miércoles, 5 de marzo de 2014

Leccion 64, Un Curso de Milagros

LECCIÓN 64


No dejes que me olvide de mi función.

1. La idea de hoy es simplemente otra manera de decir: "No me dejes caer en la tentación". 2El propósito del mundo que ves es nublar tu función de perdonar y proveerte de una justificación por haberte olvidado de ella. 3Es asimismo la tentación de aban­donar a Dios y a Su Hijo adquiriendo una apariencia física. 4Esto es lo que los ojos del cuerpo ven.
2. Nada de lo que los ojos del cuerpo parecen ver puede ser otra cosa que una forma de tentación, ya que ése fue el propósito del cuerpo en sí. 2Hemos aprendido, no obstante, que el Espíritu Santo tiene otro uso para todas las ilusiones que tú has forjado, y, por lo tanto, ve en ellas otro propósito. 3Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar en el que aprendes a perdonarte a ti mismo lo que consideras son tus pecados. 4De acuerdo con esta percepción, la apariencia física de la tentación se convierte en el reconocimiento espiritual de la salvación.
3. Al repasar nuestras últimas lecciones, vemos que tu función aquí es ser la luz del mundo, y que es una función que Dios Mismo te dio. 2La arrogancia del ego es lo único que te hace poner esto en duda, y el miedo del ego lo único que te induce a conside­rarte a ti mismo indigno de la tarea que Dios Mismo te enco­mendó. 3La salvación del mundo aguarda tu perdón porque a través de él el Hijo de Dios se libera de todas las ilusiones y, por ende, de toda tentación. 4El Hijo de Dios eres tú.
4. Sólo desempeñando la función que Dios te dio podrás ser feliz. 2Esto se debe a que tu función es ser feliz valiéndote de los medios mediante los cuales la felicidad se vuelve inevitable. 3No hay otra manera. 4Por lo tanto, cada vez que eliges entre si desempeñar o no tu función, estás en realidad eligiendo entre ser feliz o no serlo.
5. Recordemos esto hoy. 2Tengámoslo presente por la mañana, por la noche, y también a lo largo del día. 3Prepárate de antemano para todas las decisiones que tengas que tomar hoy, recordando que todas ellas son en realidad muy simples. 4Cada una te condu­cirá ya sea a la felicidad o a la infelicidad. 5¿Puede ser acaso difícil tomar una decisión tan simple? 6No permitas que la forma de la decisión te engañe. 7Complejidad en lo relativo a la forma no implica complejidad en lo relativo al contenido. 8Es imposible que el contenido de cualquier decisión aquí en la tierra se componga de cualquier otra cosa que no sea esta simple elección. 9Ésta es la única elección que el Espíritu Santo ve. 10Por lo tanto, es la única elección que existe.
6. Practiquemos hoy, pues, con estos pensamientos:

2No dejes que me olvide de mi función.
3No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía.
4Déjame perdonar y ser feliz.

5Por lo menos una vez hoy, dedica diez o quince minutos a refle­xionar acerca de esto con los ojos cerrados. 6Pensamientos afines acudirán en tu ayuda si recuerdas cuán crucial es tu función para ti y para el mundo.
7. En las aplicaciones frecuentes de la idea de hoy a lo largo del día, dedica varios minutos a repasar estos pensamientos y luego a pensar en ellos y en nada más. 2Esto te resultará difícil, sobre todo al principio, ya que aún no tienes la disciplina mental que ello requiere. 3Tal vez necesites repetir: "No dejes que me olvide de mi función" con bastante frecuencia para que te ayude a con­centrarte.
8Hoy se requieren dos variaciones de las sesiones de práctica más cortas. 2Haz los ejercicios con los ojos cerrados algunas veces, tratando de concentrarte en los pensamientos que estés usando. 3En otras, mantén los ojos abiertos una vez que hayas repasado los pensamientos, y luego mira a tu alrededor lenta e imparcialmente, repitiendo para tus adentros:

4Éste es el mundo que es mi función salvar.

Instrucciones para la práctica

Propósito: Recordarte constantemente elegir tu felicidad para elegir cumplir tu función. Resistir la tentación de dejar que el mundo que ves borre tu función de tu consciencia.

Ejercicios más largos: Al menos uno, de diez a quince minutos.
  • Cierra los ojos y repite estos pensamientos: “No dejes que me olvide de mi función. No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía. Déjame perdonar y ser feliz”.
  • Luego haz de nuevo las prácticas recientes de reflexionar acerca de las frases. Piensa en ellas. Deja que vengan pensamientos relacionados (te ayudará recordar lo importante que es tu función para ti y para otros).  

Observaciones: Es fácil en periodos largos de reflexión como éste entrar en una fiesta de distracciones de la mente, por la sencilla razón de que “aún no tienes la disciplina mental que ello requiere” (7:2). Así que, estate a la caza de pensamientos sin importancia. Cuando se presenten, repite la idea (puedes incluso repetir las tres frases). Aunque tengas que hacerlo veinte veces, eso es mejor que dejar que tu mente flote sin rumbo por el país de la fantasía.

Recordatorios frecuentes: Muy a menudo, durante varios minutos.
   En diferentes ocasiones, usa una o la otra de estas prácticas:
  1. Una versión corta del ejercicio más largo. Repite: “No dejes que me olvide de mi función. No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía. Déjame perdonar y ser feliz”, y luego piensa sólo en ello. Tu mente se distraerá; cuando lo haga, repite las ideas para traerla de vuelta a la práctica.
  2. Repite las mismas frases, luego mira lentamente a tu alrededor sin hacer ninguna selección, y di: “Éste es el mundo que es mi función salvar”.

Comentario

La Lección 62 dijo que el perdón es mi función, así pues, esta lección expresa mi decisión de no olvidar para qué estoy aquí: para perdonar al mundo, llevándole paz a todas las mentes.

¿Qué hace que me olvide? El mundo en su totalidad. Todo lo que mis ojos ven es “una forma de tentación, ya que ése fue el propósito del cuerpo en sí” (2:1). El ego fabricó el mundo y el cuerpo con un propósito determinado:

  1. Ocultar mi función de perdonar.
  2. Justificar el olvido de mi función.
  3. Engatusarme para que abandone a Dios y a Su Hijo tomando forma en un cuerpo.

La continuidad del ego depende de mi identificación con la forma corporal. La maldad del mundo y la sensación de carencia del mundo a mi alrededor justifica el que yo no esté dispuesto a perdonar. Mi relación con el mundo, convirtiéndole en el centro de mis metas e incluso de mi vida, obscurece mi verdadera función (en el Cielo: crear; aquí: perdonar). El plan del ego parece haber funcionado muy bien.

El sistema de pensamiento del Curso es bastante poco habitual y extremo. Como dice más tarde en el Libro de Ejercicios, la enseñanza del Curso es que: “El mundo se fabricó como un acto de agresión contra Dios” (L.pII.3.2:1). No fue creado por Dios sino fabricado por el ego para abandonar a Dios, tomando una forma física para ocultar nuestra realidad espiritual.

Me resulta difícil aceptar esta comprensión: no estoy solo (separado). El Curso se da cuenta de que ésta es una idea difícil. Pero cuando empiezo a darme cuenta del modo en que mi mente funciona, se hace más fácil de aceptar, porque empiezo a darme cuenta de la manera en que mi mente utiliza al mundo y usa todo lo que veo con los ojos para mantener la ilusión de separación. A medida que me inclino hacia el perdón, también descubro que algo en mi mente se resiste con uñas y dientes, intentando justificar mi negativa a perdonar, intentando que me olvide del perdón por completo. Y empiezo a reconocer que lo que el Curso está diciendo aquí tiene una curiosa semejanza con lo que está sucediendo dentro de mi mente. Entonces, quizá lo que dice es verdad, una verdad que yo me resisto a aceptar, pero que parece confirmada por mi propia experiencia.

Sin embargo, el Espíritu Santo tiene otro propósito para todo en este mundo. “Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar en el que aprendes a perdonarte a ti mismo lo que consideras son tus pecados” (2:3). Eso es lo que hacemos cuando perdonamos a “otros”.  Cumplir tu función es lo que te hace feliz (¡Yo puedo dar testimonio de ello!).

Es interesante la relación entre perdón y felicidad. Si piensas en ello por un momento, te darás cuenta de que cuando te niegas a perdonar, te sientes fatal. Por ejemplo decir: “No me siento feliz por el modo en que te comportas en nuestra relación” es lo mismo que decir; “Te he juzgado y fallas en algo”. Perdonar a alguien es ser feliz con él. Perdonar significa abandonar tus excusas para ser desgraciado”. Cuando perdonas, “la felicidad se vuelve inevitable” (4:2). Y “no hay otra manera” (4:3). El no perdonar es precisamente una elección de continuar siendo desgraciado, sin el perdón no puedes ser verdaderamente feliz. Ése es el razonamiento de esta afirmación: “Por lo tanto, cada vez que eliges entre desempeñar o no tu función, estás en realidad eligiendo entre ser feliz o no serlo” (4:4).

Luego la lección sigue y señala que cada decisión que tomamos en un día puede resumirse a esta simple elección: ¿Quiero ser feliz o desgraciado? Cuando puedas empezar a ver desde esta perspectiva tus decisiones en la vida, la elección es muy sencilla. ¿Quién elegiría a sabiendas ser desgraciado? Cuando empieces a darte cuenta de que eso es lo que estás eligiendo, empiezas a entender por qué el Curso se refiere a nosotros como “dementes”.

“No dejes que me olvide de mi función.
No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía
Déjame perdonar y ser feliz”. (6:2-4)

Intentemos acordarnos de hacer la práctica hoy. (Tengo que confesar que he estado escatimando la práctica). Una cosa en la que hay que fijarse es en la sesión de práctica de diez a quince minutos que se pide hoy, eso es algo nuevo. Intenta hacerle un hueco

4 comentarios:

  1. Gracias, en el capítulo q habla de la razón frente a la demencia, lo dice.

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  2. Muchas gracias por cada uno de tus comentarios, realmente aterrizan cada frase del curso de milagros a nuestra realidad. Un fuerte abrazo

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