martes, 18 de marzo de 2014

Leccion 77, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 77 – 18 de Marzo

Tengo derecho a los milagros.

1. Tienes derecho a los milagros debido a lo que eres. 2Recibirás milagros debido a lo que Dios es. 3ofrecerás milagros debido a que eres uno con Dios. 4Una vez más, ¡cuán simple es la salva­ción! 5Es sencillamente una afirmación de tu verdadera Identi­dad. 6Esto es lo que celebraremos hoy.
2. Tu derecho a los milagros no se basa en las ilusiones que tienes acerca de ti mismo. 2No depende de ningún poder mágico que te hayas adscrito ni de ninguno de los rituales que has ingeniado. 3Es inherente a la verdad de lo que eres. 4Está implícito en lo que Dios, tu Padre, es. 5Tu derecho a los milagros quedó establecido en tu creación y está garantizado por las leyes de Dios.
3. Hoy reivindicaremos los milagros a los que tienes derecho, pues te pertenecen. 2Se te ha prometido total liberación del mundo que construiste. 3Se te ha asegurado que el Reino de Dios se encuentra dentro de ti y que jamás lo puedes perder. 4No pedi­mos sino lo que en verdad nos pertenece. 5Hoy, sin embargo, nos aseguraremos también de no conformarnos con menos.
4. Comienza las sesiones de práctica más largas de hoy dicién­dote a ti mismo con absoluta certeza que tienes derecho a los milagros. 2Cierra los ojos y recuerda que estás pidiendo única­mente lo que por derecho propio te pertenece. 3Recuérdate tam­bién a ti mismo que los milagros jamás se le quitan a uno para dárselos a otro, y que al reivindicar tus derechos estás haciendo valer los derechos de todo el mundo. 4Los milagros no obedecen las leyes de este mundo. 5Proceden simplemente de las leyes de Dios.
5. Después de esta breve fase introductoria, espera en silencio la ratificación de que se te ha concedido tu petición. 2Has pedido la salvación del mundo así como la tuya. 3Has pedido que se te concedan los medios a través de los cuales se puede lograr esto. 4Es imposible que no se te den garantías al respecto. 5No estás sino pidiendo que se haga la Voluntad de Dios.
6. Al hacer esto, no estás realmente pidiendo nada. 2Estás afir­mando un hecho innegable. 3El Espíritu Santo no puede sino ase­gurarte que se te ha concedido tu petición. 4El hecho de que la aceptases lo confirma. 5Hoy no hay cabida para la duda ni la incertidumbre. 6Estamos haciendo por fin una petición real. 7La respuesta es una simple exposición de un simple hecho. 8Recibirás la ratificación que buscas.
7. Nuestras sesiones de práctica más cortas serán frecuentes, y estarán dedicadas a recordar un simple hecho. 2Repite hoy fre­cuentemente:

3Tengo derecho a los milagros.

4Pídelos cada vez que se presente una situación que los requiera. 5Reconocerás tales situaciones. 6como no estás dependiendo de ti mismo para encontrar el milagro, tienes pleno derecho a reci­birlo siempre que lo pidas.
8. Recuerda también que no te debes conformar con nada que no sea la respuesta perfecta. 2Si te asaltan tentaciones, di de inme­diato:

3No intercambiaré milagros por resentimientos.
4Quiero únicamente lo que me pertenece.
5Dios ha establecido mi derecho a los milagros.

Instrucciones para la práctica

Propósito: Reclamar los milagros que te pertenecen, reclamar la seguridad de que son realmente tuyos, y negarte a contentarte con menos.

Ejercicios más largos: 2 veces, durante diez o quince minutos.
  • Repite la idea con confianza como una petición de los milagros que Dios te ha prometido. Cierra los ojos y recuérdate a ti mismo 1) que estás pidiendo lo que te pertenece, y 2) que al aceptar los milagros confirmas el derecho a los milagros de todo el mundo.
  • Durante el resto de la sesión de práctica, espera en silencio con confianza a que el Espíritu Santo te asegure que tu petición se te ha concedido, que realmente tienes derecho a los milagros. En otras palabras, esto es otro ejercicio de esperar algo del Espíritu Santo. En lecciones anteriores (71, 72, 75, 76), esperabas dirección, comprensión, o una experiencia de la visión. Aquí esperas la seguridad de que el almacén de milagros está abierto para ti realmente, de que es tuyo de verdad.
    1. Espera con la mente en silencio y lleno de esperanza.
    2. Espera con confianza. Puesto que pides la confirmación de algo que ya es tuyo, puedes pedir sin ninguna duda.
    3. De vez en cuando renueva tu petición y tu confianza repitiendo la idea.

Recordatorios frecuentes: Muy a menudo.
Repite la idea. A lo largo del día estate alerta a las situaciones en las que pedir un milagro. “Reconocerás tales situaciones” (7:5). Luego pide un milagro con confianza repitiendo la idea.

Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas tentado a guardar un resentimiento.
Di rápidamente: “No intercambiaré milagros por resentimientos. Quiero únicamente lo que me pertenece. Dios ha establecido mi derecho a los milagros”. No aceptes quedarte satisfecho con algo que no sea un milagro.

Comentario

Lo que hoy celebramos es nuestra verdadera Identidad, como seres que somos uno con Dios (1:3, 5, 6). La clave para lo que el Curso llama “salvación” es simplemente recordar lo que somos. Me gusta el triple resumen con el que empieza la lección. Cambiando un poco las palabras, los tres puntos son:
·         Lo que somos nos da derecho a los milagros.
·         Lo que Dios es garantiza que recibiremos milagros.
·         Nuestra unidad con Dios significa que ofreceremos milagros a otros.

Nada de lo que pensamos acerca de nosotros, ningún poder especial que creamos tener, y ningún ritual que hagamos, nos traerá milagros. Vienen a nosotros debido a lo que somos, debido a algo que es parte de nuestro Ser. Los requisitos para los milagros se nos dieron en la creación, no tenemos que ganárnoslos.

Él (el Espíritu Santo) nunca te preguntará qué has hecho para ser digno del regalo de Dios. Así pues, no te lo preguntes a ti mismo. Acepta, en cambio, Su respuesta pues Él sabe que tú eres digno de todo lo que Dios dispone para ti. No trates de librarte del regalo de Dios que el Espíritu Santo tan libre y gustosamente te ofrece. Él te ofrece sólo lo que Dios Le dio para ti. No tienes que decidir si eres merecedor de ello o no. Dios sabe que lo eres” (T.14.III.11:4-10).

La lección afirma que se nos “ha prometido total liberación del mundo que construimos” (3:2), de toda la obscuridad, del dolor, del sufrimiento y de la muerte que resultan de nuestros intentos de separación. Más allá de ello se nos “ha asegurado que el Reino de Dios se encuentra dentro de ti y que jamás lo puedes perder” (3:3). Hoy estamos decidiendo no ponerlos en duda, sino aceptarlos como hechos. Se puede escapar de la obscuridad, y la luz nunca se ha perdido. Y así, hoy, fijamos nuestra mente en la decisión “de no conformarnos con menos” (3:5).

Los periodos de práctica más largos empiezan con un breve momento de afirmación, recordándonos a nosotros mismos que tenemos derecho a los milagros, y que los milagros no se dan a uno a costa de otro. Al pedir para mí, estoy pidiendo para todos. Después de ese breve recordatorio, se pasa la práctica en quietud, esperando una sensación interna de seguridad de que los milagros que hemos pedido se nos han concedido. Ya que estamos pidiendo lo que es la Voluntad de Dios, para la salvación del mundo, existen todas las razones para creer que Él responderá favorablemente a nuestras peticiones.

En realidad, pedir milagros no es realmente pedir nada. Es una afirmación de lo que siempre es verdad. El Espíritu Santo no puede sino asegurarnos que se nos ha concedido nuestra petición (6:1-3). ¿Cómo podría responder de manera diferente? Él no puede negarnos nuestra oración sin negar la verdad, y Él habla sólo en favor de la verdad. “Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe” (T.In.2:2-3). Esto es lo que afirma esta clase de oración.

En la descripción de las sesiones cortas de práctica, se nos dice que pidamos milagros “cada vez que se presente una situación que los requiera” (7:4). Luego dice: “Reconocerás tales situaciones” (7:5). Aquí no hay pregunta, ni siquiera la necesidad de explicar cómo lo sabremos. “Reconocerás tales situaciones”. Algo dentro de nosotros sabe cuándo pedir un milagro. Fíjate también en que no intentamos producir el milagro nosotros, con nuestros propios recursos; se lo pedimos al Espíritu Santo. Nos volvemos con nuestra necesidad a la Fuente de los milagros; no intentamos ocupar el lugar de la Fuente. Lo que somos es lo que nos da nuestro derecho a los milagros, pero no dependemos de nosotros mismos para encontrarlos (7:6).

Recordemos que un “milagro”, tal como el Curso lo entiende, no significa necesariamente ningún cambio visible. “Los milagros son pensamientos” (T.1.I.12:1). Son cambios aparte del nivel del cuerpo, un modo en el que reconocemos nuestra propia valía y la de nuestro hermano al mismo tiempo (T.1.I.17:2; 18:4). Un milagro es una corrección en el pensamiento falso (T.1.I.37:1). Los milagros son siempre expresiones de amor, “pero puede que no siempre tengan efectos observables” (T.1.I.35:1).

Recordemos también que “puede que no siempre” no significa “nunca”. Si digo: “A menudo tomo cereales en el desayuno, pero puede que no siempre los tome”, la consecuencia es que muchas veces tomo cereales. Así que, cuando el Curso dice que puede que los milagros no siempre tengan efectos observables, claramente da por sentado que la mayoría de las veces tienen efectos observables. No deberíamos pensar que un milagro no ha sucedido si no hay efectos observables, pero tampoco deberíamos abandonar toda esperanza de efectos observables. Sin embargo, el ingrediente esencial no es nada de este mundo, sino liberar a nuestra mente de las ilusiones.   

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por tus comentarios, me suponen una muy buena ayuda para comprender las lecciones

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  2. Somos un Milagro y sólo nos falta reconocerlo.

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