jueves, 22 de mayo de 2014

Leccion 142


Comentario

Que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios no es algo en lo que tenga que trabajar para lograrlo. No es un pensamiento que haya que repetir como un purgante, para expulsar los pensamientos contrarios, con el trasfondo de “tengo que hacer que mi mente albergue sólo los pensamientos de Dios”. Que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios “es un hecho, y representa la verdad de lo que eres y de lo que tu Padre es” (L.r.In.IV.2:3).

Como se nos dijo al principio del Libro de Ejercicios, cuando creemos que estamos pensando sin Dios, no estamos pensando en absoluto, nuestra mente está en blanco. “Mientras tu mente siga absorbida con ideas sin contenido, la verdad permanecerá bloqueada. Reconocer que tu mente ha estado simplemente en blanco, en vez de seguir creyendo que está llena de ideas reales, es el primer paso en el proceso de allanar el camino a la visión” (L.8.3:2-3). “En lo que ahora estamos haciendo hincapié es en el hecho de que la presen­cia de esos "pensamientos" significa que no estás pensando en absoluto” (L.10.3:2).

Los Pensamientos de Dios que llenan mi mente son en realidad el regalo que mi Padre me hace. Hoy abro mi mente a Sus Pensamientos. Lo que normalmente considero como pensamientos que interfieren o se oponen a los Pensamientos de Dios son como los ruidos de una radio que impiden oír la señal verdadera. No son pensamientos, son interferencias, son ruido. La señal sigue ahí, pero la interferencia debe quitarse para que la señal pueda llegar. La verdad acerca de mí es que soy uno con Dios, Su Mente es mi mente, Sus pensamientos son mis pensamientos. Yo no soy algo distinto a lo que Él es. Ésta es “la verdad de lo que eres y de lo que tu Padre es”.


Decir que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios es una afirmación gozosa de la verdad. Puede recordarme Sus regalos para mí, y recordarme que soy uno con Él. Eso en mí que parece opuesto a Dios, lejos de Dios, separado de Dios, no es quien yo soy, no es mi realidad. No tiene significado. No hay nada en mi mente que se oponga a Dios. Otra manera de decir esto es que lo que parece estar dentro de mí, opuesto a Dios, no es nada, es una ilusión o una alucinación, sin poder ni fuerza de por sí. Únicamente tiene poder cuando creo en ello. Hoy elijo negar que algo que no es de Dios tenga poder sobre mí. Elijo recordar lo que es mi realidad. Elijo recordar que soy uno con Dios. 

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