lunes, 30 de junio de 2014

II. El poder de la santidad

30 DE JUNIO
II. El poder de la santidad
1. Puede que aún pienses que no es posible entender lo que es la santidad porque no puedes ver cómo se puede extender de manera que incluya a todo el mundo. 2Y se te ha dicho que para que sea santa tiene que incluir a todo el mundo. 3La extensión de la santidad no es algo que te deba preocupar, pues no compren­des la naturaleza de los milagros. 4Tampoco eres tú el que los obra. 5Esto lo demuestra el hecho de que los milagros se extien­den más allá de los límites que tú percibes. 6¿Por qué preocuparte por cómo se va a extender el milagro a toda la Filiación cuando no entiendes lo que es el milagro? 7Un atributo no es más difícil de entender que el todo del que forma parte. 8Si los milagros existen, sus atributos tienen que ser milagrosos al ser parte de ellos.
2. Existe una tendencia a fragmentar, y luego a ocuparse de la verdad de una pequeña porción del todo. 2Eso no es más que un intento, de evitar el todo o de no querer contemplarlo, concen­trándote en lo que crees que te sería más fácil entender, 3lo cual no es sino otra manera en la que aún tratas de limitarte a tu propio entendimiento. 4Otra manera de considerar los mila­gros -que es mucho mejor y más útil- es ésta: los milagros son algo que no entiendes ni total ni parcialmente. 5Pero se han mani­festado a través de ti. 6Por lo tanto, tu entendimiento no es nece­sario. 7Mas sigue siendo imposible llevar a cabo lo que no entiendes. 8Así que debe haber Algo en ti que sí entiende.
3. Es imposible que los milagros te parezcan naturales porque lo que has hecho para hacerle daño a tu mente, la ha vuelto tan anti­natural que no recuerda lo que le es natural. 2Y cuando se te dice lo que es natural, no puedes comprenderlo. 3El reconocimiento de que la parte es igual al todo y de que el todo está en cada parte es perfectamente natural, pues así es como Dios piensa, y lo que es natural para Él es natural para ti. 4Una percepción completamente natural te mostraría de inmediato que es imposible que haya gra­dos de dificultad en los milagros, pues ello estaría en contradic­ción con su significado. 5Y si pudieses comprender su significado, sus atributos no podrían causarte perplejidad.
4. Has obrado milagros, pero es muy evidente que no los has obrado solo. 2Cada vez que te extendiste hasta otra mente y te uniste a ella tuviste éxito. 3Cuando dos mentes se unen y compar­ten una idea por igual, se establece el primer eslabón de la con­ciencia de que la Filiación es una. 4Cuando estableces esta unión tal como el Espíritu Santo te pide, y se la ofreces para que Él se valga de ella como crea conveniente, la percepción que natural­mente tiene de dicho regalo le permite a Él comprenderla, y a ti usar Su comprensión en beneficio propio. 5Es imposible conven­certe de la realidad de lo que sin duda se ha logrado por el hecho de haber estado tú dispuesto a ello, mientras creas que a menos que tú lo entiendas no es real.
5. ¿Cómo puedes tener fe en la realidad mientras sigas empeñado en querer hacerla irreal? 2¿Crees realmente que te encuentras más a salvo afirmando que las ilusiones son reales que aceptando jubilosamente la verdad tal como es y dando gracias por ella? 3Honra la verdad que se te ha dado, y regocíjate de que no la comprendas. 4Los milagros son algo natural para Aquel que habla por Dios, 5pues Su tarea es traducir el milagro al conocimiento que repre­senta, pero que se encuentra vedado para ti. 6Permite que el entendimiento que Él tiene de los milagros te baste, y no les vuel­vas la espalda a los testigos que Él te ha dado, quienes dan fe de Su realidad.
6. No hay prueba que pueda convencerte de la verdad de lo que no deseas. 2No obstante, tu relación con Él es real. 3No veas esto con miedo, sino con regocijo. 3Aquel que invocaste está contigo. 5Dale la bienvenida y honra a los testigos que te traen las buenas nuevas de Su llegada. 6Es cierto, tal como temes, que reconocerlo a Él supone la negación de todo lo que crees saber. 7Pero lo que crees saber nunca fue verdad. 8¿De qué te sirve aferrarte a ello y negar las pruebas en favor de la verdad? 9Pues estás demasiado cerca de la verdad como para poder renunciar a ella ahora, y no podrás sino ceder ante su irresistible atracción. 10Puedes demorar esto ahora, pero sólo por un tiempo. 11El Anfitrión de Dios te ha llamado y tú le has oído. 12Nunca jamás volverás a estar completamente dispuesto a no escuchar.
7. Éste es un año de júbilo, en el que escucharás cada vez más y en el que la paz aumentará en igual medida. 2Tanto el poder de la santidad como la debilidad del ataque se están llevando a tu con­ciencia. 3Y esto se ha logrado en una mente que está firmemente convencida de que la santidad es debilidad y el ataque poder. 4¿No es este milagro prueba suficiente de que tu Maestro no pro­cede de ti? 5Pero recuerda también que cada vez que escuchaste Su interpretación los resultados te produjeron júbilo. 6¿Preferi­rías acaso los resultados de tu interpretación, teniendo en cuenta honradamente cuáles han sido dichos resultados? 7Dios dispone para ti algo mejor. 8¿No podrías contemplar con más caridad a quien Dios ama con perfecto amor?
8. No hagas interpretaciones que se opongan al Amor de Dios, pues tienes muchos testigos que hablan de él tan claramente, que sólo los ciegos y los mudos podrían no verlos ni oírlos. 2Decídete este año a no negar lo que Dios te ha dado. 3Despierta y compár­telo, pues ésa es la única razón por la que Él te ha llamado. 4Su Voz ha hablado claramente, pero tienes muy poca fe en lo que oíste debido a que has preferido tener más fe en el desastre que has ocasionado. 5Resolvamos hoy juntos aceptar las buenas nue­vas de que ese desastre no es real, y de que la realidad no es un desastre. 6La realidad es algo seguro, está a salvo y es completamente bondadosa con todo el mundo y con todas las cosas. 7No hay amor más grande que aceptar esto y alegrarse. 8Pues el amor sólo pide que seas feliz, y te dará todo lo que contribuya a tu felicidad.
9. El Espíritu Santo jamás ha dejado de resolver por ti ningún problema que hayas puesto en Sus manos, ni jamás dejará de hacerlo. 2Cada vez que has tratado de resolver algo por tu cuenta, has fracasado. 3¿No es hora ya de que conectes todos estos hechos y te des cuenta de lo que significan? 4Éste es el año en que debes poner en práctica las ideas que se te han dado. 5Pues las ideas son fuerzas poderosísimas que deben ponerse en práctica y no dejar en desuso. 6Ya te han dado suficientes pruebas de su poder como para que desees depositar tu fe en ellas y no en su negación. 7Dedica este año a la verdad y déjala obrar en paz. 8Ten fe en Aquel que tiene fe en ti. 9Piensa en lo que realmente has visto y oído, y acéptalo. 10¿Cómo puedes estar solo con seme­jantes testigos?

Leccion 181


LECCIÓN 181 – 30 de Junio

Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

1. Confiar en tus hermanos es esencial para establecer y sustentar tu fe en tu propia capacidad para trascender tus dudas y tu falta de absoluta convicción en ti mismo. 2Cuando atacas a un her­mano, proclamas que está limitado por lo que tú has percibido en él. 3No estás viendo más allá de sus errores. 4Por el contrario, éstos se exageran, convirtiéndose en obstáculos que te impiden tener conciencia del Ser que se encuentra más allá de tus propios erro­res, así como de sus aparentes pecados y de los tuyos.
2. La percepción tiene un enfoque. 2Eso es lo que hace que lo que ves sea consistente. 3Cambia de enfoque, y, lo que contemples, consecuentemente cambiará. 4Ahora se producirá un cambio en tu visión para apoyar la intención que ha reemplazado a la que antes tenías. 5Deja de concentrarte en los pecados de tu hermano, y experimentarás la paz que resulta de tener fe en la impecabilidad. 6El único apoyo que esta fe recibe procede de lo que ves en otros más allá de sus pecados. 7Pues sus errores, si te concentras en ellos, no son sino testigos de tus propios pecados. 8no podrás sino verlos, lo cual te impedirá ver la impecabilidad que se encuentra más allá de ellos.
3. En nuestras prácticas de hoy, por lo tanto, lo primero que vamos a hacer es dejar que todos esos insignificantes enfoques den paso a la gran necesidad que tenemos de que nuestra impeca­bilidad se haga evidente. 2Damos instrucciones a nuestras mentes para que, por un breve intervalo, eso, y sólo eso, sea lo que bus­quen. 3No vamos a preocuparnos por objetivos futuros. 4Lo que vimos un instante antes no nos preocupará en absoluto dentro de este lapso de tiempo en el que nuestra práctica consiste en cam­biar de intención. 5Buscamos la inocencia y nada más. 6la busca­mos sin interesarnos por nada que no sea el ahora.
4. Uno de los mayores obstáculos que ha impedido tu éxito ha sido tu dedicación a metas pasadas y futuras. 2El que las metas que propugna este curso sean tan extremadamente diferentes de las que tenías antes ha sido motivo de preocupación para ti. 3Y también te has sentido consternado por el pensamiento restric­tivo y deprimente de que, incluso si tuvieses éxito, volverías ine­vitablemente a perder el rumbo.
5. ¿Por qué habría de ser esto motivo de preocupación? 2Pues el pasado ya pasó y el futuro es tan solo algo imaginario. 3Preocupa­ciones de esta índole no son sino defensas: para impedir que cam­biemos el enfoque de nuestra percepción en el presente. 4Nada más. 5Vamos a dejar de lado estas absurdas limitaciones por un momento. 6No vamos a recurrir a creencias pasadas, ni a dejar que lo que hayamos de creer en el futuro nos estorbe ahora. 7Damos comienzo a nuestra sesión de práctica con un solo propósito: ver la impecabilidad que mora dentro de nosotros.
6. Reconoceremos que hemos perdido de vista este objetivo si de alguna manera la ira se interpone en nuestro camino. 2Y si se nos ocurre pensar en los pecados de un hermano, nuestro restringido foco nos nublará la vista y nos hará volver los ojos hacia nuestros propios errores, que exageraremos y llamaremos "pecados". 3De modo que, por un breve intervalo, de surgir tales obstáculos, los transcenderemos sin ocuparnos del pasado o del futuro, dando instrucciones a nuestras mentes para que cambien de foco, según decimos:

4No es esto lo que quiero contemplar.
5Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

7. Y nos valdremos asimismo de este pensamiento para mante­nernos a salvo a lo largo del día. 2No estamos interesados en metas a largo plazo. 3Conforme cada uno de los obstáculos nuble la visión de nuestra impecabilidad, lo único que nos interesará será poner fin, por un instante, al dolor que, de concentrarnos en el pecado experimentaríamos, y que, de no corregirlo, persistiría.
8. No vamos en pos de fantasías. 2Pues lo que procuramos con­templar está realmente ahí. 3conforme nuestro foco se extienda más allá del error, veremos un mundo completamente impecable. 4cuando esto sea lo único que queramos ver y lo único que busquemos en nombre de la verdadera percepción, los ojos de Cristo se volverán inevitablemente los nuestros. 5El Amor que Él siente por nosotros se volverá también el nuestro. 6Esto será lo único que veremos reflejado en el mundo, así como en nosotros mismos.
9. El mundo que una vez proclamó nuestros pecados se convierte ahora en la prueba de que somos incapaces de pecar. 2nuestro amor por todo aquel que contemplemos dará testimonio de que recordamos al santo Ser que no conoce el pecado, y que jamás podría concebir nada que no compartiese Su impecabilidad. 3Éste es el recuerdo que queremos evocar hoy cuando consagramos nuestras mentes a la práctica. 4No miramos ni hacia adelante ni hacia atrás. 5Miramos directamente al presente. 6Y depositamos nuestra fe en la experiencia que ahora pedimos. 7Nuestra impeca­bilidad no es sino la Voluntad de Dios. 8En este instante nuestra voluntad dispone lo mismo que la Suya.


Comentario

Esta lección no trata de animar una ceguera ingenua a los defectos de la gente. No dice que dejes la casa y el coche abiertos ni el dinero en el suelo de la calle, confiando en que nadie te lo va a robar. Sino que habla de lo que está más allá de los errores (sus egos) para ver su perfecta inocencia. Habla de ser consciente de los errores de una persona (teniéndolos en cuenta con fines prácticos), mientras que al mismo tiempo los pasamos de largo manteniendo su perfecta inocencia en nuestra mente. No viendo los errores como pecados que tienen que ser condenados y castigados. Como mi amiga Lynne dijo una vez acerca de un hombre que había sido grosero con ella: “Puedo amar a una serpiente de cascabel, pero eso no significa que tenga que dormir con ella”.

El obstáculo que esta lección nos está ayudando a vencer (aunque sea por poco tiempo) es nuestra atención a los pecados de nuestros hermanos. La lección nos dice que no busquemos los errores de la gente, sino lo que está bien. El asunto es que, al centrarnos en los errores de otros, no podemos ver su verdadero Ser y, de ese modo, tampoco no podemos ver el Ser dentro de nosotros. Si no puedo pasar por alto los errores de mis hermanos, no puedo pasar por alto los míos. “La percepción tiene un enfoque” (2:1). Necesitamos cambiar nuestro enfoque, nuestra atención. “Deja de concentrarte en los pecados de tu hermano, y experimentarás la paz que resulta de tener fe en la impecabilidad” (2:5). Recuerda el propósito de estas veinte lecciones: eliminar un obstáculo y, así, experimentar algo diferente, en este caso “la fe en la perfecta inocencia”.

Como dijo la Introducción, ¡no estamos intentando hacer esto todo el tiempo! (todavía no) ¿Tienes a alguien a quien no puedes perdonar? ¿Qué tal si tratas de perdonarle, sólo durante cinco minutos? Sólo durantes unos momentos estate dispuesto a abandonar tus juicios sobre él, olvidar el pasado y olvidar el futuro, y buscar la inocencia en él, verle como un santo Hijo de Dios, merecedor de todo Su Amor. ¿Qué tal si intentas, aunque sólo sea durante cinco minutos, desear esta experiencia? No te preocupes por el hecho de que en el último mes, o año, o el tiempo que haya sido, has querido matarle; no te preocupes por el hecho de que dentro de diez minutos estarás imaginándote que le llegará lo que se merece. Quizá te lo imaginarás. “¿Por qué habría de ser esto motivo de preocupación? (5:1). Las preocupaciones por el pasado o por el futuro “no son sino defensas: para impedir que cam­biemos el enfoque de nuestra percepción en el presente” (5:3). Si, aunque sólo sea por unos instantes, nos permitimos a nosotros mismos experimentar lo que se siente al buscar la inocencia, dejando de lado sus pecados, esa experiencia será suficiente para motivarnos a seguir adelante por ese camino.

Os animo a todos y a mí mismo a mantener estas instrucciones en la mente, no sólo para la lección de hoy, sino para el resto del Libro de Ejercicios. Cuando te sientas para un instante de quietud, dejas de lado todo lo que sentías un momento antes, y no te preocupas por cómo te sentirás después. “No estamos interesados en metas a largo plazo” (7:2). Todo lo que buscamos es la experiencia de un instante de liberación, porque eso es todo lo que se necesita. En cualquier momento del día podemos pararnos y decir: “En este instante nuestra voluntad dispone lo mismo que la Suya” (9:8). Ese instante es todo lo que se necesita.

En cierta manera, pensamos que podemos cambiar del ego más completo a la inmediata espiritualidad. Pensamos que si pasamos cinco minutos con Dios por la mañana, debería cambiarse completamente de inmediato. Nuestra resistencia es demasiado grande para que suceda eso, hemos aprendido demasiado bien las lecciones del ego, y desaprenderlas necesita esfuerzo. El ego nos dice que “No está funcionando, porque ‘perdonamos’ a nuestro hermano en esos cinco minutos por la mañana y pasamos la mayor parte del día imaginando modos de hacerle sufrir”. Pero algo está sucediendo, el ego está intentando hacernos sentir culpables porque sabe que algo está sucediendo. Esos cinco minutos, en los que dejamos de lado nuestro juicio, nos traen una experiencia de paz interior que nunca antes habíamos conocido, y conocemos algo que es bueno cuando lo vemos o sentimos. Nuestra motivación para perdonar crecerá cada vez más. La experiencia de “poner fin, por un instante, al dolor que, de concentrarnos en el pecado experimentaríamos” (7:3) será un alivio tan grande que lo buscaremos una y otra vez, hasta que crezca y se extienda a toda nuestra mente durante todo el tiempo. Todo lo que se necesita es estar dispuesto a practicarlo.

domingo, 29 de junio de 2014

Leccion 180

Comentario

Párrafo 12  de la Introducción al Quinto Repaso:

Ayer pensamos de nuevo sobre los medios de practicar que se nos enseñan, las repeticiones frecuentes de los pensamientos del día. El párrafo de hoy nos recuerda que las palabras son sólo ayudas. Su propósito es simplemente “recordarle a la mente su propósito, según lo dicte la necesidad” (12:1). El propósito es la experiencia, la unión con Dios que sentimos cuando vamos a los instantes santos. “Ponemos nues­tra fe en la experiencia que se deriva de las prácticas, no en los medios que utilizamos” (12:2).

¿Cuál es el propósito de la mente que se nos está recordando? Es recordar Quién somos, y compartirlo con el mundo, recordando a los otros su verdadero Ser, que comparten con nosotros. La repetición de las palabras nos trae  esta memoria de un Ser que está en unión constante con Su Padre y Consigo Mismo, que es la extensión de Su Padre. La meta de nuestra práctica es sentir ese estado de mente recta, de unidad, aunque sólo sea por un momento. Estamos recordando que lo que somos es únicamente Amor, porque eso es todo lo que Dios es. Si eso es así, no puede haber crueldad en Dios ni tampoco en nosotros.

La experiencia del Ser es lo que nos trae la convicción (12:3). Las palabras “Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo” o “Por la gracia vivo” no nos traen convencimiento ni certeza. La experiencia de ello no sólo puede traer el convencimiento sino que lo trae. La meta de la práctica es ir de las palabras a la experiencia, a “su significado, el cual está mucho más allá de su sonido” (12:4).

¿Cómo sucede eso? No puedo decírtelo, nadie puede. Pero puedo decirte que de verdad sucede. No sucederá sin la práctica. La práctica no hace que suceda, pero prepara a la mente. Abre la puerta. Limpia a la mente con pensamientos completamente puros, y la prepara para la experiencia que siempre está ahí, siempre esperando. Y en esa experiencia, encontramos nuestro descanso.


sábado, 28 de junio de 2014

Leccion 179

Comentario

Párrafo 11  de la Introducción al Quinto Repaso:

El párrafo trata una vez más sobre los detalles de la práctica del Libro de Ejercicios. No pretendo criticar este punto, pero como estoy siguiendo el contenido de esta Introducción, la importancia no se la doy yo sino el Curso mismo.

El Libro de Ejercicios da mucha importancia a la repetición de las ideas que presenta. La repetición es una de las técnicas fundamentales para el entrenamiento mental que apoya. Si vamos a hacerlo como nos indica (y soy el primero en admitir que me quedo muy corto en hacerlas) pasaremos cinco minutos por la mañana y por la noche pensando en el pensamiento central, siendo mejor todavía si dedicamos más tiempo, hasta media hora. Lo recordaremos cada hora, y utilizaremos el pensamiento central: “Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”, para envolver los dos pensamientos que estamos repasando en el día.

Ésta no es una idea extraña o excesiva. La repetición de pensamientos espirituales es frecuente en muchas religiones. Incluso me encontré con ello en el cristianismo fundamentalista. Un maestro en una clase nocturna a la que asistí una vez en el Instituto Moody de la Biblia en Chicago, en 1959, enseñaba a sus estudiantes lo que él llamaba meditación bíblica. La idea general era aprender de memoria versículos de la Biblia para tenerlos en la mente cuando fuera necesario, y pensar en ellos durante el día: al levantarte, mientras ibas de un sitio a otro, cuando te sentabas a hacer algo, cuando ibas en el tren o en autobús, y de nuevo por la noche antes de dormir. Explicaba la meditación como: “Compartir con el Señor Su propia Palabra, a modo de oración, y aplicándola a la propia vida”. Este maestro afirmaba que este tipo de meditación había cambiado su vida por completo.

También cambió la mía. Con el tiempo me aprendí de memoria más de mil versículos de la Biblia. Me sabía capítulos enteros de memoria, palabra por palabra. Estoy seguro de que la práctica es lo que, finalmente, me llevó más allá de las limitaciones del fundamentalismo.

Todavía recuerdo una de las primeras veces que reservé un rato para meditar justo antes de dormir. Me senté durante cinco o diez minutos, pensando en los versículos del día, convirtiéndolos en una oración, uniéndome a Dios con ellos, aplicándolos a mi vida. Luego me quedé dormido con las palabras todavía rondando por mi mente.

A la mañana siguiente, me desperté y permanecí tumbado en ese estado medio despierto antes de abrir los ojos. Y allí en mi mente, como un mantra, las palabras seguían repitiéndose. Creí entonces, y lo creo ahora, que habían estado sonando una y otra vez en mi mente durante toda la noche como un disco rallado. Aquella mañana me desperté con una alegre explosión de fe, dándome cuenta de que estaba alimentando a mi mente con pensamientos nutritivos.

Es maravilloso encontrar las palabras del Curso surgiendo en tu mente de repente durante el día, o cuando te despiertas. Pero eso no sucede con pocas repeticiones. Sin la práctica de estos pensamientos, el disco rallado que da vueltas sin parar en nuestra mente es algo muy distinto, porque ya hemos entrenado a nuestra mente muy bien pero con los pensamientos equivocados. Se necesita un esfuerzo consciente, elegir una y otra vez recordar los pensamientos del día y repetirlos, pensar en ellos, y aplicarlos a nuestra vida. Éste es un curso en entrenamiento mental, y “entrenamiento” significa “entrenamiento”.

Cuando entremos con entusiasmo en el entrenamiento, habrá resultados. “Habremos reconocido que las palabras que decimos son verdad” (11.5). Así que, recordemos hoy, y a menudo,  que “Sólo hay una vida, y ésa es la vida que comparto con Dios”. Repitámonos continuamente a nosotros mismos: “Tu gracia me es dada. La reclamo ahora”.

No te desanimes si lo olvidas. Yo todavía lo olvido a menudo. Pero lo recuerdo más a menudo que antes. Si hasta ahora no has hecho nada más que leer la lección por la mañana, si hoy te acuerdas una sola vez a lo largo del día, o si dedicas unos pocos minutos antes de dormir, dale gracias a Dios. Intenta acordarte una vez más que ayer. Si ayer te olvidaste por completo, entonces decídete a acordarte por lo menos una vez. Cada vez que te acuerdas es un gran paso adelante.

El párrafo del que trataremos mañana me recuerda que las palabras son sólo ayudas, y que la práctica es únicamente un medio para producir una experiencia. No hagas un ritual de la práctica, la experiencia es lo que cuenta. 


viernes, 27 de junio de 2014

El perdon de las ilusiones

27 DE JUNIO
Capítulo 16
EL PERDÓN DE LAS ILUSIONES

I. La verdadera empatía
1. Sentir empatía no significa que debas unirte al sufrimiento, pues el sufrimiento es precisamente lo que debes negarte a com­prender. 2Unirse al sufrimiento de otro es la interpretación que el ego hace de la empatía, de la cual siempre se vale para entablar relaciones especiales en las que el sufrimiento se comparte. 3La capacidad de sentir empatía le es muy útil al Espíritu Santo, siem­pre que permitas que Él la use a Su manera. 4La manera en que Él la usa es muy diferente. 5Él no comprende el sufrimiento, y Su deseo es que enseñes que no es comprensible.. 6Cuando se rela­ciona a través de ti, Él no se relaciona con otro ego a través del tuyo. 7No se une en el dolor, pues comprende que curar el dolor no se logra con intentos ilusorios de unirte a él y de aliviarlo com­partiendo el desvarío.
2. La prueba más clara de que la empatía, tal como el ego la usa, es destructiva, reside en el hecho de que sólo se aplica a un deter­minado tipo de problemas y a ciertos individuos. 2Él mismo los selecciona y se une a ellos. 3Pero nunca se une a nada, excepto para fortalecerse a sí mismo. 4Al haberse identificado con lo que cree entender, el ego se ve a sí mismo y procura expandirse com­partiendo lo que es como él. 5No dejes que esta maniobra te engañe, aEl ego siempre utiliza la empatía para debilitar, y debili­tar es atacar. 6Tú no sabes lo que es la empatía. 7Pero de esto puedes estar seguro: sólo con que te sentases calmadamente y permitieses que el Espíritu Santo se relacionase a través de ti, sentirías empatía por la fortaleza, y, de este modo, tu fortaleza aumentaría, y no tu debilidad.
3. Tu papel consiste únicamente en recordar esto: no quieres que nada que tú consideres valioso sea lo que tiene lugar en una rela­ción. 2No decides hacer nada a tu manera para deteriorarlas o para crear armonía en ellas. 3No sabes lo que es curar. 4Todo lo que has aprendido acerca de la empatía procede del pasado. 5Y no hay nada del pasado que desees compartir, pues no hay nada del pasado que desees conservar. 6No te valgas de la empatía para otorgarle realidad al pasado y así perpetuarlo. 7Hazte a un lado tranquilamente y deja que la curación se lleve a cabo por ti. 8Mantén un solo pensamiento en la mente y no lo pierdas de vista, por muy grande que sea la tentación de juzgar cualquier situación, y de determinar tu reacción basándote en los juicios que has hecho de la misma. 9Concentra tu mente sólo en esto:

10No estoy solo, y no quiero imponer el pasado a mi Invitado.
11Lo invité y Él está aquí.
12No tengo que hacer nada, excepto no interferir.

4. La verdadera empatía procede de Aquel que sabe lo que es. 2Tú aprenderás a hacer la misma interpretación que Él hace de ella si le permites que se valga de tu capacidad para ser fuerte y no débil. 3Él no te abandonará, pero asegúrate de que tú no lo abandonas a Él. 4La humildad es fuerza sólo en este sentido: reconocer y aceptar el hecho de que no sabes, es reconocer y aceptar el hecho de que Él sí sabe. 5No estás seguro de que Él desempeñará Su función porque tú nunca has desempeñado la tuya completamente. 6Es imposible que sepas cómo responder a lo que no comprendes. 7No caigas en esta tentación ni sucumbas al uso triunfante que el ego hace de la empatía para su propia vanagloria.
5. El triunfo de la debilidad no es lo que deseas ofrecerle a un hermano. 2Sin embargo, no reconoces otro triunfo que ése. 3Eso no es conocimiento, y la forma de empatía que suscitaría es tan distorsionada, que no haría sino aprisionar lo que quiere liberar. 4Los que no han sido redimidos no pueden redimir, sin embargo, tienen un Redentor. 5No trates de ser Su maestro. 6Tú eres el estu­diante. aÉl, el Maestro. 7No confundas tu papel con el Suyo, pues eso nunca le brindará paz a nadie. 8Ofrécele tu capacidad de sen­tir empatía, pues lo que deseas compartir es Su percepción y Su fortaleza. 9Y permite que Él te ofrezca Su fortaleza y Su percep­ción, para que puedan ser compartidas a través de ti.
6. El significado del amor se pierde en cualquier relación: que vaya en busca de la debilidad y espere encontrar amor en ella. 2El poder del amor, que es su significado, radica en la fuerza de Dios que se cierne sobre ella y que la bendice silenciosamente al envol­verla en sus alas sanadoras. 3No intervengas en esto, ni trates de reemplazarlo con un "milagro" tuyo. 4He dicho que si un her­mano te pide que hagas algo que a ti te parece absurdo, que lo hagas. 5Pero ten por seguro que esto no significa que tengas que hacer algo que pudiese ocasionarte daño a ti o a él, pues lo que le hace daño a uno, le hará daño al otro. 6Las peticiones absurdas son absurdas sencillamente porque son conflictivas, ya que siem­pre contienen ciertos elementos del deseo de ser especial. 7Sólo el Espíritu Santo reconoce las necesidades absurdas así como las rea­les. 8Y Él te enseñará cómo satisfacer las dos sin que ninguna quede excluida.
7. Tú intentarás hacer esto únicamente en secreto. 2Y pensarás que al satisfacer las necesidades de uno, el otro no se ve afectado por­que los mantienes separados y ocultos el uno del otro. 3No es ése el camino que debes seguir, pues no conduce ni a la verdad ni a la vida.4Ninguna necesidad quedará insatisfecha por mucho tiempo si la pones en manos de Aquel Cuya función es satisfa­cerla. 5Ésa es Su función, no la tuya. 6Él no satisfará ninguna nece­sidad en secreto, pues quiere compartir todo lo que des a través de Él. 7Por eso es por lo que lo da. 8Lo que tú das a través de Él es para toda la Filiación, no sólo para una parte de ella. 9Deja Su función en Sus manos, pues Él la llevará a cabo sólo con que lo invites a formar parte de tus relaciones y a bendecirlas por ti.

Leccion 178

Comentario

Párrafo 10  de la Introducción al Quinto Repaso:

La práctica del Libro de Ejercicios está pensada no sólo para producir un nuevo sistema de pensamiento sino también una experiencia: “una experiencia que es nueva para ti, aunque tan antigua como el tiempo e incluso aún más antigua” (10:1). ¿Cómo puede ser una experiencia más antigua que el tiempo? ¿Cómo sino siendo parte de la eternidad? “El instante santo se extiende hasta la eternidad y hasta la Mente de Dios” (T.15.V.11:5). “El instante santo es una miniatura de la eternidad” (T.17.IV.11:4). Estos momentos que pasamos en quietud con Dios son oportunidades de salirnos del tiempo y entrar en la eternidad, lo que aquí experimentamos es más antiguo que el tiempo, increíblemente antiguo y, sin embargo, presente ahora mismo, siempre presente.

Estamos sintiendo nuestro Ser. “Santificado sea tu nombre e inmaculada tu gloria para siempre” (10:2-3). Esta palabras nos suenan (si tu formación es cristiana, en todo caso)  como si hablaran de Dios. Sin embargo, hablan de ti y de mí. ¿Cómo es sentir esa experiencia? ¿Cómo es conocerte a ti mismo como uno a los que estas palabras pueden aplicarse, uno a quien se le han confiado los dones de Dios? No creo que las palabras puedan expresarlo, aunque muchos lo han intentado. Lo que se necesita es una experiencia; luego, las palabras sobran.

Existe una clase de experiencia tan diferente de todo lo que el ego pudiera ofrecerte que nunca más querrás volver a encubrirla u ocultarla” (T.4.III.5:1). Eso es lo que buscamos en estos momentos de quietud. No desesperadamente ni ansiosamente, no con preocupación o miedo de que no nos venga, sino con paz, en silencio, con confianza. No podemos obligarla a que suceda, únicamente podemos “dejar” que suceda. No buscamos añadirnos nada a nosotros mismos, simplemente buscamos dejar de negar el Pensamiento de Dios, que es la pura verdad acerca de lo que somos.

En este momento podemos sentir que nuestra “plenitud ahora es total, tal como Dios lo dispuso” (10:4). Una vez que has conocido tu propio estado de que nada te falta, ¿por qué ibas a querer de nuevo taparlo o esconderlo? Únicamente la mentira de que eres algo que no quieres conocer podría haberte convencido para que lo escondieras. Fuera del instante santo, nuestro Ser está rodeado por un anillo de miedo, tenemos miedo de acercarnos al Ser porque nos hemos engañado al creer que lo que encontraremos es aterrador.

El tiempo que parece ser necesario para encontrar el instante santo no se debe a que sea misterioso y difícil de alcanzar, el tiempo es sólo la medida de nuestro miedo a nuestro Ser. Es necesario este tiempo para acallar dulcemente nuestros miedos, hasta que estemos listos para encontrar el Ser que está más allá del tiempo, más antiguo que el tiempo, completo y que nada le falta tal como Dios Lo creó. Este Ser es el Pensamiento de Dios. No somos conscientes de nuestro Ser porque hemos negado este Pensamiento. Nuestra experiencia de nuestro Ser es sólo el final de nuestra negación. El Ser no cambia, no viene y se va. Simplemente es.


En este Ser completamos Su extensión con la nuestra (10:5). La extensión creadora de Dios se completa cuando nosotros, a nuestra vez, nos extendemos. El Amor que nos creó ahora fluye a través de nosotros para darles alegría a otros. Estamos practicando lo que siempre hemos conocido, lo conocíamos antes de que la verdad original pareciera desaparecer dentro de la ilusión, y la conoceremos de nuevo. En el instante santo la conocemos ya, ahora mismo. Y lo que conocemos es esto: Se nos han confiado los regalos de Dios. Nuestro darlos completa Su dar. “Y le recordamos al mundo que está libre de toda ilusión cada vez que decimos: Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.” (10:7-8).

jueves, 26 de junio de 2014

Leccion 177


Comentario

Párrafo 9  de la Introducción al Quinto Repaso:

Cuatro días más de este repaso, cuatro días más de nuestro “regalo” a él. Por supuesto, cada momento en que nos conectamos con nuestra mente recta, cada momento que entramos en el instante santo, es un regalo también. Este párrafo tiene un maravilloso sabor de ello: nuestro escuchar sus palabras, nuestro darlas al mundo, Cristo trabajando a través de nosotros para salvar al mundo, caminar con él a Dios, coger la mano de nuestro hermano mientras caminamos. Una maravillosa energía que nos une, todos parte del todo que es nuestro Ser, que procede de Dios. La energía viene a nosotros, y a través de nosotros a nuestros hermanos, y a través de ellos a nosotros, uniéndonos a todos juntos en la estructura divina. Somos uno con Aquel que es nuestra Fuente.

 “Pues esto es lo único que necesito: que oigas mis palabras y que se las ofrezcas al mundo. Tú eres mi voz, mis ojos, mis pies y mis manos, con los cuales llevo la salvación al mundo” (9:2-3). Éste es el verdadero propósito de mi existencia y de mi experiencia aquí en el mundo. Puedo sentir confusión, día a día, acerca de mi propósito y la forma que está tomando. Puedo tener mis dudas acerca de aquellos con los que me estoy relacionando ahora, preguntándome cómo demonios pueden ser parte de un plan divino. Puedo preguntarme eso mismo acerca de mí. Pero Jesús habla con estas palabras del Curso: “Mi única necesidad eres tú. Necesito tu presencia física para llegar a través de ti a aquellos que están perdidos en la ilusión de los cuerpos”.

¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo, en el lío en el que estoy metido, puede suceder esto? No lo sé. Pero confío en que el Espíritu Santo lo sabe. Todo lo que tengo que hacer es estar disponible, estar dispuesto a que eso suceda. Que recuerde que estos pensamientos de ansiedad, duda, falta de confianza, y tristeza, son sólo formas de la creencia en la muerte; y que los abandone, poniéndolos en Sus manos. Que me ponga yo también en Sus manos, recordando que soy uno con Aquel que es mi Fuente, soy Amor al igual que Dios, soy una extensión de Su Ser, como todos lo somos. Si puedo creer esto, soy libre.

Donna Cary ha escrito una canción maravillosa, una de las muchas basadas en su experiencia con el Curso. El estribillo repite una y otra vez: “Él me está pidiendo que me entregue a Él. Llamándome para que me entregue a Él”. La canción habla del miedo que surge cuando oímos esta llamada. ¿Puedo decir hoy: “Él me necesita. Quiere mis manos, mis pies, mis ojos, y mi voz. Padre, tengo miedo, pero aquí estoy. Úsame.”? Que yo sea el instrumento de Su paz. O, en las palabras de una poeta cristiana del siglo pasado, Amy Carmichael:

Ama a través de mí, Amor de Dios.
Hazme como tu aire claro,
A través del cual pasan los colores libremente,
como si no estuviera ahí.


“Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”. Que ese Amor se extienda a través de mí libremente y sin obstáculos. Que yo sea claro y puro. Recuérdame, Dios, que yo soy libre hoy, que la muerte no existe, que nada se opone al Amor o a la Vida. Que mi vida sea una expresión de esa verdad.

miércoles, 25 de junio de 2014

XI. La Navidad como simbolo del fin del sacrificio

XI. La Navidad como símbolo del fin del sacrificio
1. No temas reconocer que la idea del sacrificio no es sino tu pro­pia invención, 2ni trates de protegerte a ti mismo buscando seguri­dad donde no la hay. 3Tus hermanos y tu Padre se han vuelto muy temibles para ti. 4Y estás dispuesto a regatear con ellos por unas cuantas relaciones especiales, en las que crees ver ciertos vestigios de seguridad. 5No sigas tratando de mantener tus pensamientos separados del Pensamiento que se te ha dado. 6Cuando aquellos se ponen al lado de Éste y se perciben allí donde realmente se encuentran, elegir entre ellos no es más que un dulce despertar, tan simple como abrir los ojos a la luz del día cuando ya no tienes más sueño.
2. El símbolo de la Navidad es una estrella: una luz en la oscuri­dad. 2No la veas como algo que se encuentra fuera de ti, sino como algo que refulge en el Cielo interno, y acéptala como la señal de que la hora de Cristo ha llegado. 3Cristo llega sin exigir nada. 4No le exige a nadie ningún tipo de sacrificio. 5En Su Pre­sencia la idea de sacrificio deja de tener significado, 6pues Él es el Anfitrión de Dios. 7Y tú no tienes más que invitar a Aquel que ya se encuentra ahí, al reconocer que Su Anfitrión es Uno y que ningún pensamiento ajeno a Su Unicidad puede residir allí con Él. 8El amor tiene que ser total para que se le pueda dar la bienve­nida, pues la Presencia de la santidad es lo que crea la santidad que lo envuelve. 9Ningún temor puede asaltar al Anfitrión que le abre los brazos a Dios en la hora de Cristo, pues el Anfitrión es tan santo como la Perfecta Inocencia a la que protege, y Cuyo poder a su vez lo protege a Él.
3. Esta Navidad entrégale al Espíritu Santo todo lo que te hiere. 2Permítete a ti mismo ser sanado completamente para que puedas unirte a Él en la curación, y celebremos juntos nuestra liberación liberando a todo el mundo junto con nosotros. 3Inclúyelo todo, pues la liberación es total, y cuando la hayas aceptado junto conmigo la darás junto conmigo 4Todo dolor, sacrificio o peque­ñez desaparecerá de nuestra relación, que es tan pura como la relación que tenemos con nuestro Padre, y tan poderosa. 5Todo dolor que se traiga ante nuestra presencia desaparecerá, y sin dolor no puede haber sacrificio. 6Y allí donde no hay sacrificio, allí está el amor.
4. Tú que crees que el sacrificio es amor debes aprender que el sacrificio no hace sino alejarnos del amor. 2Pues el sacrificio conlleva culpabilidad tan inevitablemente como el amor brinda paz. 3La culpabilidad es la condición que da lugar al sacrificio, de la misma manera en que la paz es la condición que te permite ser consciente de tu relación con Dios. 4Mediante la culpabilidad excluyes a tu Padre y a tus hermanos de ti mismo. 5Mediante la paz los invitas de nuevo al darte cuenta de que ellos se encuentran allí donde tú les pides que estén.6Lo que excluyes de ti mismo parece temible, pues lo imbuyes de temor y tratas de deshacerte de ello, si bien forma parte de ti. 7¿Quién puede percibir parte de sí mismo como despreciable, y al mismo tiempo vivir en paz con­sigo mismo? 8¿Y quién puede tratar de resolver su "conflicto" interno entre el Cielo y el infierno expulsando al Cielo y dotán­dolo de los atributos del infierno, sin sentirse incompleto y solo?
5. Mientras percibas el cuerpo como lo que constituye tu realidad, te percibirás a ti mismo como un ser solitario y desposeído. 2Y te percibirás también como una víctima del sacrificio, y creerás que está justificado sacrificar a otros. 3Pues ¿quién podría rechazar al Cielo y a su Creador sin experimentar una sensación de sacrificio y de pérdida? 4¿Y quién podría ser objeto de sacrificios y pérdidas sin tratar de rehacerse a sí mismo? 5No obstante, ¿cómo ibas a poder hacer esto por tu cuenta, cuando la base de tus intentos es que crees en la realidad de la privación? 6Sentirse privado de algo engendra ataque, al ser la creencia de que el ataque está justificado. 7Y mientras prefieras conservar la privación, el ataque se vuelve salvación y el sacrificio amor.
6. Y así resulta que, en tu búsqueda de amor, vas en busca de sacrificio y lo encuentras. 2Mas no encuentras amor. 3Es imposi­ble negar lo que es el amor y al mismo tiempo reconocerlo. 4El significado del amor reside en aquello de lo que te desprendiste, lo cual no tiene significado aparte de ti. 5Lo que prefieres conser­var es lo que no tiene significado, mientras que lo que quieres mantener alejado de ti encierra todo el significado del universo y lo conserva intacto dentro de su propio significado. 6Si el uni­verso no estuviese unido en ti, estaría separado de Dios, y estar sin Él es carecer de significado.
7. En el instante santo se satisface la condición del amor, pues las mentes se unen sin la interferencia del cuerpo, y allí donde hay comunicación hay paz. 2El Príncipe de la Paz nació para re-esta­blecer la condición del amor, enseñando que la comunicación con­tinúa sin interrupción aunque el cuerpo sea destruido, siempre y cuando no veas al cuerpo como el medio indispensable para la comunicación. 3Y si entiendes esta lección, te darás cuenta de que sacrificar el cuerpo no es sacrificar nada, y que la comunicación, que es algo que es sólo propio de la mente, no puede ser sacrifi­cada. 4¿Dónde está entonces el sacrificio? 5Nací para enseñar la lección de que el sacrificio no está en ninguna parte y de que el amor está en todas partes, y ésta es la lección que todavía quiero enseñarles a todos mis hermanos. 6Pues la comunicación lo abarca todo, y en la paz que re-establece, el amor viene por su propia voluntad.
8. No permitas que la desesperanza opaque la alegría de la Navi­dad, pues la hora de Cristo no tiene sentido si no va acompañada de alegría. 2Unámonos en la celebración de la paz, no exigiéndole a nadie ningún sacrificio, pues de esta manera me ofreces el amor que yo te ofrezco. 3¿Qué podría hacernos más felices que percibir que no carecemos de nada? Ése es el mensaje de la hora de Cristo, que yo te doy para que tú lo puedas dar y se lo devuelvas al Padre, que me lo dio a mí. 5Pues en la hora de Cristo se restablece la comunicación, y Él se une a nosotros para celebrar la creación de Su Hijo.
9. Dios le da las gracias al santo anfitrión que desee recibirle y le deje entrar y morar allí donde Él desea estar. 2Y al tú darle la bienvenida, Él te acoge en Sí Mismo, pues lo que se encuentra en ti que le das la bienvenida, se le devuelve a Él. 3Y nosotros no hacemos sino celebrar Su Plenitud cuando le damos la bienve­nida dentro de nosotros. 4Los que reciben al Padre son uno con Él, al ser los anfitriones de Aquel que los creó. 5Y al abrirle las puertas, Su recuerdo llega con Él, y así recuerdan la única rela­ción que jamás tuvieron y que jamás querrán tener.
10. Ésta es la época en la que muy pronto dará comienzo un nuevo año del calendario cristiano. 2Tengo absoluta confianza en que lograrás todo lo que te propongas hacer. 3Nada te ha de faltar, y tu voluntad será completar, no destruir. 4Dile, entonces, a tu her­mano:

5Te entrego al Espíritu Santo como parte de mí mismo.
6Sé que te liberarás, a menos que quiera valerme de ti
para aprisionarme a mí mismo.
7En nombre de mi libertad elijo. tu liberación porque
reconozco que nos hemos de liberar juntos.


8De esta forma damos comienzo al año con alegría y en libertad. 9Es mucho lo que aún os queda por hacer, y llevamos mucho retraso. 10Acepta el instante santo con el nacimiento de este año, y ocupa tu lugar -por tanto tiempo vacante- en el Gran Despertar. 11Haz que este año sea diferente al hacer que todo sea lo mismo. 12Y permite que todas tus relaciones te sean santificadas. 13Ésta es nuestra voluntad. 14Amén.