miércoles, 14 de mayo de 2014

Leccion 134


LECCIÓN 134 – 14 de Mayo

Permítaseme poder percibir el perdón tal como es.

1. Repasemos hoy lo que significa "perdonar" ya que es algo que puede, tergiversarse muy fácilmente y percibirse como que entraña un sacrificio injusto de la justa indignación, como una dádiva injustificada e inmerecida y como una total negación de la verdad. 2Desde esta perspectiva, perdonar no puede sino verse como una extravagancia, y este curso aparenta basar la salvación sobre un capricho.
2. Esta perspectiva distorsionada de lo que significa perdonar puede corregirse fácilmente, si puedes aceptar el hecho de que no se te está pidiendo que perdones lo que es verdad. 2El perdón se limita únicamente a lo que es falso. 3Es irrelevante con respecto a todo, excepto con respecto las ilusiones. 4La verdad es la crea­ción de Dios, y perdonar eso no tiene sentido. 5Todo lo que es verdad le pertenece a Él, refleja Sus leyes e irradia Su Amor. 6¿Puede esto acaso requerir perdón? 7¿Cómo vas a poder perdo­nar lo que es incapaz de pecar y es eternamente bondadoso?
3. La mayor dificultad a la que te enfrentas para poder perdonar realmente, es que todavía crees que tienes que perdonar lo que es verdad, no lo que es ilusorio. 2Consideras que el perdón es un vano intento de ignorar lo que se encuentra ahí y de pasar por alto lo que es verdad, lo cual es parte de un esfuerzo inútil por engañarte a ti mismo al querer hacer que una ilusión sea verdad. 3Este punto de vista tergiversado no hace sino reflejar el dominio que la idea del pecado todavía ejerce sobre tu mente tal como tú te consideras a ti mismo.
4. Puesto que crees que tus pecados son reales, consideras que el perdón es un engaño. 2Pues es imposible pensar que el pecado es verdad sin creer que el perdón es una mentira. 3Así pues, el per­dón en realidad no es más que otro pecado, al igual que todos los demás. 4Afirma que la verdad es falsa, y le sonríe al corrupto como si fuera tan irreprochable como la hierba; tan inmaculado como la nieve. 5El perdón se engaña con respecto a lo que cree que puede lograr. 6Considera correcto lo que es claramente erró­neo, y ve lo aborrecible como algo bueno.
5. Desde esta perspectiva, el perdón no es un escape. 2Es simple­mente una señal más de que el pecado es imperdonable, algo que en el mejor de los casos se debe ocultar, negar o llamar por otro nombre, ya que es una traición a la verdad. 3Laculpabilidad no se puede perdonar. 4Si pecas, tu culpabilidad es eterna. 5Aquellos que son perdonados desde la perspectiva de que sus pecados son reales son víctimas de la burla y de una doble condena: en primer lugar, la suya propia por lo que creen haber hecho, y en segundo lugar; la de los que los perdonan.
6. La irrealidad del pecado es lo que hace que el perdón sea algo completamente natural y sano; un profundo consuelo para todos aquellos que lo conceden y una silenciosa bendición allí donde se recibe. 2El perdón no apoya las ilusiones, sino que, riendo dulce­mente, las congrega a todas sin muchos aspavientos y las depo­sita tiernamente ante los pies de la verdad: 3Y ahí desaparecen por completo.
7. El perdón es lo único que representa la verdad en medio de las ilusiones del mundo. 2El perdón ve su insustancialidad, y mira más allá de las miles de formas en que pueden presentarse. 3Ve las mentiras, pero no se deja engañar por ellas. 4No hace caso de los alaridos auto-acusadores de los pecadores enloquecidos por la culpabilidad. 5Los mira con ojos serenos, y simplemente les dice: "Hermano mío; lo que crees no es verdad".
8. La fuerza del perdón estriba en su honestidad, la cual es tan incorruptible que ve las ilusiones como ilusiones y no como la verdad. 2Por eso, en presencia de las mentiras, el perdón se con­vierte en aquello que desengaña; en el gran restaurador de la sim­ple verdad. 3Mediante su capacidad de pasar por alto lo que no existe, le allana el camino a la verdad, la cual había estado blo­queada por sueños de culpabilidad. 4Ahora eres libre para recorrer el camino que al perdonar de verdad se despliega ante ti. 5Pues si un hermano ha recibido este regalo de tu parte, la puerta queda abierta para ti.
9. Hay una manera muy sencilla de encontrar la puerta que con­duce al verdadero perdón y de percibir que está abierta de par en par en señal de bienvenida. 2Cuando te sientas tentado de acusar a alguien de algún pecado, no permitas que tu mente sedetenga a pensar en lo que esa persona hizo, pues eso es engañarse uno a sí mismo. 3Pregúntate, en cambio: "¿Me acusaría a mí mismo de eso?"
10. De esta manera podrás ver las alternativas entre las que pue­des elegir desde una perspectiva que hace que el acto de elegir tenga significado y que mantiene a tu mente tan libre de culpa y de dolor como Dios Mismo dispuso que estuviese, y como en verdad está: 2Son únicamente las mentiras las que condenan. 3En realidad lo único que existe es la inocencia. 4El perdón se alza entre las ilusiones y la verdad; entre el mundo que ves y lo que se encuentra más allá; entre el infierno de la culpabilidad y las puer­tas del Cielo.
11. A través de este puente, que es tan poderoso como el Amor que derramó su bendición sobre él, todos los sueños de maldad, de odio y de ataque se llevan silenciosamente ante la verdad. 2No se conservan para que se inflen, exploten y aterren al cándido soña­dor que cree en ellos. 3A éste ya se le ha despertado dulcemente de su sueño al entender que lo que creía ver jamás existió. 4Y ahora ya no puede pensar que se le ha negado toda escapatoria.
12. No tiene que luchar para salvarse. 2No tiene que matar a los dragones que pensaba le perseguían. 3Tampoco tiene que erigir las sólidas murallas de piedra ni las puertas de hierro que pensó que lo mantendrían a salvo. 4Ahora. puede deshacerse de la pesada e inútil armadura que construyó a fin de encadenar su mente a la miseria y al temor. 5Su paso es ligero, y cada vez que alza el pie para dar otro paso hacia adelante, deja tras de sí una estrella para señalarles el camino a aquellos que le siguen.
13. El perdón tiene que practicarse, pues el mundo no puede perci­bir su significado ni proveer un guía que muestre su beneficencia. 2No hay un solo pensamiento en todo el mundo que conduzca a un entendimiento de las leyes que rigen el perdón o del Pensa­miento que refleja. 3El perdón es algo tan ajeno al mundo como lo es tu propia realidad. 4Sin embargo, es lo que une a tu mente con la realidad que mora en ti.
14. Hoy vamos a practicar el verdadero perdón, para que el momento de la unión no se demore más. 2Pues deseamos encon­trarnos con nuestra realidad en libertad y en paz. 3Nuestras prác­ticas se convierten en las pisadas que alumbran el camino a todos nuestros hermanos, quienes nos seguirán a la realidad que com­partimos con ellos. 4A tal efecto, dediquemos hoy un cuarto de hora en dos ocasiones a pasarlo con el Guía que entiende el signi­ficado del perdón y que nos fue enviado para enseñárnoslo: 5Pidá­mosle:

6Permítaseme poder percibir el perdón tal como es.

15. Escoge entonces un hermano tal como Él te indique, y cataloga sus "pecados" uno por uno a medida que crucen tu mente. 2Ase­gúrate de no concentrarte en ninguno de ellos en particular, antes bien, date cuenta de que te estás valiendo de sus"ofensas" para salvar al mundo de toda idea de pecado. 3Examina brevemente todas las cosas negativas que hayas pensado acerca de él y pregúntate en cada caso: "¿Me condenaría a mí mismo por  haber hecho eso?"
16. Libéralo de todos los pensamientos de pecado que hayas tenido en relación con él. 2Y entonces tú mismo estarás listo para la libertad. 3Si has estado practicando hasta ahora de buen grado y con honestidad, empezarás a notar una sensación de ser elevado; un gran alivio en tu pecho y un sentimiento profundo e inequívoco de desahogo. 4Debes dedicar el resto del tiempo a experimentar que te escapas de todas las pesadas cadenas con las que quisiste encadenar a tu hermano; pero con las que en realidad te encadenabas a ti mismo.
17. Debes practicar el perdón a lo largo del día, pues todavía habrá muchas ocasiones en las que te olvidarás de su significado y te atacarás a ti mismo. 2Cuando esto ocurra, permite que tu mente vea más allá de esa ilusión según repites para tus adentros:

3Permítaseme poder recibir el perdón tal como es.
4¿Me acusaría a mí mismo de eso?
5No me voy a encadenar a mí mismo de esta manera.

6Antes de hacer cualquier cosa, recuerda lo siguiente:

7Nadie es crucificado solo, mas, por otra parte, nadie puede entrar en el Cielo solo.

Comentario

Esta lección contiene un debate muy centrado en lo que significa “perdonar”. Se merece no sólo una práctica cuidadosa como lección del Libro de Ejercicios, sino también un cuidadoso estudio, como ejercicio aparte cuando tengas más tiempo. Varias de estas lecciones más largas del Libro de Ejercicios entran en esa categoría.

La enseñanza principal de esta lección es que el perdón, para ser verdadero, debe estar plenamente justificado. Se aplica sólo a lo que es falso. El pecado, de ser real, no se podría perdonar (5:3-4). El verdadero perdón ve la nada del pecado. “Los mira con ojos serenos, y simplemente les dice: "Hermano mío; lo que crees no es verdad" (7:5).
La lección por sí misma explica la idea muy bien. Quiero centrarme en los resultados del perdón: el alivio que nos trae. El perdón es “un profundo consuelo para todos aquellos que lo conceden” (6:1). Nos despierta de nuestro sueño. Aunque no entiendas toda la teoría del Curso acerca del perdón, cuando perdonas, cuando abandonas tus resentimientos contra alguien, sientes que se te quita un enorme peso del corazón. Puede que no entiendas por qué sucede eso, pero sabes que es verdad. Como la lección dice: “empezarás a notar una sensación de ser elevado; un gran alivio en tu pecho y un sentimiento profundo e inequívoco de desahogo” (16:3).

Perdonar es un sentimiento muy feliz. ¿Por qué? Porque, sin darte cuenta, cuando condenamos a alguien por sus pecados, secretamente nos estamos condenando a nosotros mismos. Al condenar a otro, estoy diciendo: “El pecado es real y se merece castigo”. Si apoyo ese principio, entonces debo pensar también que cuando yo peco, yo también merezco ser castigado. La forma de mi “pecado” puede no ser la que yo condeno en mi hermano, por supuesto, puedo acusarle de hacer algo que yo nunca haría, e imagino que puesto que yo no cometo esa falta concreta, de algún modo mi condena a otro comprará mi salvación. Pero he apoyado el principio de que el pecado es real y que merece castigo. Inevitablemente sé, muy dentro de mí, que yo también he “pecado” de algún modo. Y si lo he hecho, no puedo esperar otra cosa que castigo. Lo que le aplico a mi hermano se aplica también a mí.

Cuando sentimos la tentación de condenar a alguien, el Curso nos aconseja que nos preguntemos a nosotros mismos: “¿Me acusaría a mí mismo de eso?” (9:3), o “¿Me condenaría a mí mismo por  haber hecho eso?” (15:3). Las palabras “acusaría” significan “¿quiero acusar?” La pregunta no es: “si yo hiciera lo que esa persona ha hecho, ¿me acusaría a mí mismo de eso?” Porque, si estoy juzgando al otro por ello, sin duda me juzgaría a mí mismo si hiciera lo mismo. Normalmente guardamos nuestros juicios más duros para aquellas cosas que creemos que nunca haríamos nosotros, precisamente porque nos condenaríamos a nosotros mismos por hacerlo. Cuando leemos esta pregunta, por ejemplo, y pensamos en un violador de niños, si entendemos mal la pregunta, podemos responderemos: “¡Por supuesto que me condenaría a mí mismo si yo lo hiciera!”

En realidad, el significado de la pregunta es: “¿Quiero hacer el pecado real e insistir en que debe ser castigado? Porque si eso es lo que quiero, me estoy condenando a mí mismo al castigo también”. Nos encadenamos a nosotros mismos al encadenar a otro (17:5; 16:4).

Por eso es por lo que liberar a mi hermano de las cadenas me trae alivio. Cuando libero a otro, me estoy liberando a mí mismo del principio de que “el pecado es real y debe ser castigado”. ¡Y es un alivio! El que perdona, y ofrece escapar de la culpa a otro, ahora ve que escapar de la culpa es posible también para él:

No tiene que luchar para salvarse. No tiene que matar a los dragones que pensaba le perseguían. Tampoco tiene que erigir las sólidas murallas de piedra ni las puertas de hierro que pensó que lo mantendrían a salvo. Ahora puede deshacerse de la pesada e inútil armadura que construyó a fin de encadenar su mente a la miseria y al temor. Su paso es ligero, y cada vez que alza el pie para dar otro paso hacia adelante, deja tras de sí una estrella para señalarles el camino a aquellos que le siguen.   (12:1-5)

El perdón es un profundo alivio.

3 comentarios:

  1. gracias, que ayuda tan grande. que alivio.

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  2. gracias, que ayuda tan grande. que alivio.

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  3. Esta lección me recuerda a la obra El Caballero de la Armadura Oxidada de R. Fisher. Plantea lo mismo que esta lección. La recomiendo!

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