sábado, 28 de diciembre de 2013

Leccion 362, Un Curso de Milagros

LECCIONES 361-365

Te entrego este instante santo.
Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz.

1. Y si necesito una palabra de aliento, Él me la dará. 2Si necesito un pensamiento, Él me lo dará también. 3si lo que necesito es quietud y una mente receptiva y serena, ésos serán los regalos que de Él recibiré. 4Él está a cargo a petición mía. 5Y me oirá y contestará porque Él habla en Nombre de Dios mi Padre y de Su santo Hijo.

Comentario

El Libro de Ejercicios nos lleva a este momento: “… de aquí en ade­lante Le entregamos también nuestras vidas” (L.FL.In.1:4). Si la idea de entregarle tu vida a Dios no te parece atrayente, piensa en la alternativa: “Pues no queremos volver a creer en el pecado, que fue lo que hizo que el mundo pareciese un lugar feo e inseguro, hostil y destructor, peligroso desde cualquier punto de vista, y traicionero más allá de cual­quier esperanza de poder tener confianza o de escapar del dolor” (L.FL.In.1:5).

La idea de que queremos algo distinto a Dios es lo que organizó todo este tinglado. No existe nada distinto a Dios. La “creencia en el pecado” que se menciona no es nada más que nuestra creencia de que hemos conseguido hacer algo separado de Dios. Realmente no queremos esto, aunque hemos creído que lo queríamos. Esta creencia es la fuente de todo nuestro dolor así que, en lugar de eso, entreguemos nuestra vida a la Fuente de toda dicha. Entreguémosle nuestra vida para que Su Voz, el Espíritu Santo, la dirija.

Pongamos este instante santo y cada instante en Sus manos.

El suyo es el único camino para hallar la paz que Dios nos ha dado. Su camino es el que todo el mundo tiene que recorrer al final, pues éste es el final que Dios Mismo dispuso. (L.FL.In.2:1-2)

No dejes que esas palabras “el único camino” te asusten. Esto no quiere decir que Un Curso de Milagros sea el único camino a Dios, lo que quiere decir es que el camino del perdón, la verdad de que todos somos inocentes para Dios, es el único camino, sea cual sea la forma que tome. Dios nos creó a todos para ser Su expresión y, al final, Su Voluntad se hará. Como dice en la Introducción al Texto, no tenemos elección en cuanto al contenido del programa de estudios, sólo en cuándo queremos aprenderlo.

En el sueño del tiempo este final parece ser algo muy remoto. Sin embargo, en verdad ya está aquí, como un amable guía que nos indica qué camino tomar. (L.FL.In.2:3-4)

Robert, en nuestro boletín informativo, escribió un artículo sobre el tema: “¿Cuánto tiempo queda hasta que salgamos de aquí?” o en otras palabras “¿Cuánto tiempo queda hasta que lleguemos al final del viaje?” El Curso está lleno de aparentes contradicciones como la siguiente: La verdad ya está aquí y sin embargo, en el tiempo, parece estar muy, muy lejos. Las dos son ciertas, cada una dentro de su contexto adecuado. Un sueño que dura sólo unos segundos puede parecer que dura años, dentro del sueño. ¿No es posible que un sueño que dura tan sólo un “brevísimo lapso de tiempo” (T.26.V.3:5) pueda parecer que dura billones de años? Dentro del sueño del tiempo, nuestro viaje al Hogar parece que dura muchísimo tiempo. En realidad ya se acabó, y el poder de su final está presente ahora, guiándonos a través del sueño.

Así que, ¿qué deberíamos hacer? ¿Cómo deberíamos vivir? ¿Deberíamos decir: “Ya se terminó todo”, tranquilizarnos y relajarnos? No, para nosotros el sueño todavía nos parece real. Por lo tanto:

Marchemos juntos por el camino que la verdad nos señala. Y seamos los líderes de los muchos hermanos que andan en busca del camino, pero que no lo encuentran. (L.FL.In.2:5-6)

En su artículo, Robert llega a la conclusión de que “¿cuánto tiempo?” es una pregunta que no tiene importancia, y que deberíamos estar contentos tanto si vamos al Hogar mañana o en el año 10.000. Nuestra función es ser la luz del mundo mientras estemos en él. Tenemos que llevar al Hogar a todos nuestros hermanos que todavía están perdidos, que todavía andan a tientas en la oscuridad. Tenemos que perdonar al mundo, llevarles a todos el mensaje de la inocencia, extender a todo el mundo la paz y el amor que hemos encontrado.

Esto es lo que hacemos cuando decimos: “pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz”. ¿Qué dirección? La dirección del perdón, la dirección de perdonar al mundo. Ésa es la dirección que “me brindará paz”. Cumplir nuestra tarea de perdonar al mundo se convierte en el contenido de nuestros días. Cuando hayamos aceptado que ésta es la única función que queremos llevar a cabo, el Espíritu Santo arreglará todo por nosotros, nos dará todo lo que necesitemos para el camino.

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