miércoles, 26 de febrero de 2014

Leccion 57, Un Curso de Milagros

LECCIÓN 57


Repasemos hoy las siguientes ideas:

1. (31) No soy víctima del mundo que veo.

2¿Cómo puedo ser la víctima de un mundo que podría quedar completamente des-hecho si así lo eligiese? 3Mis cadenas están sueltas. 4Puedo desprenderme de ellas sólo con desearlo. 5La puerta de la prisión está abierta. 6Puedo marcharme en cualquier momento sólo con echar a andar.7Nada me retiene en este mundo. 8Sólo mi deseo de permanecer aquí me mantiene prisio­nero. 9Quiero renunciar a mis desquiciados deseos y caminar por fin hacia la luz del sol.

2. (32) He inventado el mundo que veo.

2Yo mismo erigí la prisión en la que creo encontrarme. 3Basta con que reconozca esto y quedo libre. 4Me he engañado a mí mismo al creer que era posible aprisionar al Hijo de Dios. 5He estado terriblemente equivocado al creer esto, y ya no lo quiero seguir creyendo. 6El Hijo de Dios no puede sino ser libre eternamente. Es tal como Dios lo creó y no lo que yo he querido hacer de él. 8El Hijo de Dios se encuentra donde Dios quiere que esté y no donde yo quise mantenerlo prisionero.

3. (33) Hay otra manera de ver el mundo.

2Dado que el propósito del mundo no es el que yo le he asignado, tiene que haber otra manera de verlo. 3Veo todo al revés y mis pensamientos son lo opuesto a la verdad. 4Veo el mundo como una prisión para el Hijo de Dios. 5Debe ser, pues, que el mundo es realmente un lugar donde él puede ser liberado. 6Quiero con­templar el mundo tal como es y verlo como un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad.

4. (34) Podría ver paz en lugar de esto.

2Cuando vea el mundo como un lugar de libertad, me daré cuenta de que refleja las leyes de Dios en lugar de las reglas que yo inventé para que él obedeciera. 3Comprenderé que es la paz, no la guerra, lo que mora en él. 4percibiré asimismo que la paz mora también en los corazones de todos los que comparten este lugar conmigo.

5. (35) Mi mente es parte de la de Dios. 2Soy muy santo.

3A medida que comparto la paz del mundo con mis hermanos empiezo a comprender que esa paz brota de lo más profundo de mí mismo. 4El mundo que contemplo ha quedado iluminado con la luz de mi perdón y refleja dicho perdón de nuevo sobre mí. 5En esta luz empiezo a ver lo que mis ilusiones acerca de mí mismo ocultaban. 6Empiezo a comprender la santidad de toda cosa viviente, incluyéndome mí mismo, y su unidad conmigo.

Instrucciones para la práctica

Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando.

Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos.
  • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre  a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes.
  • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente.

Observaciones:
  • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones.
  • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa.
  • Haz cada lección por lo menos una vez.
  • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae.

Comentario

El repaso de hoy suena a “libertad”. (El énfasis en las citas siguientes es mío).

“Mis cadenas están sueltas. Puedo desprenderme de ellas sólo con desearlo. La puerta de la prisión está abierta. Puedo marcharme en cualquier momento sólo con echar a andar.” (1:3-6)

“Yo mismo erigí la prisión en la que creo encontrarme. Basta con que reconozca esto y quedo libre.” (2:2-3)

 “El Hijo de Dios no puede sino ser libre eternamente.” (2:6).

“Veo el mundo como una prisión para el Hijo de Dios. Debe ser, pues, que el mundo es realmente un lugar donde él puede ser liberado. Quiero contemplar el mundo tal como es y verlo como un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad.” (3:4-6).

“Cuando vea el mundo como un lugar de libertad, me daré cuenta de que refleja las leyes de Dios en lugar de la reglas que yo inventé para que él obedeciera.” (4:2).

La belleza del reconocimiento del papel decisivo que mi elección juega en cómo veo el mundo es que afirma mi libertad para verlo de manera diferente. Reconoce que yo he construido mi prisión, y que soy libre. Y ya soy libre, todos nosotros somos libres, ahora, en nuestra propia mente. La prisión es una ilusión. Puedo elegir mis pensamientos, y ésa es mi libertad final. Puedo elegir ver el mundo como un lugar en el que puedo ser liberado, y en el que tú puedes ser liberado. Puedo elegir ver el mundo como una prisión, o como un aula. Cómo lo veo es mi elección, ¡mi elección! Yo soy libre de tomar esa decisión.

Puedo ver paz en cualquier momento que lo decida. Soy libre de hacerlo. Estos momentos que paso en la quietud cada día, practicando estas lecciones, me lo enseñan. Puedo crear paz en mi mente en cualquier momento que elija hacerlo. Elegir paz mental es la libertad final, y no depende en absoluto de nada de fuera.

Al compartir esta paz con todos, aprendo que la paz no procede de fuera de mí, sino “de lo más profundo de mí mismo” (5:3). A medida que cambia mi mente, junto con ella, cambia el modo en que veo el mundo. Da testimonio de mi regreso a la paz. Y de este modo “Empiezo a comprender la santidad de toda cosa viviente incluyéndome a mí mismo, y su unidad conmigo” (5:6).

Hace años, cuando acababa de empezar a estudiar el Curso, me senté e intenté responder una pregunta: “¿Qué he aprendido de la vida? ¿De qué estoy razonablemente seguro?”. Y la respuesta que me vino fue muy sencilla: “La felicidad es una decisión que yo tomo”. Había empezado a darme cuenta de la libertad de mi mente de elegir. Había empezado a darme cuenta de que mi mente era verdaderamente libre en esta elección. Yo no necesitaba nada de fuera para ser feliz, era simplemente una elección. Y nada de fuera podía impedirme esa elección.

Todavía estoy aprendiendo esa lección, edificando sobre ella, haciéndola más sólida con mi experiencia. Eso es lo que nos dice este repaso. Somos libres de elegir. Somos verdaderamente libres, ahora mismo. Nuestra mente lo puede todo en esta decisión. Nada le falta para decidirlo, y no hay nada que pueda impedirnos tomar esa decisión. Además, Dios quiere que la tomemos porque Él quiere nuestra felicidad.

Que hoy recuerde que quiero ser feliz y que en todo momento puedo elegir ser feliz. Quiero estar en paz, y en todo momento puedo elegir estar en paz. La felicidad es paz, pues ¿cómo podría ser feliz si estoy en conflicto? ¡Hoy tomaré esta decisión!

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