sábado, 24 de mayo de 2014

Leccion 144

Leccion 144, Un Curso de Milagros
Comentario

¿Por qué la idea central del repaso, de que “mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”, “es el pensamiento que garantiza plenamente la salvación del Hijo” (L.r.IV.In.3:5)? Significa que no hay nada en mi mente que sea contrario a los pensamientos de Dios, las cosas que veo dentro de mí que no son semejantes a Dios, o que son no amorosas, son percepciones falsas de mí mismo. Significa que no hay nada en la realidad que pueda impedirme la compleción como Hijo de Dios. Los enemigos y obstáculos que parecen interponerse en el camino (especialmente los que parecen ser parte de mí)  no son reales, y no tienen substancia.

Si no hay más amor que el de Dios, y mi mente alberga sólo lo que pienso con Él, entonces el vacío que a veces siento dentro de mí, la falta de amor, el anhelo por un amor completamente satisfactorio que no falla nunca y que siempre está ahí, algo con lo que puedo contar en cada situación, será satisfecho. Pensar que estoy buscando amor en este mundo es simplemente un error. El amor que estoy buscando está dentro de mí, justo en mi propia mente. No busco nada en este mundo, aunque a veces parece que sí. Estoy buscando algo que ya tengo, pero que he negado. Y el modo de encontrarlo es dándolo. Ser amor.

El amor no es algo que pueda poseer. El amor es algo que puede poseerme, y en esa posesión está la satisfacción. El intento de ganar amor, de poseerlo y de acapararlo me hace sufrir. Mi alegría puedo encontrarla dando amor, compartiéndolo, bendiciendo al mundo con él. Reconocer que mi mente alberga sólo este amor, y darlo al mundo, es todo lo que quiero. Esto, y sólo esto, me dará felicidad.

Las palabras “el mundo que veo no me ofrece nada que yo desee” podrían decirse con desesperación. El pensamiento detrás de ellas podría ser “Nada aquí es lo bastante bueno para mí. Nada aquí me satisface, y por lo tanto nunca estaré satisfecho”. O, pueden decirse estas palabras con alegría. Si estoy conduciendo un coche flamante, justo de la clase que más me gusta, equipado con todos los accesorios que siempre he deseado, y paso junto a un desguace de coches, puedo pasar junto a él y decir “ese desguace no me ofrece nada que yo desee”. Mis deseos están satisfechos.

Si no hay más amor que el de Dios, y Él se ha dado a Sí Mismo, Su Pensamiento, a mi mente, puedo mirar con serenidad al mundo y darme cuenta de que en él no hay nada que se pueda comparar con lo que yo ya tengo. Tengo en mi corazón un pozo de amor sin fin. Nunca me puede faltar amor. Yo soy ese mismo amor, y veo ese mismo amor en cada ser a mi alrededor, brotando de la misma Fuente.

El amor está a mi alrededor y dentro de mí, sólo con que yo quiera verlo. Que hoy busque el Amor de Dios en todo lo que veo, y que me alegre cada vez que lo encuentre.  Que lo reconozca en cada sonrisa. Que lo dé en cada oportunidad que se me presente. Que aliente cada chispa de amor en otros y en mí mismo. En esto está la salvación. Ésta es mi función y mi felicidad. Y está garantizado, porque mi mente alberga sólo los Pensamientos amorosos de Dios.


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