jueves, 20 de marzo de 2014

Leccion 79, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 79 – 20 de Marzo

Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto.

1. No puedes resolver un problema a menos que sepas de qué se trata. 2Incluso si ya está resuelto, lo seguirás teniendo porque no reconocerás que ya se ha resuelto. 3Ésta es la situación del mundo. 4El problema de la separación, que es en realidad el único pro­blema que hay, ya se ha resuelto. 5No obstante, la solución no se ha reconocido porque no se ha reconocido el problema.
2. En este mundo cada cual parece tener sus propios problemas. 2Mas todos ellos son el mismo problema, y se tiene que reconocer que son el mismo si es que se ha de aceptar la única solución que los resuelve a todos. 3Ahora bien, ¿quién puede darse cuenta de que un problema se ha resuelto si piensa que el problema es otra cosa? 4Aun si se le proporcionara la respuesta, no podría ver su relevancia.
3. Ésta es la situación en la que te encuentras ahora. 2Dispones de la respuesta, pero todavía no estás seguro de cuál es el problema. 3Pareces enfrentarte a una larga serie de problemas, los cuales son todos diferentes entre sí, y cuando uno se resuelve, surge otro y luego otro. 4No parecen tener fin. 5En ningún momento te sientes completamente libre de problemas y en paz.
4. La tentación de considerar que los problemas son múltiples es la tentación de dejar el problema de la separación sin resolver. 2El mundo parece presentarte una multitud de problemas, y cada uno parece requerir una solución distinta. 3Esta percepción te coloca en una posición en la que tu manera de resolver problemas no puede sino ser inadecuada, haciendo así que el fracaso sea inevitable.
5. Nadie podría resolver todos los problemas que el mundo parece tener. 2Éstos parecen manifestarse en tantos niveles, en for­mas tan variadas y con contenidos tan diversos, que crees enfren­tarte a una situación imposible. 3Tal como los percibes, el desaliento y la depresión son inevitables. 4Algunos surgen inesperadamente, justo cuando creías haber resuelto los anteriores. 5Otros permanecen sin resolver bajo una nube de negación, y emergen de vez en cuando para atormentarte, mas sólo para vol­ver a quedar ocultos pero aún sin resolver.
6. Toda esta complejidad no es más que un intento desesperado de no reconocer el problema y, por lo tanto, de no permitir que se resuelva. 2Si pudieses reconocer que, sea cual fuere la forma en que se manifieste, el único problema que tienes es el de la separa­ción, aceptarías la respuesta, puesto que verías su relevancia. 3Si advirtieras el común denominador que subyace a todos los pro­blemas a los que pareces enfrentarte, comprenderías que dispones de los medios para resolverlos todos. 4Y emplearías los medios porque habrías reconocido el problema.
7. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy pregunta­remos cuál es el problema y cuál es su solución. 2No asumiremos que ya lo sabernos., 3Trataremos de liberar a nuestras mentes de las innumerables clases de problemas que creemos tener. 4Trata­remos de darnos cuenta de que sólo tenemos un problema, el cual no hemos reconocido. 5Preguntaremos cuál es ese problema y esperaremos la respuesta. 6Ésta se nos dará. 7Luego pregunta­remos cuál es su solución. 8ésta se nos dará también.
8. Los ejercicios de hoy serán fructíferos en la medida en que no insistas en querer definir el problema. 2Quizá no logres abando­nar todas tus ideas preconcebidas, pero eso no es necesario. 3Lo único que es necesario es poner mínimamente en duda la realidad de tu versión de lo que son tus problemas. 4Estás tratando de darte cuenta de que al reconocer el problema se te da la respuesta, de manera que problema y respuesta puedan reconciliarse y tú puedas quedar en paz.
9. Las sesiones de práctica cortas de hoy no estarán regidas por el reloj, sino por la necesidad. 2Hoy verás muchos problemas, y cada uno de ellos parecerá requerir una solución distinta. 3Nues­tros esfuerzos estarán encaminados al reconocimiento de que no hay más que un solo problema y una sola solución. 4Con este reconocimiento se resuelven todos los problemas. 5Con este reco­nocimiento arriba la paz.
9. No te dejes engañar hoy por la forma en que se manifiestan los problemas. 2Cada vez que parezca surgir alguna dificultad, di de inmediato:

3Permítaseme reconocer este problema para que pueda ser resuelto.

4Trata entonces de suspender todo juicio con respecto a lo que el problema es. 5ser posible, cierra los ojos por un momento y pregunta cuál es el problema. 6Serás escuchado y se te responderá.

Instrucciones para la práctica

Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos.
  • Intenta liberar a tu mente de la opinión que tienes de tus problemas. Esfuérzate en “poner mínimamente en duda la realidad de tu versión de lo que son tus problemas” (8:3). Intenta darte cuenta de que los muchos problemas que tienes no son sino una pantalla de humo, que esconde el hecho de que sólo tienes un problema. Sin embargo, no definas cuál es este problema.
  • Luego pregunta cuál es tu único problema y espera la respuesta. Aunque la lección ha dicho que tu único problema es la separación, deja eso de lado y escucha la respuesta que viene de tu interior.
  • Luego pregunta cuál es la respuesta al único problema. Al preguntar acerca del problema y la respuesta, utiliza tu entrenamiento sobre cómo escuchar al Espíritu Santo: espera con la mente en silencio, espera con confianza (la respuesta “se nos dará” 7:6), y de vez en cuando repite tu petición mientras esperas.

Respuesta a la tentación: Cada vez que veas un problema.
  • Reconoce que éste es el único problema mostrándose bajo un disfraz. Di de inmediato: “Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto”.
  • Luego intenta dejar de lado lo que piensas que es el problema. Si puedes, cierra los ojos y pregunta cuál es. La respuesta se te dará.

Comentario

Esta lección, junto con la anterior, presenta una de las afirmaciones más claras de un principio muy importante del Curso: “Un solo problema, una sola solución”, como se afirma en la Lección 80 (1:5). Estas lecciones merecen ser leídas repetidas veces hasta que las ideas que enseñan se arraiguen en nuestros procesos de pensamiento.

Parece que me enfrento a una multitud de problemas, aplastantes en número y dificultad, desde pequeños a enormes, cambiando constantemente, alternando, apareciendo y desapareciendo en todos los momentos de la vida. Desde este punto de vista, si me paro a considerar las cosas objetivamente, la única respuesta posible es el pánico ciego. Desde un punto de vista consciente, la atención prestada a un problema borra docenas de ellos, igualmente merecedores de mi atención. Como Lucy y Ethel en la cinta trasportadora de pasteles, cuando las cosas empiezan a apurar, sólo puedo empezar a meter algunos de los pastelillos debajo de la camisa, intentando esconderlos antes de que mi fracaso para manejarlos se haga evidente.

Visto desde la perspectiva del espacialismo, mis problemas me condenan a un fracaso tras otro, aumentando en cada momento mi aplastante sensación de incapacidad.

¿Qué pasaría si todos mis problemas fueran verdaderamente uno solo? ¿Qué pasaría si yo ya tuviera la solución a ese único problema? Apenas puedo imaginarme la enorme sensación de alivio que recorrería todo mi ser si pudiera captar que esto es verdad: todos mis problemas son uno, y ese problema ya se ha resuelto.

¿Podría ser así? Sí. Si pienso que mis problemas son muchos y separados, si no he reconocido el único problema en todos ellos, podría tener ya la respuesta y no saberlo. Incluso podría tener la respuesta sin darme cuenta de que se aplica a todo lo que a mí me parecen problemas diferentes. “Ésta es la situación del mundo. El problema de la separación, que es en realidad el único problema que hay, ya se ha resuelto. No obstante, la solución no se ha reconocido porque no se ha reconocido el problema” (1:3-5).

Entonces, para liberarme de este aprisionamiento ilusorio, mi primer paso debe ser reconocer el problema en cada problema. Tengo que hacerme consciente de cuál es el problema antes de darme cuenta de que ya tengo la solución. Mientras crea que el problema es algo distinto a mi separación de Dios (que ya ha sido completamente resuelto, por lo que es algo sin ninguna importancia), continuaré pensando que tengo problemas y que me falta la solución. Buscaré la “salvación” de mis problemas en cualquier sitio excepto donde está la respuesta, porque ya he dejado de lado la solución por considerarla no importante para el problema que me ocupa. “¿Quién puede darse cuenta de que un problema se ha resuelto si piensa que el problema es otra cosa?” (2:3).

La aparente complejidad del mundo no es sino el intento de mi mente de no reconocer el único problema, impidiendo así su solución (6:1). Por lo tanto, mi mayor necesidad es percibir “el común denominador que subyace a todos los problemas” (6:3). Si puedo ver la separación en la raíz de cada problema, me daría cuenta de que ya tengo la respuesta, y usaría la respuesta. Sería libre.

Una vez más, esta lección es maravillosamente perdonadora. Incluso la idea de ver todos mis problemas como variaciones del tema de la separación puede parecer una tarea de enormes proporciones. Por eso la lección me dice:

“Eso no es necesario. Lo único que es necesario es poner mínimamente en duda la realidad de tu versión de lo que son tus problemas” (8:2-3)

¿Lo único que tengo que hacer es dudar? ¡Eh, yo puedo encargarme de eso, yo soy muy bueno en dudar!

Todo lo que se me pide que haga es “suspender todo juicio con respecto a lo que el problema es” (10:4). “Suspender” quiere decir calmar temporalmente; la lección ni siquiera me pide que abandone mis juicios para siempre. Sólo durante un instante. Sólo permitirme a mí mismo dudar de mi versión de las cosas y considerar que podría haber otro modo de mirarlas.

Así que hoy se me pide que dude. Dudar de mi versión de lo que son mis problemas. Pensar para mí mismo: “Probablemente no estoy viendo esto con claridad. Probablemente aquí me estoy haciendo un lío en algún punto”. Y luego preguntar: “¿Cuál es el verdadero problema aquí?” ¡Ese tipo de práctica incluso yo puedo manejarla! ¡Gracias, Padre, por un Curso tan sencillo!           

2 comentarios:

  1. Tantos años practicando el curso y aún se me escapa el meollo de la practica de esta lección: "primero poner minimamente en duda mi versión de lo que creo es el problema". Esa es la razón por la que percibo que el "problema de mi vida" aún no está resuelto. El pequeño "yo" cree saber cuál es el problema y busca la solución de acuerdo a esa percepción falsa. Gracias amigos por sus enseñanzas.

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  2. Reconciliar el árbol de manzanas, la culebra, a Adan y a Eva, y reconocer que representa cada uno de ellos (contemplarlos como un asunto de mi propia situación) sin proyectarlos en nada externo

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