miércoles, 19 de marzo de 2014

Leccion 78, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 78 – 19 de Marzo

¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientosl

1. Tal vez aún no esté completamente claro para ti el hecho de que en cada decisión que tomas estás eligiendo entre un resentimiento y un milagro. 2Cada resentimiento se alza cual tenebroso escudo de odio ante el milagro que pretende ocultar. 3Y al alzarlo ante tus ojos no puedes ver el milagro que se encuentra tras él. 4Éste, no obstante, sigue allí aguardándote en la luz, pero en lugar de él contemplas tus resentimientos.
2. Hoy vamos a ir más allá de los resentimientos para contemplar el milagro en lugar de ellos. 2Invertiremos la manera como ves al no dejar que tu vista se detenga antes de que veas. 3No esperare­mos frente al escudo de odio, sino que lo dejaremos caer, y, sua­vemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios.
3. Él te espera tras todos tus resentimientos, y a medida que dejas éstos de lado, él aparecerá radiante de luz en el lugar que antes ocupaba cada uno de ellos. 2Pues cada resentimiento constituye un obstáculo a la visión, mas según se elimina, puedes ver al Hijo de Dios allí donde él siempre ha estado. 3Él se encuentra en la luz, pero tú estabas en las tinieblas. 4Cada resentimiento hacía que las tinieblas fuesen aún más tenebrosas, lo cual te impedía ver.
4. Hoy intentaremos ver al Hijo de Dios. 2No nos haremos los ciegos para no verlo; no vamos a contemplar nuestros resenti­mientos. 3Así es como se invierte la manera de ver del mundo, al nosotros dirigir nuestra mirada hacia la verdad y apartarla del miedo. 4Seleccionaremos a alguien que haya sido objeto de tus resentimientos y, dejando éstos a un lado, lo contemplaremos. 5Quizá es alguien a quien temes o incluso odias; o alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar; alguien a quien llamas amigo, pero que en ocasiones te resulta pesado o difícil de com­placer; alguien exigente, irritante o que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que tú le has asignado.
5. Ya sabes de quien se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente. En él es en quien pedimos que se te muestre el Hijo de Dios. 3Al contemplarlo sin los resentimientos que has abrigado en su con­tra, descubrirás que lo que permanecía oculto cuando no lo veías, se encuentra en todo el mundo y se puede ver. 4El que era un enemigo es más que un amigo cuando está en libertad de asumir el santo papel que el Espíritu Santo le ha asignado. 5Deja que él sea hoy tu salvador. 6Tal es su función en el plan de Dios, tu Padre.
6. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy lo veremos asumiendo ese papel. 2Pero primero intenta mantener su imagen en tu mente tal como lo ves ahora. 3Pasa revista a sus faltas, a las dificultades que has tenido con él, al dolor que te ha causado, a sus descuidos y a todos los disgustos grandes y pequeños que te ha ocasionado. 4Contempla las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos, y piensa en sus errores e incluso en sus "pecados".
7. Pidámosle entonces a Aquél que conoce la realidad y la verdad de este Hijo de Dios, que se nos conceda poder contemplarlo de otra manera y ver a nuestro salvador resplandeciendo en la luz del verdadero perdón que se nos ha concedido. 2En el santo Nombre de Dios y en el de Su Hijo, que es tan santo como Él, le pedimos:

3Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él.

Los ojos del cuerpo están cerrados, y mientras piensas en aquel que te agravió, deja que a tu mente se le muestre la luz que brilla en él más allá de tus resentimientos.
5. Lo que has pedido no se te puede negar. 2Tu salvador ha estado esperando esto hace mucho tiempo. 3Él quiere ser libre y hacer que su libertad sea también la tuya. 4El Espíritu Santo se extiende desde él hasta ti, y no ve separación alguna en el Hijo de Dios. 5Y lo que ves a través de Él os liberará a ambos. 6Mantente muy quedo ahora, y contempla a tu radiante salvador. 7Ningún som­brío resentimiento nubla la visión que tienes de él. 8Le has permi­tido al Espíritu Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieses salvar.
9. Dios te da las gracias por estos momentos de sosiego en que dejas a un lado tus imágenes para ver en su lugar el milagro de amor que el Espíritu Santo te muestra. 2Tanto el mundo como el Cielo te dan las gracias, pues ni uno solo de los Pensamientos de Dios puede sino regocijarse por tu salvación y por la del mundo entero junto contigo.
10Recordaremos esto a lo largo del día, y asumiremos el papel que se nos ha asignado como parte del plan de Dios para la salva­ción, y no del nuestro. 2La tentación desaparece cuando permiti­mos que todo aquel que se cruza en nuestro camino sea nuestro salvador, rehusándonos a ocultar su luz tras la pantalla de nues­tros resentimientos. 3Permite que todo aquel con quien te encuen­tres, o en quien pienses o recuerdes del pasado, asuma el papel de salvador, de manera que lo puedas compartir con él. 4Por ti y por él, así como por todos los que no ven, rogamos:

5iQue los milagros reemplacen todos mis resentimientos!

Instrucciones para la práctica

Propósito: Dejar a un lado el negro escudo de resentimientos “y, suavemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios” (2:3).

Ejercicios más largos: 2 veces, de diez a quince minutos.
  • Selecciona una persona contra la que tienes resentimientos. Lee la lista en 4:5, y elige a la persona que te venga a la mente mientras lees la lista.
  • Cierra los ojos y repasa cómo ves en la actualidad a esta persona, de dos maneras. Primero, repasa sus actos y rasgos negativos: sus faltas, sus errores, sus “pecados”, y todos los modos en los que te ha causado problemas y dolor. Segundo, repasa su cuerpo “las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos” (6:4). Visualizar su cuerpo es una buena manera de ponerte en contacto con los resentimientos que albergas contra él.
  • Luego pídele al Espíritu Santo que te muestre al radiante salvador que es realmente esta persona, más allá de tus resentimientos. Di: Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él”. Esta frase larga es un poderoso cambio de cómo ves a esta persona en la actualidad. Ahora le ves como un agresor que está separado de ti. Sin embargo, esta frase te lo representa como tu salvador, cuya santidad te llevará dentro del resplandor de tu verdadera realidad, donde descubrirás que tú y él sois uno. Lo único que se necesita para que él cumpla su papel es que tú le veas de verdad, que es a lo que invita la frase. Así que, no digas la frase sólo una vez. Repítela muchas veces durante el periodo de práctica.
  •  Esta frase invita a una experiencia real del Espíritu Santo. Le invita a Él a que te revele la realidad radiante de esta persona, que está más allá de tus resentimientos. Así pues, éste es otro ejercicio de pedir algo interno al Espíritu Santo. Recuerda el entrenamiento que has recibido en esto.
    1. Espera en calma. “Mantente muy quedo ahora, y contempla a tu radiante salvador” (8:6).
    2. Espera con confianza. “Lo que has pedido no se te puede negar” (8:1).
    3. De vez en cuando renueva tu petición repitiendo la frase.

Recordatorios frecuentes / Respuesta a la tentación: Siempre que te encuentres o pienses o recuerdes a alguien.
Ora: “¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!”. Esto significa “Que el milagro de Quien tú eres realmente reemplace mis resentimientos contra ti”. Date cuenta de que esto os libera a los dos, junto con todo el mundo.

Comentario

Si yo no tuviera resentimientos, todo sería milagroso para mí. La opinión del Curso es que la verdad es muy clara, y sólo parece difícil de ver porque la ocultamos de nuestra conciencia con nuestros resentimientos. El verdadero propósito de un resentimiento es ocultar el milagro que se encuentra debajo de él (1:2). Sin embargo, el milagro sigue ahí.

Hoy queremos ver milagros. “Invertiremos la manera como ves al no dejar que tu vista se detenga antes de que veas” (2:2). Eso es a lo que estamos acostumbrados a hacer: permitir que nuestra vista se detenga en la apariencia externa, sin mover nuestra percepción más allá de lo que la apariencia oculta. Lo que vemos en primer lugar, la apariencia externa, es nuestro “escudo de odio” (1:2; 2:3). Siempre nos muestra cosas que nos producen dolor de un modo u otro. Y no nos queremos detener en eso, queremos dejar a un lado el escudo y “alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios” (2:3).

El Hijo de Dios está oculto en cada uno de nosotros. Únicamente nuestros resentimientos nos impiden verle en todos.

Algunos de nosotros podemos ser muy conscientes de nuestros resentimientos, otros podemos preguntarnos de qué diablos se está hablando. Pero, a menos que ya vivamos en la perfecta percepción verdadera, libre de todo sufrimiento y siempre completamente feliz; si miramos honestamente a los pensamientos en nuestra mente, encontraremos allí resentimientos. A menudo no los reconocemos como lo que son. Hay una auténtica necesidad de un examen honesto de uno mismo para reconocer los escudos en nuestra mente que impiden a nuestra vista la luz.

Mira a algunas de las sugerencias (en 4:5) para elegir una persona con la que practicar esta lección. “Alguien a quien temes o incluso odias”, está muy claro para nosotros si tenemos una persona así en nuestra vida, podemos reconocer esto fácilmente como un resentimiento. “Alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar”, también está probablemente muy claro; sí, eso es un resentimiento. Un amigo “que en ocasiones te resulta pesado”, ¿es eso un resentimiento que me oculta la luz? ¡Sí, ciertamente! Alguien “difícil de complacer”, a quien vemos exigente o irritante. ¿Son resentimientos? ¡Sí! O incluso alguien “que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que tú le has asignado”. ¿Cuántos de nosotros, que nos consideramos alumnos espirituales del Curso, reconoceríamos ese pequeño juicio como un resentimiento?

Sí, esa opinión que tienes acerca de esa persona que no se ajusta a sus posibilidades, esa persona a quien amas y cuidas y por la que te preocupas tanto, eso es también un resentimiento que te impide ver la luz del Hijo de Dios.

Me gusta el modo en que Jesús dice: “Ya sabes de quién se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente” (5:1). Él a menudo parece conocer muy bien lo que pasa dentro de nuestra mente, ¿verdad?

Este ejercicio es muy poderoso. También es muy práctico y con los pies en la tierra, ocupándose de una persona en nuestra vida. “Deja que él sea hoy tu salvador” (5:5).

¿Él? ¿Mi salvador? ¿Quieres que yo deje que esa persona sea mi salvador? ¿Cómo puedo yo verle así?

Si preguntas así me vienen, sólo demuestran la solidez ilusoria del escudo de resentimientos en mi mente. Puedo ver al Hijo de Dios en “ése” si estoy dispuesto a abandonar mis resentimientos.

Ahora recuerda. Sólo estamos haciendo aquí un ejercicio. Quizá no te sientes completamente preparado para abandonar todos tus resentimientos y tus juicios sobre esa persona para siempre. De acuerdo. ¿Qué tal si lo practicas durante diez o quince minutos? Sólo inténtalo para ver cómo te va, para  ver cómo te sientes. Eso es todo lo que se pide.

Así es como salvamos al mundo, sólo con este tipo de práctica. Cristo espera ser liberado en cada uno de nosotros. Tú tienes el poder de liberarle hoy en cada uno a tu alrededor, sólo con mirar más allá de tus resentimientos y viendo el Cristo en ellos. El Espíritu Santo en tus hermanos y hermanas “se extiende desde (ellos) hasta ti, y no ve separación alguna en el Hijo de Dios” (8:4). Al permitirle a tu hermano que desempeñe el papel de salvador en tu mente, “Le has permitido al Espíritu Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieses salvar” (8:8). Le has visto tal como es, y esa visión en tu mente despertará la suya para que vea la verdad acerca de sí mismo. La sacarás de él por medio de tu fe. Así es como nosotros mismos desempeñamos el papel de salvador, al sacarla de tus hermanos, su gratitud te enseñará la verdad acerca de ti, y te darás cuenta de que algo en ti se ha manifestado como gracia salvadora para elevar a tu hermano. Lo que has dado, tenías que tenerlo para haberlo dado. La salvación que le has dado es tuya, y la reconoces porque la has dado. Así es como funciona este proceso. Lo podemos practicar incluso con personas de nuestro pasado (10:3).

Así asumo el papel que Dios me ha asignado. Hoy elijo permitir que los milagros reemplacen a todos los resentimientos en mi mente. Cada vez que me dé cuenta de un resentimiento, pediré que un milagro lo reemplace. Amigo, que hoy te vea como mi salvador. Gracias por estar ahí. Gracias por ofrecerme esta oportunidad de dar.       

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