miércoles, 28 de mayo de 2014

Leccion 148


Comentario

Lo que me parecen obstáculos dentro de mi mente, pensamientos fuera de mi control que entorpecen mi camino espiritual, son mis defensas contra la verdad. No entra nada en mi mente sin mi permiso. Nadie está pensando pensamientos en mi mente excepto yo (y Dios). Como nos enseñó la Lección 26, mis pensamientos de ataque atacan mi propia invulnerabilidad (el hecho de que nada me puede hacer daño). Puedo pensar que estoy atacando a otro, pero lo que estoy atacando es mi propia Identidad con Dios.

 Mi ego ha fabricado un sistema de defensas muy astuto y con muchas capas en contra de la verdad, y lo ha escondido y disfrazado en la obscuridad. El Curso me presenta el proceso de descubrir estas defensas, hacerme consciente de ellas, juzgarlas como dementes, y abandonarlas. Todas ellas son falsas, y lo que es falso no puede afectar a lo que es verdadero. Debajo de todos los disfraces del ego, mi mente todavía alberga sólo lo que pienso con Dios. El resto es una ilusión complicada sin ningún poder de tener efectos de ningún tipo.

La enfermedad es un sistema de defensa del ego muy efectiva y notable. En la enfermedad, algo que mi mente ha causado parece ser un ataque desde el exterior, un enemigo visible o invisible con muchos efectos visibles en mi cuerpo. Es algo contra lo que me tengo que defender continuamente, y luchar con todos los medios a mi alcance cuando ataca. Tan pronto como se supera una enfermedad, parece surgir otra con efectos aún más devastadores. La mayor parte de la humanidad no está lista para aceptar que la enfermedad es sólo de la mente. Yo mismo no lo he aceptado completamente, mi nivel de miedo es todavía muy alto. Por eso, existen todas las razones para continuar aliviando las enfermedades de las maneras que lo hemos estado haciendo, sin embargo debemos darnos cuenta de que únicamente estamos cambiando los síntomas sin eliminar la causa. Sólo cuando cada vez más de nosotros empecemos a darnos cuenta de que nuestra mente alberga sólo lo que pensamos con Dios, y que todo lo que parece no proceder de Dios es una ilusión que hemos creado nosotros, entonces empezará a desaparecer la necesidad del enfoque conciliatorio de usar  la medicina física.

Hoy con mi práctica estoy contribuyendo a la curación final de toda enfermedad. Cuando saco a la luz mis propias defensas internas, que en realidad son formas de ataque a mí mismo, y las abandono, estoy colaborando con el poder de Dios para liberar a la humanidad de la enfermedad, y no sólo de la enfermedad sino también de cada sistema de defensa basada en el ego contra la verdad. Cuando despejo mi mente de todo pensamiento engañoso (L.rIV.In.5:2), y pongo Su Mente a cargo de todos los pensamientos que recibo (L.rIV.In.5:4), no estoy trabajando solo. “Éstos (los pensamientos) no procederán únicamente de ti, pues los compartirás con Él” (L.rIV.In.6:1).

Que dedique los momentos destinados a recordar la verdadera Fuente de todos mis pensamientos, y permita al Espíritu Santo apartar las telarañas del engaño de mi mente. Que dedique cinco minutos por la mañana a “encauzar el día según las pautas que Dios ha fijado” (L.rIV.In.5:4). Cada vez que lo hago, cada día que recuerdo mi práctica, me acerco y todo el mundo junto conmigo al día en que todo engaño desaparecerá ante la luz.



1 comentario:

  1. Qué aclaratorio este comentario. Gracias!! qué grandioso saber que nuestra dedicación contribuye a la sanación del mundo. Que así sea!!!

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