 de junio de 2014

Leccion 162

LECCIÓN 162 – 11 de Junio

Soy tal como Dios me creó.

1. Sólo con que mantuvieses este pensamiento fijo en la mente, el mundo se salvaría. 2Lo repetiremos de vez en cuando, según vayamos alcanzando nuevos niveles en nuestro aprendizaje. 3Y a medida que avances tendrá cada vez más significado para ti. 4Estas palabras son sagradas, pues son las palabras que Dios dio como respuesta al mundo que tú construiste. 5Con ellas éste de­saparece, y todo lo que se ve en sus brumosas nubes y vanas ilusiones se desvanece cuando se pronuncian estas palabras, 6pues proceden de Dios.
2. He aquí la Palabra mediante la cual el Hijo se convirtió en la felicidad de Su Padre, en Su Amor y en Su compleción. 2He aquí donde se proclama la creación y donde se honra tal como es. 3No hay sueño que no se disipe con estas palabras; no hay pensa­miento de pecado o ilusión en dicho sueño que no se desvanezca ante su poder. 4Estas palabras son la trompeta del despertar que resuena por todo el mundo. 5Los muertos despiertan en res­puesta a su llamada. 6los que viven y oyen este sonido jamás verán la muerte.
3. Santo es en verdad aquel que hace suyas estas palabras; que se levanta con ellas en su mente, las recuerda a lo largo del día, y por la noche se las lleva consigo al irse a dormir. 2Sus sueños son felices y su descanso está asegurado, su seguridad es indudable y su cuerpo goza de perfecta salud porque duerme y despierta con la verdad ante sí en todo momento. 3Salvará al mundo porque le da a éste lo que él mismo recibe cada vez que practica las palabras de la verdad.
4. Nuestra práctica de hoy es muy simple. 2Pues las palabras que utilizamos son poderosas y no necesitan pensamientos adiciona­les para poder producir un cambio en la mente de aquel que las utiliza. 3Este cambio es tan absoluto, que ahora dicha mente se convierte en la tesorería en la que Dios deposita todos Sus dones y todo Su Amor, para que sean distribuidos por todo el mundo, se multipliquen al darse y se conserven intactos porque su com­partir es ilimitado. 4Y así aprendes a pensar con Dios. 5La visión de Cristo ha restaurado tu vista al haber rescatado tu mente.
5. Hoy te honramos a ti. 2Tienes derecho a la perfecta santidad que ahora aceptas. 3Con esta aceptación todo el mundo se salva, pues, ¿quién seguiría abrigando el pecado cuando una santidad como ésta ha bendecido al mundo? 4¿Quién podría desesperarse cuando la perfecta dicha es suya y está al alcance de todos como remedio para el pesar y la miseria, para toda sensación de pér­dida y para escapar totalmente del pecado y la culpabilidad?
6. Y ¿quién no sería ahora un hermano para ti, al ser tú su salva­dor y redentor? 2¿Quién no te abriría su corazón amorosamente, ansioso de unirse a uno que es tan santo como él? 3Tú eres tal como Dios te creó. 4Estas palabras disipan la noche, y ya no hay más oscuridad. 5La luz ha venido hoy a bendecir el mundo. 6Pues tú has reconocido al Hijo de Dios, y en ese reconocimiento radica el del mundo.

Comentario

Por tercera vez encontramos como el pensamiento principal de una lección lo que es el pensamiento más repetido en el Curso. (Las primeras dos lecciones fueron la 94 y la 110, la idea ya apareció también en la 93). La frase “como Dios me creó” aparece 105 veces en el Curso. La veremos como el centro de atención de nuestro repaso en el Libro de Ejercicios en otras veinte lecciones: 201-220.

¿Por qué es tan importante y se repite tan a menudo esta idea? “Sólo con que mantuvieses este pensamiento fijo en la mente, el mundo se salvaría” (1:1). En el Texto, todo nuestro viaje espiritual se describe como esta idea: “No haces sino emerger de una ilusión de lo que eres a la aceptación de ti mismo tal como Dios te creó” (T.24.II.14:5). Si estas afirmaciones son verdad, es motivo suficiente para aprender esta idea de memoria y repetirla una y otra vez hasta que se convierta en parte de nuestro sistema de pensamiento. Podemos decir que todo el Curso no tiene otro objetivo, ni más ni menos, que llevarnos al punto en el que mantenemos firmemente este pensamiento en nuestra mente.

En el párrafo 4 se describe nuestra práctica del día de una manera muy sencilla. Todo lo que necesitamos son las palabras de la idea principal: “no necesitan pensamientos adiciona­les para poder producir un cambio en la mente de aquel que las utiliza” (4:2). El cambio de mente que el Curso pretende es sencillamente la aceptación de nosotros mismos tal como Dios nos creó. Al poner toda nuestra atención en este pensamiento, meditarlo, repetirlo, y darle vueltas en nuestra mente, aceleramos este cambio de mente. “Y así aprendes a pensar con Dios. La visión de Cristo ha restaurado tu vista al haber rescatado tu mente” (4:4-5).

En la Lección 93, había unas palabras añadidas, que a mí me ayudaron a aclarar su significado:

La salvación requiere que aceptes un solo pensamiento: que eres tal como Dios te creó, y no lo que has hecho de ti mismo. Sea cual sea el mal que creas haber hecho, eres tal como Dios te creó. Sean cuales sean los errores que hayas cometido, la verdad con respecto a ti permanece inalterada. La creación es eterna e inalterable.   (L.93.7:1-4)

No somos lo que hemos imaginado de nosotros mismos. Nuestros errores no han cambiado la verdad acerca de nosotros. Eso es lo que significa aceptar esta idea: el reconocimiento de que nada que hayamos hecho ha podido alterar nuestra relación con Dios en lo más mínimo, ni cambiar nuestra naturaleza, que Dios nos dio en nuestra creación. Nuestros actos más vergonzosos, los pensamientos que nunca mostraríamos al mundo, no han cambiado la creación de Dios en lo más mínimo. No hay razón para la culpa, no hay motivo para alejarnos de Dios con miedo, nuestros imaginados “pecados” no han tenido ningún efecto. Todavía estamos a salvo, y completos, y sanos, y nada nos falta.

¿Cómo tenemos que usar estos pensamientos? “Santo es en verdad aquel que hace suyas estas palabras; que se levanta con ellas en su mente, las recuerda a lo largo del día, y por la noche se las lleva consigo al irse a dormir” (3:1). Me recuerda a las palabras escritas acerca de Dios en el Antiguo Testamento: “Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así como acostado o levantado” (Deuteronomio 6:7). En otras palabras, haz de ellas parte de toda tu vida, especialmente al levantarte por la mañana y cuando te vas a dormir.

Reconocer que “Soy tal como Dios me creó” es reconocer al Hijo de Dios. Es estar libre de culpa. Es conocer la inocencia de cada cosa viviente. Es reconocer a Dios como el Creador perfecto. Es liberar el pasado. Es perdonar al mundo. Todo lo que necesitamos está en estas palabras: “Soy tal como Dios me creó”.

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