miércoles, 12 de marzo de 2014

Leccion 71, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 71

Sólo el plan de Dios para la salvación tendrá éxito.

1. Tal vez aún no te hayas percatado de que el ego ha urdido un plan para la salvación que se opone al de Dios. 2Ese es el plan en el que crees. 3Dado que es lo opuesto al de Dios; crees también que aceptar el plan de Dios en lugar del del ego es condenarte. 4Esto, desde luego, parece absurdo. 5Sin embargo, una vez que hayamos examinado en qué consiste el plan del ego, quizá te des cuenta de que, por muy absurdo que parezca, es ciertamente lo que crees.
2. El plan del ego para la salvación se basa en abrigar resentimien­tos. 2Mantiene que, si tal persona actuara o hablara de otra manera, o si tal o cual acontecimiento o circunstancia externa cambiase, tú te salvarías. 3De este modo, la fuente de la salvación se percibe constantemente como algo externo a ti. 4Cada resenti­miento que abrigas es una declaración y una aseveración en la que crees, que reza así: "Si esto fuese diferente, yo me salvaría" 5El cambio de mentalidad necesario para la salvación, por lo tanto, se lo exiges a todo el mundo y a todas las cosas excepto a ti mismo.
3. El papel de tu mente en este plan consiste, pues, en determinar qué es lo que tiene que cambiar -a excepción de ella misma­- para que tú te puedas salvar. 2De acuerdo con este plan demente, cualquier cosa que se perciba como una fuente de salvación es aceptable, siempre y cuando no sea eficaz. 3Esto garantiza que la infructuosa búsqueda continúe, pues se mantiene viva la ilusión de que, si bien esta posibilidad siempre ha fallado, aún hay motivo para pensar que podemos hallar lo que buscamos en otra parte y en otras cosas. 4Puede que otra persona nos resulte mejor; otra situación tal vez nos brinde el éxito.
4. Tal es el plan del ego para tu salvación. 2Seguramente habrás notado que está completamente de acuerdo con la doctrina básica del ego que reza: "Busca, pero no halles". 3Pues, ¿qué mejor garantía puede haber de que no hallarás la salvación que canali­zar todos tus esfuerzos buscándola donde no está?
5. El plan de Dios para la salvación es eficaz sencillamente porque bajo Su dirección, buscas la salvación allí donde ésta se encuentra. 2Pero si has de tener éxito, como Dios promete que lo has de tener, tienes que estar dispuesto a buscarla sólo allí.3De lo contrario, tu propósito estará dividido e intentarás seguir dos planes de salva­ción que son diametralmente opuestos en todo. 4El resultado no podrá ser otro que confusión, infelicidad, así como una profunda sensación de fracaso y desesperación.
6. ¿Cómo puedes librarte de todo esto? 2Muy fácilmente. 3La idea de hoy es la respuesta. 4Sólo el plan de Dios para la salvación tendrá éxito. 5En esto no puede haber realmente ningún conflicto porque no existe ninguna alternativa al plan de Dios que te pueda salvar. 6El Suyo es el único plan cuyo desenlace es indudable. 7El Suyo es el único plan que tendrá éxito.
7. Que nuestra práctica de hoy consista en reconocer esta certeza. 2regocijémonos de que haya una respuesta para lo que parece ser un conflicto sin solución. 3Para Dios todo es posible. 4Alcanza­rás la salvación por razón de Su plan, el cual no puede fallar.
8Comienza hoy tus dos sesiones de práctica más largas pen­sando en la idea de hoy y observando que consta de dos partes, las cuales contribuyen en igual medida al todo. 2El plan de Dios para tu salvación tendrá éxito, pero otros planes no. 3No permitas que la segunda parte te cause depresión o enfado, pues esa parte es inherente a la primera. 4la primera te releva totalmente de todos tus intentos descabellados y de todos tus planes dementes para liberarte a ti mismo. 5Todos ellos te han llevado a la depre­sión y a la ira, pero el plan de Dios triunfará. 6Su plan te condu­cirá a la liberación y a la dicha.
9. Teniendo esto presente, dediquemos el resto de las sesiones de práctica más largas a pedirle a Dios que nos revele Su plan. 2Pre­guntémosle muy concretamente:

3¿Qué quieres que haga?
4¿Adónde quieres que vaya?
5¿Qué quieres que diga y a quién?

6Deja que Él se haga cargo del resto de la sesión de práctica y que te indique qué es lo que tienes que hacer en Su plan para tu salvación. 7Él responderá en la misma medida en que tú estés dispuesto a oír Su Voz. 8No te niegues a oírla. 9El solo hecho de que estés llevando a cabo los ejercicios demuestra que en cierto modo estás dispuesto a escuchar. 10Esto es suficiente para que seas acreedor a Su respuesta.
10. Durante las sesiones de práctica cortas repite con frecuencia que el plan de Dios para tu salvación, y solamente el Suyo, tendrá éxito. 2Mantente alerta hoy para no caer en la tentación de abri­gar resentimientos, y responde a esas tentaciones con esta varia­ción de la idea de hoy:

3Abrigar resentimientos es lo opuesto al plan de Dios para la salvación.
4Y únicamente Su plan tendrá éxito.

5Trata de recordar la idea de hoy unas seis o siete veces por hora. 6No puede haber mejor manera de pasar medio minuto, o menos, que recordando la Fuente de tu salvación y viéndola allí donde se encuentra.

Instrucciones para la práctica

Propósito: Reconocer de verdad que sólo el plan de Dios funciona y alegrarnos de ello, pues significa escaparnos de la desesperanza del plan del ego y de lo inútil de intentar seguir los dos planes al mismo tiempo.

Ejercicios más largos: 2 veces, duración diez a quince minutos.
  • La primera parte es otro ejercicio de pensar en la idea del día. Concretamente, piensa en las dos partes de la idea. Primera parte: El plan de Dios tendrá éxito. Según las últimas lecciones, el plan de Dios se refiere a entrar en contacto con la luz interna y abandonar los resentimientos, todo lo cual supone cambiar tu mente. Segunda parte: otros planes no tendrán éxito. Esta lección nos dice que el plan del ego consiste en buscar la felicidad fuera de ti mismo, albergar resentimientos cuando lo de fuera no colabora, y negarte a cambiar tu mente. Basándote en la lógica de tu experiencia, intenta llegar a la conclusión de que sólo el plan de Dios tiene la única esperanza de darte felicidad de verdad.
  • La segunda parte es el primer ejercicio de pedir ayuda del Libro de Ejercicios. Pídele a Dios que te revele Su plan para ti hoy. Pregunta: “¿Qué quieres que haga? ¿Adónde quieres que vaya? ¿Qué quieres que diga y a quién?” La buena voluntad que estás demostrando sólo con hacer esto te da derecho a una respuesta, así que escucha con confianza. “No te niegues a oírla” (9:8). Una vez que preguntes, escucha la más ligera indicación interior, no necesitan venir en palabras. Si no oyes nada, puedes repetir la pregunta, haciéndola más concreta: “¿Qué quieres que haga hoy?” o “¿Dónde quieres que vaya después de comer?”

Recordatorios frecuentes: 6 o 7 por hora, durante medio minuto o menos.
Repite la idea como una afirmación de dónde procede realmente tu salvación.

Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas tentado de guardar un resentimiento.
Mantente alerta a los resentimientos durante todo el día. Responde a cada uno diciendo: “Abrigar resentimientos es lo opuesto al plan de Dios para la salvación. Y únicamente Su plan tendrá éxito”.

Comentario

Después de que ayer se nos dijera que la salvación procede de mí y sólo de mí, es un poco fastidioso  que se nos diga que sólo el plan de Dios tendrá éxito y que el plan en el que yo creo (que es el del ego) no vale para nada. Parece como dar y luego quitar, ¿no?  Pero en realidad no dice nada diferente. El plan del ego consiste en buscar la salvación fuera de mí mismo; el plan de Dios está totalmente centrado en el cambio de mi mente. En el plan de Dios, la salvación procede de mí; en el del ego, procede de cualquier lugar excepto de mí.

Para el ego, la salvación significa “que si tal persona actuara o hablara de otra manera, o si tal o cual acontecimiento o circunstancia externa cambiase, tú te salvarías” (2:2). Desde el punto de vista del ego, básicamente yo soy bueno, yo soy la víctima inocente; el problema está en algo fuera de mí. Siempre que estoy pensando: “Si esto fuera diferente, me sentiría bien”, estoy creyendo en el plan del ego para la salvación, porque estoy exigiendo “el cambio de mentalidad necesario para la salvación… a todo el mundo y a todas las cosas excepto” a mí mismo (2:5).

No tropieces con la frase de sonido religioso “plan para la salvación”. Puede sonarte a algún folleto barato de Biblia anunciando “el plan de Dios para la salvación”. En ellos a lo que se refiere la salvación se resume en “yo estaría bien, mis problemas se solucionarían”,  y el plan del ego dice: “Si esto fuera diferente, yo me salvaría”.

En el plan del ego, el único propósito de la mente es calcular lo que tiene que cambiar para que yo me salve (lo que da por sentado que no soy yo lo que tiene que cambiar). El ego nos dejará elegir cualquier cosa que no funcione (lo que incluye todo lo que miro, cosas fuera de mí mismo), ya que la salvación procede de mí y no de algo fuera de mí. El ego me hace buscar en todos los sitios excepto en el único lugar en el que está la respuesta: en mi propia mente.

El plan de Dios para la salvación es que yo la busque donde está: en mí mismo. Sin embargo, para que este plan funcione hay una condición: tengo que buscar en mí mismo y en ningún otro lugar. No puedo buscar la salvación en mí mismo y fuera. Esto únicamente divide mis esfuerzos entre dos planes diferentes. Hay dos partes en la idea de hoy: 1) El plan de Dios tendrá éxito, y 2) otros planes (por ejemplo, los planes que yo hago) no tendrán éxito.

La lección da a entender que la segunda parte puede parecer deprimente. Podemos sentir una llamarada de ira. De hecho, lo que nos impide sencillamente aceptar el plan de Dios es que queremos tener la razón, queremos que nuestros planes tengan éxito. Preferimos tener la razón a ser felices, aunque la mayoría de las veces no nos damos cuenta de ello. Pero el plan del ego consiste en guardar resentimientos. ¿No has sentido alguna vez la experiencia de darte cuenta de que podrías abandonar un resentimiento y ser feliz, pero que de algún modo parece estupendo estar enfadado? No quieres abandonar el resentimiento. Prefieres tener la razón a ser feliz.

La lección dice: “Únicamente puedes salvarte al cambiar tu mente. No tiene que cambiar nada de fuera para que tú seas feliz. Puedes elegir la felicidad, en este mismo instante”. ¿Y nuestra respuesta típica? “El infierno, ¡no! Yo quiero ser feliz, pero antes él tiene que cambiar”. Nos estamos aferrando a nuestro plan para la salvación y rechazando el de Dios.

Sorprendentemente, la práctica de hoy no trata principalmente de abandonar resentimientos, o de buscar dentro la salvación. Trata de escuchar. Trata de pedir que Dios nos guíe. Lo importante es que quitemos las manos de las riendas de nuestra vida y Le demos las riendas a Dios. Si podemos aprender a hacer eso, podemos empezar a aprender que Su plan funciona mejor que el nuestro.  
  
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