lunes, 21 de abril de 2014

Tercer Repaso

TERCER REPASO

Introducción

1. Hoy comienza nuestro siguiente repaso. 2Cada día repasare­mos dos de las últimas veinte lecciones durante diez días conse­cutivos de práctica. 3Para estas sesiones de práctica seguiremos un formato especial, que se te exhorta a seguir tan fielmente como puedas.
2. Entendemos, por supuesto, que tal vez te resulte imposible hacer cada día y cada hora del día lo que aquí se sugiere como óptimo. 2Tu aprendizaje no se verá afectado si se te pasa una sesión de práctica porque te resultó imposible llevarla a cabo en el momento señalado. 3No es necesario tampoco que te esfuerces excesivamente por recuperar el número de sesiones perdidas. 4Nuestro objetivo no es hacer un rito de las sesiones de práctica, pues ello impediría el logro de nuestra meta.
3. Pero el aprendizaje definitivamente se vería afectado si dejases de llevar a cabo una sesión de práctica por no haber estado dis­puesto a dedicarle el tiempo requerido. 2No te engañes a ti mismo con respecto a esto. 3Esa falta de buena voluntad puede estar muy cuidadosamente disimulada tras la falsa apariencia de situaciones que parecen estar fuera de tu control. 4Aprende a distinguir aque­llas situaciones que no son propicias para tu práctica de aquellas que urdes para enmascarar tu falta de buena voluntad.
4. Aquellas sesiones de práctica que dejaste de hacer porque por una razón u otra no quisiste llevarlas a cabo, deberías hacerlas tan pronto como hayas cambiado de parecer con respecto a tu objetivo. 2No estás dispuesto a cooperar en la práctica de la salva­ción sólo si ello supone un obstáculo para los objetivos que son más importantes para ti. 3Una vez que dejes de otorgarles valor, permite entonces que tus sesiones de práctica se conviertan en los sustitutos de las letanías que les dedicabas. 4Pues no te aporta­ron nada. 5Mas llevar a cabo tus prácticas te lo ofrece todo. 6Por lo tanto, acepta su ofrecimiento y permanece en paz.
5. El formato que debes seguir en estos repasos es el siguiente: dedica cinco minutos dos veces al día, o más si así lo prefieres, a reflexionar sobre los pensamientos que se han asignado. 2Lee las ideas y comentarios que se ofrecen para los ejercicios de cada día. 3Luego piensa en ellos, mientras dejas que tu mente los relacione con tus necesidades, tus aparentes problemas y todas tus preocu­paciones.
6. Invita las ideas a tu mente, y deja que ésta las use según crea conveniente. 2Ten fe en que sabrá usarlas debidamente, pues para tomar sus decisiones cuenta con la ayuda de Aquel que te dio los pensamientos a ti. 3¿En qué otra cosa podrías confiar sino en lo que se encuentra en tu mente? 4Ten fe, durante estos repasos, en que los medios que el Espíritu Santo utiliza no pueden fallar. 5La sabiduría de tu mente acudirá en tu ayuda. 6Dale instrucciones al principio, luego relájate con completa confianza y deja que la mente utilice los pensamientos que le diste tal como te fueron dados para que ella los utilizara.
7. Se te dieron con absoluta confianza y con la absoluta seguri­dad de que harías un buen uso de ellos; con la absoluta fe de que entenderías sus mensajes y los utilizarías en beneficio propio. 2Ofréceselos a tu mente con esa misma confianza, seguridad y fe. 3Ella no fallará. 4Pues es el medio del que el Espíritu Santo se vale para tu salvación. 5Y, puesto que ella goza de Su confianza, debe ser sin duda merecedora de la tuya también.
8. Hacemos hincapié en lo beneficioso que sería para ti dedicar los primeros cinco minutos del día a tus repasos, así como los últimos cinco antes de irte a dormir. 2Si esto no es factible, trata por lo menos de dividirlos de tal manera que lleves a cabo uno por la mañana y el otro durante la última hora antes de irte a dormir.
9. Los ejercicios a llevar a cabo a lo largo del día son igualmente importantes, o incluso más importantes. 2Te has sentido inclinado a hacer los ejercicios únicamente en los momentos señalados, y luego a ocuparte de otras cosas a las que no aplicas lo que has aprendido. 3Como resultado de ello, no has reforzado suficiente­mente tu aprendizaje, ni le has dado la oportunidad de probar cuán grandes son los regalos que te puede ofrecer. 4He aquí otra oportunidad de hacer un buen uso de él.
10. Durante estos repasos subrayamos la necesidad de no dejar que lo aprendido permanezca inactivo entre tus dos sesiones de práctica más largas. 2Intenta dar a tus dos ideas diarias un repaso breve, aunque serio, cada hora. 3Usa una de ellas a la hora en punto, y la otra, media hora más tarde. 4No necesitas dedicar más de un momento a cada una de ellas. 5Repite la idea, y deja que tu mente descanse en silencio y en paz por un rato. 6Luego puedes dedicarte a otras cosas. aTrata, sin embargo, de mantener el pensamiento vivo en ti, y deja que sirva también para ayudarte a conservar la paz a lo largo del día.
11. Si algo te sobresalta, piensa de nuevo en la idea. 2Estas sesiones de práctica están diseñadas para ayudarte a formar el hábito de aplicar lo que aprendes cada día a todo lo que haces. 3No es cues­tión de repetir el pensamiento y luego olvidarte de él. 4La ayuda que te puede prestar es infinita. 5Y su propósito es serte útil en toda circunstancia, en todo momento y lugar, así como siempre que necesites cualquier clase de ayuda. 6Procura, pues, tener pre­sente la idea en todas tus actividades diarias, y haz que sean san­tas, dignas del Hijo de Dios y aceptables para Dios y para tu Ser.
12. Cada repaso diario debe concluir con una afirmación más del pensamiento que se debe repetir a la hora en punto, así como del que se debe repetir media hora más tarde. 2No te olvides. 3Esta segunda oportunidad de repasar cada una de estas ideas produ­cirá avances tan grandes que emergeremos de estos repasos con ganancias tan extraordinarias en nuestro aprendizaje que de ahí en adelante marcharemos sobre un terreno más firme, con pasos más seguros y con mayor fe.
13. No te olvides de lo poco que has aprendido. 2No te olvides de lo mucho que puedes aprender ahora. 3No te olvides de lo mucho que tu Padre te necesita, según repasas los pensamientos que Él te dio.

TERCER REPASO. INTRODUCCIÓN

De nuevo un repaso. A casi todos los que conozco, especialmente cuando hacen el Libro de Ejercicios por primera vez, les parecen los repasos aburridos o frustrantes. Es una demostración de la orientación de nuestra mente. Aparentemente tenemos ansia por lo nuevo, y la idea de  prácticas que se repiten con las mismas ideas, incluso por segunda vez, parecen sin interés y sin importancia. Queremos conseguir algo nuevo y emocionante.

Lo que parece que no entendemos es que cualquiera de estas ideas puede ser el gran avance para nosotros. Hacia el final de la Introducción de este repaso, se les llama a los repasos una “segunda oportunidad de repasar cada una de estas ideas” (12:3). Pues bien, si te pareces a mí, la primera vez no acumulaste un resultado final perfecto en la práctica. Te olvidaste de las prácticas de cada hora, sólo hiciste unas pocas cada día, y quizá te saltaste días enteros sin hacerlas. Así que, piensa que ésta es una segunda oportunidad de obtener los beneficios de cada lección. Pienso así de este repaso, y sé que necesito hacerlo.

La Introducción al Tercer Repaso es uno de los más importantes debates del libro acerca de las prácticas del Libro de Ejercicios. La actitud hacia la práctica nos da mucha información. Lo primero de todo, seguir las instrucciones al pie de la letra, y hacer las dos prácticas de cinco minutos junto con prácticas a la hora en punto y a la media hora, se considera muy, muy importante. Se nos “ruega” que prestemos atención a las instrucciones y “seguirlas tan fielmente como puedas” (1:3).

Segundo, el autor es muy razonable. Reconoce que es imposible que sigamos al pie de la letra las instrucciones del modo que se sugiere como “optimo” (2:1). Por ejemplo, una madre que cuida a niños muy pequeños es muy posible que no pueda parar cada media hora y cerrar los ojos, un empleado de una tienda es posible que no pueda dejar a los clientes durante un minuto cada media hora. “Tu aprendizaje no se verá afectado si se te pasa una sesión de práctica porque te resultó imposible llevarla a cabo en el momento señalado” (2:2). Así que si te la pierdes porque te es imposible practicar, no pasa nada. Sin embargo, date cuenta de la palabra “imposible”. No dice “incómodo” o “que no te viene bien”, dice “imposible”. La clave para saber si nuestro aprendizaje se verá afectado o no, no es que no hagamos la práctica sino por qué no la hacemos.  ¿Es porque no podemos, o porque no queremos?

Fíjate también en que “No es necesario tampoco que te esfuerces excesivamente por recuperar el número de sesiones perdidas” (2:3). Para mí, eso supone que hacer esfuerzos razonables para recuperarlas sería lo adecuado. Así que si pierdo la del mediodía porque estoy hablando con mi jefe, pero estoy libre quince minutos después, tendría sentido parar entonces durante un minuto y recuperar la sesión que me he perdido. Pero la meta no es el ritual en sí, no es “hacerlo a la perfección”. Lo importante es nuestro deseo y nuestra buena voluntad, no el número de sesiones de práctica. No tenemos que obsesionarnos por esto.

Tercero, está claro que el autor entiende nuestra torpeza  y resistencia a la práctica. Saltarnos una sesión de práctica porque no queremos hacerla (o “no nos apetece”), ¡afectará a nuestro aprendizaje! (3:1). Esta afirmación demuestra que seguir las instrucciones importa y que no es suficiente con sólo leer la lección por la mañana. Se toma la molestia de señalar las maneras en que nos engañamos a nosotros mismos, escondiendo nuestra falta de buena voluntad “tras la falsa apariencia de situaciones que parecen estar fuera de tu control” (3:3). Señala que muchas de ellas han sido ingeniosamente tramadas por nosotros “para… enmascarar tu falta de buena voluntad” y nos pide que aprendamos a distinguirlas de aquellas otras situaciones “que no son propicias para tu práctica” (3:4).

A menudo he descubierto que las veces en que “hago la práctica” aunque no me apetezca son  aquellas en las que tengo la más profunda consciencia de que se produce un cambio en mi estado mental.
Por si acaso alguno de vosotros se siente ofendido por todo esto, debo decir que no pasa nada por leer la lección a la mañana y olvidar las direcciones para la práctica. Simplemente date cuenta de que es eso lo que estás haciendo y de que es ésa tu elección. No luches contigo mismo. Si realmente no quieres hacer ahora la práctica, no la hagas. Esta clase de práctica disciplinada puede que no sea lo que necesitas en este momento. Puede que todavía no estés listo ahora, pero que lo estés más adelante. O quizá encuentres otro camino espiritual. Pero no juzgues el Curso ni digas que no te funcionó, a menos que hagas las lecciones como se dice. Si las haces, funcionarán.

También, date cuenta de que las prácticas que a propósito “dejaste de hacer porque por una razón u otra no quisiste llevarlas a cabo, deberías hacerlas tan pronto como hayas cambiado de parecer con respecto a tu objetivo” (4:1). ¡Deberías intentar recuperar esta clase de prácticas perdidas! “Llevar a cabo tus prácticas te lo ofrece todo” (4:5).

La parte del medio de la Introducción nos da una instrucción fascinante sobre tener fe en nuestra propia mente. Se supone que dejaremos que nuestra mente relacione las ideas que estamos repasando con nuestras necesidades, preocupaciones y problemas. La imagen que se da es de asociación libre: poner la idea en nuestra mente y luego ver dónde nos lleva. Jesús nos pide que tengamos fe en que nuestra mente usará las ideas sabiamente. Esto parece estar pensado para contrarrestar las dudas acerca de nosotros mismos. Quizá piensas que, si se te deja libremente, tu mente se distraerá y se perderá. Pero “para tomar sus decisiones cuenta con la ayuda de Aquel que te dio los pensamientos a ti” (6:2), es decir, el Espíritu Santo. Si nos distraemos, Él nos guiará de vuelta.

En este tipo de ejercicio estamos aprendiendo a confiar en nuestra propia sabiduría interna. “La sabiduría de tu mente acudirá en tu ayuda” (6:5). Si lo que te viene a la mente es una frase muy parecida a la idea del día, déjala que venga. A menudo la idea dicha con tus propias palabras te será más eficaz que la forma original, y se te quedará en la memoria mucho mejor.

La parte final de la Introducción vuelve de nuevo a las instrucciones generales sobre la práctica y lo que puede considerarse como “charla para dar ánimos”. En esta parte se le da mucha importancia a la aplicación de las ideas a nuestras vidas a lo largo del día (9:2-3). “Estas sesiones de práctica están diseñadas para ayudarte a formar el hábito de aplicar lo que aprendes cada día a todo lo que haces” (11:2).

“No es cues­tión de repetir el pensamiento y luego olvidarte de él” (11:3). ¡Me resulta familiar! ¡Este repaso expone de manera maravillosa todos los pequeños trucos que nuestra mente ha estado usando para evitar los beneficios de las lecciones! No dejes que eso te desanime. Sólo el darse cuenta de las astutas estratagemas con las que el ego se resiste ya es un avance importante del plan de estudios. Pero no te quedes ahí, ahora que ya conoces los trucos del ego, puedes darle vuelta a la situación y empezar a dejar que las ideas de las lecciones te ayuden, “su propósito es serte útil en toda circunstancia, en todo momento y lugar, así como siempre que necesites cualquier clase de ayuda” (11:5).

Y por si no nos hemos dado cuenta del propósito, mira cómo termina la Introducción al repaso:

“No te olvides”…    (12:2)

“No te olvides de lo poco que has aprendido. No te olvides de lo mucho que puedes aprender ahora. No te olvides de lo mucho que tu Padre te necesita, según repasas los pensamientos que Él te dio” (13:1-3).


TERCER REPASO. INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA

Propósito: Una segunda oportunidad para las últimas veinte lecciones, en la que puedes practicarlas mejor, y que puede adelantarte tanto que continuarás tu viaje “sobre un terreno más firme, con pasos más seguros y con mayor fe” (12:3).

Observaciones: Por favor, sigue las instrucciones de abajo con tanto detalle como puedas. Si pierdes una sesión de práctica (ya sean las más largas o las de cada media hora) porque no pudiste hacerlas en el momento adecuado, tu progreso no se verá afectado, No te preocupes por recuperarlas. Sin embargo, si no las hiciste porque no quisiste dedicarles tiempo, tu progreso se verá dificultado. Ésas deberías recuperarlas. Las dejaste de hacer porque pensaste que otra actividad te daría más. Tan pronto como recuerdes que “tu práctica te lo ofrece todo” (4:5), haz los periodos de práctica que las compensan como una afirmación de que tu verdadera meta es la salvación.
   Al decidir si debes compensar un periodo de práctica, se muy honesto contigo mismo. No intentes hacer pasar el “no quise hacerlo” por “no pude hacerlo”. Aprende a distinguir entre situaciones que verdaderamente no te permitían hacerlo y aquellas en que podías haberlas hecho si hubieses querido.  

Ejercicios más largos: 2: 1 por la mañana, y 1 por la noche (preferentemente en los primeros y en los últimos cinco minutos del día), durante cinco minutos (más si quieres).
  • Lee las dos ideas y los comentarios acerca de ellas, para que las ideas se asienten firmemente en tu mente.
  • Luego cierra los ojos y empieza a pensar en las ideas y deja también que te vengan ideas relacionadas (esto se ha hecho ya en lecciones anteriores). Sin embargo, hay un giro importante. Deja que tu mente busque diferentes necesidades, problemas o preocupaciones. En otras palabras, deja que tu mente aplique las ideas de manera creativa para eliminar tu sensación de necesidades, problemas o preocupaciones. Ésta es una versión más avanzada de dejar que vengan pensamientos relacionados, en la que esta técnica se combina con la respuesta a la tentación (ya había consejos de esto en el Segundo Repaso; mira mis comentarios acerca de la respuesta a la tentación en las instrucciones para la práctica del Segundo Repaso).
  • Recuerda tu entrenamiento en dejar que surjan en tu mente pensamientos relacionados: pon las ideas en tu mente. Confía en la propia sabiduría de tu mente para traer pensamientos relacionados (esta confianza es un tema importante en este repaso). No hagas esfuerzos, deja que tu mente saque los pensamientos. Los pensamientos sólo necesitan tener una cierta relación con las ideas, aunque no deben estar en conflicto con ellas. Si tu mente se distrae, o te quedas en blanco, repite la idea e inténtalo de nuevo.
  • Si lo intentas y te resulta con muy poca estructura, he encontrado la siguiente versión con más estructura para que te resulte útil:
    1. Deja que te venga a la mente una necesidad, un problema o una preocupación, y nómbrala para ti (por ejemplo: “Veo este conflicto con… como un problema”).
    2. Repite una o las dos ideas del día (por ejemplo: “”Soy espíritu”).
    3. Mientras repites la idea, observa tu mente en busca de chispas de comprensión que surjan y que se apliquen a tu necesidad, problema o preocupación, y repítete esta comprensión a ti mismo (por ejemplo: “Como espíritu, nada puede hacerme daño. Soy totalmente invulnerable”).
    4. Continúa con más pensamientos relacionados, o pasa a la siguiente necesidad, preocupación o problema.

Recordatorios frecuentes: A la hora en punto y a la media hora, durante un momento.
  • Repite la idea a aplicar (a la hora en punto: la primera idea; a la media hora: la segunda idea).
  • Deja que tu mente descanse en silencio y en paz durante un momento.
  • Después, intenta llevar la idea en tu mente, teniéndola preparada como respuesta a la tentación.

Respuesta a la tentación: Cada vez que tu paz se vea amenazada.
   Repite la idea (la que te toca de tu última sesión de práctica). Al aplicar la idea a los asuntos del día, harás que esos asuntos sean santos.

Observaciones: Estas sesiones más cortas de práctica (recordatorios frecuentes y respuesta a la tentación) son tan importantes como las más largas, por lo menos. Si te las saltas, lo cual has tendido a hacer, no dejas que las ganancias de las sesiones más largas se aplique al resto de tu vida, donde podrías ver lo valiosos que son sus regalos. Después de tus sesiones más largas de práctica, no dejes “que lo aprendido permanezca inactivo” (10:1). Refuérzalo con los recordatorios frecuentes cada media hora. Y después de éstos, no te olvides de la idea (11:3). Tenla preparada y lista para usarla como respuesta a todos tus pequeños disgustos. De esta manera, construyes una cadena continua que se extiende desde las sesiones más largas a lo largo del ajetreo y bullicio de tu día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario