domingo, 8 de junio de 2014

Leccion 159

LECCIÓN 159 – 8 de Junio

Doy los milagros que he recibido.

1. Nadie puede dar lo que no ha recibido. 2Para dar algo es pre­ciso poseerlo antes. 3En este punto las leyes del Cielo y las del mundo coinciden: 4Pero en este  punto difieren también. 5El  mundo cree que para poseer una cosa tiene que conservarla.6La salvación enseña lo contrario. 7Al dar es como reconoces que has recibido. 8Es la prueba de que lo que tienes es tuyo.
2. Comprendes que estás sano cuando ofreces curación: 2Aceptas que el perdón se ha consumado en ti cuando perdonas. 3En tu hermano te reconoces a ti mismo, y así, te das cuenta de que eres pleno. 4No hay milagro que no puedas dar, pues todos te han sido dados. 5Recíbelos ahora abriendo el almacén de tu mente donde se encuentran y dándoselos al mundo.
3. La visión de Cristo es un milagro. 2Viene de mucho más allá de sí misma, pues refleja el Amor Eterno y el renacimiento de un amor que, aunque nunca muere, se ha mantenido velado. 3La visión de Cristo representa el Cielo, pues lo que ve es un mundo tan semejante al Cielo que lo que Dios creó perfecto puede verse reflejado en él. 4En el espejo tenebroso que el mundo presenta sólo se pueden ver imágenes distorsionadas y fragmentadas. 5El mundo real representa la pureza del Cielo.
4. La visión de Cristo es el milagro del que emanan todos los demás milagros. 2Es su fuente, y aunque permanece con cada milagro que das, sigue siendo tuya. 3Es el vínculo mediante el cual el que da y el que recibe se unen en el proceso de extensión aquí en la tierra, tal como son uno en el Cielo. 4Cristo no ve peca­dos en nadie. 5ante Su vista, los que son incapaces de pecar son todos uno. 6Su santidad les fue otorgada por Su Padre y por Cristo.
5. La visión de Cristo es el puente entre los dos mundos. 2Y tú puedes tener absoluta confianza de que su poder te sacará de este mundo y te llevará a otro que ha sido santificado por el perdón. 3Las cosas que aquí parecen completamente sólidas, allí son meras sombras, transparentes, apenas visibles, relegadas al olvido a veces e incapaces de poder opacar la luz que brilla más allá de ellas. 4A la visión se le ha restituido la santidad, y ahora los ciegos pueden ver.
6. Éste es el único regalo del Espíritu Santo, el tesoro al que pue­des recurrir con absoluta certeza para obtener todas las cosas que pueden contribuir a tu felicidad. 2Todas ellas ya se encuentran aquí, 3y se te dan sólo con que las pidas. 4Aquí las puertas no se cierran nunca, y a nadie se le niega la más mínima petición ni su necesidad más apremiante. 5No  hay enfermedad que no esté ya curada, carencia que no se haya suplido, ni necesidad que no haya sido satisfecha en éste, el áureo tesoro de Cristo.
7. Aquí es donde el mundo recuerda lo que perdió cuando fue construido. 2Pues aquí se le repara y se le renueva, pero bajo una nueva luz. 3Lo que estaba destinado a ser la morada del pecado se convierte ahora en el centro de la redención y en el hogar de la misericordia, donde se cura a todos los que sufren y donde se les da la bienvenida. 4nadie se le niega la entrada a este nuevo hogar donde le aguarda su salvación. 5Nadie es un extraño aquí. 6Nadie le pide nada a otro salvo el regalo de aceptar la bienvenida que se le ofrece.
8. La visión de Cristo es la tierra santa donde las azucenas del perdón echan raíces. 2Ése es su hogar. 3Desde ahí se pueden llevar hasta el mundo pero jamás podrán crecer en sus tierras estériles y superficiales. 4Tienen necesidad de la luz y del calor, así como del amoroso cuidado que la caridad de Cristo les provee. 5Necesitan el amor con el que Él las contempla. 6Y se convierten en Sus emisarios, que dan tal como recibieron.
9. Toma lo que quieras de Su depósito, para que sus tesoros pue­dan multiplicarse. 2Las azucenas no abandonan su hogar cuando se traen al mundo. 3Sus raíces siguen aún allá. 4No abandonan su fuente, sino que llevan su beneficencia consigo, y convierten al mundo en un jardín como aquel del que vinieron, y, al que retornarán con una fragancia todavía mayor. 5Ahora son doblemente benditas. 6Han transmitido los mensajes de Cristo que traían y éstos les han sido devueltos. 7Y ellas se losllevan devuelta gustosamente a Él.
10. Contempla el caudal de milagros desplegados ante ti para que los des. 2¿No eres acaso merecedor de ésos mismos regalos cuando Dios Mismo dispuso que se te concediesen? 3No juzgues al Hijo de Dios, sino sigue el camino que Dios ha señalado, 4Cristo ha soñado el sueño de un mundo perdonado. 5Ese es Su regalo, a través del cual puede tener lugar una dulce transición de la muerte a la vida, de la desesperación a la esperanza., 6Permi­támonos por un instante soñar con Él. 7Su sueño nos despierta a la verdad. 8Su visión nos provee de los medios por los que regresar a nuestra santidad eterna en Dios, la cual nunca perdimos.

Comentario

Fíjate en que el título de la lección de hoy es casi el mismo que el de la lección de ayer: “Hoy aprendo a dar tal como recibo”. Hay un pensamiento en común en estas dos lecciones, incluso extendiéndose a dos lecciones anteriores. Todas ellas hablan de la visión de Cristo. Todas ellas nos presentan la idea del instante santo como una parte fundamental de nuestra práctica espiritual, aunque no se habla de ello concretamente en cada una de estas lecciones.

La idea general que se presenta  es la de nuestra continua práctica espiritual. Es ésta: Entramos en el instante santo a menudo. Ahí, experimentamos un toque de eternidad o del Cielo, un atisbo del conocimiento de la verdad. Mientras que la experiencia no podemos traerla con nosotros al mundo, podemos traer cómo es esa experiencia traducida a la percepción, a esto se le llama “la visión de Cristo”, que se manifiesta en el perdón.

En esta lección, el instante santo se da a entender con frases como: “Permi­támonos por un instante soñar con Él” (10:6), o “Recíbelos ahora abriendo el almacén de tu mente donde se encuentran” (2:5). El Instante Santo es el “almacén” al que venimos, el lugar en el que recibimos los regalos de la visión de Cristo. Tenemos que recibir antes de que podamos dar.

Pero no podemos reconocer, o hacernos conscientes por completo de lo que hemos recibido hasta que lo demos: “Al dar es como reconoces que has recibido. Es la prueba de que lo que tienes es tuyo” (1:7-8). Extender la visión de Cristo es una parte esencial del plan de salvación que presenta el Curso. Es lo que nos trae seguridad. Esto es muy parecido al principio que enseña Alcohólicos Anónimos de que te mantienes sobrio ayudando a otro a mantenerse sobrio. Aquí se enseña: 

Comprendes que estás sano cuando ofreces curación: Aceptas que el perdón se ha consumado en ti cuando perdonas”.    (2:1-2)

Es únicamente cuando traemos las “azucenas” del perdón del instante santo, donde las recibimos, y las damos al mundo, cuando verdaderamente sabemos que estamos perdonados. Al dar los milagros cuando los recibimos.

Padre, ayúdame hoy a darme cuenta de que soy rico. El almacén de mi mente está lleno de milagros. Puedo venir a este almacén y, en este instante santo, recibirlos. Me los confiaste para que yo los diera. Que hoy me detenga a menudo, para encontrarme aquí Contigo, y luego lleve estos tesoros para ofrecérselos al mundo. Éste es mi único propósito en la vida, ésta es la razón por la que estoy aquí.

2 comentarios:

  1. Que maravilla !! Bendiciones !! Gracias. 🤗

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  2. Bendito sea Dios por los tesoros que ha depositado en mi almacén!!!

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