lunes, 31 de marzo de 2014

IX. La curacion como resultado de una percepcion corregida

31 DE MARZO
IX. La curación como resultado de una percepción corregida
1. Dije antes que el Espíritu Santo es la Respuesta. 2Él es la Res­puesta a todo porque conoce la respuesta a todo. 3El ego no sabe lo que es una verdadera pregunta, si bien plantea un sinnúmero de ellas. 4Mas tú puedes aprender lo que es una verdadera pre­gunta a medida que aprendas a poner en duda el valor del ego, y desarrolles así tu capacidad para evaluar sus preguntas. 5Cuando el ego te tiente a enfermar no le pidas al Espíritu Santo que cure al cuerpo; pues eso no sería sino aceptar la creencia del ego de que el cuerpo es el que necesita curación. 6Pídele, más bien, que te enseñe cómo percibir correctamente el cuerpo, pues lo único que puede estar distorsionado es la percepción. 7Sólo la percep­ción puede estar enferma porque sólo la percepción puede estar equivocada.
2. La percepción errónea es el deseo de que las cosas sean diferen­tes de como son. 2La realidad de todas las cosas es totalmente inocua porque la condición de su realidad es la inocuidad total. 3Ésa es también la condición de la conciencia que tienes de su realidad. 4Tú no tienes que buscar la realidad. 5La realidad te buscará y te encontrará cuando satisfagas sus condiciones. 6Sus con­diciones son parte de lo que ella es. 7Y esa parte es lo único que depende de ti. 8El resto tiene lugar por su cuenta. 9Necesitas hacer tan poco, porque tu parte, aunque pequeña, es tan poderosa que te brindará la totalidad. 10Acepta, por lo tanto, la pequeña parte que te corresponde y deja que la totalidad sea tuya.
3. La plenitud cura porque es algo propio de la mente. 2Toda clase de enfermedad, e incluso la muerte, son expresiones físicas del miedo a despertar. 3Son intentos de reforzar el sueño debido al miedo a despertar. 4Ésta es una forma patética de tratar de no ver inutilizando la facultad de ver. 5"Descansa en paz" es una bendición para los vivos, no para los muertos, ya que el descanso procede de despertar, no de dormir. 6Dormir es aislarse; desper­tar, unirse. 7Los sueños son ilusiones de unión porque reflejan las nociones distorsionadas del ego con respecto a lo que significa unirse. 8El Espíritu Santo, no obstante, aprovecha también el tiempo que pasas durmiendo, y puede, si se lo permites, utilizar los sueños que tienes mientras duermes para ayudarte a desper­tar.
4. La manera en que te despiertas indica cómo usaste el tiempo que pasaste durmiendo. 2¿A quién se lo ofreciste? 3¿Bajo que maestro lo pusiste? 4Siempre que te despiertas desanimado es que no se lo ofreciste al Espíritu Santo. 5Sólo cuando te despiertas feliz utilizaste el tiempo que pasaste durmiendo en armonía con Su propósito. 6Dormir puede ciertamente "drogarte" si lo usas inde­bidamente en favor de la enfermedad. 7Dormir no es una forma de muerte de la misma manera en que la muerte no es una forma de inconsciencia. 8La inconsciencia total es imposible. 9Puedes descansar en paz debido únicamente a que estás despierto.
5. La curación es la liberación del miedo a despertar, y la substi­tución de ese miedo por la decisión de despertar. 2La decisión de despertar refleja la voluntad de amar, puesto que toda curación supone la sustitución del miedo por el amor. 3El Espíritu Santo no puede distinguir entre distintos grados de error, pues si ense­ñase que una forma de enfermedad es más grave que otra, estaría enseñando que un error puede ser más real que otro. 4Su función es distinguir únicamente entre lo falso y lo verdadero, y reempla­zar lo falso por lo verdadero.
6. El ego, empeñado siempre en debilitar a la mente, trata de separarla del cuerpo en un intento de destruirla. 2Mas en reali­dad cree que la está protegiendo. 3Esto se debe a que cree que la mente es peligrosa, y que privarte de ella es curarte. 4Pero pri­varte de tu mente es imposible, puesto que eso significaría des­truir lo que Dios creó. 5El ego detesta la debilidad, si bien trata por todos los medios inducirla. 6El ego desea únicamente lo que odia. 7Para el ego eso es perfectamente lógico. 8Y puesto que cree en el poder del ataque, el ego quiere atacar.
7. La Biblia, te exhorta a que seas perfecto, a que sanes todo error, a que no te preocupes por el cuerpo por el hecho de que sea algo separado, y a que hagas todo en mi nombre. 2Mas no se trata solamente de mi nombre, pues nuestra identidad es una identi­dad compartida.3El Hijo de Dios sólo tiene un Nombre, y se te exhorta a que lleves a cabo obras amorosas porque compartimos esa unicidad. 4Nuestras mentes son íntegras porque son una. 5Si estás: enfermo te estás aislando de mí. 6Mas no te aíslas única­mente de mí, 7sino que te aíslas de ti y de mí.
8. Seguramente habrás comenzado a darte cuenta de que este curso es muy práctico, y de que lo que dice es exactamente lo que quiere decir. 2Yo no te pediría que hicieses algo que tú no puedes hacer, y es imposible que yo pudiese hacer algo que tú no puedas hacer.3Teniendo esto en cuenta, y teniéndolo en cuenta muy literalmente, nada puede impedir que hagas exactamente lo que yo te pido, y todo te exhorta a que lo hagas. 4Yo no te impongo límites porque Dios no te impone ninguno. 5Cuando te limitas a ti mismo, no somos de un mismo sentir, y eso es lo que es la enfermedad. 6La enfermedad, no obstante, no es algo que se ori­gine en el cuerpo, sino en la mente.. 7Toda forma de enfermedad es un signo de que la mente está dividida y de que no está acep­tando un propósito unificado.
9. La única manera, por lo tanto, en que el Espíritu Santo cura es unificando propósitos. 2Esto se debe a que dicha unificación es el único nivel en el que la curación tiene sentido. 3Re-establecer el significado en un sistema de pensamiento caótico es la manera de sanarlo.4Tu tarea consiste únicamente en satisfacer las condicio­nes del significado, puesto que el significado en sí es de Dios. 5Por otra parte, tu retorno al significado es esencial para lo que Dios significa porque tu significado es parte de Su significado. 6Tu curación, por lo tanto, es parte de Su salud, puesto que es parte de Su Plenitud. 7Él no puede perder Su Plenitud, pero es posible que tú no la conozcas. 8Con todo, Su Voluntad sigue siendo que tú la conozcas, y Su Voluntad impera para siempre y en todas las cosas.

Leccion 90, Un Curso de Milagros

LECCIÓN 90 – 31 de Marzo

Éstas son las ideas que vamos a utilizar en este repaso:

1. (79) Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto.

2Hoy quiero darme cuenta de que el problema es siempre alguna forma de resentimiento que quiero abrigar. 3Quiero comprender también que la solución es siempre un milagro al que le permito ocupar el lugar del resentimiento. 4Hoy quiero recordar la simpli­cidad de la salvación, reforzando la lección de que sólo hay un problema y sólo una solución. 5El problema es un resentimiento; la solución, un milagro. 6E invito a la solución cuando perdono la causa del resentimiento y le doy la bienvenida al milagro que entonces ocupa su lugar.
2. Para las aplicaciones concretas de esta idea puedes usar las si­guientes variaciones:

2Esto supone un problema para mí que quiero que se resuelva.
3El milagro que se encuentra tras este resentimiento lo resolverá por mí.
4La solución de este problema es el milagro que el problema oculta.

3. (80) Permítaseme reconocer que mis problemas se han resuelto.

2La única razón de que parezca tener problemas es que estoy usando el tiempo indebidamente. 3Creo que el problema ocurre primero, y que debe transcurrir cierto tiempo antes de que pueda resolverse. 4No veo el problema y la solución como acontecimien­tos simultáneos. 5Ello se debe a que aún no me he dado cuenta de que Dios ubicó la solución junto al problema, de manera que el tiempo no los pudiera separar. 6El Espíritu Santo me enseñará esto si se lo permito. 7Y comprenderé que es imposible que yo pudiera tener un problema que no se hubiese resuelto ya.
4. Las siguientes variaciones de la idea de hoy resultarán útiles para las aplicaciones concretas:

2No tengo que esperar a que esto se resuelva.
3La solución a este problema ya se me ha dado, si estoy dispuesto a aceptarla.
4El tiempo no puede separar este problema de su solución.

Comentario

Este repaso le da a estas dos ideas un enfoque diferente al de las lecciones originales. Allí, el único problema se dijo que era la separación. Aquí, más relacionado con las lecciones anteriores acerca de los resentimientos: “el problema es siempre alguna forma de resentimiento que quiero abrigar” (1:2). Por supuesto, hay una estrecha relación entre separación y resentimientos. Un resentimiento me separa de cualquier cosa o persona contra quien guardo un resentimiento. Por eso, podemos ver un resentimiento como un pensamiento o creencia que me separa de mis hermanos.

Más tarde, en el Libro de Ejercicios se afirma el mismo pensamiento de manera ligeramente diferente, en términos de perdón o de falta de perdón: “Es cierto que no parece que todo pesar no sea más que una falta de perdón. No obstante, eso es lo que en cada caso se encuentra tras la forma” (L.193.4:1-2). El problema es un resentimiento o una falta de perdón. Y no siempre nos parece que es así. A veces, cuando siento alguna forma de sufrimiento, o experimento lo que me parece un problema, no puedo ni por lo más remoto ver un resentimiento o una falta de perdón en ello. El ego es un experto en ocultarlo. Sobrevive a base de trucos y engaños: “¿De qué otra manera, sino con espejos, podría seguir manteniendo la falsedad de su existencia?” (T.4:IV.1:7). Sus tentaciones de atacar o de guardar un resentimiento están a menudo tan bien disfrazadas que nos las reconozco como tales, aunque es “cierto” que eso es lo que son. La forma engaña, pero el contenido es lo mismo.

Cuando acudo al Espíritu Santo con mis problemas o mi angustia, tengo que estar dispuesto a que me muestre el resentimiento o la falta de perdón que se esconde en ellos. En mi caso a menudo lo que encuentro es una forma de resentimiento contra mí mismo, algún juicio acerca de mí. Otras veces  no entiendo la relación entre la forma de mi problema y el perdón, pero afirmo mi voluntad de que me lo muestre, y conscientemente elijo un milagro para todos los implicados, incluido yo mismo. “El problema es un resentimiento; la solución, un milagro” (1:5). Si no puedo ver dónde está la falta de perdón en lo que veo como un problema, al menos puedo elegir un milagro en lugar del problema. Esa elección es suficiente.

La idea de que el problema y la solución son “acontecimientos simultáneos” (3:4) parece rara. Parece “natural” separarlos en el tiempo: primero el problema, luego la solución. Pero si el problema es la separación o un resentimiento, la idea es más fácil de entender. Dios respondió a la separación con el Espíritu Santo en el mismo instante en que la idea de la separación entró en la mente del Hijo de Dios (M.2.2:6). Por lo tanto, cada problema que veo ya ha sido resuelto antes de que yo lo vea. “Es imposible que yo pudiera tener un problema que no se hubiese resuelto ya” (3:7), porque la separación, el único problema que hay, ya ha sido resuelto. Por lo tanto, no tengo que esperar a que cambien las circunstancias; puedo aceptar la paz de la solución completa ahora, sin que cambie nada. “No tengo que esperar a que esto se resuelva” (4:2).

Tengo un problema de relación de hace mucho tiempo, que ha continuado durante más de quince años, y que no muestra signos externos de solucionarse. La otra parte no tiene el menor interés en hablar conmigo, mejor dicho lo detesta, así que la solución parece imposible en el tiempo. Sin embargo, puedo abandonar la tensión que esto me produce. Puedo liberarme del dolor de “una relación no sanada”. En el instante santo puedo saber que ese problema, ese distanciamiento, ya ha sanado. En lo más profundo de mi mente y de mi corazón ya nos amamos, todo se ha perdonado. La enfermedad de la separación ya ha sanado, y la medicina del perdón se está extendiendo lentamente y sin ningún fallo a través de la mente de los dos, moviéndose desde la esfera invisible del espíritu a la esfera más concreta y densa de la manifestación en el mundo material. No hay razón para preocuparse. “Los que se han conocido, no obstante, volverán algún día a encontrarse, pues el destino de toda relación es hacerse santa” (M.3.4:6). Hoy puedo reconocer que este problema ya se ha solucionado. Creo que el que yo lo reconozca acerca más el día en que esa sanación se manifestará en la forma. Puede que no sea en esta vida, ¿qué importa eso? La sanación ya ha tenido lugar.

Una cosa de la que me doy cuenta mientras pienso así acerca de esta relación, incluso ahora mientras escribo, es: Aceptar  que el problema ya se ha resuelto me libera de la tentación de culpar a la otra persona por negarse a hacer las paces. ¡Ah! Ahí había un resentimiento, ¿verdad, Allen? En su lugar acepto un milagro; gracias, Padre.

domingo, 30 de marzo de 2014

Leccion 89, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 89 – 30 de Marzo

Éstas son las ideas que vamos a repasar hoy:

1. (77) Tengo derecho a los milagros.

2Tengo derecho a los milagros porque no me gobiernan otras leyes que las de Dios. 3Sus leyes me liberan de todos mis resentimientos y los reemplazan con milagros. 4Voy a aceptar los milagros en lugar de los resentimientos, los cuales no son sino ilusiones que ocultan los milagros que se encuentran tras ellos. 5Voy a aceptar ahora solamente aquello a lo que las leyes de Dios me dan dere­cho, de manera que pueda usarlo en beneficio de la función que Él me ha dado.
2. Puedes usar las siguientes sugerencias para las aplicaciones con­cretas de esta idea:

2Detrás de esto hay un milagro al que tengo derecho.
3No voy a abrigar ningún resentimiento contra ti, [nombre], sino que te voy a ofrecer el milagro al que tienes derecho.
4Visto correctamente, esto me ofrece un milagro.

3. (78) ¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!

2Mediante esta idea uno mi voluntad a la del Espíritu Santo y percibo las dos cual una sola. 3Mediante esta idea acepto mi libe­ración del infierno. 4Mediante esta idea expreso que estoy dis­puesto a que todas mis ilusiones sean reemplazadas por la verdad de acuerdo con el plan de Dios para mi salvación. 5No haré excep­ciones ni sustituciones: 6Lo que quiero es todo el Cielo y sólo el Cielo, tal como la Voluntad de Dios ha dispuesto que lo tenga.
4. Las variaciones que pueden resultar útiles a la hora de aplicar concretamente la idea son:

2No quiero excluir este resentimiento de mi salvación.
3(Nombre], dejemos que los milagros reemplacen todos nues­tros resentimientos.
4Detrás de esto se encuentra el milagro que reemplaza todos mis resentimientos.

Comentario

Porque no me gobiernan otras leyes que las de Dios” (las leyes del amor, de la extensión, de compartir, y de dar), “tengo derecho a los milagros” (1:2). Dar milagros es lo que Dios hace, de acuerdo con Sus leyes. Las leyes de los resentimientos me dicen que no tengo derecho a los milagros. Cada resentimiento que guardo contra un hermano o hermana es mi propia mente diciéndome a mí mismo que no merezco milagros; el simple hecho del ataque mental que supone abrigar un resentimiento me hace sentir que no los merezco. Cada resentimiento oculta un milagro, y al abandonar el resentimiento dejo que suceda el milagro.

Hay una razón por la que Dios me da milagros: Él me los da para que yo pueda cumplir la función que me ha dado (1:5), continuar Su extensión, permitir que Él extienda Su Amor a través de mí. El Curso es enérgico acerca del hecho de que encontrar mi verdadera función como extensión de Dios y cumplirla es la manera de ser feliz. Mi meta no es estar en estado de éxtasis, es la de recibir para que yo pueda dar, aceptar el amor para que yo lo comparta con todos. Como una bombilla que recibe corriente eléctrica para que pueda extender luz, yo recibo los milagros de Dios para extenderlos a todos.

Hoy “uno mi voluntad a la del Espíritu Santo” (3:2), y declaro: “¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos” (3:1). Quiero que todas mis ilusiones sean reemplazadas con la verdad. Mientras me siento en la quietud esta mañana, traigo a mi mente a todas las personas que conozco y les digo: “(Nombre), dejemos que los milagros reemplacen todos nuestros resentimientos” (4:3). Pienso en los lugares destrozados por la guerra y digo: “Dejemos que los milagros reemplacen todos nuestros resentimientos”. Hoy quiero ofrecer milagros a todos con los que me encuentre. Quiero ser un canal de milagros; Padre, que no los impida con mis resentimientos.

Cuando algo surja ante mi vista que parezca una causa para un resentimiento o dolor, que yo recuerde: “Detrás de esto hay un milagro al que tengo derecho” (2:2). Que me diga a mí mismo: “Visto correctamente, esto me ofrece un milagro” (2:4). Todo se puede utilizar para los milagros, en esta aula todo se puede aprovechar para los milagros. 


sábado, 29 de marzo de 2014

Leccion 88, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 88 – 29 de Marzo

Hoy repasaremos estas ideas:

1. (75) La luz ha llegado.

2Al elegir la salvación en lugar del ataque, estoy simplemente eligiendo reconocer lo que ya está ahí. 3La salvación es una deci­sión que ya se tomó. 4El ataque y los resentimientos no existen como opciones. 5Por eso es por lo que siempre elijo entre la ver­dad y la ilusión; entre lo que está ahí y lo que no está ahí. 6La luz ha llegado. 7Solamente puedo elegir la luz porque no hay otra alternativa. 8La luz ha reemplazado a la oscuridad, y la oscuri­dad ha desaparecido.
2. Las siguientes variaciones pueden ser útiles para las aplicaciones concretas de esta idea:

2Esto no puede mostrarme la oscuridad, pues la luz ha llegado.
3Tu luz, [nombre] es lo único que quiero ver.
4No quiero ver en esto más que lo que hay ahí.

3. (76) No me gobiernan otras leyes que las de Dios. 

2He aquí la perfecta declaración de mi libertad. 3No me gobiernan otras leyes que las de Dios. 4La tentación de inventar otras leyes y de permitir que me subyuguen me acecha constantemente.5Sufro únicamente porque creo en ellas. 6Pero en realidad no me afectan en absoluto. 7Estoy perfectamente a salvo de los efectos de cualquier ley, excepto las de Dios. 8Y las Suyas son las leyes de la libertad.
4. Para las aplicaciones concretas de esta idea, las siguientes varia­ciones pueden resultar útiles:

2Mi percepción de esto me muestra que creo en leyes que no existen.
3Veo únicamente las leyes de Dios operando en esto.
4Permítaseme dejar que sean las leyes de Dios las que operen en esto, y no las mías.

Comentario

Las ideas que hoy se repasan parecen ocuparse de ideas muy diferentes, sin embargo tienen algo en común que sale en este repaso. Eso que tienen en común puede expresarse en este pensamiento: Sólo lo que es de Dios es real, lo que parece estar en oposición es sólo una ilusión sin poder alguno excepto el que le da mi creencia en ello.

La luz de la salvación ya ha venido. “Siempre elijo entre la verdad y la ilusión” (1:5), y “el ataque y los resentimientos no existen como opciones” (1:4). Verdaderamente no tengo alternativa a la luz porque no hay alternativa. Toda mi experiencia de obscuridad es una aventura en el error y nada más, no existe la obscuridad. “Solamente puedo elegir la luz porque no hay otra alternativa” (1:7). Por esta razón el Texto me dice que es inevitable el resultado de mi drama aquí en la tierra. “Alcanzar a Dios es inevitable, y tú no puedes eludirlo, de la misma manera en que Él no te puede eludir a ti” (T.4.I.9:11). Al buscar que mi percepción cambie, únicamente estoy buscando lo que ya está ahí, y lo único que existe.

Únicamente me gobiernan las leyes de Dios. Las otras leyes que creo que tienen poder sobre mí son las leyes que yo he inventado. “Sufro únicamente porque creo en ellas. Pero en realidad no me afectan en absoluto” (3:5-6). Las leyes del ego no me pueden obligar, puedo liberarme de ellas ahora porque en realidad estoy libre de ellas siempre, no tienen ningún poder. Mi ego a veces parece enormemente poderoso, la reacción instintiva de dolor e ira parece fuera de mi control, pero no es así. Estoy libre de estas “leyes” del caos, del pecado, de la culpa, del castigo y de la separación. La sanación de todas las relaciones es inevitable porque las leyes de Dios nos unen, nunca separan. “Todo tendrá un desenlace feliz” (L.292, encabezamiento), porque no hay otras leyes que las de Dios, y no hay más voluntad que la de Dios. Únicamente mi creencia le da poder a la apariencia de que hay una voluntad opuesta, con leyes opuestas.

Que hoy contemple todo con esta comprensión. Donde parece haber obscuridad, que yo proclame la realidad de la luz. Donde veo leyes que funcionan en oposición a Dios, que yo las declare impotentes. Gracias, Padre, por la seguridad de Tu plan, la realidad de Tu luz en este momento.  

viernes, 28 de marzo de 2014

VII. El cuerpo como medio o como fin

28 DE MARZO
VIII. El cuerpo como medio o como fin
1. Las actitudes que se tienen hacia el cuerpo son las actitudes que se tienen hacia el ataque. 2Las definiciones del ego con respecto a todas las cosas son inmaduras, y están siempre basadas en el propósito que él cree que todas ellas tienen. 3Esto se debe a que es incapaz de hacer generalizaciones, y equipara lo que ve con la función que le adscribe. 4No lo equipara con lo que es. 5Para el ego el cuerpo es algo con lo que atacar. 6Puesto que te equiparas con el cuerpo, el ego te enseña que tu propósito es atacar. 7El cuerpo, pues, no es la fuente de su propia salud. 8La condición del cuerpo depende exclusivamente de cómo interpretas su función. 9Las funciones son algo inherente al estado de ser, pues surgen de éste, mas su relación no es recíproca. 10EI todo ciertamente define a la parte, pero la parte no define al todo. 11Conocer en parte, no obstante, es conocer enteramente debido a la diferencia fundamental que existe entre conocimiento y per­cepción. 12En la percepción el todo se construye a base de partes que se pueden separar y ensamblar de nuevo en diferentes cons­telaciones. 13El conocimiento, por otra parte, nunca cambia, su constelación, por lo tanto, es permanente. 14La idea de que entre las partes y el todo hay relación sólo tiene sentido en el nivel de la percepción, en la que el cambio es posible. 15Aparte de eso, no hay ninguna diferencia entre la parte y el todo.
2. El cuerpo existe en un mundo que parece tener dos voces que luchan por su posesión. 2En esta percibida constelación se consi­dera al cuerpo como capaz de alternar su lealtad de una a otra, haciendo que los conceptos de salud y enfermedad tengan sen­tido. 3El ego, como de costumbre, da lugar a una confusión fundamental entre los medios y el fin. 4Al considerar al cuerpo como un fin, el cuerpo no tiene realmente utilidad para el ego, puesto que el cuerpo no es un fin. 5Debes haber notado una descollante característica en todo fin que el ego haya aceptado como propio. 6Cuando lo alcanzas te deja insatisfecho. 7por eso es por lo que el ego se ve forzado a cambiar incesantemente de un objetivo a otro, para que sigas abrigando la esperanza de que todavía te puede ofrecer algo.
3. Ha sido muy difícil superar la creencia del ego de que el cuerpo es un fin porque esta idea es análoga a la creencia de que el ataque es un fin. 2El ego tiene un marcado interés por la enfermedad. 3Si estás enfermo, ¿cómo podrías refutar su firme creencia de que no eres invulnerable? 4Éste es un razonamiento atractivo desde el punto de vista del ego porque encubre el ataque obvio que sub­yace a la enfermedad. 5Si reconocieses esto y además te opusieras al ataque, no podrías utilizar la enfermedad como un falso testigo para defender la postura del ego.
4. Es difícil percibir que la enfermedad es un testigo falso, ya que no te das cuenta de que está en total desacuerdo con lo que quie­res. 2Este testigo, por consiguiente, parece ser inocente y digno de confianza debido a que no lo has sometido a un riguroso interro­gatorio. 3De haberlo hecho, no considerarías a la enfermedad un testigo tan vital en favor de la postura del ego. 4Una afirmación más honesta sería que los que quieren al ego están predispuestos a defenderlo. 5Por lo tanto, se debe desconfiar desde un principio de los testigos que el ego elige. 6El ego no convoca testigos que disientan de su causa, de la misma manera en que el Espíritu ­Santo tampoco lo hace. 7He dicho que juzgar es la función del Espíritu Santo, para la cual Él está perfectamente capacitado. 8Mas cuando el ego actúa como juez, hace todo menos juzgar imparcial­mente. 9Cuando el ego convoca un testigo, lo ha convertido de antemano en un aliado.
5. Todavía sigue siendo cierto que el cuerpo, de por sí, no tiene ninguna función porque no es un fin. 2El ego, no obstante, lo esta­blece como un fin porque, como tal, su verdadera función queda velada. 3Éste es el propósito de todo lo que el ego hace. 4Su único objetivo es hacer que se pierda de vista la función de todo. 5Un cuerpo enfermo no tiene sentido. 6No puede tener sentido porque la enfermedad no es el propósito del cuerpo. 7La enfermedad tendría sentido sólo si las dos premisas básicas en las que se basa la interpretación que el ego hace del cuerpo fuesen ciertas: que el propósito del cuerpo es atacar, y que tú eres un cuerpo. 8Sin estas dos premisas la enfermedad es inconcebible.
6. La enfermedad es una forma de demostrar que puedes  ser herido. 2Da testimonio de tu fragilidad, de tu vulnerabilidad y de tu extrema necesidad de depender de dirección externa. 3El ego usa esto como su mejor argumento para demostrar que necesitas su dirección.4Impone un sinfín de reglas para que se eviten funes­tos desenlaces. 5El Espíritu Santo, perfectamente consciente de la misma situación, no se molesta en analizarla en absoluto. 6Si los datos no tienen sentido, no tiene objeto analizarlos. 7La función de la verdad es recopilar información que sea verdadera. 8Sea cual sea la forma en que trates de usar el error, de ello no resulta nada. 9Cuanto más complicados se vuelven los resultados más difícil puede que resulte reconocer su insustancialidad, mas no es nece­sario examinar todos los posibles resultados a que las premisas dan lugar a fin de juzgarlos correctamente.
7. Un recurso de aprendizaje no es un maestro. 2No te puede decir cómo te sientes. 3No sabes cómo te sientes porque has aceptado la confusión del ego, y, por lo tanto, crees que un recurso de apren­dizaje puede decirte cómo te sientes. 4La enfermedad no es más que otro ejemplo de tu insistencia en querer pedirle dirección a un maestro que no sabe la respuesta. 5El ego no puede saber cómo te sientes. 6Cuando dije que el ego no sabe nada, dije lo único que es completamente cierto con respecto al ego. Pero hay un corolario: si sólo el conocimiento existe y el ego no tiene conocimiento, entonces el ego no existe.
8. Tal vez te preguntes cómo es posible que la voz de algo que no existe pueda ser tan insistente. 2¿Has pensado alguna vez en el poder de distorsión que tiene lo que deseas, aun cuando no es real? 3Son muchos los casos que demuestran cómo lo que deseas distorsiona tu percepción. 4Nadie puede dudar de la pericia del ego para presentar casos falsos. 5Ni nadie puede dudar tampoco de que estás dispuesto a escucharle hasta que decidas no aceptar nada excepto la verdad. 6Cuando dejes de lado al ego, éste desa­parecerá. 6La Voz del Espíritu Santo es tan potente como la buena voluntad que tengas de escucharla. 8No puede ser más potente sin que viole tu libertad de decisión, que el Espíritu Santo intenta restaurar, no menoscabar.
9. El Espíritu Santo te enseña a usar el cuerpo sólo como un medio de comunicación entre tus hermanos y tú, de modo que Él pueda enseñar Su mensaje a través de ti. 2Esto los curará y, por lo tanto, te curará a ti. 3Nada que se utilice de acuerdo con su propia fun­ción tal como el Espíritu Santo la ve, puede enfermar. 4Mas todo lo que se utiliza de cualquier otra forma no puede sino enfermarse. 5No permitas que el cuerpo sea el reflejo de una mente dividida. 6No dejes que sea una imagen de la percepción de pequeñez que tienes de ti mismo.7No dejes que refleje tu decisión de atacar. 8Se reconoce que la salud es el estado natural de todas las cosas cuando se deja toda interpretación en manos del Espíritu Santo, Quien no percibe ataque en nada. 9La salud es el resultado de abandonar todo intento de utilizar el cuerpo sin amor. 10La salud es el comienzo de la correcta perspectiva con respecto a la vida bajo la dirección del único Maestro que sabe lo que ésta es, al ser la Voz de la Vida Misma.

Leccion 87, Un Curso de Milagros

LECCIÓN 87 – 28 de Marzo

Nuestro repaso de hoy abarcará estas ideas:

1. (73) Mi voluntad es que haya luz.

2Hoy haré uso del poder de mi voluntad. 3No es mi voluntad andar a tientas en la oscuridad, temeroso de las sombras y ame­drentado por cosas invisibles e irreales. 4La luz será mi guía hoy. 5La seguiré a donde me lleve, y contemplaré únicamente lo que me muestre. 6Éste será el día en que experimentaré la paz de la verdadera percepción.
2. Las siguientes variaciones de esta idea pueden ser útiles para las aplicaciones concretas:

2Esto no puede ocultar la luz que es mi voluntad ver.
3(Nombre], estás en la luz junto conmigo.
4En la luz esto se verá de otra manera.

3. (74) No hay más voluntad que la de Dios.

2Estoy a salvo hoy porque no hay más voluntad que la de Dios. 3Siento miedo sólo cuando creo que hay otra voluntad. 4Trato de atacar únicamente cuando tengo miedo, y sólo cuando trato de atacar puedo creer que mi eterna seguridad se ve amenazada. 5Hoy reconoceré que nada de esto ha ocurrido. 6Estoy a salvo porque no hay más voluntad que la de Dios.
4. Las siguientes son algunas variaciones de la idea que pueden ser útiles para las aplicaciones concretas:

2Permítaseme percibir esto en conformidad con la Vo­luntad de Dios.
3La Voluntad de Dios, así como la mía, es que tú, [nom­bre], seas Su Hijo.
4Esto es parte de lo que la Voluntad de Dios ha dispuesto para mí, independientemente de cómo yo lo vea.

Comentario

El repaso de hoy trata de la voluntad, la nuestra y la de Dios, que son una.

El Curso nos anima a hacer uso del poder de nuestra voluntad. Constantemente nos anima a elegir de nuevo, y dice que “El poder de decisión es la única libertad que te queda como prisionero de este mundo” (T.12.VII. 9:1). Podemos querer, o elegir, que haya luz. Esto está de acuerdo con la Voluntad de Dios. Se puede decir que nuestra única elección verdadera es decidir de acuerdo con la Voluntad de Dios, y tenemos que tomar esta decisión una y otra vez hasta que nos demos cuenta de que no hay otra voluntad y, por lo tanto, ninguna elección real excepto entre la realidad y la ilusión.

En el repaso de “No hay más voluntad que la de Dios” hay un interesante resumen de la evolución del error del ego:

·         Creo que hay otra voluntad además de la de Dios.
·         A causa de esto tengo miedo.
·         A causa del miedo, intento atacar.
·         A causa del ataque, temo que mi propia seguridad eterna está en peligro (pensando que Dios me atacará por ser un agresor).

La solución es simplemente reconocer que nada de esto ha ocurrido. Abandona esta idea, date cuenta de que no hay más voluntad que la de Dios, y el resto del error del ego desaparece.

Me gusta el modo en que las dos ideas se aplican a cómo veo a las otras personas a mi alrededor: “(Nombre), estás en la luz junto conmigo” (2:3) y “La Voluntad de Dios, así como la mía, es que tú, (nombre), seas Su Hijo” (4:3). Una noche en nuestro grupo de estudio en Sedona estábamos estudiando el Capítulo 14, sección V: “El Círculo de la Expiación”. Toda la sección trata de ver a otras personas dentro del círculo de paz, viéndoles incluidos, o viéndoles en la luz junto conmigo, como pone aquí. En esa sección Jesús nos ruega: “Ocupa quedamente tu puesto dentro del círculo, y atrae a todas las mentes torturadas para que se unan a ti en la seguridad de su paz y de su santidad (T.14.V.8:6). Dice que éste es: “el único propósito al que mi enseñanza te exhorta” (T.14.V.9:9).

Nuestro único propósito aquí es despertar a todos al hecho de que están incluidos en la paz y la seguridad de Dios porque no hay otra voluntad que la Suya. Imagínate saludar mentalmente a todos con los que hoy te encuentres diciéndoles: “Estás en la luz junto conmigo”. ¿Qué efecto tendría eso en ti? ¿O en ellos?

La Lección 109 dice que tiene un profundo efecto, no sólo en las personas con las que te encuentras, sino en todo el mundo, incluso aquellos que se fueron más allá de este mundo, y aquellos que han de venir a él:

“En los descansos que hoy tomas cada hora, una mente fatigada de repente se alegrará” (L.109.6:1).

“Cada vez que hoy descansas cinco minutos el mundo se acerca más a su despertar” (L.109.7:1).

“Hoy descansas en la paz de Dios, y desde tu descanso exhortas a tus hermanos a que encuentren el suyo y descansen junto a ti. Hoy serás fiel a tu cometido, al no olvidarte de nadie e incluir a todos en el infinito círculo de tu paz, el sagrado santuario donde reposas. Abre las puertas del templo y deja que tus hermanos distantes y tus amigos más íntimos vengan desde los mas remo­tos lugares del mundo, así como desde los más cercanos; invíta­los a todos a entrar y a descansar contigo” (L.109.8:1-3).

Hoy descansas en la paz de Dios, tranquilo y sin miedo. Cada uno de tus hermanos viene a descansar y a ofrecerte a ti su des­canso. Descansamos juntos aquí, pues así es como nuestro des­canso es total, y lo que hoy damos ya lo hemos recibido. El tiempo no es el guardián de lo que damos hoy. Damos a los que aún no han nacido y a los que ya partieron, a todo Pensamiento de Dios, y a la Mente en la que estos Pensamientos nacieron y en donde descansan. Y les recordamos su lugar de descanso cada vez que nos decimos a nosotros mismos: "Descanso en Dios” (L.109.9:1-6).