lunes, 10 de marzo de 2014

Leccion 69, Un Curso de Milagros

LECCIÓN 69


Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí.

1. Nadie puede ver lo que tus resentimientos ocultan. 2Debido a que tus resentimientos ocultan la luz del mundo en ti, todo el mundo se halla inmerso en la oscuridad, y tú junto con ellos. 3Pero a medida que el velo de tus resentimientos se descorre, tú te liberas junto con ellos. 4Comparte tu salvación con aquel que se encontraba a tu lado cuando estabas en el infierno. 5Él es tu her­mano en la luz del mundo que os salva a ambos.
2. Intentemos hoy nuevamente llegar a la luz en ti. 2Antes de emprender esto en nuestra sesión de práctica más larga, dedique­mos varios minutos a reflexionar sobre lo que estamos tratando de hacer. 3Estamos intentando literalmente ponernos en contacto con la salvación del mundo. 4Estamos tratando de ver más allá del velo de tinieblas que la mantiene oculta. 5Estamos tratando de descorrer el velo y de ver las lágrimas del Hijo de Dios desa­parecer a la luz del sol.
3. Hoy daremos comienzo a nuestra sesión de práctica más larga plenamente conscientes de que esto es así y armados de una firme determinación por llegar hasta aquello que nos es más querido que ninguna otra cosa. 2La salvación es nuestra única necesidad. 3No tenemos ningún otro propósito aquí ni ninguna otra función que desempeñar. 4Aprender lo que es la salvación es nuestra única meta. 5Pongamos fin a la ancestral búsqueda descubriendo la luz en nosotros y poniéndola en alto para que todos aquellos que han estado buscando con nosotros la vean y se regocijen.
4. Y ahora, muy serenamente y con los ojos cerrados, trata de deshacerte de todo el contenido que generalmente ocupa tu con­ciencia. 2Piensa en tu mente como si fuera un círculo inmenso, rodeado por una densa capa de nubes obscuras. 3Lo único que puedes ver son las nubes, pues parece como si te hallaras fuera del círculo y a gran distancia de él.
5. Desde donde te encuentras no ves nada que te indique que detrás de las nubes hay una luz brillante. 2Las nubes parecen ser la única realidad. 3Parece como si fueran lo único que se puede ver. 4Por lo tanto, no tratas de atravesarlas e ir más allá de ellas, lo cual sería la única manera de convencerte realmente de su insus­tancialidad. 5Eso es lo que vamos a intentar hoy.
6. Después de que hayas pensado en cuán importante es para ti y para el mundo lo que estás intentando hacer, trata de alcanzar un estado de perfecta quietud, recordando únicamente la intensidad con la que deseas alcanzar hoy mismo, en este mismo instante, la luz que resplandece en ti. 2Resuélvete a atravesar las nubes. 3Extiende tu mano y, en tu mente, tócalas. 4Apártalas con la mano, y siente como rozan tus mejillas, tu frente y tus ojos a medida que las atraviesas. 5Sigue adelante; las nubes no te pueden detener.
7. Si estás haciendo los ejercicios correctamente, empezarás a sentir como si estuvieses siendo elevado y transportado hacia adelante. 2Tus escasos esfuerzos y tu limitada determinación invocan el poder del universo para que venga en tu ayuda, y el Propio Dios te sacará de las tinieblas y te llevará a la luz. 3Estás actuando de acuerdo con Su Voluntad. 4No puedes fracasar por­que tu voluntad es la Suya.
8. Ten confianza en tu Padre hoy y certeza de que Él te ha oído y te ha contestado. 2Es posible que aún no reconozcas Su respuesta, pero puedes estar seguro de que se te ha dado y de que la recibi­rás. 3Trata de tener presente esta certeza, según intentas atravesar las nubes en dirección a la luz. 4Trata de recordar que por fin estás uniendo tu voluntad a la de Dios. 5Trata de mantener claro en tu mente el pensamiento de que lo que emprendes con Dios no puede sino tener éxito. 6Deja entonces que el poder de Dios obre en ti y a través de ti, para que se haga Su Voluntad y la tuya.
9. En las sesiones de práctica más cortas, que te conviene llevar a cabo tan a menudo como sea posible en vista de la importancia que la idea de hoy tiene para ti así como para tu felicidad, recuér­date a ti mismo que tus resentimientos ocultan la luz del mundo de tu conciencia. 2Recuérdate también que no la estás buscando solo y que sabes dónde encontrarla. 3Di entonces:

4Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí.
5No puedo ver lo que he ocultado.
6Mas por mi salvación y por la salvación del mundo, deseo que me sea revelado.

7Asegúrate asimismo de decir para tus adentros:

8Si abrigo este resentimiento la luz del mundo quedará velada para mí,

si sientes hoy la tentación de abrigar algún resentimiento contra alguien. 

Instrucciones para la práctica:

Propósito: Levantar el velo de resentimientos que ha ocultado la luz del mundo en ti, para que puedas sentir la luz y dejar que la salvación brille sobre el mundo. Éste es otro intento de notar la luz en ti (ver L.41.5:3 y L.44.3:1).

Ejercicio más largo: Una vez, duración de diez a quince minutos.
  • Pasa varios minutos cultivando la elevada actitud que es tan importante para la meditación del Curso. Piensa en lo que estás intentando, en su importancia para ti y para el mundo. Estás intentando levantar el velo y entrar en contacto con la luz del mundo, para que puedas mantenerla en alto y que todos la vean y sean bendecidos por ella. Estás intentando llegar a lo único que necesitas, a tu única función, tu meta y tu objetivo. Decídete a alcanzarla.
  • Luego, con los ojos cerrados, abandona todos tus pensamientos. Imagínate tu mente como una inmensa esfera de luz radiante, completamente envuelta por una capa de nubes obscuras (tus resentimientos). Desde tu posición fuera de la esfera, todo lo que puedes ver son nubes.
  • Ahora empieza la meditación. Como antes, puedes ver que tiene tres aspectos:
    1. El movimiento básico es de viajar a través de las nubes y hacia dentro de la luz. “Extiende tu mano y, en tu mente, tócalas. Apártalas con la mano, y siente cómo rozan tus mejillas, tu frente y tus ojos a medida que las atraviesas” (6:3-4).
    2. Si tu mente se distrae, repite la idea y luego continúa tu viaje a través de las nubes.
    3. Sobre todo, mantén esa elevada actitud de la primera fase, una actitud de deseo (recuerda lo mucho que deseas alcanzar la luz), decisión firme (decídete a llegar allí), y confianza (date cuenta de que no puedes fracasar, porque esto está de acuerdo con la Voluntad de Dios.
  • Si haces tu parte correctamente, el poder de Dios hará el resto. Sentirás Su poder elevándote y llevándote dentro de la luz.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible (sugerencia: varias veces por hora).
Di: “Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí. No puedo ver lo que he ocultado. Mas por mi salvación y por la salvación del mundo, deseo que me sea revelado (por Dios).

Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas tentado de albergar un resentimiento.
Di: “Si abrigo este resentimiento, la luz del mundo quedará velada para mí”.

Comentario

Yo soy la luz del mundo, pero la luz no puede brillar hacia fuera porque mis resentimientos la ocultan. Cuando abandono mis resentimientos, la luz es liberada, y libera a mi hermano y a mí mismo. Mi función con todo el que me encuentro es compartir mi salvación con él.

La práctica de hoy es otro intento de “llegar a la luz en ti” (2:1), en otras palabras, de volverme consciente de mi Ser tal como Dios Lo creó, completamente amoroso y completamente digno de ser amado. Fíjate en que la forma de esta práctica es semejante a lo que ya hemos visto antes, es una práctica que se repite a menudo en el Libro de Ejercicios de maneras diferentes. En general, se trata de intentar ir a través de, o dejar atrás, o abandonar los pensamientos que normalmente ocupan nuestra mente, establecernos en la quietud profunda de nuestro interior, y más allá de mis pensamientos de la superficie llegar a algo muy profundo dentro de mí, al Ser del que normalmente no soy consciente. Éste es el método de meditación del Curso. Es una de las herramientas que nos da el Libro de Ejercicios, y debería aprenderse y usarse  incluso después de que la práctica del Libro de Ejercicios haya terminado.

A lo que estamos intentando llegar es “aquello que nos es más querido que ninguna otra cosa” (3:1). Llegar, encontrarlo, y liberarlo al mundo es nuestro único propósito y nuestra única función en la tierra. “Aprender lo que es la salvación es nuestra única meta” (3:4). Me encantan las conmovedoras imágenes de esta frase: “Estamos tratando de descorrer el velo y de ver las lágrimas del Hijo de Dios desaparecer a la luz del sol” (2:5). ¿Puedes sentir como yo ese tirón, ese vivo deseo de liberar la luz del mundo que está en ti?

“Hay una luz que este mundo no puede dar. Mas tú puedes darla, tal como se te dio a ti. Y conforme la des, su resplandor te incitará a abandonar el mundo y a seguirla. Pues esta luz te atraerá como nada en este mundo puede hacerlo” (T.13.VI.11:1-4).     

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