sábado, 7 de junio de 2014

Leccion 158

LECCIÓN 158 – 7 de Junio

Hoy aprendo a dar tal como recibo.

1. ¿Qué se te ha dado? 2Se te ha dado el conocimiento de que eres una mente, de que te encuentras en una Mente y de que no eres sino mente, por siempre libre de pecado y totalmente exento de miedo al haber sido creado del Amor. 3No has abandonado tu Fuente, por lo tanto, sigues siendo tal como fuiste creado. 4Esto se te dio en forma de un conocimiento que no puedes perder. 5Ese conocimiento se le dio asimismo a todas las cosas vivientes, pues sólo mediante él viven.
2. Has recibido todo esto. 2No hay nadie en este mundo que no lo haya recibido. 3No es éste el conocimiento que tú transmites a otros, pues ése es el conocimiento que la creación dio. 4Nada de esto se puede aprender. 5¿Qué es, pues, lo que vas a aprender a dar hoy? 6Nuestra lección de ayer evocó un tema que se expone al principio del texto. 7La experiencia, a diferencia de la visión, no se puede compartir de manera directa. 8La revelación de que el Padre y el Hijo son uno alboreará en toda mente a su debido tiempo. 9Sin embargo, ese momento lo determina la mente misma, pues es algo que no se puede enseñar.
3. Ese momento ya ha sido fijado. 2Esto parece ser bastante arbi­trario. 3No obstante, no hay nadie que dé ni un solo paso al azar a lo largo del camino. 4Todos lo han dado ya, aunque todavía no hayan emprendido la jornada. 5Pues el tiempo tan sólo da la impresión de que se mueve en una sola dirección. 6No hacemos sino emprender una jornada que ya terminó. 7No obstante, parece como si tuviera un futuro que todavía nos es desconocido.
4. El tiempo es un truco, un juego de manos, una gigantesca ilu­sión en la que las figuras parecen ir y venir como por arte de magia. 2No obstante, tras las apariencias hay un plan que no cam­bia. 3El guión ya está escrito. 4El momento en el que ha de llegar la experiencia que pone fin a todas tus dudas ya se ha fijado. 5Pues la jornada sólo se puede ver desde el punto donde termina, desde donde la podemos ver en retrospectiva, imaginarnos que la emprendemos otra vez y repasar mentalmente lo ocurrido.
5. Un maestro no puede dar su experiencia, pues no es algo que él haya aprendido. 2Ésta se reveló a sí misma a él en el momento señalado. 3La visión, no obstante, es su regalo. 4Esto él lo puede dar directamente, pues el conocimiento de Cristo no se ha per­dido, toda vez que Él tiene una visión que puede otorgar a cual­quiera que la solicite. 5La Voluntad del Padre y la Suya están unidas en el conocimiento. 6No obstante, hay una visión que el Espíritu Santo ve porque la mente de Cristo también la contem­pla.
6. Aquí el mundo de las dudas y de las sombras se une con lo intangible. 2He aquí un lugar tranquilo en el mundo que ha sido santificado por el perdón y el amor. 3Aquí se reconcilian todas las contradicciones, pues aquí termina la jornada. 4La experiencia ­que no se puede aprender, enseñar o ver simplemente se encuen­tra ahí. 5Esto es algo que está más allá de nuestro objetivo; pues trasciende lo que es necesario lograr. 6Lo que nos interesa es la visión de Cristo. 7Esto sí que lo podemos alcanzar.
7. La visión de Cristo está regida por una sola ley. 2No ve el cuerpo, ni lo confunde con el Hijo que Dios creó. 3Contempla una luz que se encuentra más allá del cuerpo; una idea que yace más allá de lo que puede ser palpado; una pureza que no se ve men­guada por errores, por lamentables equivocaciones, o por los ate­rrantes pensamientos de culpabilidad nacidos de los sueños de pecado. 4No ve separación. 5contempla a todo el mundo, y todas las circunstancias, eventos o sucesos, sin que la luz que ve se atenúe en lo más mínimo.
8. Esto se puede enseñar, y todo aquel que quiera alcanzarlo tiene que enseñarlo. 2Lo único que es necesario es el reconocimiento de que el mundo no puede dar nada cuyo valor pueda ni remota­mente compararse con esto; ni fijar un objetivo que no desapa­rezca una vez que se haya percibido esto. 3Y esto es lo que vas a dar hoy: no ver a nadie como un cuerpo 4y saludar a todo el mundo como el Hijo de Dios que es, reconociendo que es uno contigo en santidad.
9. Así es como sus pecados le son perdonados, pues la visión de Cristo tiene el poder de pasarlos a todos por alto. 2En Su perdón se desvanecen. 3Al ser imperceptibles para el Uno, simplemente desaparecen, pues la visión de la santidad que se halla más allá de ellos viene a ocupar su lugar. 4No importa en qué forma se manifestaban, cuán enormes parecían ser ni quién pareció sufrir sus consecuencias. 5Ya no están ahí. 6todos los efectos que pare­cían tener desaparecieron junto con ellos, al haber sido erradicados para ya nunca más volver.
10. Así es como aprendes a dar tal como recibes. 2así es como la visión de Cristo te contempla a ti también. 3Esta lección no es difícil de aprender si recuerdas que en tu hermano te ves a ti mismo. 4Si él se encuentra inmerso en el pecado, tú también lo estás; si ves luz en él, es que te has perdonado a ti mismo tus pecados. 5Cada hermano con quien hoy te encuentres te brinda una nueva oportunidad para dejar que la visión de Cristo brille sobre ti y te ofrezca la paz de Dios.
11. Cuándo ha de llegar esta revelación es irrelevante, pues no tiene nada que ver con el tiempo. 2No obstante, el tiempo aún nos tiene reservado un regalo, en el que el verdadero conocimiento se refleja de manera tan precisa que su imagen comparte su invisi­ble santidad y su semejanza resplandece con su amor inmortal. 3Nuestra práctica de hoy consiste en ver todo con los ojos de Cristo. 4mediante los santos regalos que damos, la visión de Cristo nos contempla a nosotros también.

Comentario

Esta lección encierra mucha metafísica profunda, concretamente de la relacionada con el tiempo, un punto de partida genial es el libro de Ken Wapnick Una Enorme Ilusión: El Tiempo en ‘Un Curso de Milagros’. ¡No puedo escribir un libro esta noche y probablemente no quieres leer uno en este momento! Así que voy a saltarme la mayor parte de ello.

El asunto práctico que esta lección está intentando exponer es que el “conocimiento”, que pertenece al mundo del Cielo, está más allá del alcance de este Curso. Todos recibimos el conocimiento cuando fuimos creados; todo ser viviente sabe, por naturaleza, que está conectado a su Fuente: “mente, por siempre libre de pecado y totalmente exento de miedo al haber sido creado del Amor” (1:2). Puede parecernos que esto es algo que no tenemos, y que es esto lo que estamos intentando dar a los otros y recibirlo para nosotros. Pero no podemos darlo porque todos lo tienen ya. Existe completamente fuera del tiempo. El momento del tiempo en el que la experiencia de este conocimiento se revela ya ha sido determinado, por nuestra propia mente (2:9). Cuando tenga que suceder, sucederá.

Dentro del tiempo -que es una ilusión- lo que podemos dar y recibir es el perdón. El perdón es el regalo que refleja verdadero conocimiento “de manera tan precisa que su imagen comparte su invisi­ble santidad” (11:2). Lo que podemos dar es una visión de inocencia total, la “visión de Cristo”. Podemos mirar más allá del cuerpo y ver una luz, mirar más allá de lo que puede tocarse y ver una idea, mirar más allá de los errores y los miedos de nuestros hermanos y ver su pureza natural. Podemos saludarnos al otro y verle “como el Hijo de Dios que es, reconociendo que es uno contigo en santidad” (8:4).

No estamos dando el conocimiento. Cuando nos encontramos con alguien, podemos darle nuestra visión de él sin mancha alguna de pecado. A través del modo en que le percibimos, puede encontrar una nueva percepción de sí mismo, una que no ha encontrado por su cuenta. Cuando responda a nuestra visión misericordiosa, nos devolverá esa visión a nosotros, permitiéndonos ver el Amor de Dios dentro de nosotros. Cuando perdonamos a otro, al mismo tiempo hemos perdonado nuestros propios pecados, porque “en tu hermano te ves a ti mismo” (10:3).

No podemos saber cuándo vendrá la revelación de la verdad, la experiencia de nuestra realidad. Ese momento ya ha sido fijado, el drama se está representando, no hay nadie que dé ni un solo paso al azar (3:1-3). Y sin embargo, cada acto de perdón acerca más ese día. Entonces, nuestra preocupación no es la experiencia final, sino la práctica de la visión, ver con los ojos de Cristo. Esto es algo que podemos alcanzar, esto es algo acerca de lo que podemos hacer algo. Y lo podemos hacer hoy. Ahora mismo.

“Esto se puede enseñar, y todo aquel que quiera alcanzarlo tiene que enseñarlo” (8:1). El modo de aprender la visión de Cristo es darla. El modo de lograr la visión de nosotros mismos como Cristo nos ve es practicar ver a otros con Sus ojos. Lo damos para recibirlo. Éste es el plan completo del Curso.

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