miércoles, 2 de abril de 2014

Leccion 92, Un Curso de Milagros

LECCIÓN 92 – 2 de Abril

Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una.

1. La idea de hoy es una ampliación de la anterior. 2No asocias la luz con la fortaleza ni la oscuridad con la debilidad. 3Ello se debe a que tu idea de lo que significa ver está vinculada al cuerpo, a sus ojos y a su cerebro. 4De ahí que creas que puedes cambiar lo que ves poniendo trocitos de vidrio delante de tus ojos. 5Ésta es una de las muchas creencias mágicas que proceden de tu convicción de que eres un cuerpo y de que los ojos del cuerpo pueden ver.
2. Crees también que el cerebro puede pensar. 2Si comprendieses la naturaleza del pensamiento, no podrías por menos que reírte de esta idea tan descabellada. 3Es como si creyeses que eres tú el que sostiene el fósforo que le da al sol toda su luz y todo su calor; o quien sujeta al mundo firmemente en sus manos hasta que deci­das soltarlo. 4Esto, sin embargo, no es más disparatado que creer que los ojos del cuerpo pueden ver o que el cerebro puede pensar.
3. La fortaleza de Dios que mora en ti es la luz en la que ves, de la misma manera como es Su Mente con la que piensas. 2Su forta­leza niega tu debilidad. 3Y es ésta la que ve a través de los ojos del cuerpo, escudriñando la oscuridad para contemplar lo que es semejante a ella misma: los mezquinos y los débiles, los enfer­mizos y los moribundos; los necesitados, los desvalidos y los amedrentados; los afligidos y los pobres, los hambrientos y los melancólicos. 4Esto es lo que se ve a través de los ojos que no pueden ver ni bendecir.
4. La fortaleza pasa por alto todas estas cosas al mirar más allá de las apariencias. 2Mantiene su mirada fija en la luz que se encuen­tra más allá de ellas. 3Se une a la luz de la que forma parte. 4Se ve a sí misma. 5Te brinda la luz en la que tu Ser aparece. 6En la oscuridad percibes un ser que no existe. 7La fortaleza es lo que es verdad con respecto a ti, mas la debilidad es un ídolo al que se honra y se venera falsamente a fin de disipar la fortaleza y permi­tir que la oscuridad reine allí donde Dios dispuso que hubiese luz.
5. La fortaleza procede de la verdad, y brilla con la luz que su Fuente le ha otorgado; la debilidad refleja la oscuridad de su hacedor. 2Está enferma, y lo que ve es la enfermedad, que es como ella misma. 3La verdad es un salvador, y su voluntad es que todo el mundo goce de paz y felicidad. 4La verdad le da el caudal ilimi­tado de su fortaleza a todo aquel que la pide. 5Reconoce que si a alguien le faltase algo, les faltaría a todos. 6por eso imparte su luz, para que todos puedan ver y beneficiarse cual uno solo. 7Todos comparten su fortaleza, de manera que ésta pueda brin­darles a todos el milagro en el que ellos se unirán en propósito, perdón y amor.
6. La debilidad, que mira desde la oscuridad, no puede ver pro­pósito alguno en el perdón o en el amor. 2Ve todo lo demás como diferente de ella misma, y no ve nada en el mundo que quisiera compartir. 3Juzga y condena, pero no ama. 4Permanece en la os­curidad para ocultarse, y sueña que es fuerte y victoriosa, vence­dora de limitaciones que no hacen sino crecer descomunalmente en la oscuridad.
7. La debilidad se teme, se ataca y se odia a sí misma, y la oscuri­dad cubre todo lo que ve, dejándole sus sueños que son tan temi­bles como ella misma. 2Ahí no encontrarás milagros sino odio. 3La debilidad se separa de lo que ve, mientras que la luz y la fortaleza se perciben a sí mismas cual una sola. 4La luz de la fortaleza no es la luz que tú ves. 5No cambia, ni titila hasta finalmente extin­guirse. 6No cambia cuando la noche se convierte en día, ni se con­vierte en oscuridad hasta que se hace de día otra vez.
8. La luz de la fortaleza es constante, tan segura como el amor y eternamente feliz de darse a sí misma, ya que no puede sino darse a lo que es ella misma. 2Nadie que pida compartir su visión lo hace en vano, y nadie que entre en su morada puede partir sin un milagro ante sus ojos y sin que la fortaleza y la luz moren en su corazón.
9. La fortaleza que mora en ti te ofrecerá luz y guiará tu visión para que no habites en las vanas sombras que los ojos del cuerpo te proveen a fin de que te engañes a ti mismo. 2La fortaleza y la luz se unen en ti, y ahí donde se unen, tu Ser se alza presto a recibirte como Suyo. 3Tal es el lugar de encuentro que hoy trata­remos de hallar para descansar en él, pues la paz de Dios está ahí donde tu Ser, Su Hijo, aguarda ahora para encontrarse Consigo Mismo otra vez y volver a ser uno.
10. Dediquemos veinte minutos en dos ocasiones hoy a estar pre­sentes en ese encuentro. 2Déjate conducir ante tu Ser. 3Su fortaleza será la luz en la que se te concederá el don de la visión. 4Deja atrás hoy la oscuridad por un rato, y practica ver en la luz, cerrando los ojos del cuerpo y pidiéndole a la verdad que te muestre cómo hallar el lugar de encuentro entre el ser y el Ser, en el que la luz y la fortaleza son una.
11. Así es como practicaremos mañana y noche. 2Después de la reunión de por la mañana, usaremos el día para prepararnos para la de por la noche, cuando nuevamente nos volveremos a reunir en confianza. 3Repitamos la idea de hoy tan a menudo como sea posible, y reconozcamos que es un preludio a la visión y que se nos está llevando de las tinieblas a la luz donde única­mente pueden percibirse milagros.

Instrucciones para la práctica

Propósito: Experimentar la luz de la fortaleza en ti, que te mostrará los milagros que siempre están ahí.

Ejercicios más largos: 2 veces, mañana y noche, durante veinte minutos.
Este ejercicio es otra meditación, como las que has estado haciendo desde la lección 41. Por eso las instrucciones son tan cortas, se supone que sabes cómo hacerlo. Aquí, intentas sumergirte en ese lugar profundo de tu mente donde la luz y la fortaleza son una, y donde “tu Ser se alza presto a recibirte como Suyo” (9:2). Busca este lugar y descansa en la paz que te está esperando allí. Tu búsqueda no es tu propio esfuerzo únicamente. “Déjate conducir” allí (10:2), pídele a la verdad que te lleve allí (a esto se le daba mucha importancia en las Lecciones 69, 73, y 91). Mientras vas allí, recuerda retirar tu mente de las distracciones como se necesita, y tener una actitud de confianza, deseo y determinación.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas.
Repite la idea, reconociendo que se te está alejando de la ceguera del cuerpo a la luz de la verdadera visión, en la que se ven los milagros. Hazlo pensando “Me estoy preparando para la práctica de la noche”. De este modo, puedes usar el día para prepararte  para un auténtico instante santo al final del día.

Comentario

El propósito de esta lección me parece que es encontrar “el lugar de encuentro entre el ser y el Ser”, tal como se dice en 10:4. “La fortaleza de Dios en ti es la luz en la que ves” (3:1). Hay Algo en mí que está muy lejos de lo que pienso que soy, como el sol está lejos de una cerilla. Hay una inmensidad en mí que no me imagino y que, por medio de estas lecciones, se me está conduciendo a descubrir. Hoy, en los dos periodos de práctica de veinte minutos, la “reunión” de la mañana y la noche como se le llama en 11:2, estoy intentando llevar el ser al Ser, llevar la cerilla al sol. Estoy intentando abrir la puerta a lo Infinito dentro de mí.

Esta fortaleza dentro de mí es mucho más poderosa de lo que se pueda decir. Es “constante, tan segura como el amor y eternamente feliz de darse a sí misma” (8:1). Dentro de mí, mi Ser “se alza presto a recibirme como Suyo” (9:2). Soy como una batería cerca de una planta de energía nuclear, a punto de enchufarse a un poder interminable que se renueva a sí mismo sin cesar. No, esa imagen es demasiado fría, le falta el “abrazo” de que se habla. Soy un niño pequeño y asustado, a punto de ser arrastrado a los brazos del universal Dios/Padre/Madre compasivo y todopoderoso.

Pienso que quizá el modo en que un niño pequeño ve a sus padres (gigantescos, inmensos, que todo lo saben, totalmente merecedores de confianza y capaces de hacerlo todo) es quizá un reflejo de la verdad de nuestra relación con Dios, e incluso de nuestra relación con nuestro verdadero Ser.

Esta lección me parece enormemente esperanzadora. Me dice que la fortaleza es la verdad acerca de mí (4:7). ¡Esas palabras merecen repetirse muchas veces! La verdad le da su fortaleza a todo el que se la pide, sin límites (5:4). Esta luz, esta fortaleza “no cambia, ni titila hasta finalmente extinguirse” (7:5). “Nadie que pida compartir su visión lo hace en vano” (8:2). Como una lección posterior nos dice: “Nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar”, L.131, encabezamiento). No importa cuántas veces lo haya intentado y haya fracasado, o cuánto tiempo hace que tuve un rayo de luz en mi mente, o lo débiles y pequeños esfuerzos de mi corazón; no puedo fracasar. Tengo la fortaleza de Dios en mí, y me llevará a donde quiero ir.

Hoy vengo a las sesiones de práctica con confianza en esa fortaleza. Mi fortaleza. Vengo a permitir, por este corto tiempo, que mi ser se encuentre con mi Ser. Vengo a dejar atrás la obscuridad y dejar que en la luz surja la verdadera visión en mi mente. No importa que no parezca durar. No importa que mi mente pueda parecer obscura antes y después de ello; ¡que me abra a la luz durante este instante, y que empiece su trabajo de llevarme a mi hogar! Traigo mis dudas, mis miedos, mi incredulidad al descubierto, y las expongo a esta luz, y en la luz desaparecen, y mi corazón se llena de alegría. Se me está “llevando de las tinieblas a la luz, donde únicamente pueden percibirse milagros” (11:3).          

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