martes, 27 de mayo de 2014

Leccion 147

Leccion 147, Un Curso de Milagros
Comentario

Que hoy mire a las cosas que considero valiosas y cambie mi opinión de todas ellas. ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Qué estoy valorando en ello? Las cosas que considero valiosas a menudo son tonterías si las examino. Por ejemplo, cuando empiezo a sentir la satisfactoria calidez de una verdadera intimidad en una relación, nada parece merecer la pena de terminar esa calidez. Recuerdo haber leído acerca de una iglesia fundamentalista que se dividió por el tema de si era pecado o no enchufar una guitarra eléctrica. Me pregunté: ¿Cómo es posible valorar algo como eso tanto como para apartar de tu corazón a personas que una vez fueron amigos muy cercanos? Así pues, muchas relaciones se rompen por temas que parecen igual de insignificantes.

El perdón ve que nada merece la pena de apartar de mi corazón a un Hijo de Dios. Tenemos tantas prioridades en nuestra consciencia, cosas que consideramos más importantes que el amor, más importantes que la unidad, más importantes que nuestra propia paz mental. ¿He llegado ya a valorar la paz mental por encima de todas las cosas? ¿He llegado al punto en el que todo lo que impida que el amor se extienda a través de mí es rápidamente eliminado?

Necesitamos hacernos conscientes de la causa de nuestro sufrimiento. Nos duele cerrar nuestro corazón. Nos duele negarnos a perdonar, darle vueltas en la mente a las ofensas cometidas contra nosotros y negarnos a abandonarlas. “El amor no abriga resentimientos” (L.68, encabezamiento). El perdón es un regalo para mí mismo, es una liberación de mi propio dolor. ¿Qué valoro por encima del libre fluir del amor, la calidez de la unión con mis hermanos? Que elija no valorar por más tiempo esas cosas que no tienen ningún valor, y que elija perdonar.


Que hoy dedique cinco minutos por la mañana, y cinco minutos por la noche, a abrir mi mente y despejarla de todos los pensamientos engañosos  (L.rIV.In.5:2). Que aparte a un lado todos los valores menores, y que recuerde que mi mente alberga  los mismos pensamientos que Dios. Que valore este pensamiento por encima de todo. Que me alegre de que mi mente y la Mente de Dios están de acuerdo, y que me dé cuenta de esta unión de mi mente con la de Dios, este compartir Sus pensamientos, esto es todo lo que es verdaderamente valioso.

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