lunes, 3 de marzo de 2014

Leccion 62, Un Curso Milagros


LECCIÓN 62

Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.

1. Tu perdón es lo que lleva a este mundo de tinieblas a la luz. 2Tu perdón es lo que te permite reconocer la luz en la que ves. 3El perdón es la demostración de que tú eres la luz del mundo. 4Mediante tu perdón vuelves a recordar la verdad acerca de ti. 5En tu perdón, por lo tanto, reside tu salvación.
2. Las ilusiones que tienes acerca de ti y acerca del mundo son una y la misma. 2Por eso es por lo que todo perdón es un regalo que te haces a ti mismo. 3Tu meta es descubrir quién eres, al haber negado tu Identidad atacando a la creación y a su Creador. 4Ahora estás aprendiendo a recordar la verdad. 5Para ello, el ataque tiene que ser reemplazado por el perdón, de manera que los pensa­mientos de vida puedan reemplazar a los pensamientos de muerte.
3. Recuerda que en todo ataque apelas a tu propia debilidad, mientras que cada vez que perdonas apelas a la fortaleza de Cristo en ti. 2¿Te vas dando cuenta, pues, de lo que el perdón hará por ti? 3Eliminará de tu mente toda sensación de debilidad, de tensión y de fatiga. 4Arrasará con todo vestigio de temor, culpabilidad y dolor. 5Reinstaurará en tu conciencia la invulnerabilidad y el poder que Dios le confirió a Su Hijo.
4. Regocijémonos de poder comenzar y concluir este día practi­cando la idea de hoy, y de usarla tan frecuentemente como nos sea posible en el transcurso del día. 2Ello te ayudará a que pases un día tan feliz como Dios Mismo quiere que tú seas. 3Y ayudará a aquellos que te rodean, así como a aquellos que parecen encon­trarse lejos en el espacio y en el tiempo, a compartir esta felicidad contigo.
5. Tan a menudo como puedas hoy, con los ojos cerrados a ser posible, repite para tus adentros:

2Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.
3Cumpliré mi función para así poder ser feliz.

4Dedica entonces uno o dos minutos a reflexionar sobre tu fun­ción, y la felicidad y liberación que te brindará. 5Deja que pensa­mientos afines acudan a ti libremente, pues tu corazón reconocerá estas palabras, y en tu mente se encuentra la conciencia de que son verdad. 6Si te distraes, repite la idea y añade:

7Deseo recordar esto porque quiero ser feliz.


Instrucciones para la práctica

Ejercicio: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante uno o dos minutos.
  • Dite a ti mismo (con los ojos cerrados si la situación lo permite): “Perdonar es mi función por ser la luz del mundo. Cumpliré mi función para así poder ser feliz”.
  • Luego usa la práctica que has estado haciendo últimamente: Piensa en las afirmaciones (en este caso, alargándote concretamente en la felicidad que tu función te proporciona). Deja que vengan pensamientos relacionados. Si tu mente se distrae, repite la idea y añade: “deseo recordar esto porque quiero ser feliz”. Este pensamiento añadido  motivará a tu mente a que regrese y mantenga la atención.

Observaciones: Fíjate en la gran importancia que se da a tener un día feliz. Por esa razón hacemos las prácticas, nos ayudarán a que nuestro día sea feliz. También traerá felicidad a las personas a nuestro alrededor, ¡incluso a personas de tiempos y lugares lejanos! No es ésta una práctica egoísta.
Fíjate también en que esta lección menciona la fórmula del Libro de Ejercicios de practicar por la mañana, por la noche, y durante el día (4:1). Como ayer, podemos suponer hoy que podemos alargar las prácticas de la mañana y de la noche si queremos.
Finalmente, date cuenta de por qué pueden salir libremente pensamientos relacionados: porque “tu corazón reconocerá estas palabras, y en tu mente se encuentra la conciencia de que son verdad” (4:5). En otras palabras, los pensamientos relacionados vienen de un pozo profundo en nuestra mente, en el que ya entendemos estas ideas. Ellas sacan la sabiduría de ese pozo a la superficie y las hacen nuestras.

Comentario

¿Qué hace la luz del mundo? Perdona. Por ser la luz del mundo, mi función no es enseñar nuevas ideas a la gente, ni corregir sus errores, ni ser el caballero de la brillante armadura (rescatar a otros). Mi función es simplemente perdonarles.

El perdón es la demostración de que tú eres la luz del mundo. Mediante tu perdón vuelves a recordar la verdad acerca de ti. (1:3-4)

El perdón no sólo trae luz a las mentes de aquellos que están a mi alrededor, también me permite recordar la luz en mí mismo, me recuerda la verdad acerca de mí. El perdón es lo que me salva. Hacer aquello por lo que estoy aquí me recuerda lo que yo soy verdaderamente.

¿Por qué? Porque “las ilusiones que tienes acerca de ti y acerca del mundo son una y la misma” (2:1). Si veo la ilusión de pecado en un hermano, estoy realmente viendo mis propias ilusiones acerca de mí. Cuando perdono a ese hermano, me estoy perdonando a mí mismo, estoy viendo más allá de la ilusión que ha oscurecido la verdad tanto acerca de él como de mí. Cuando los pensamientos de ataque se substituyen con pensamientos de perdón, sustituyo la muerte con la vida.

El perdón es el medio que el Curso establece como tu camino para escapar del infierno, porque el infierno en el que estamos se hizo con nuestros juicios y pensamientos de ataque. Perdonar invita al Cristo en mí, mientras que atacar invita a mi propia debilidad. Al invitar al Cristo en mí, Cristo se da a conocer, y empiezo a reconocer a Cristo como mi verdadero Ser. El perdón reinstaura en tu conciencia “la  invulnerabilidad y el poder que Dios le dio a Su Hijo” (3:5).

¿Dónde es necesario el perdón? No sólo en lo que pensamos que son cosas importantes: traición, engaño, o intento claro de hacer daño. Cualquier pensamiento en mi mente que me separe de otro y me haga diferente es un pensamiento de ataque, y necesita ser reemplazado con el perdón. Cualquier pensamiento que menosprecie a otra persona, la rebaje, la vea como “menos que”, la considere menos merecedora de amor por alguna razón, la aparte, la mire con disgusto, me vea a mí mismo ganando a costa de que ella pierda, le desee daño o pérdida de algún modo, o dude del amor en su corazón, es un pensamiento de ataque y necesita ser reemplazado con el perdón.

Ésa es mi función, hoy y todos los días. Que libere al mundo del aprisionamiento en el que lo he puesto. Que retire los juicios que he hecho acerca de él, y que así vuelva a descubrir la milagrosa verdad de mi propia naturaleza divina al estar dispuesto a verla en todos los que me rodean. 

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