jueves, 3 de abril de 2014

Leccion 93, Un Curso de Milagros

leccion 93 un curso de milagros

LECCIÓN 93 – 3 de Abril

La luz, la dicha y la paz moran en mí.

1. Crees ser la morada del mal, de las tinieblas y del pecado. 2Piensas que si alguien pudiese ver la verdad acerca de ti sentiría tal repulsión que se alejaría de ti como si de una serpiente vene­nosa se tratase. 3Piensas que si la verdad acerca de ti te fuese revelada, te sobrecogería un horror tan grande que te apresura­rías de inmediato a quitarte la vida, pues sería imposible seguir viviendo después de haber contemplado semejante atrocidad.
2. Estas creencias están tan firmemente arraigadas en ti que resulta difícil hacerte entender que no tienen fundamento alguno. 2Que has cometido errores es obvio. 3Cierto es también, teniendo en cuenta lo que ahora crees, que has buscado la salvación por extra­ños caminos; que te has dejado engañar y que a tu vez has enga­ñado; que has tenido miedo de fantasías pueriles y de sueños crueles y que te has postrado ante ídolos de polvo.
3. Hoy vamos a poner en tela de juicio todo esto, no desde el punto de vista de lo que piensas, sino desde un punto de referen­cia muy distinto, desde el cual tales pensamientos vanos carecen de sentido. 2Esos pensamientos no concuerdan con la Voluntad de Dios. 3Él no comparte contigo estas extrañas creencias. 4Esto es suficiente para probarte que son erróneas, pero tú no te das cuenta de ello.
4. ¿Por qué no habrías de dar saltos de alegría cuando se te ase­gura que todo el mal que crees haber hecho nunca ocurrió; que todos tus pecados no son nada; que sigues siendo tan puro y santo como fuiste creado, y que la luz, la dicha y la paz moran en ti? 2La imagen que tienes de ti mismo no puede resistir la Volun­tad de Dios. 3Tú piensas que eso es la muerte, sin embargo, es la vida. 4Tú piensas que se te está destruyendo, sin embargo, se te está salvando.
5. El ser que tú fabricaste no es el Hijo de Dios. 2Por lo tanto, no existe en absoluto. 3todo lo que aparentemente hace o piensa carece de significado. 4No es bueno ni malo. 5Es simplemente irreal; nada más. 6No batalla con el Hijo de Dios. 7No le hace daño ni ataca su paz. 8No ha alterado la creación en absoluto, ni ha convertido la eterna impecabilidad en pecado, o el amor en odio. 9¿Qué poder puede poseer ese ser que tú fabricaste, cuando lo que hace es contradecir la Voluntad de Dios?
6. Tu impecabilidad está garantizada por Dios. 2Esto tiene que repetirse una y otra vez, hasta que se acepte. 3Es la verdad. 4Tu impecabilidad está garantizada por Dios. 5Nada puede afectarla, y nada puede cambiar lo que Dios creó eterno. 6El ser que tú fabri­caste, lleno de maldad y de pecado, no es nada. 7Tu impecabilidad está garantizada por Dios, y la luz, la dicha y la paz moran en ti.
7. La salvación requiere que aceptes un solo pensamiento: que eres tal como Dios te creó, y no lo que has hecho de ti mismo. 2Sea cual sea el mal que creas haber hecho, eres tal como Dios te creó. 3Sean cuales sean los errores que hayas cometido, la verdad con respecto a ti permanece inalterada. 4La creación es eterna e inalterable. 5Tu impecabilidad está garantizada por Dios. 6Eres, y siempre serás, exactamente como fuiste creado. 7La luz, la dicha y la paz moran en ti porque ahí las puso Dios.
8. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy, las cuales serían más provechosas si las llevases a cabo durante los prime­ros cinco minutos de cada hora de vigilia, comienza afirmando la verdad acerca de tu creación:

2La luz, la dicha y la paz moran en mí.
3Mi impecabilidad está garantizada por Dios.

4Luego deja a un lado las disparatadas imágenes que tienes de ti mismo, y pasa el resto de la sesión de práctica tratando de experi­mentar lo que Dios te ha dado, en lugar de lo que tú has decre­tado para ti mismo.
9. Pues o bien eres lo que Dios creó, o bien lo que tú mismo has hecho de ti. 2Un Ser es real; el otro no existe. 3Trata de experimen­tar la unidad de tu único Ser. 4Trata de apreciar Su santidad y el Amor del que fue creado. 5Trata de no ser un obstáculo para el Ser que Dios creó como lo que tú eres, ocultando Su majestad tras los insignificantes ídolos de maldad y de pecado que has inven­tado para reemplazarlo. 6Permítele venir ahí donde le corres­ponde estar. 7Ahí estás tú; Eso es lo que eres. 8Y la luz, la dicha y la paz moran en ti porque esto es así.
10. Tal vez no estés dispuesto o no puedas dedicar los primeros cinco minutos de cada hora a hacer estos ejercicios. 2Trata, no obstante, de hacerlos cuando puedas. 3Acuérdate por lo menos de repetir estos pensamientos cada hora:

4La luz, la dicha y la paz moran en mí.
5Mi impecabilidad está garantizada por Dios.

6Trata luego de dedicar un minuto más o menos, con los ojos cerrados, a cobrar conciencia de que se trata de una afirmación de la verdad acerca de ti.
11. Si surge alguna situación que parezca perturbarte, desvanece la ilusión de miedo de inmediato, repitiendo de nuevo estos pen­samientos. 2Si te sientes tentado de enfadarte con alguien, dile silenciosamente:

3La luz, la dicha y la paz moran en ti.
4Tu impecabilidad está garantizada por Dios.

5Hoy puedes hacer mucho por la salvación del mundo. 6Hoy pue­des hacer mucho por desempeñar más fielmente el papel que Dios te ha asignado en la salvación. 7Y hoy puedes asimismo hacer mucho por convencer a tu mente de que la idea de hoy es en efecto la verdad.

Instrucciones para la práctica

Propósito: Dejar de lado tu creencia de que eres pecador y malvado, y experimentar la inocencia de tu Ser tal como Dios te creó.

Ejercicios más largos: Cada hora, a la horas en punto, durante cinco minutos.
  • Repite: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios.” Me resulta útil hacer una breve pausa después de cada cualidad (“Luz… dicha… paz…”) de modo que puedo agradecer cada una por separado.
  • El resto es una meditación corta, en la que intentas dejar el falso ser que te has inventado, que incluye todo tu sentido de ser y todas tus imágenes falsas acerca de ti. Llega muy dentro a tu Ser tal como Dios te creó, lleno de luz y dicha y paz. Intenta experimentar Su unidad y agradecer Su santidad y Amor.”Permítele venir ahí donde le corresponde estar” (9:6). Recuerda tener una actitud de confianza, deseo y determinación, y expulsar los pensamientos que distraen por medio de repetir la idea.   

Alternativo: a la hora en punto, durante al menos un minuto.
Intenta hacer cada hora los cinco minutos siempre que puedas. Cuando no puedas o no estés dispuesto, por lo menos haz el ejercicio alternativo:
  • Di: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios.”
  • Cierra los ojos e intenta darte cuenta de que esto es la verdad acerca de ti.

Respuesta a la tentación: Cada vez que una situación o persona te tiente a estar disgustado.
    1. Si una situación te altera, di rápidamente: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios.”
    2. Si una persona parece enfadarte, dile en silencio: “La luz, la dicha y la paz moran en ti. Tu impecabilidad está garantizada por Dios.”

Apoyo a la práctica: Hoy es el comienzo de una serie de lecciones en las que se te pide que practiques cinco minutos cada hora. Para ayudarte a mejorar en esta tarea, estas lecciones contienen una enorme cantidad de ánimo para la práctica. Puedes ver ese aliento al final de las frases de esta lección, que te dicen que al hacer la práctica de hoy puedes ayudar a la salvación del mundo, acercar más tu propio papel en esa salvación, y ganar la seguridad de que la luz, la dicha y la paz verdaderamente moran en ti.

Comentario

El pensamiento del encabezamiento es muy positivo y refleja la verdad acerca de mí; pero el primer párrafo de la lección es bastante sombrío y refleja lo que el ego me ha enseñado acerca de mí, y me lo ha enseñado muy bien. Creo que yo soy “la morada del mal, de las tinieblas y del pecado” (1:1). A decir verdad, no muchos de nosotros somos conscientes de que pensamos esto de nosotros, y cuando surgen esos pensamientos los olvidamos rápidamente. Pero el modo en que me respondo a mí mismo, ciertamente, muestra que así es como pienso de mí mismo. De otro modo, ¿por qué protejo tanto mis “pensamientos privados”, por ejemplo? ¿Por qué tengo tanto miedo a examinarme a mí mismo y a mis motivaciones internas? ¿Por qué tengo miedo de abandonar el cuerpo y aparecer ante Dios, cuando esa posibilidad cruza mi mente? Tengo  dudas profundamente arraigadas acerca de mi propia bondad y valía.

Supón que tuviera que encontrarme con alguien que pudiera leer mi mente y conocer cada uno de mis pensamientos. ¿Me sentiría cómodo con esa persona? Imagínate que tuviera que llevar puesto un casco con una pantalla de vídeo encima de mi frente y que reflejase mis pensamientos para que todos los viesen. ¿Cómo me sentiría? No tengo ninguna duda de que me sentiría muy, muy incómodo y quizá aterrorizado, porque hay muchos pensamientos que cruzan mi mente todo el tiempo que no me gustaría que los viese todo el mundo.

Incluso cuando estoy bastante seguro de lo inofensivo de mis intenciones, siempre hay algo escondido debajo de mis motivaciones y que desprecio. A veces mis actos más bondadosos  están mezclados con cierto resentimiento o sensación de sacrificio y con motivos ocultos. A veces soy muy consciente de no confiar en mí mismo en ciertas situaciones. En el cuadro que describe el Curso, cada uno de nosotros tiene esta duda básica acerca de sí mismo. Secretamente sospechamos, o incluso conscientemente creemos, que no somos completamente merecedores de confianza ni completamente buenos y amorosos. Y como dice la lección, es “difícil” (2:1) sacar estas creencias acerca de nosotros mismos, sin embargo de eso es de lo que trata el Curso: despejar estos obstáculos que nos impiden darnos cuenta de la presencia del amor, que es nuestra herencia natural (ver T.In.1:7).

La verdad es que en lo más profundo de mi Ser, soy completamente amoroso y digno de ser amado (T.1.III.2:3-4). La luz, la dicha y la paz moran en mí, yo soy su hogar, y permanecen conmigo para siempre como creación de Dios. Para empezar a dudar de mis fuertes creencias negativas acerca de mí (que es un modo de definir lo que el Curso llama “culpa”), y para empezar a verme tal como Dios me creó, necesito “un punto de referencia muy distinto” (3:1). Necesito alcanzar un estado mental diferente. Eso es lo que el Espíritu Santo hace por mí, eso es lo que sucede en el instante santo.

La verdad acerca de mí es “que todo el mal que crees haber hecho nunca ocurrió; que todos tus pecados no son nada; que sigues siendo tan puro y santo como fuiste creado, y que la luz, la dicha y la paz moran en ti” (4:1). Negamos este mensaje constantemente, aunque es completamente ilógico hacerlo. Como dice Spock en Star Trek: los seres humanos no siempre son lógicos. Nuestra mente automáticamente inventa argumentos en contra para negar nuestra propia inocencia. O simplemente lo descartamos como absurdo, como “Poliana” sin siquiera considerarlo seriamente. ¿Por qué? Porque pensamos que admitir la verdad de nuestra inocencia es la muerte. Estamos tan identificados con esta imagen culpable de nosotros que amenazarla es amenazar nuestra propia existencia, o así lo parece. “Sin embargo, es la vida” (4:3), no la muerte. Cuando el Espíritu Santo nos presenta una imagen de nuestra inocencia nos aterroriza porque pone nuestro mundo patas arriba y rompe nuestro marco de referencia, basado en los juicios que hemos hecho. Da miedo pensar que hemos estado tan completamente equivocados acerca de nosotros, incluso aunque el error haya sido condenarnos y la verdad que desconocemos es nuestra propia inocencia.

Un método que la lección usa para ayudarnos a romper la vieja imagen de culpa acerca de nosotros es repetir una y otra vez: “Tu impecabilidad está garantizada por Dios” (6:1, y seis veces más en la lección). La repetición frecuente es un modo excelente de reprogramar la mente, por eso se nos pide que pasemos cinco minutos de cada hora (si podemos) repitiendo estas ideas y pensando en ellas, aceptando que son la verdad acerca de nosotros: “La luz, la dicha y la paz moran en mí.  Mi impecabilidad está garantizada por Dios” (8:2-3; 10:4-5).

Cuando dice esto, la lección no quiere decir que Dios garantiza que nos cogerá a nosotros, pobres criaturas pecadoras, y que nos hará sin pecado. Eso no es necesario porque para empezar fuimos creados sin pecado y conservamos esa cualidad. Nunca he pecado, eso es lo que me dice la lección. Pienso que he pecado (¡y eso piensan los que me conocen!), creo que lo he hecho, estoy completamente convencido de que lo he hecho, pero nunca he pecado. Errores, sí; pero no pecados, porque no existe el pecado. “Pecar supondría violar la realidad, y lograrlo” (T.19.II.2:2), y eso simplemente no es posible.

“El Hijo de Dios puede estar equivocado, engañarse a sí mismo e incluso usar el poder de su mente contra sí mismo. Pero no puede pecar. No puede hacer nada que en modo alguno altere su realidad, o que haga que realmente sea culpable” (T.19.II.3:1-3).

Mi impecabilidad está garantizada porque no puedo pecar; eso es pura lógica. Si algo es imposible para mí, es una apuesta muy segura que nunca lo haré y que nunca lo he hecho.

Los ejercicios de hoy son intentos de sentir este único Ser, esta realidad tal como Dios la creó. Se necesita abandonar el otro “ser”. Abrirnos a la inmensidad del Amor que está dentro de nosotros, flotar en Él, ser rodeados por Él, abrazados por Él. Y luego el pensamiento más sorprendente: “Ahí estás tú; Eso es lo que eres” (9:7). ¡Eso eres tú! Si puedes, piensa en la experiencia más directa y dramática que hayas tenido de la Presencia de Dios, o de la presencia del amor, y dite a ti mismo: “Eso que experimenté en aquel momento, Eso soy Yo. Eso es lo que yo soy”.     

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