martes, 15 de abril de 2014

Leccion 105

Leccion 105, Un Curso de Milagros

LECCIÓN 105 – 15 de Abril

Mías son la paz y la dicha de Dios.

1. La paz y la dicha de Dios te pertenecen. 2Hoy las aceptaremos, sabiendo que son nuestras. 3trataremos de entender que estos regalos se multiplican a medida que los recibimos. 4No son como los regalos que el mundo da, en los que el que hace el regalo pierde al darlo, y el que lo recibe se enriquece a costa de la pér­dida del que se lo dio. 5Eso no son regalos, sino regateos que se hacen con la culpabilidad. 6Los regalos que verdaderamente se dan no entrañan pérdida alguna. 7Es imposible que alguien pueda ganar a costa de la pérdida de otro. 8Ello implicaría un límite y una condición de insuficiencia.
2. Ésa no es la manera de hacer regalos. 2Tales "regalos" no son sino tratos que se hacen con vistas a obtener algo más valioso; préstamos con intereses que se tienen que pagar en su totalidad; créditos a corto plazo, en los que el que recibió el regalo se com­promete a pagar con creces lo recibido. 3Esta extraña distorsión de lo que significa dar impera en todos los niveles del mundo que ves. 4Priva de todo sentido a cualquier regalo que das, y hace que los que aceptas no te aporten nada.
3. Uno de los principales objetivos de aprendizaje de este curso es invertir tu concepto de lo que es dar, de modo que puedas recibir. 2Pues dar se ha convertido en una fuente de temor, y, así, evitas emplear el único medio a través del cual puedes recibir. 3Acepta la paz y la dicha de Dios, y aprenderás a ver lo que es un regalo de otra manera. 4Los regalos de Dios no disminuyen cuando se dan. 5Por el contrario, se multiplican.
4. De la misma manera en que la paz y la dicha del Cielo se inten­sifican cuando las aceptas como los regalos que Dios te da, así también la dicha de tu Creador aumenta cuando aceptas como tuyas Su dicha y Su paz. 2Dar verdaderamente equivale a crear. 3Extiende lo que no tiene límites a lo ilimitado, la eternidad hasta la intemporalidad y el amor hasta sí mismo. 4Añade a todo lo que ya está completo, mas no en el sentido de añadir más, pues eso implicaría que antes era menos. 5Añade en el sentido de que per­mite que lo que no puede contenerse a sí mismo cumpla su come­tido de dar todo lo que tiene, asegurándose así de que lo poseerá para siempre.
5. Acepta hoy la paz y la dicha de Dios como tuyas. 2Permite que Él se complete a Sí Mismo, tal como Él define lo que es estar com­pleto. 3Comprenderás que lo que le brinda compleción a Él se la brinda también a Su Hijo. 4Él no puede dar a través de pérdidas. 5Ni tú tampoco. 6Acepta hoy Su regalo de dicha y de paz, y Él te dará las gracias por el regalo que le haces.
6. Nuestras sesiones de práctica de hoy comenzarán de manera ligeramente distinta. 2Da comienzo al día pensando en aquellos hermanos a quienes les has negado la paz y la dicha a las que tienen derecho de acuerdo con las equitativas leyes de Dios.3Al negárselas a ellos fue cuando te las negaste a ti mismo. 4Y a ese punto es adonde tienes que volver para reivindicarlas como pro­pias.
7. Piensa en tus 'enemigos' por un rato y dile a cada uno de ellos según cruce tu mente:

2Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la paz y la dicha de Dios sean mías.

3De esta manera te preparas para reconocer los regalos que Dios te ha dado, y permites que tu mente se libre de todo lo que te podría impedir triunfar hoy. 4Ahora estás listo para aceptar el regalo de paz y de dicha que Dios te ha dado. 5Ahora estás listo para experimentar la dicha y la paz que te has negado a ti mismo. 6Ahora puedes decir: "Mías son la paz y la dicha de Dios", pues has dado lo que quieres recibir.
8. Si preparas tu mente tal como te hemos indicado, no podrás sino tener éxito hoy. 2Pues habrás permitido que se levanten todas las barreras que te separan de la paz y de la dicha, y que por fin te llegue lo que es tuyo. 3Di, pues, para tus adentros: "Mías son la paz y la dicha de Dios"; cierra los ojos por un rato y deja que Su Voz te asegure que las palabras que pronuncias son verdad.
9. Pasa hoy cinco minutos con Él de esta manera cada vez que puedas, pero no creas que menos tiempo de eso no tiene valor cuando no le puedas dedicar más. 2Cuando menos, acuérdate de repetir cada hora las palabras que lo exhortan a que te dé lo que es Su Voluntad dar y lo que es Su Voluntad que tú recibas. 3Pro­ponte hoy no interferir en Sus designios. 4si algún hermano pareciese tentarte a que le niegues el regalo que Dios le ha hecho, considera eso como una oportunidad más para permitirte a ti mismo aceptar los regalos de Dios como tuyos. 5Bendice entonces a tu hermano lleno de agradecimiento y di:

6Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la paz y la dicha de Dios sean mías.

Comentario

La lección de hoy añade importancia a la paz y la dicha de la lección de ayer. Repite mucho de lo que había en la lección de ayer, pero añade el pensamiento de que recibimos estos regalos al darlos.

“Uno de los principales objetivos de aprendizaje de este curso es invertir tu idea de lo que es dar, de modo que puedas recibir” (3:1). Esta idea, de que recibimos al dar, aparece a lo largo del Curso, y se le da muchísima importancia, pero éste es el único lugar que conozco en el que aprender esta lección se identifica concretamente como “una meta de aprendizaje muy importante” del Curso.

Ayer señalamos que la paz y la dicha son regalos que aumentan al ser compartidos. Compartir mi paz contigo la aumenta en lugar de disminuirla. Esta lección hace la sorprendente afirmación de que cuando recibo la paz y la dicha de Dios, la dicha de Dios aumenta (4:1). Al aceptar la paz y la dicha como mías, estoy permitiendo que Dios “se complete a Sí Mismo, tal como Él define lo que es estar completo” (5:2). Por medio de mi experiencia de esto, aprendo lo que es mi propia sensación de estar completo (5:3). Incluso el salmista del Antiguo Testamento sabía algo de esto cuando escribió:

¿Cómo podré pagar al SEÑOR todo el bien que me ha hecho? Aceptaré la copa de salvación e invocaré el Nombre del Señor” (S.116:12-13).

¿Qué regalo puedo darle a Dios para darle gracias por Su bendición? Puedo darle el regalo de recibir Su salvación y de invocar Su Amor. Acepto los regalos de dicha y paz, y Él me dará las gracias por el regalo que Le hago (5:6).

Todos hemos tenido una pequeña muestra de esto, por lo menos. Conocemos la dicha de dar. Sabemos que cuando damos amor y, nuestro amor es recibido, se fortalece nuestro amor, no se debilita. El amor compartido es una gran dicha. El amor recibido es mucho más rico que el amor reconocido. Incluso recibir la alegría de un niño con su juguete nuevo o su nueva mascota, se añade a la dicha del niño. Éstos son pequeños reflejos de cómo funciona el dar de Dios, y nosotros estamos destinados a ser parte del dar. Esta clase de dar, el dar cosas que aumentan cuando se dan, es la forma en que creamos (“Dar verdaderamente equivale a crear”) y la forma en que nos completamos a nosotros mismos.

Hoy los ejercicios nos preparan para recibir paz y dicha. La preparación consiste en dar paz y dicha de manera consciente a aquellos a los que se las hemos negado en el pasado: nuestros “enemigos”. Las personas que, a nuestros ojos, no se habían merecido tener paz y dicha. No nos dábamos cuenta de que al negarles el regalo, en la misma medida nos lo estábamos negando a nosotros mismos. Si lo que damos aumenta en nosotros; si se lo negamos a alguien, también nos lo negamos a nosotros mismos.

Para decir de corazón, y experimentar: “Mías son la paz y la dicha de Dios”, tenemos que abrir nuestro corazón para compartir la paz y la dicha con el mundo. Empiezo con esa persona a la que le he cerrado mi corazón. “Hermano, te ofrezco paz y dicha” (7.2; 9:6). Si abro mi corazón, que la paz, la dicha y el amor se extienden a aquellos que me rodean, lo que estoy haciendo es permitir que “lo que no puede contenerse a sí mismo cumpla su cometido de dar lo que tiene, asegurándose así de que lo poseerá para siempre” (4:5). ¿Qué es lo que no puede contenerse a sí mismo? Mi Ser, mi propio Ser.

Este Dador sin límite soy yo.

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