lunes, 17 de marzo de 2014

Leccion 76, Un Curso de Milagros

LECCIÓN 76 – 17 de Marzo

No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

1. Hemos visto antes cuántas cosas absurdas te han parecido ser la salvación. 2Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas. 3Sin embargo, no estás aprisionado por ninguna de esas cosas. 4Mas para comprender que esto es cierto, primero te tienes que dar cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas. 5Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mismo a leyes que tampoco tienen sentido. 6Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde no está.
2. Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo. 2Pues si pudieses, buscarías la salvación eternamente donde no está, y jamás la hallarías. 3La idea de hoy te repite una vez más cuán simple es la salvación. 4Búscala allí donde te espera y allí la halla­rás. 5No la busques en ninguna otra parte, pues no está en nin­guna otra parte.
3. Piensa en la liberación que te brinda el reconocimiento de que no estás atado a las extrañas y enrevesadas leyes que has promul­gado para que te salven. 2Crees realmente que te morirías de hambre a menos que tengas fajos de tiras de papel moneda y montones de discos de metal. 3Crees realmente que una pequeña píldora que te tomes o que cierto fluido inyectado en tus venas con una fina aguja te resguardará de las enfermedades y de la muerte. 4Crees realmente que estás solo a no ser que otro cuerpo esté contigo.
4. La demencia es la que piensa estas cosas. 2Tú las llamas leyes y las anotas bajo diferentes nombres en un extenso catálogo de rituales que no sirven para nada ni tienen ningún propósito. 3Crees que debes obedecer las "leyes" de la medicina, de la econo­mía y de la salud. 4Protege el cuerpo y te salvarás.
5. Eso no son leyes, sino locura. 2EI cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma. 3El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma. 4El sufrimiento corporal es una máscara de la que la mente se vale para ocultar lo que realmente sufre. 5No quiere entender que es su propia enemiga; que se ataca a sí misma y que quiere morir. 6De esto es de lo que tus "leyes" quieren salvar al cuerpo. 7Para esto es para lo que crees ser un cuerpo.
6. No hay más leyes que las de Dios. 2Esto necesita repetirse una y otra vez hasta que te des cuenta de que es aplicable a todo lo que has hecho en oposición a la Voluntad de Dios. 3Tu magia no tiene sentido. 4Lo que pretende salvar no existe.5Únicamente lo que pretende ocultar te salvará.
7. Las leyes de Dios jamás pueden ser reemplazadas. 2Dedicare­mos el día de hoy a regocijarnos de que así sea. 3No es ésta una verdad que queramos seguir ocultando. 4En lugar de ello nos daremos cuenta de que es una verdad que nos mantiene libres para siempre. 5La magia aprisiona, pero las leyes de Dios liberan. 6La luz ha llegado porque no hay más leyes que las de Él.
8. Comenzaremos hoy las sesiones de práctica más largas con un breve repaso de las diferentes clases de "leyes" que hemos creído necesario acatar. 2Éstas incluyen, por ejemplo, las "leyes" de la nutrición, de la inmunización, de los medicamentos y de la pro­tección del cuerpo en las innumerables maneras en que ésta se lleva a cabo. 3Crees también en las "leyes" de la amistad, de las "buenas" relaciones y de la reciprocidad. 4Puede que hasta incluso creas que hay leyes que regulan lo que es de Dios y lo que es tuyo. 5Muchas "religiones" se han basado en eso. 6Dichas reli­giones no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo. 7En cualquier caso, sus leyes no son más extrañas que otras "leyes" que tú crees que debes obedecer para estar a salvo.
9. No hay más leyes que las de Dios. 2Deshecha hoy todas tus insensatas creencias mágicas y mantén la mente en un estado de silenciosa preparación para escuchar la Voz que te dice la verdad. 3Estarás escuchando a Uno que te dice que de acuerdo con las leyes de Dios las pérdidas no existen. 4No se hacen ni se reciben pagos; no se pueden hacer intercambios; 5no hay sustitutos y ninguna cosa es reemplazada por otra. 6Las leyes de Dios dan eternamente sin jamás quitar nada.
10. Escucha a Aquél que te dice esto y date cuenta de cuán insensa­tas son las "leyes" que tú pensabas regían el mundo que creías ver. 2Sigue prestando atención. 3Él te dirá más. 4Te hablará del Amor que tu Padre te profesa, 5de la infinita dicha que te ofrece, 6de la ardiente añoranza que siente por Su único Hijo, creado como Su canal de creación, pero que éste le niega debido a su creencia en el infierno.
11. Abramos hoy los canales de Dios y permitamos que Su Volun­tad se extienda a través de nosotros hasta Él. 2De esa manera es como la creación se expande infinitamente. 3Su Voz nos hablará de esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus leyes mantienen por siempre ilimitados. 4Repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que no hay más leyes que las de Dios. 5Después nos diremos a nosotros mismos, a modo de dedicatoria con la cual concluye la sesión de práctica:

6No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

12. Repetiremos hoy esta dedicatoria tan a menudo como sea posi­ble; por lo menos cuatro o cinco veces por hora, así como en respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día. 2Es nuestra declaración de que estamos a salvo de todo peligro y de toda tiranía. 3Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre y de que Su Hijo se ha salvado.

Instrucciones para la práctica

Propósito: Entender realmente que no te gobiernan otras leyes que las de Dios, ver la libertad en esta idea, y alegrarte de que así sea.

Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos.
  • En la primera fase, repasa brevemente las diferentes “leyes” en las que crees. Éstas incluyen las leyes corporales: tales como las leyes de la nutrición, de la medicina, y de economía; las leyes sociales: tales como las leyes de la reciprocidad y de las buenas relaciones; las leyes religiosas: que determinan lo que debes darle a Dios para que Él te garantice Sus regalos.
  • Rechaza estas “leyes” con el pensamiento de que no hay otras leyes que las de Dios. Luego espera en receptivo silencio oír la Voz de Dios (éste es otro ejercicio de escuchar al Espíritu Santo). Mientras escuchas, de vez en cuando repite la idea, como una invitación a la Voz de Dios para que te ayude a entender de verdad esta idea. Cuando oigas al Espíritu Santo, Él puede decirte que las leyes de Dios sólo dan, a diferencia de las “leyes” del mundo. Las leyes de Dios no piden pago por darte bendiciones sin fin. Puede continuar hablándote de todas las bendiciones que estas leyes te ofrecen, incluyendo los infinitos gozos del Cielo, todos los cuales proceden del infinito Amor de Dios por ti. Recuerda escuchar con confianza, sabiendo que incluso aunque ahora no oigas nada, La Voz de Dios continúa todavía hablándote, y que tu escucha de hoy te acercará más a oír de verdad. Si escuchas algo, puedes escribirlo luego si quieres.
  • Termina repitiendo la idea.

Recordatorios frecuentes: de 4 a 5 por hora (como mínimo).
Repite la idea como una declaración de libertad de todas las leyes tiránicas de este mundo, y en reconocimiento de que únicamente vives bajo la bendición del Amor de Dios.

Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas sometido a las leyes de este mundo.
Repite la idea. Debido a que generalmente damos por sentado las leyes de este mundo, no siempre nos damos cuenta de cuándo nos sentimos oprimidos por ellas.

Por lo tanto, puedes explorar tu mente de vez en cuando para buscar las cosas que te esclavizan e identificar las leyes en las que se basan. Por ejemplo, en cualquier momento dado puedes descubrir que te esclavizan las leyes del hambre, del tiempo (trabajos con límite de plazo), del dinero (puede que tengas escasez de dinero), de la dinámica social (puedes estar en una situación políticamente delicada). Observa las leyes que te están esclavizando y responde a ellas repitiendo la idea como una declaración de que te has liberado de ellas de verdad.

Comentario

Ésta es quizá una de las lecciones más desafiantes del Libro de Ejercicios. Se enfrenta y echa al traste toda la parafernalia de protecciones de seguridad y substitutos de la salvación que hemos inventado, y de los cuales nos hemos convencido a nosotros mismos que dependemos. Nos impacta con sus afirmaciones enérgicas. Si estamos abiertos a lo que dice, empezaremos a ver que el Curso desafía todas nuestras suposiciones básicas sobre la vida y sobre nosotros mismos. Estamos más atrincherados en las ilusiones del ego de lo que hasta ahora nos hemos dado cuenta.

El punto de vista siguiente es el fondo de esta lección:
  1. Somos mente perfecta y sin forma, cada uno de nosotros parte de una totalidad perfecta, pero hemos deseado separar y dividir una pequeña parte de la mente para llamarla “yo”. Además, no sólo hemos deseado hacerlo, sino que nos hemos convencido a nosotros mismos de que de verdad lo hemos hecho. Nuestra sensación de identidad se limita a este pequeño fragmento de mente. Nuestra mente se siente enormemente culpable a causa de esta creencia, que es falsa.
  2. Hemos inventado un mundo lleno de cuerpos por dos razones: primera, para apoyar nuestras ilusiones de separación; y segunda, para escapar de la culpa en nuestra mente proyectando esa culpa sobre el mundo y sobre los “otros”. Nos hemos identificado principalmente con nuestro propio cuerpo, en lugar de incluso hacerlo con el pequeño fragmento de mente que percibimos como que está “dentro” del cuerpo.
  3. Creyendo que somos el cuerpo, y que nosotros (nuestro cuerpo) estamos amenazados por muchas cosas en el mundo, hemos ideado una interminable lista de medios para proteger y conservar nuestro cuerpo. Éstas son las “leyes” del mundo de las que se habla en esta lección.

La primera frase de la Lección 76 se refiere a una afirmación anterior, en los tres primeros párrafos de la Lección 71, que señalaban en cuántas cosas sin sentido hemos buscado nuestra salvación (que pueden entenderse como protección, o seguridad, o incluso felicidad). En la Lección 71, el factor principal acerca de cada una de estas cosas era el pensamiento: “Si esto fuera diferente, me salvaría” (L.71.2:4). La Lección 76 ahora añade el pensamiento de que “cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas” (1:2). Por ejemplo, si buscamos buena salud física para “salvarnos”, quedamos esclavizado por un montón de leyes que gobiernan la salud: nutrición, medicina, etc.

La lección identifica muchas de las supuestas leyes a las que creemos que estamos sometidos: la necesidad de dinero (papel moneda y discos de metal), uso de medicinas para protegernos de la enfermedad, necesidad de interacción física con otros cuerpos (sexo, compañía), leyes de la medicina, de economía, y salud (nutrición, ejercicio, sueño, vitaminas), cualquier modo que utilizamos para proteger el cuerpo, “leyes” de la amistad y reciprocidad (ser justo), incluso leyes “religiosas”.

No estamos aprisionados por ninguna de estas leyes (1:3). Ésta es una afirmación sorprendente y casi increíble. Sin embargo, para entender nuestra libertad de estas leyes, primero tenemos que “darnos cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas” (1:4). En otras palabras, tenemos que darnos cuenta de que nuestro cuerpo y nuestro ego no necesitan protección. Tenemos que deshacer el error de identificación que hemos cometido. Por supuesto, ese deshacimiento es de lo que trata Un Curso de Milagros.  

Al decir que nos “atamos” a nosotros mismos “a leyes que tampoco tienen sentido” (1:5) mientras buscamos la salvación intentando cambiar algo, cualquier cosa que no sea nuestra mente, el Curso nos dice que estar sometidos a estas leyes del mundo es algo que hemos elegido y que continuamos eligiendo en cada momento. Al seguir los mandatos de nuestro propio ego en sus intentos de protegerse a sí mismo a costa de nuestra realidad, continuamos ciegamente buscando la salvación fuera de nosotros mismos. Esa búsqueda ciega es la que nos ata a las leyes del mundo. Por consiguiente, terminar esa búsqueda equivocada nos librará de las leyes de este mundo.

Creemos que los milagros significan la sanación repentina del cuerpo, o la llegada de dinero de una fuente inesperada, o la aparición de alguien o de algo que creemos que nos dará la felicidad. Creer esto es también buscar la salvación fuera de nuestra propia mente, y continuará atándonos a las leyes de este mundo. Lo que es peor, también continúa haciendo que nos parezca real nuestra identidad como egos separados.

La idea de vivir sin ninguna necesidad de dinero, o medicinas, o medios físicos de protección le atrae a todo el mundo. Ese estado puede ser nuestro, pero únicamente sin buscarla. El mundo y sus leyes no es donde se encuentra nuestra libertad. Libertad no es tener todo el dinero que necesitamos proporcionado mágicamente. Libertad no es tener perfecta salud física. Libertad no es tener “buenas” relaciones. La libertad no tiene nada que ver con nuestro cuerpo. La libertad solo puede encontrarse dentro de nosotros mismos.

“El cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma” (5:2).  Toda nuestra escasez y sufrimiento físico es producido de manera inconsciente por nuestra propia mente, para que la mente no se dé cuenta de que es su propia víctima (5:3-5). Debido a nuestra culpa primaria, causada por nuestra creencia en la realidad de la separación, nuestra mente “se ataca así misma y quiere morir” (5:5). Por esta razón creemos que somos un cuerpo (el cual muere). Las “leyes” que creemos que tenemos que obedecer para salvar nuestro cuerpo son sólo un intento de la mente de disfrazar el verdadero problema, que es sus propios pensamientos de culpa y separación.

“Las leyes de Dios dan eternamente sin jamás quitar nada” (9:6). Las “leyes” del mundo no son como las de Dios, por lo tanto no pueden ser reales porque no proceden de Dios. Y “no hay más leyes que las de Dios” (9:1). En la práctica de hoy se nos pide que pensemos en nuestras insensatas leyes, y luego que escuchemos muy dentro para “escuchar la Voz que te dice la verdad” 92. Esta Voz nos hablará del eterno Amor de Dios, de Su deseo de que conozcamos “la dicha infinita” (10:5), y Su anhelo de usarnos como canales de Su creación (10:6). Si oímos este mensaje de Amor dentro de nosotros, nuestros pensamientos de culpa y separación desaparecerán. Nos daremos cuenta de Quién somos. Y al hacerlo, nuestro deseo demente de atacarnos y matarnos a nosotros mismos se acabará. La causa de nuestra falsa búsqueda desaparecerá, y con ella, nuestro aprisionamiento a  las “leyes” que gobiernan estos ídolos que hemos fabricado.

Al llevar nuestra “leyes” imaginarias ante las leyes de Dios -leyes en las que no existe la pérdida, ni el dar o recibir pago, ni intercambios o substituciones, sino sólo el Amor de Dios sin condiciones- estamos llevando nuestras ilusiones ante la verdad (ver T. 14.VII.1-4, para una excelente aclaración de la razón por la que estos dos sistemas de creencias deben ponerse juntos para que todo lo falso desaparezca a la luz de la verdad).

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