sábado, 3 de mayo de 2014

Leccion 123

Leccion 123, Un Curso de Milagros
LECCIÓN 123 – 3 de Mayo

Gracias Padre por los regalos que me has concedido.

1. Sintámonos agradecidos hoy. 2Hemos llegado a sendas más lle­vaderas y a caminos más despejados. 3Ya no nos asalta el pensa­miento de volver atrás, ni resistimos implacablemente a la verdad. 4Aún hay cierta vacilación, algunas objeciones menores y cierta indecisión, pero puedes sentirte agradecido por tus logros, los cuales son mucho más grandes de lo que te imaginas.
2. Dedicar ahora un día a sentirte agradecido te aportará el benefi­cio adicional de poder tener un atisbo de lo grande que ha sido tu progreso y de los regalos que has recibido. 2Alégrate hoy, con amoroso agradecimiento, de que tu Padre no te haya abandonado a tu suerte, ni de que te haya dejado solo vagando en las tinieblas. 3Agradece que te haya salvado del ser que creíste haber hecho para que ocupara Su lugar y el de Su creación. 4Dale gracias hoy.
3. Da gracias de que Él no te haya abandonado, y de que Su Amor ha de refulgir por siempre sobre ti, eternamente inmutable. 2Da gracias asimismo por tu inmutabilidad, pues el Hijo que Él ama es tan inmutable como Él Mismo. 3Agradece que se te haya salvado. 4Alégrate de tener una función que desempeñar en la salvación. 5Siéntete agradecido de que tu valía exceda con mucho los míse­ros regalos que le diste a quien Dios creó como Su Hijo y de que excede también los mezquinos juicios que emitiste en contra suya.
4. Elevaremos hoy nuestros corazones llenos de agradecimiento por encima de la desesperanza, y alzaremos nuestros ojos agra­decidos, que ya no mirarán al suelo. 2Hoy entonaremos el himno de gratitud, en honor al Ser que Dios ha dispuesto que sea nues­tra verdadera Identidad en Él. 3Hoy le sonreiremos a todo aquel que veamos y marcharemos con paso ligero según seguimos ade­lante a llevar a cabo nuestro cometido.
5. No caminamos solos. 2damos gracias de que a nuestra sole­dad haya venido un Amigo a traernos la Palabra salvadora de Dios. 3Gracias a ti por escucharlo. 4Su Palabra es muda si no se la oye. 5Al darle las gracias a Él se te dan a ti también.6Un mensaje que no se haya oído no puede salvar al mundo, por muy poderosa que sea la Voz que lo comunique o por muy amoroso que sea el mensaje.
6. Gracias a ti que has oído, pues así te vuelves el mensajero que lleva la Voz de Él consigo y que la deja resonar por todo el mundo. 2Acepta hoy las gracias que Dios te da, al darle tú las gracias a Él. 3Pues Él quiere ofrecerte las gracias que tú le das, puesto que acepta tus regalos lleno de amorosa gratitud y te los devuelve multiplicados miles y cientos de miles de veces más. 4Él bendecirá tus regalos compartiéndolos contigo. 5Y así, el poder y fortaleza de éstos crecerán hasta llenar el mundo de gozo y gratitud.
7. Acepta las gracias que Él te da y dale las tuyas durante quince minutos en dos ocasiones hoy. 2comprenderás a Quién le das las gracias, y a Quién le da Él las gracias según tú se las das a Él. 3Esta santa media hora que le dediques te será devuelta a razón de años por cada segundo; y debido a las gracias que le das, tendrá el poder de brindarle la salvación al mundo miles y miles de años más pronto.
8. Acepta las gracias que Él te da, y comprenderás con cuánto amor te conserva en Su Mente, cuán profundo e infinito es el cuidado que te prodiga y cuán perfecta es Su gratitud hacia ti. 2Acuérdate de pensar en Él cada hora y de darle las gracias por todo lo que Él le ha dado a Su Hijo para que éste pueda elevarse por encima del mundo, y recordar a su Padre y a su Ser.

Comentario

La lección de hoy me hace pensar en todos los regalos que Dios me ha hecho a mí, personalmente. Pienso que eso es lo que se pretende que hagamos cada uno de nosotros, un día para contar tus muchas bendiciones. Así que tenlo en mente conmigo mientras comparto contigo algunos de mis pensamientos personales, y tómalo como una inspiración para que tú hagas lo mismo.

Pienso que he estado en el camino espiritual la mayor parte de mi vida, quizá toda. Recuerdo algunos acontecimientos cuando era niño que perecían decirme que mi camino ya estaba marcado, el regreso. Una vez escribí un poema para la chica que me cuidaba, creo que estaba en segundo curso entonces. Todavía recuerdo las palabras:

Gracias Padre por el sol y los campos,
Gracias Padre por los arbustos y los árboles,
Gracias Padre por las cosas que comemos.
Gracias, Señor, gracias.

Recuerdo un lunes después de clase, cuando yo tenía unos diez años, juntándome con tres de mis amigos en la esquina de una calle e intentando explicarles por qué estaba tan impresionado con la lección de la escuela dominical que había escuchado el día anterior. Era una lección sobre el Eclesiastés (11:1): “Echa tu pan al agua, que al cabo de mucho tiempo lo encontrarás”. Me impresionó el principio que encerraba, que lo que das te vuelve, y que nuestra riqueza puede medirse por lo que damos, en lugar de por lo que compramos. Es un mensaje que oí de nuevo, de una manera muy clara, muchos años más tarde en el Curso.

Tuve un hambre y un deseo espiritual de Dios enorme durante toda mi infancia, aunque me desvié en otras direcciones durante un tiempo, metiéndome en travesuras de juventud, incluso problemas con la policía, y estando tremendamente avergonzado cuando me atrapó robando el dueño de una tienda que me había ofrecido un trabajo de verano (que por supuesto no acepté). Tuve experiencias de lo que llamo un instante santo varias veces, una sensación de estar cerca de Dios y, sin embargo, la mayor parte del tiempo parecía que no podía encontrarle.

A los dieciséis años tuve una experiencia de “nacer de nuevo” y, durante los siguientes veintidós años, me convertí en un cristiano radical, aunque nunca firmemente en línea con ninguna denominación religiosa. Algo seguía haciéndome romper todos los moldes en los que la gente intentaba meterme. Leí a algunos místicos, leí a los herejes, así como la Biblia. No quería que nadie me trazara el mapa de la Nueva Jerusalén, quería caminar sus calles por mi cuenta. Pasé años en un modelo religioso occidental “luchando contra el pecado” como Jesús lo llama en el Curso (T.18.VII.4:7). Como dice en esa frase: ¡“Es extremadamente difícil encontrar la Expiación” de ese modo!

Durante aquellos veintidós años, pasé hambre de Dios. Durante aquellos veintidós años, me sentí desgraciado la mayor parte del tiempo, asqueado de mí mismo. Durante aquellos veintidós años, me pregunté si alguna vez “lo lograría”. Finalmente, al final de aquellos años, abandoné. Puse a un lado mi Biblia y dejé que acumulara polvo. Decidí que el Cristianismo, para mí, era un callejón sin salida. Perdí la esperanza de “cruzar el Jordán” alguna vez y “entrar en la tierra prometida”. Decidí que tenía que aceptar la vida tal como era, y aprender a vivir con ella,

Pasaron unos seis años. Todavía andaba buscando algo, pero ya nada espiritual. O eso es lo que me decía a mí mismo. Mi relación con Dios estaba en un compás de espera, y ya no nos hablábamos. Leí psicología. Hice el entrenamiento est. Leí libros Zen e intenté meditar un poco. Estudié la Ciencia de la Mente. También disfruté del mundo a fondo, como nunca antes me había permitido hacerlo, incluyendo sexo a lo grande y haciendo más dinero del que había tenido en toda mi vida. Empecé a darme cuenta de que las cosas de que me hablaban la psicología y las filosofías del mundo, y los escritos religiosos orientales que estaba estudiando, eran todas las mismas cosas que realmente me habían tocado en el Cristianismo. Como dijo una vez Aldous Huxley, había una “filosofía eterna” que atravesaba todo, un núcleo central de verdades en las que todos los que “lo habían logrado” coincidían, tuvieran antecedentes religiosos o no. Y cuanto más claro lo tenía, más cuenta me daba de que todo ello era algo que yo siempre había sabido de alguna forma. Como “Echa tu pan al agua”

Luego en enero de 1985, encontré Un Curso de Milagros. Desde entonces, he estado leyendo y estudiando estos libros, y practicando lo mejor que puedo lo que dicen. Y cuando hoy miro a mi vida, puedo ver que en algún lugar a lo largo de la línea mi vida experimentó un cambio muy importante. Pasé de una sombría certeza de que nunca encontraría la felicidad verdadera a un firme convencimiento de que la he encontrado. Así que, al leer la lección de hoy, me he sentido inundado de una profunda sensación de agradecimiento. Al leer el primer párrafo, he sentido que con toda honestidad podía decir que me encajaba perfectamente: 

“Ya no nos asalta el pensa­miento de volver atrás, ni resistimos implacablemente a la verdad. Aún hay cierta vacilación, algunas objeciones menores y cierta indecisión, pero puedes sentirte agradecido por tus logros, los cuales son mucho más grandes de lo que te imaginas”.        (L.123.1:3-4)

Hace unos pocos días (1995) un amigo nuestro Allan Greene, murió a los 51 años. Era cuadrapléjico y hace un año se vino a vivir a Sedona para participar en las lecciones  y grupos de apoyo  sobre Un Curso de Milagros del Círculo de Expiación. Nuestro grupo de apoyo se reunía en su casa, ya que casi no podía moverse en absoluto. Únicamente podía mover la cabeza y los hombros, estos sólo ligeramente. En los dos últimos años le habían tenido que cortar una pierna y una mano. Solía decir que estaba abandonando su identificación con el cuerpo trozo a trozo. Allan era estudiante del Curso desde hacía mucho tiempo, uno de los pocos que conozco que realmente llegó a conocer a la escriba del Curso, Helen Schucman. Se peleó con él Curso, pero había llegado a la firme decisión de entender todo lo que enseñaba. En peores circunstancias de lo que nos podemos imaginar, Allan mantenía un sorprendente sentido del humor y una alegre decisión de curar su mente, pasara lo que pasara con su cuerpo. El mes pasado, cuando le iban a quitar la vesícula biliar, no quiso anestesia porque no sentía nada en el cuerpo, pero una enfermera le puso una pantalla delante para que no tuviera que verse cuando le abrían. ¡Durante toda la operación, Allan estuvo hablando con la enfermera acerca de Un Curso de Milagros!

Anoche (2 mayo 1995) tuvimos una reunión en recuerdo de Allan. Asistió mucha gente, y uno tras otro compartieron como Allan había influido en sus vidas, incluyendo una media docena o así de cuidadores que le habían atendido en el último año. Quedó muy claro que la vida de Allan había impactado a montones de personas. Estoy seguro de que sus logros eran, como nos dice la lección, mucho mayores de lo que se imaginaba. Sé que Allan no se consideraba a sí mismo especialmente avanzado. Se lamentó hasta casi el final de lo lento que aprendía. A menudo discutía con sus cuidadores, y uno o dos le abandonaron furiosos. Tenía sus dudas. Pero  esta noche por la evidencia de las personas que amó y que le amaron, había avanzado mucho más de lo que él pensaba.

Espero que esto sea verdad acerca de mí, creo que es verdad acerca de todos nosotros. Ahora no podemos conocer, aunque estoy seguro que en algún momento lo haremos, todas las influencias positivas que hemos tenido en todos a nuestro alrededor con cosas tan pequeñas como una sonrisa, un pequeño acto de amabilidad, o un toque suave y amoroso en el momento adecuado. Quizá, como a veces sucedía con Allan, nada más que una risa, o hacer reír a alguien. El jueves pasado, cuando Allan estaba en el hospital, en nuestro grupo de la noche de Un Curso de Milagros guardamos unos minutos de silencio por él. Al día siguiente, el día anterior a su muerte, uno de nuestros estudiantes le llamó al hospital y le habló de nuestros minutos de silencio. Allan dijo: “Hubiera sido más apropiado unos minutos de contar chistes”.

Que hoy, entonces, dedique tiempo a expresar mi agradecimiento a Dios por todos los regalos que me ha hecho. Le doy gracias por este Curso, que se ha convertido en mi camino seguro al hogar. Le doy gracias por el alivio a todos aquellos años de desesperación silenciosa. Le doy gracias porque, cuando me aparté, Él nunca me abandonó. Le estoy tan agradecido por Su Espíritu dentro de mí, mi Guía y Maestro, y por todos los amigos y compañeros amorosos del viaje. Él me ha traído mi camino (especialmente, esta noche, por Allan). Le estoy tan agradecido  por todos vosotros, y por la oportunidad que me Él me ha dado de compartirla con todos vosotros, y de recibir de todos vosotros. Le doy gracias por empezar a recordar mi Ser. Le doy gracias por la seguridad en aumento de que encontraré mi camino de vuelta al hogar en todo momento.

¡Le doy gracias a mi Padre por los regalos que me ha concedido!    

3 comentarios:

  1. LE DOY GRACIAS A MI PADRE POR TODOS LOS REGALOS QUE HE RECIBIDO! GRACIAS POR CADA UNA DE TUS PALABRAS! NOS AMO

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  2. Mil Gracias por Compartir. Bendiciones.

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  3. Hermoso! He derramado lagrimillas al leerte.. Hoy tengo la certeza de que Dios jamás me ha abandonado.. Al leerte cada mañana, entiendo que estoy profundamente guiada.. Mil gracias!!

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